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"Figuras" -Prosa-
1 comentarios jueves, 1 de diciembre de 2011Ruido de pasos, gente de espalda y yo
al lado del orden que su mano
impone a la mia.
Me dejo llevar, yo llevo también
el corazón de alguno de los dos
sintiéndolo en su mano guía.
La espera tiene alegría cuando no hay
más que satisfacción por estar presente.
En alma.
Un recuerdo es un atentado al olvido,
la mano que me lleva lo sabe y me suelta.
Quedo a merced de un mundo,
me divide un metal, mis dedos,
mis ojos abiertos creyendo
lo que nunca habían visto.
Tengo ahora algo que es mio, el egoísmo
me da sus dos manos y lo protege.
A eso, que se pierde haciendo
del final un nacimiento.
De ruido, de melodías, de manos
contra el metal queriendo y no pudiendo
ser eso que siento.
Y que sin saberlo estaba presente.
En alma.
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al lado del orden que su mano
impone a la mia.
Me dejo llevar, yo llevo también
el corazón de alguno de los dos
sintiéndolo en su mano guía.
La espera tiene alegría cuando no hay
más que satisfacción por estar presente.
En alma.
Un recuerdo es un atentado al olvido,
la mano que me lleva lo sabe y me suelta.
Quedo a merced de un mundo,
me divide un metal, mis dedos,
mis ojos abiertos creyendo
lo que nunca habían visto.
Tengo ahora algo que es mio, el egoísmo
me da sus dos manos y lo protege.
A eso, que se pierde haciendo
del final un nacimiento.
De ruido, de melodías, de manos
contra el metal queriendo y no pudiendo
ser eso que siento.
Y que sin saberlo estaba presente.
En alma.
Lo que hay detrás de la puerta: exigir el doble y exigirse el doble
1 comentarios miércoles, 18 de noviembre de 2009
En los test que en general las empresas usan para descartar o elegir a su personal, suele darse valor positivo a quien puede resolver situaciones a partir del manejo y la solución aplicable correcta. Rapidez, eficacia, inteligencia y sentido común, son cuestiones positivas y valoradas por el encargado de Relaciones humanas a la hora de quedarse con quien formará parte de una compañía o empresa.
A veces de la realidad hipotética de las pruebas hay una gran diferencia cuando se quiere aplicar efectivamente algo. Porque los imponderables, lo humano, condiciona a veces respuestas a planteos y allí comienza algo no menos importante: el saber ceder posiciones.
Y esto no es menor en un mundo en el cual…los invito a pensar mientras esto leen, quiénes a lo largo de su vida les inculcaron lo de aprender a ceder en pos de una solución en común, en el terreno que fuera…un coro de grillos seguramente escucharía!!!. Porque pocas personas nos enseñan eso, y se aprende a obedecer o no obedecer, según la circunstancia. Lo cual no está mal, pero eso que nuestros padres decían que era “la lección” a aprender, bien podría haberse enseñado para no cometer el error que derive en “la lección”.
El más claro ejemplo desde lo laboral es el trabajo en grupo. Si no se definen de entrada los roles de cada uno, es posible que si llegan las cosas a buen puerto, sea sufriendo y con desequilibrios. Sobretodo en los que creen haber hecho las cosas bien mientras veían que otros no. Esto se agudiza cuando en un grupo todos son nuevos empleados, que sin un orden del líder no tardarán los reproches en aparecer.
Como el sueño que llega cuando uno está muy cansado, el desorden se apodera de todo si no hay reglas. Buena oportunidad para nuestros superiores en que vean de qué se está hecho..la pena es que los tiempos no los maneja uno y entonces hay que actuar casi de improviso, es que de ver reacciones se trata.
Conozco un caso puntual de un familiar en una empresa, en que se “creó” un falso problema para testear las reacciones de cada uno de los empleados…con resultados desastrosos!!!. Bajo presión es diferente el análisis y la búsqueda de soluciones.
