Revista Superventas: el misterio de saber exhibir

1 comentarios jueves, 19 de noviembre de 2009
La estrategia de vender
Toda empresa necesita como objetivo final vender. El consumidor reconoce el producto y lo adquiere. A modo de nexo entre ellos se encuentra el dueño del comercio, con sus propias necesidades de venta.

Una empresa mediana o grande de cualquier rubro posee un presupuesto con el que se ajustan y preparan campañas de publicidad para instalar la marca en el público. A partir del recurso económico, todo producto es potencialmente conocido y reconocido.

Sin embargo la estrategia para ser puesto dentro de un autoservicio no se ha modificado en más de 3 o 4 canales efectivos de venta.



Pasillos: del frío al calor
Más que nada en locales con sucursales, la disposición de los productos a vender se establece por cantidades. Lo que permite sacar conclusiones en cuanto a la ubicación de una marca.
La técnica, dentro del mundo de la publicidad se llama Marketing.

Kotler, una de las principales voces dentro del mundo publicitario, la define como “la actividad que se desarrolla en el punto de venta, e involucra técnicas de exhibición para lograr que un producto se destaque e importe, estimulando la compra impulsiva”.

Con lugares de mayor circulación el producto será más recordado y tendrá más chances de ser adquirido. Los dueños de autoservicios también tienen su idea respecto de las marcas, y si bien pueden diferenciarse los intereses de la empresa de los del dueño, existen maneras o formas de acordar.

Temporada de caza (de clientes)
Cuando se logró definir la ubicación de cada producto, se inicia la auténtica carrera: las empresas salen a la caza de las ventas, y así atrapar al consumidor.
En su libro “Dirección de Mercadotecnia”, Kotler dedica un capítulo a la llamada promoción de venta. “Consiste en incentivos a corto plazo adicionales a los beneficios básicos ofrecidos por el producto o servicio, para animar la venta del producto o servicio”.

Vale decir que, entonces, en la estrategia también ingresa el dueño del autoservicio. El objetivo de las promociones al canal –enumera Kotler- incluye:

Motivar a los detallistas para que incorporen nuevos productos y que tengan más referencias.
Convencerles para que hagan publicidad al producto y le den más espacio en las estanterías del punto de venta.
Por último, persuadirles para comprar más de ese producto, para tener existencias en el futuro.

A modo de resúmen. Clientes para una empresa son tanto los dueños de comercios, como los consumidores finales de los productos.
Los encargados de la tarea
Repartir mercadería para que los exhibidores siempre tengan el producto requerido. Esa es la tarea que, para la empresa Fargo, personas como Ariel Osores y Hugo Sandoval hacen diariamente con el camión de reparto.

Sandoval nos da algunos datos que explican su trabajo. “Hay dos tamaños de exhibidores que Fargo tiene. En el más chico pueden entrar hasta 100 envases de pan”. Dependiendo del recorrido (en este caso 25 a 30 clientes por día, tres veces a la semana) un camión lleva hasta 160 bandejas en las que se ubican unos diez o doce panes en cada una de ellas.

La entrega del producto también es un factor importante, ya que la reposición inmediata significa la presencia en las góndolas ante una demanda importante.

Esto marca una diferencia entre los productos frescos y de primera necesidad, respecto de los demás. Para el caso de las marcas “de heladera” o de pan, necesariamente reparten mercadería en cada negocio tres veces a la semana.
El poder de conocernos
La oportunidad de darnos a conocer es la de exhibir; las empresas, poniendo todos los recursos en ser aceptados por el comerciante primero, y luego por el cliente.

Los dueños de locales en tanto, no son un nexo silencioso: también con sus decisiones pueden ejercer influencia para beneficio de sus propios intereses comerciales.
Al fin y al cabo nadie obliga a nadie a modificar una ubicación de mercadería.

Por último, tercer eslabón, es el del rol del cliente, con la decisión final de comprar ya sea por moda, por comodidad, por la oferta, por la calidad o por los colores del envase…todo es posible porque cada eslabón de la cadena sigue siendo imprevisible.

