Lo que hay detrás de la puerta : la teoría del Estado "benefactor"
1 comentarios lunes, 16 de noviembre de 2009
Fuentes laborales de naturaleza privada, riesgos que una empresa toma y que se nutre de gente desesperada por ser parte del mundo del trabajo. Estas son las pautas más o menos generales para la mayoría de las personas aptas y deseosas en comenzar algo.
Pero no solamente una empresa privada necesita personal. También el Estado –en cada una de sus reparticiones- precisa en ciertas ocasiones de más gente. Claro que esas ocasiones son las menos.
Es inevitable hablar de política. O en todo caso de políticas aplicadas a la solución de la inserción laboral. Cada nuevo gobierno parece reiniciar cualquier plan trazado, lo cual impide la continuidad de una idea más allá de cuatro años de un gobierno.
La idea general sostiene que “el Estado somos todos”, aunque esto no deja de hacerlo ver como una especie de vaca lechera que provee a quien pudiera de un sueldo seguro.
Y hablando de seguro, para algunos el Estado es asegurar trabajo para la descendencia, ya que si alguien consigue entrar, hará ingresar más tarde o más temprano a un familiar. Me pondré aquí en abogado del diablo en defensa del Estado. ¿No ocurre eso en casi todos lados, sea privado o estatal?. Pensemos.
El Estado benefactor fue la manera de denominar a la intervención gubernamental luego de la segunda guerra mundial, que implicaba la ayuda en países arrasados con motivo del conflicto bélico. Luego se utilizó como sinónimo de función social regulada por el gobernante de turno.
¿Qué queda hoy de eso?. Si se apunta a la posibilidad laboral, las noticias no son buenas. Porque sigue sin haber políticas que estén dirigidas a los recién salidos al mercado, y porque el Estado como empleador no lo haría con todos.
Para evitar suspicacias quizás la solución para la toma de empleados por parte del Estado sería un concurso abierto, en el cual cada uno pudiera calificar para cada puesto pedido. Como el mundo ideal no existe, por lo menos cercano al cono sur, la esperanza es nada más ni nada menos, que sea bajo ciertas reglas claras y que no discrimine antiguos empleados de los nuevos. Ergo, que estén legalmente en blanco.
Si el Estado contempla sin solucionar problemáticas atinentes a él, casi seguro que el arreglo se aleja. Cuanto más lejos, lo arreglarán otros.
Profesionales recién salidos de las facultades y demás personas que ponen dedicación y tiempo en aprender a ser algo, esperan que el Estado vuelva a ser benefactor.
Pero no solamente una empresa privada necesita personal. También el Estado –en cada una de sus reparticiones- precisa en ciertas ocasiones de más gente. Claro que esas ocasiones son las menos.
Es inevitable hablar de política. O en todo caso de políticas aplicadas a la solución de la inserción laboral. Cada nuevo gobierno parece reiniciar cualquier plan trazado, lo cual impide la continuidad de una idea más allá de cuatro años de un gobierno.
La idea general sostiene que “el Estado somos todos”, aunque esto no deja de hacerlo ver como una especie de vaca lechera que provee a quien pudiera de un sueldo seguro.
Y hablando de seguro, para algunos el Estado es asegurar trabajo para la descendencia, ya que si alguien consigue entrar, hará ingresar más tarde o más temprano a un familiar. Me pondré aquí en abogado del diablo en defensa del Estado. ¿No ocurre eso en casi todos lados, sea privado o estatal?. Pensemos.
El Estado benefactor fue la manera de denominar a la intervención gubernamental luego de la segunda guerra mundial, que implicaba la ayuda en países arrasados con motivo del conflicto bélico. Luego se utilizó como sinónimo de función social regulada por el gobernante de turno.
¿Qué queda hoy de eso?. Si se apunta a la posibilidad laboral, las noticias no son buenas. Porque sigue sin haber políticas que estén dirigidas a los recién salidos al mercado, y porque el Estado como empleador no lo haría con todos.
Para evitar suspicacias quizás la solución para la toma de empleados por parte del Estado sería un concurso abierto, en el cual cada uno pudiera calificar para cada puesto pedido. Como el mundo ideal no existe, por lo menos cercano al cono sur, la esperanza es nada más ni nada menos, que sea bajo ciertas reglas claras y que no discrimine antiguos empleados de los nuevos. Ergo, que estén legalmente en blanco.
Si el Estado contempla sin solucionar problemáticas atinentes a él, casi seguro que el arreglo se aleja. Cuanto más lejos, lo arreglarán otros.