El clima armonioso lo genera un orden de realización de trabajo tanto o más armonioso. En la que se vea igual reparto de tareas y plazos. Así se generan menos rispideces a la hora de exigir que se cumplan pautas.
Puede exigir quien se sabe capaz de realizar lo pedido.
Siempre y cuando invada todo ámbito aquello que no abunda: el sentido común.
Con una pizca en cada decisión nos alcanza.
A veces de la realidad hipotética de las pruebas hay una gran diferencia cuando se quiere aplicar efectivamente algo. Porque los imponderables, lo humano, condiciona a veces respuestas a planteos y allí comienza algo no menos importante: el saber ceder posiciones.
Y esto no es menor en un mundo en el cual…los invito a pensar mientras esto leen, quiénes a lo largo de su vida les inculcaron lo de aprender a ceder en pos de una solución en común, en el terreno que fuera…un coro de grillos seguramente escucharía!!!. Porque pocas personas nos enseñan eso, y se aprende a obedecer o no obedecer, según la circunstancia. Lo cual no está mal, pero eso que nuestros padres decían que era “la lección” a aprender, bien podría haberse enseñado para no cometer el error que derive en “la lección”.
El más claro ejemplo desde lo laboral es el trabajo en grupo. Si no se definen de entrada los roles de cada uno, es posible que si llegan las cosas a buen puerto, sea sufriendo y con desequilibrios. Sobretodo en los que creen haber hecho las cosas bien mientras veían que otros no. Esto se agudiza cuando en un grupo todos son nuevos empleados, que sin un orden del líder no tardarán los reproches en aparecer.
Como el sueño que llega cuando uno está muy cansado, el desorden se apodera de todo si no hay reglas. Buena oportunidad para nuestros superiores en que vean de qué se está hecho..la pena es que los tiempos no los maneja uno y entonces hay que actuar casi de improviso, es que de ver reacciones se trata.
Conozco un caso puntual de un familiar en una empresa, en que se “creó” un falso problema para testear las reacciones de cada uno de los empleados…con resultados desastrosos!!!. Bajo presión es diferente el análisis y la búsqueda de soluciones.
El clima armonioso lo genera un orden de realización de trabajo tanto o más armonioso. En la que se vea igual reparto de tareas y plazos. Así se generan menos rispideces a la hora de exigir que se cumplan pautas.
Puede exigir quien se sabe capaz de realizar lo pedido.
Siempre y cuando invada todo ámbito aquello que no abunda: el sentido común.
Con una pizca en cada decisión nos alcanza.
Lo que hay detrás de la puerta: vengo por el aviso, soy el recomendado
1 comentarios lunes, 16 de noviembre de 2009
Motivos para justificar la llegada a un puesto de trabajo puede haber muchos, comenzando por una básica, que es la necesidad. Pero en otras ocasiones es inevitable decir (en voz baja, claro) “¿cómo pudo llegar tamaño personaje a este puesto?”.
Si bien la personalidad no necesariamente va de la mano con los altos cargos ejecutivos, lo primero a pensar son dos teorías: o es familiar directo de “alguien”, o ingresó por recomendación de “alguien” tanto o más importante que el mismo jefe. Sino, no se explica.
Los sueños y deseos de muchos, puestos en un currículum, suelen descansar juntos en algún rincón de la mesa de quien toma la prueba. Y allí, de entre todos, elegirá según le parezca. ¿Qué es un Gerente de Recursos Humanos entonces?. Alguien con la difícil tarea de seleccionar con qué se queda.
Pero…siempre hay un pero. Porque el orden de llegada del currículum puede verse…alterado si de un recomendado hablamos. Es bueno aclarar que en sí una persona que es bien vista y considerada está en su derecho de llevar carta de recomendación, tarjetita y cualquier medio que testimonie que hace bien sus tareas.
El tema a debatir eternamente es la aptitud que para un cargo se tenga y la importancia que entonces toma la recomendación.