Cada sector depende del otro y estará también en la capacidad de conocerse, el éxito para cada uno.
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Lo que hay detrás de la puerta: doble trabajo, doble responsabilidad

1 comentarios miércoles, 18 de noviembre de 2009

La frase es bastante conocida y lamentablemente vieja: “con un solo trabajo no alcanza” es una realidad para muchos. Y lo que ocurre puntualmente con aquellos que recién comienzan el camino laboral es que desde el momento en que deciden estudiar ya tienen muchos una forma de mantenerse a nivel gastos o viàticos propios del que cursa una carrera u oficio.

Cuando se termina de estudiar a veces se està en la duda de si dejar aquello que quizás nada tenga que ver con lo que se estudió, o iniciar algo referido a lo nuestro.

Nadie aconseja dejar un trabajo en este momento. El tema es si no satisface lo que esperamos, sobretodo de nuestras aspiraciones personales. Para muchos la opciòn es no dejar nada y esperar la oportunidad de trabajar en aquello que se estudiò. Cuando se logra, hay dos trabajos a la vez.

La alegria o el peso de la tarea, es lo que sigue a eso. Como fuese, es una realidad que llevar dinero a la casa està complicado, y nadie puede juzgar cuando de mantener un equilibrio de plata se trata. Los tiempos se acortan, los descansos son pocos y entre un trabajo y otro recièn se da, algunas veces.
Conoci durante mi etapa como estudiante en la Facultad a una persona, un chico, que tenìa dos trabajos a la vez. Y eso hacìa que le fuera complicado integrar grupos para hacer pràcticos, porque no podìa reunirse con sus compañeros debido a que en general estaba trabajando. Todas estas cosas condicionan a alguien y tambièn le exigen el doble de esfuerzo.

Lo màs sencillo de pedir serìa consideración para este tipo de casos, pero pocos tienen en cuenta el detalle. En una Facultad o lugar de estudio un profesor puede considerar el esfuerzo. Ya en un empleo y con un jefe puede resultar màs difícil.
Hay personas que no aclaran en un trabajo que lo hacen tambièn en otro, y hablamos de aquellos que por primera vez consiguen trabajar. Por temer que les den la opciòn de abandonar uno, no dejan ninguno de los dos.

Quizàs el esfuerzo sea recompensado con algo que haga dejar dos labores y poner el foco en algo que satisfaga. Quizàs nunca llegue ese momento. Como fuera, para lo que se haga se tiene que contar con ganas. Personas con un solo trabajo pueden no tener ganas y alguien sin un segundo de tiempo libre, si.

El destino, pero sobretodo còmo se tomaràn lo que les ocurra, marca con fuego de allì en màs al que recièn comienza.
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Lo que hay detrás de la puerta: ¡alguien lo hace mejor que yo!

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En un mundo laboral bastante inestable y en donde no hay momentos de calma en cuanto a seguridad del puesto de trabajo, saber que una tarea es responsabilidad de nosotros y no de terceros otorga tranquilidad. Porque creemos que eso es el salvoconducto hacia cierta permanencia, que nos valoraràn a partir de esa acciòn especìfica y hasta en una de esas nos felicitan. ¡Hace cuanto que no me felicitan por hacer bien las cosas!.

Pero hemos hablado en algún momento de la diferencia según los ámbitos que un trabajo puede tener. Si las acciones estàn delimitadas, son inamovibles, o hay muchos que realizan tareas similares.
Esto es, trabajar o no junto a muchos compañeros en una oficina, por ejemplo. En donde realizan labores iguales màs de una persona.

Cuando la sensación al trabajar es de comodidad, funcionan ciertos mecanismos en nosotros. Por empezar seguramente iremos de mejor ànimo, sabiendo que en un punto todo se deja llevar, fluir, y que uno acompaña lo que hace, no lo enfrenta, no lo sufre, no lo lleva como carga. Veremos todo mejor y el otro notarà que nos sucede eso.