Profesionales recién salidos de las facultades y demás personas que ponen dedicación y tiempo en aprender a ser algo, esperan que el Estado vuelva a ser benefactor.
Lo que hay detrás de la puerta: ¿una piedra en el camino?
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Para buena parte de las cosas a las que aspiramos no solo corresponden a nuestra exclusiva incumbencia realizarlas. Se necesita también una intermediación: los que profesan religión encomiendan a alguien su pedido; aquellos que no, o creen en sus propias fuerzas o hasta en objetos de la suerte, para qué negarlo.
En la búsqueda laboral nada de lo descripto queda al margen y el aspirante a un puesto necesita (lo hemos señalado ya) “encajar” dentro del sistema como una pieza de rompecabezas. También hemos comentado el cuello de botella que significan muchos egresados que intentan cubrir trabajos que cada vez se piden menos por abundancia o sobreabundancia.
Los sitios laborales (hablamos dentro de Internet) concentran todos los pedidos y ofrecimientos, canal necesario y utilizado si alguien es joven, con ganas y sueños.
Llevar el currículum en mano a una empresa o mirar una cartelera de pedidos en busca de un número para contactarnos con alguien se usa cada vez menos.
Aunque no queramos las empresas de búsquedas laborales son nuestras intermediarias. Así que desde el inicio se acatan órdenes “superiores”. La experiencia personal y algunas otras que se encuentran apenas se plantea la cuestión, transitan los mismos carriles.
Para muestra, este ejemplo. Se pide en general que se aclare tipo y clase de trabajo; ocurre algunas veces que las opciones dadas son tan generales que uno termina eligiendo trabajos en profesiones distantes de nuestro objetivo.
Con el tema del currículum ocurre algo parecido. No basta con el orden en que esté confeccionado o el plus que lo haga más interesante: en los sitios se deben cargar todos los datos y armarlos dentro de parámetros dados. Vale decir entonces que en realidad terminamos adaptándonos a ítems que descartan lo específico, cuando quizás debería ser al revés.
Planteados interrogantes, algo así como una piedra en el camino, llega el momento de esperar resultados. Algunos sitios ¡permiten! que uno pueda dejar su dirección de mail y otros necesitan que nos registremos y con eso poder entrar en las páginas diariamente a revisar nuestra suerte.
Como dicen que a la suerte hay que ayudarla, no todo es esperar sino sortear desde el vamos, estas dificultades. Ojalá entonces que el próximo mensaje que reciban y por el que tanto se ha luchado aparezca en sus casillas, ése que nos sirva para empezar a ser.
En la búsqueda laboral nada de lo descripto queda al margen y el aspirante a un puesto necesita (lo hemos señalado ya) “encajar” dentro del sistema como una pieza de rompecabezas. También hemos comentado el cuello de botella que significan muchos egresados que intentan cubrir trabajos que cada vez se piden menos por abundancia o sobreabundancia.
Los sitios laborales (hablamos dentro de Internet) concentran todos los pedidos y ofrecimientos, canal necesario y utilizado si alguien es joven, con ganas y sueños.
Llevar el currículum en mano a una empresa o mirar una cartelera de pedidos en busca de un número para contactarnos con alguien se usa cada vez menos.
Aunque no queramos las empresas de búsquedas laborales son nuestras intermediarias. Así que desde el inicio se acatan órdenes “superiores”. La experiencia personal y algunas otras que se encuentran apenas se plantea la cuestión, transitan los mismos carriles.
Para muestra, este ejemplo. Se pide en general que se aclare tipo y clase de trabajo; ocurre algunas veces que las opciones dadas son tan generales que uno termina eligiendo trabajos en profesiones distantes de nuestro objetivo.
Con el tema del currículum ocurre algo parecido. No basta con el orden en que esté confeccionado o el plus que lo haga más interesante: en los sitios se deben cargar todos los datos y armarlos dentro de parámetros dados. Vale decir entonces que en realidad terminamos adaptándonos a ítems que descartan lo específico, cuando quizás debería ser al revés.
Planteados interrogantes, algo así como una piedra en el camino, llega el momento de esperar resultados. Algunos sitios ¡permiten! que uno pueda dejar su dirección de mail y otros necesitan que nos registremos y con eso poder entrar en las páginas diariamente a revisar nuestra suerte.
