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"Esperando" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 19 de octubre de 2012
El pelo largo se movía con el viento arremolinado y ella juntaba los hombros para que el pullóver color crema la protegiera un poco más. De pronto se sintió única. En realidad sola, en esa especie de mundo aparte que todos los jueves la llevaba a mirar el rio un tanto revuelto a tres cuadras de su trabajo. Sin embargo no dejaba de pensar la manera de lograrlo. Durante dos semanas usaba sus 45 minutos, tiempo cronometrado para el almuerzo, imaginando la solución a esa especie de crucigrama que tenía en su cabeza. Si alguien le preguntaba por qué iba ahí, ella decía “para alejarme un poco”. Una vez el viento le hacía tanto ruido con la campera puesta que se la sacó, la puso debajo de una de sus piernas para que no se le volara, y miró fijo el horizonte celeste y marrón del cielo y el rio. Cerró los ojos con más resignación que buscando concentración. Empezó a llorar y paró el viento. Puso sus dos manos en la cara y el cielo se nubló. Buscó un pañuelo de esos de papel en la cartera y se arregló el maquillaje corrido. Mañana volverá Esperanza a contarle al rio cómo es eso de tratar con gente que cree haberla perdido. Ella todos los días los espera, a la hora del almuerzo, para mirar allá a lo lejos el cielo y el mar unidos. Si la encuentran, den aviso.
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"La suerte de Analía" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 8 de septiembre de 2012
Había sido elegida por él a dedo. Frente a un gran mapa de la ciudad una casa sobresalía desde el cielo, tenía techo de ladrillos como cualquier otra  pero en ella habitaba cierto misterio. Diferencia respecto de las demás, esa energía propia de quien le toca la suerte sin saberlo. Analía acostada espera al sueño. No venía a buscarla desde hacía tres noches y aunque repetía la rutina nada se puede sin dormir primero. Miraba el reloj que suena a las seis. Cerraba los ojos para no pensar y apagaba el velador. Pero lo volvía a prender. La mente que no descansa se vuelve insoportable para quien la posee, ella sabía que algo debía hacer. Salió a la puerta a ver pasar el tiempo, mirando todo desde atrás de un macetero. La noche perdía frente al dia. Martes, fresco. Cerró mejor su pullóver y se iba de nuevo a la cama cuando algo la hizo dar vuelta. Estando de nuevo en la puerta algo parecido a un viento arremolinado le hizo abrir sus ojos de tres días sin sueño. Miró hacia los costados, hacia el frente. Hacia el cielo. Llegó hasta la cama y pasada una hora se despertó sabiendo. Ahora tenía en su cuerpo la suerte elegida a dedo.
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."El siempre quieto".

1 comentarios
Me persigue la aguja del segundero. Como en la rayuela cuando saltando se llega al cielo, y uno se da vuelta para ver el camino hecho. El que controla y designa mi tiempo no tengo el gusto de conocerlo y de lejos querría tener un encuentro, preguntarle cosas. Las oportunidades que no llegan a puerto, por paso apurado o demasiado lento. Esa esquiva suerte en los emprendimientos, que nacen creados, se frustran, se ven viejos. Varias personas que elijo y no quiero, y otras que quieren lo que yo nunca veo. Aquel que controla y designa mi tiempo habrá de saber qué tengo y qué temo para no avanzar, para quedarme quieto. Sabrá mi futuro, el que miro y no tengo, que empujo letras desde hace un mes sin amor cierto. Huyendo a cien planes llamados recuerdos. Por eso el paso es ligero. Y esa aguja que me sigue, el segundero.
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."Lágrimas, sueños".

1 comentarios sábado, 19 de mayo de 2012
Quiero mi cura de sueño en tus brazos que deseo. En cierto placer supremo de saberte nunca más lejos, en soñar que fuera cierto y el motor de nuestro empeño descanse un dia sus complejos. Ponernos a pensar soñando el estar viviendo, ni el pasado que se mueve, ni el futuro que no veo. Tener por paz mi descanso, que lo tengas en tu cuerpo, que se vea en mi alma y se refleje en tu pelo. Querría pedirle a Dios dos segundos de su tiempo. No quiero sufrir más, no quiero lejano al cielo. Pido me conceda abrazarla, abrazarla y sólo eso. Hasta que seque las lágrimas en esta cura de mis sueños.
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"El piso del ruido"-Prosa