Si la competencia està al lado de nuestro asiento la cosa cambia. Porque se termina intentando trabajar màs y mejor que el de al lado y no por hacer bien lo nuestro. Es inevitable entonces cierta competencia y tambièn el apuro. La velocidad, creemos, es necesaria y a veces se premia calidad de lo hecho y no rapidez en si, hay que saberlo.

Ante iguales posibilidades puede ocurrir de encontrarnos a alguien que puede hacer nuestra tarea mejor que nosotros. Porque no somos màquinas, porque tenemos virtudes y defectos que se dan a conocer en nuestro andar. Lejos està de ser debilidad, sobretodo si aprendemos a mirar què es aquello que nos falta. Para un principiante (y para muchos con años de oficina y lugares varios, recorridos) lo primero que surgirà es la envidia. Tampoco eso nos aconseja. ¿Què hace alguien que es mejor que yo? ¿Què tiene de bueno? ¿Lo puedo aplicar yo a mis cuestiones?.

A veces no hace falta consultar a la persona directamente, uno aprende a mirar a partir de lo que le ocurre (¡de malo!), en general. En estas palabras no hay resignación. Sòlo se trata de aprender de nuestros límites. Pero aprender. Quizàs luego, sabido lo que lo hace mejor al otro, lo hago mejor yo que los demàs.
Porque a su vez tendrà mis propios valores.

Al final, luego de un tiempo, yo soy, finalmente, quien puede hacerlo mejor que antes.
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Lo que hay detrás de la puerta: Pymes, somos pocos pero nos conocemos mucho

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Como medida para atravesar de mejor manera las permanentes crisis que ponen en peligro una actividad laboral, las llamadas pequeñas y medianas empresas sostuvieron a partir de su funcionamiento una constante salida ingeniosa para paliar la falta de trabajo.
En alguna medida con la vieja receta de las cooperativas, fuertes aun en varias provincias, las llamadas PymEs dieron su impulso al trabajo luego del tornado económico de 2001 aunque ahora se multiplican y reformulan para seguir cada vez más presentes.

La receta era subsistir de manera económica sin perder el objetivo de producir. La conformación de pequeñas estructuras que pudieran generar empleo fue una alternativa más que viable. Las grandes empresas, con crisis financieras que hacían peligrar la continuidad de sus trabajadores, dieron paso en varios rubros a emprendimientos zonales o regionales, apuntando específicamente a un área de trabajo.

Algunas directamente reemplazaron el accionar de las grandes fábricas, desaparecidas tras las crisis. Este movimiento e incorporación de un nuevo modo de producción hizo que los trabajadores se relacionen también de una manera distinta.

Si bien no es una cooperativa desde lo técnico, al ser pocos los empleados hay un criterio solidario de búsqueda y mejora permanente que deriva en el crecimiento de una empresa que, cada empleado ve, funciona a partir del esfuerzo propio y en conjunto. Se definió así un modelo de trabajo en donde aquel que formaba parte de una pequeña y mediana empresa podía sentir ese proyecto un poco como propio, en donde cada uno cumplía un rol asignado sin posibilidades de malos entendidos.

También redefinió jerarquías. Porque un empleado de una gran fábrica no podía optar ni ganar más dinero aun si a la empresa le fuera bien, pasaba eso por una decisión de su empleador. En este caso la producción en una empresa de pocos empleados es notoria, así como también las ganancias que genera una mayor producción. Lo que permite soñar (nadie dice que es inmediato) con la real chance de poder aumentar el ingreso mensual.
Como contra, el ser de número reducido impide por construcción de la idea, una mayor cantidad de empleados, lo que limita un tanto las ganas de trabajar de muchos que quieran sumarse.