¿Cómo “rebotar” al hijo de un amigo que sabe de números lo que yo de veterinaria?. Algunas veces pedir explicaciones o darlas son caminos más largos y estrechos que la mentira directa, la que me saca el problema de encima. O a lo sumo lo patea para adelante para que no lo vea. Entonces algunos se quedan donde están.
No existe una solución mágica o bueno la hay, que es ser inteligente. Para pensar qué quiere el otro de mí y para orientar la búsqueda cerquita de lo que se está pidiendo. Algunas profesiones tienen cientos de postulantes, pero la Carrera está en la otra orilla de un río, imposible llegar.
Por eso es mejor usar la inteligencia. La que el currículum dice que aplicamos a nuestros estudios, y aquella que el momento requiere.
Mi recomendación es ésa, ante todo.
Si bien la personalidad no necesariamente va de la mano con los altos cargos ejecutivos, lo primero a pensar son dos teorías: o es familiar directo de “alguien”, o ingresó por recomendación de “alguien” tanto o más importante que el mismo jefe. Sino, no se explica.
Los sueños y deseos de muchos, puestos en un currículum, suelen descansar juntos en algún rincón de la mesa de quien toma la prueba. Y allí, de entre todos, elegirá según le parezca. ¿Qué es un Gerente de Recursos Humanos entonces?. Alguien con la difícil tarea de seleccionar con qué se queda.
Pero…siempre hay un pero. Porque el orden de llegada del currículum puede verse…alterado si de un recomendado hablamos. Es bueno aclarar que en sí una persona que es bien vista y considerada está en su derecho de llevar carta de recomendación, tarjetita y cualquier medio que testimonie que hace bien sus tareas.
El tema a debatir eternamente es la aptitud que para un cargo se tenga y la importancia que entonces toma la recomendación.
¿Cómo “rebotar” al hijo de un amigo que sabe de números lo que yo de veterinaria?. Algunas veces pedir explicaciones o darlas son caminos más largos y estrechos que la mentira directa, la que me saca el problema de encima. O a lo sumo lo patea para adelante para que no lo vea. Entonces algunos se quedan donde están.
No existe una solución mágica o bueno la hay, que es ser inteligente. Para pensar qué quiere el otro de mí y para orientar la búsqueda cerquita de lo que se está pidiendo. Algunas profesiones tienen cientos de postulantes, pero la Carrera está en la otra orilla de un río, imposible llegar.
Por eso es mejor usar la inteligencia. La que el currículum dice que aplicamos a nuestros estudios, y aquella que el momento requiere.
Mi recomendación es ésa, ante todo.
Lo que hay detrás de la puerta: trabajando por un sueño (sin Tinelli)
1 comentarios jueves, 12 de noviembre de 2009
Las preguntas existenciales siempre son bienvenidas y sobretodo por la mañana, momento exacto en que frente al espejo alguien puede plantearse lisa y llanamente “¿quién soy yo?”.
En mi opinión, estamos dominados por el realismo. No el de García Márquez, justamente: su “realismo mágico” no vive en Argentina. Hablamos de aquel matiz que vuelve a algo crudamente verdadero. Eso y un toque de resignación, nos hace ser realistas.
Cuando trabajamos aceptamos reglas a partir de las cuales una persona adapta también sus propias reglas a aquellas. Vale este ejemplo: si un jefe imparte una orden podemos decir “sí, Señor jefe, cómo no”, mientras se piensa y calla cualquier cantidad de improperios. Aplico así una idea práctica y realista: hasta que no se consiga otro trabajo mejor, existirá el doble discurso.
Describo esa situación sin estar de acuerdo con ella. ¿Podrá existir un término medio?. Yo creo que sí…aunque dudo que sea en nuestro primer trabajo.