1 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Nadie está preparado
para una sorpresa programada.
Es imposible unir cielo y tierra
en paz y en infiernos, no hay mezcla
divina si estamos siempre de un lado sordo.
Queremos ser aquellos sin mutar
en más sencillos receptores.
Lo vamos a buscar, desde algo llamado vida
para verlo como espectadores, deseando
no ser llamados ni molestados.
El ruido es el piso que se mueve,
estoy dudando de qué siento, si miedo, si frio,
si algo de ganas de cerrar mis ojos
para seguir un ritmo.
Viene de abajo, retumba en mi,
en mis pestañas, como final de extremidad
traspasando toda materia.
No miro más, ya sólo siento.
El sonido tiene el color de mis latidos,
como si estuviera yo fuera de mi.
Y hay sensación de vuelo,
de obra terminada en el tiempo justo,
dulce cuando nadie lo impone.
Y aun así, se impone.
Salgo consciente de algo, del ruido,
del piso y su sonido.
De la sensación placentera del vacío
con mis emociones fuera de mi.
Sorprendido del plan perfecto
de cielo y tierra, ahora.
Cuando ya soy dos.
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"El cuadro incompleto" -Cuento Corto-

1 comentarios viernes, 9 de septiembre de 2011


Terminó la pintura en ese lienzo cargado de tantos colores aun frescos y la aseguró mejor al marco. Se alejó para contemplarla, como le habían enseñado. Se sentía feliz porque su objetivo era no mostrar la cara pero que la figura sugiriera desde lo externo de quién se trataba. No era pintura abstracta, no era impresionismo. Era ella. Sólo ella.






Como secreto con ganas de ser develado, Gastón quiso hacer de su trabajo final, el dar a conocer lo que estuvo por varios meses guardando. Su compañera en el taller de pintura se llamaba Karina. Parecía, a él le parecía, más joven. Llevaba la ropa suelta y no hablaba demasiado, le tocó tenerla al lado en las primeras clases. Como todo buen amor inicial, ella nunca le prestaba real atención. Parecía Karina abstraída. Un misterio saber en qué.






Lo que pudo lograr Gastón es que su profesor luego de siete meses, le dejara retratar una figura usando todas las técnicas que había aprendido. Antes de cada clase se acercaba a saludarla, Karina apenas lo miraba. Él le mostraba sus avances, de cómo iba entendiendo, pero no lograba tener una cuestión en común. Empezó a observar sus dibujos semanales. Algún ave adelante de la imagen o en el fondo, flores en distintas ubicaciones y perspectivas. El mar, la sensación de viento. Gastón tomó nota mentalmente y preparó durante dos meses su cuadro.






El dia que debía llevarlo estaba ansioso. Lo iba a exponer ante su profesor y explicar las técnicas usadas y en qué se inspiró. Era quizás más sencillo decir “en ella”. Pero fue a lo técnico. Los pájaros los pintó en azul respetando el tono con que el cielo estaba pintado, como forma de equilibrar la obra. Quiso hacer la figura femenina desde lo alto de un peñón porque intentaba darle profundidad al punto donde la figura estaba mirando. Tenía una especie de diario en sus manos, no un libro. Y ese diario con las manos en su espalda, dándole valor al paisaje más que a otra cosa. Una especie de pasarela iba hasta el mar, abajo. El viento estaba sólo presente en el pelo de la mujer y el resto de la imagen tiene el aspecto de fija.






Finalmente, sostuvo Gastón, las flores. Son protagonistas en cantidad que rodean a la figura, la envuelven. Logran en ella una protección, como el cielo al marco”. ¿Qué creen que le falta a este cuadro? Preguntó el docente a los demás. Y Karina dijo “un faro. Un objetivo fijo adonde ella mire”. El profesor asintió con la cabeza y se quedó mirando el cuadro eternos cinco segundos. “Saluden a un colega retratista”, les dijo a los demás alumnos, y todos aplaudieron.






Terminó la clase. Karina lo ayudó a guardar y embalar el cuadro con cuidado. Se acercó a ella para hablarle pero Karina se le adelantó:“Sentí que la mujer de la pintura era yo, y te parecerá loco. ¿A quién quisiste retratar?”. Gastón le dijo “a la idea que yo tengo del amor”.






Ella lo miró con ternura y le dijo “Ah, pensé que me habías retratado”.



Ambos rieron. Y se fueron los dos, a terminar la parte que faltaba.



Ese faro adonde mirar. Y mirarse.
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