El futuro parece asegurarles larga vida. Si bien nada es seguro, se ha visto, las PymEs tienen horizonte para seguir su crecimiento. En estos años muchas de ellas orientan su poder hacia exportar su material y unirse a otras para abastecer juntas pedidos en grandes cantidades. También son vistas como una oportunidad desde lo comercial y se ingresa en ese mundo con un fin totalmente económico y no está mal, si se tienen reglas claras. Los empleados ven en estos emprendimientos una oportunidad. O el objetivo de trabajar, más allá de ser pequeña o grande su labor, siempre.
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Lo que hay detrás de la puerta: exigir el doble y exigirse el doble

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En los test que en general las empresas usan para descartar o elegir a su personal, suele darse valor positivo a quien puede resolver situaciones a partir del manejo y la solución aplicable correcta. Rapidez, eficacia, inteligencia y sentido común, son cuestiones positivas y valoradas por el encargado de Relaciones humanas a la hora de quedarse con quien formará parte de una compañía o empresa.

A veces de la realidad hipotética de las pruebas hay una gran diferencia cuando se quiere aplicar efectivamente algo. Porque los imponderables, lo humano, condiciona a veces respuestas a planteos y allí comienza algo no menos importante: el saber ceder posiciones.

Y esto no es menor en un mundo en el cual…los invito a pensar mientras esto leen, quiénes a lo largo de su vida les inculcaron lo de aprender a ceder en pos de una solución en común, en el terreno que fuera…un coro de grillos seguramente escucharía!!!. Porque pocas personas nos enseñan eso, y se aprende a obedecer o no obedecer, según la circunstancia. Lo cual no está mal, pero eso que nuestros padres decían que era “la lección” a aprender, bien podría haberse enseñado para no cometer el error que derive en “la lección”.

El más claro ejemplo desde lo laboral es el trabajo en grupo. Si no se definen de entrada los roles de cada uno, es posible que si llegan las cosas a buen puerto, sea sufriendo y con desequilibrios. Sobretodo en los que creen haber hecho las cosas bien mientras veían que otros no. Esto se agudiza cuando en un grupo todos son nuevos empleados, que sin un orden del líder no tardarán los reproches en aparecer.

Como el sueño que llega cuando uno está muy cansado, el desorden se apodera de todo si no hay reglas. Buena oportunidad para nuestros superiores en que vean de qué se está hecho..la pena es que los tiempos no los maneja uno y entonces hay que actuar casi de improviso, es que de ver reacciones se trata.
Conozco un caso puntual de un familiar en una empresa, en que se “creó” un falso problema para testear las reacciones de cada uno de los empleados…con resultados desastrosos!!!. Bajo presión es diferente el análisis y la búsqueda de soluciones.

El clima armonioso lo genera un orden de realización de trabajo tanto o más armonioso. En la que se vea igual reparto de tareas y plazos. Así se generan menos rispideces a la hora de exigir que se cumplan pautas.
Puede exigir quien se sabe capaz de realizar lo pedido.

Siempre y cuando invada todo ámbito aquello que no abunda: el sentido común.
Con una pizca en cada decisión nos alcanza.
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Lo que hay detrás de la puerta: el enchufe, el cable y la patada

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Nada más concreto que aquello que hacemos a diario y nos enorgullece realizar, el sueño cumplido de ser y pertenecer. Desde levantarse y partir rumbo al trabajo hasta volver y descansar luego del esfuerzo. En algún punto nos sentimos seguros luego de hacer rutinariamente ciertos deberes.
Otras veces es un pesar que no termina nunca. Como fuera, la situación se vive según la sienta cada uno, aunque con un solo peligro. Que un día alguien decida que esa rutina en este caso laboral deje de ser tal.

Amparado en las leyes, el jefe bien puede avisarnos unos días antes la infausta noticia, con lo cual pasó de “otorgador de oportunidades” a “despreciable” a partir de su decisión para con nosotros. Durante ese lapso, entre la noticia y la efectividad de la orden, hay un vacío ya no legal, sino de sentido común. El castillo de naipes se derrumba y se vuelve al hogar pensando en cómo conseguir urgentemente algo que permita no hacer naufragar esa rutina que ya era parte nuestra.