La persona realista intenta quitarle el sentimiento a sus acciones para obrar según la circunstancia lo dictamine. En el mundo de la Política se encontró una bonita definición: pragmatismo. Se dice de aquella persona que no está atada a una estructura política y sí a las mejores ideas, que es pragmático. Y hasta les da una positiva imagen frente a los demás.
¿Se puede aplicar entonces a todos los órdenes de la vida?. A mi me parece que no, porque antes que todo está la conducta. Sino, nos daría todo lo mismo. Y eso más que opinable, sería criticable.
Pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar otras opiniones, además de la nuestra?. Quizás ocurra que al primer jefe no me anime a plantearle mi pensamiento, pero ¿él lo escucharía si lo hiciera?.
Segunda pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar críticas constructivas?.
No parece estar abierta la chance de debatir cuestiones que tengan que ver con nuestro diario vivir. Casi, en ningún ámbito. Las decisiones ganan por imposición.
Ya sea para formar parte de la maquinaria del trabajo específico, o si se piensa en apostar a liderar algún día desde una empresa, cada uno de nosotros persigue sueños. El ser realistas hace que esos sueños sean mirados por nosotros mismos con misericordia. Lo adaptamos a lo que hay.
Si el objetivo es llenar mensualmente el bolsillo, ser realista es una necesidad que no se discute. Los clasificados de los diarios muestran qué se busca.
Pero, si es uno el que no sabe lo que busca, no colaboro a “la causa”: intentar llevar mi sueño a buen puerto.
Aunque, en este mundo realista, todos los barcos parezcan el Titanic.
En mi opinión, estamos dominados por el realismo. No el de García Márquez, justamente: su “realismo mágico” no vive en Argentina. Hablamos de aquel matiz que vuelve a algo crudamente verdadero. Eso y un toque de resignación, nos hace ser realistas.
Cuando trabajamos aceptamos reglas a partir de las cuales una persona adapta también sus propias reglas a aquellas. Vale este ejemplo: si un jefe imparte una orden podemos decir “sí, Señor jefe, cómo no”, mientras se piensa y calla cualquier cantidad de improperios. Aplico así una idea práctica y realista: hasta que no se consiga otro trabajo mejor, existirá el doble discurso.
Describo esa situación sin estar de acuerdo con ella. ¿Podrá existir un término medio?. Yo creo que sí…aunque dudo que sea en nuestro primer trabajo.
La persona realista intenta quitarle el sentimiento a sus acciones para obrar según la circunstancia lo dictamine. En el mundo de la Política se encontró una bonita definición: pragmatismo. Se dice de aquella persona que no está atada a una estructura política y sí a las mejores ideas, que es pragmático. Y hasta les da una positiva imagen frente a los demás.
¿Se puede aplicar entonces a todos los órdenes de la vida?. A mi me parece que no, porque antes que todo está la conducta. Sino, nos daría todo lo mismo. Y eso más que opinable, sería criticable.
Pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar otras opiniones, además de la nuestra?. Quizás ocurra que al primer jefe no me anime a plantearle mi pensamiento, pero ¿él lo escucharía si lo hiciera?.
Segunda pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar críticas constructivas?.
No parece estar abierta la chance de debatir cuestiones que tengan que ver con nuestro diario vivir. Casi, en ningún ámbito. Las decisiones ganan por imposición.
Ya sea para formar parte de la maquinaria del trabajo específico, o si se piensa en apostar a liderar algún día desde una empresa, cada uno de nosotros persigue sueños. El ser realistas hace que esos sueños sean mirados por nosotros mismos con misericordia. Lo adaptamos a lo que hay.
Si el objetivo es llenar mensualmente el bolsillo, ser realista es una necesidad que no se discute. Los clasificados de los diarios muestran qué se busca.
Pero, si es uno el que no sabe lo que busca, no colaboro a “la causa”: intentar llevar mi sueño a buen puerto.
Aunque, en este mundo realista, todos los barcos parezcan el Titanic.
(imagen gentileza http://www.ecofield.com.ar/)
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