Muchos buscan trabajo en la oficina desde donde aun son empleados a través de la red…la cabeza le dedica horas al nerviosismo de no saber qué hacer, de no creer más en nadie, de ver que el piso no era tan firme…pero uno al fin de cuentas es mucho más que el trabajo que hace. No se recibe ayuda del prójimo en general, sobretodo en oficinas de personal considerable.
La crisis (cual fuera, es permanente en la excusa) hace un tembladeral de aquel lugar genial hasta hace unos días…y entre la realidad y lo que uno cree percibir, se siente observado por los compañeros que no quieren igual suerte.

Como cuando se enchufa un equipo musical con un alargue para llevarlo lejos… si queremos desenchufarlo iremos hasta el enchufe y notarán que entre que se desenchufa y el corte de energía, el equipo anduvo uno o dos segundos más.. que es lo que tarda la electricidad en terminar de pasar por el cable.
Dentro de esta idea no están los que trabajan…o en realidad están en el extremo en el que aceptan la decisión de otros y se ven condicionados por factores externos, en un rol que viene estructurado y del que no es conveniente opinar en contra.
El “sistema” te acepta o te deja y uno es feliz en tanto trabaje…el “revolucionario” que quisiera otras reglas más equitativas, sobretodo si es joven, es generador de controversia y por lo tanto, fácil de echar.


Nos desenchufan si nos dejan sin trabajo…tarda la orden unos días en hacerse efectiva y luego…fin de la música. Lo que si es semejante en la comparación es la patada…en ambos casos trae consecuencias y nos dolerá.
Por eso, confiar en las iniciativas propias y ser capaces de superarnos desde lo nuestro podría ayudar a la causa. Y un buen par de zapatos con suela de goma…para estar a salvo de las “patadas”. Precavido vale por dos.
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Lo que hay detrás de la puerta: entre el ser y el parecer

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Cuando la inestabilidad económica se hace dueña del sistema (y en el que mal o bien estamos inmersos) todo tipo de decisión pasa a tener razones o justificaciones propias que el espectador ajeno no comprende.
Algunos ejemplos claros.
La precariedad laboral no es real problema, Simplemente es el pequeño precio que se debe pagar si se quiere pertenecer como pasajero a un tren que no para.

El nulo reclamo sobre condiciones de trabajo hace imposible cualquier otro cuestionamiento: salarial, imposible. Las exigencias propias chocan con la realidad impuesta.

La famosa serie norteamericana “Lost” muestra la lucha de un grupo de personas por sobrevivir en una isla. En el inestable mundo laboral actual no hay grupos, y cada uno vive en su propia isla, donde existe –para qué negarlo- canibalismo laboral. Esto es, que uno mata por el lugar del otro.

Desde lo personal también se nota el tembladeral que implica el peligro de la pérdida del empleo. Como a todos les ocurre lo mismo, el clima en una oficina es algo parecido a la asfixia lenta. La cosa es no ser el primero de la lista.

Imposible obviar cierto poder extorsivo en quien brinda la oportunidad, y el recordatorio –a través de palabras o de hechos-de cuántos esperarían que uno se vaya de un lugar para ocuparlo.

Existe además una idea que consiste en creer que si la labor es de menor remuneración, más bajo debe ser el tono de la queja, lo que considero erróneo. Los derechos y obligaciones corresponden a todas las escalas salariales.
Esto lo sabe perfectamente el empleador, pero duda en manifestarlo el empleado. Básicamente porque el miedo no es zonzo, diría mi abuela.

Por último, aunque no menos importante. El rol que como empleados tenemos y ejercemos. O no. Alguno podría decir que es más sencillo regatear un precio en vacaciones de verano que pedir aumento de sueldo. ¡Qué novedad!. La cuestión es si creemos que un pedido puntual es técnicamente un reclamo. ¿Lo es?.
Dependen los casos. Exigir ciertas reglas claras no parece ser más difícil –entonces- que regatear el precio de un pullover en Mardel. ¿Somos capaces de modificar la realidad?. ¿Aspiramos de corazón con hacer eso?.

El aguantar, la resignación, no son buenas herramientas.
Ojalá ésta columna fuera de solución. Por lo pronto intenta ser de opinión.
A sobrevivir, jóvenes.
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