Como dicen que a la suerte hay que ayudarla, no todo es esperar sino sortear desde el vamos, estas dificultades. Ojalá entonces que el próximo mensaje que reciban y por el que tanto se ha luchado aparezca en sus casillas, ése que nos sirva para empezar a ser.
Lo que hay detrás de la puerta: nuestro vaso medio lleno
1 comentarios
Si bien aquello que uno puede aportar desde su visión pretende ser la mirada del alumno que sale del cascarón universitario hacia “la vida”, pocas cosas nos unen a todos como la búsqueda laboral. Con mayores o menores pretensiones, currículums extensos o vacíos, todos queremos de nuestro futuro algo así como un trabajo “decente y permanente” (ustedes pongan los dos términos en el orden e importancia que deseen).
La realidad en los números nos muestra una oferta laboral para ciertos rubros, que no necesariamente tienen que ver con los universitarios o terciarios. Basta que se decida llamar a alguien para cortar el pasto que se verá que a Dios gracias, trabajo en general no les falta. Esto también les cabe a albañiles, pintores, electricistas, cortineros, maestros mayores de obra, plomeros y entendidos en informática que quieran ser empleados realizando más que nada labores muy específicas.
Otros rubros no corren con igual suerte. Porque existe sobreabundancia y también, porque cuando el diario se abre no hay oferta de aquello que se es. La conclusión primaria nos muestra una realidad tras los números positivos de la economía. Algo así como una “matrix” en la que o se está dentro de ella, o se la contempla.
Ergo: la inserción laboral es lenta, o básicamente dependiente de ciclos. Vale decir, cuando una profesión está de moda y todos quieren ser parte de una actividad. Queremos “subirnos” a esa matrix, pero parece que no somos los únicos en querer hacerlo. Y el mercado se agota en pedidos muy puntuales.
Las nuevos términos para definir al simple empleado nos eximen de mayores comentarios:“Senior”, “semi Senior”, “Junior” “semi Junior”…
Hace unos días me puse contento ya que cerca de mi casa alguien puso un cartel en su inmobiliaria buscando empleados. Algunas personas había en la fila y les pregunté qué se precisaba…”Empleado principal o Senior para desempeñar tareas relativas a la profesión”. Si alguien no comprendió, se pide experiencia para atender el teléfono, sacar fotocopias, concertar entrevistas, realizar una agenda de contactos…
Lo triste es que si bien exigir condiciones por parte de un empleador es su derecho y en esos términos gana el que mejor preparado esté, tampoco es sano tener que ser Abogado para coordinar por teléfono reuniones de otros. Mejor dicho, no es justo.
Nuestras posibilidades son siempre el vaso medio lleno en la historia de buscar trabajar. Confiar en la experiencia debe ser tan determinante como también lo que nosotros hagamos ante una chance, una puerta que se abra. Si la supervivencia es la del más apto, allí se verán nuestros reales valores.
Por las dudas, para no quedar fuera de la matrix, es bueno empezar por confiar en lo que cada uno siente que es luego de recibirse. Ese y no otro, es el vaso medio lleno.
La realidad en los números nos muestra una oferta laboral para ciertos rubros, que no necesariamente tienen que ver con los universitarios o terciarios. Basta que se decida llamar a alguien para cortar el pasto que se verá que a Dios gracias, trabajo en general no les falta. Esto también les cabe a albañiles, pintores, electricistas, cortineros, maestros mayores de obra, plomeros y entendidos en informática que quieran ser empleados realizando más que nada labores muy específicas.
Otros rubros no corren con igual suerte. Porque existe sobreabundancia y también, porque cuando el diario se abre no hay oferta de aquello que se es. La conclusión primaria nos muestra una realidad tras los números positivos de la economía. Algo así como una “matrix” en la que o se está dentro de ella, o se la contempla.
Ergo: la inserción laboral es lenta, o básicamente dependiente de ciclos. Vale decir, cuando una profesión está de moda y todos quieren ser parte de una actividad. Queremos “subirnos” a esa matrix, pero parece que no somos los únicos en querer hacerlo. Y el mercado se agota en pedidos muy puntuales.
Las nuevos términos para definir al simple empleado nos eximen de mayores comentarios:“Senior”, “semi Senior”, “Junior” “semi Junior”…
Hace unos días me puse contento ya que cerca de mi casa alguien puso un cartel en su inmobiliaria buscando empleados. Algunas personas había en la fila y les pregunté qué se precisaba…”Empleado principal o Senior para desempeñar tareas relativas a la profesión”. Si alguien no comprendió, se pide experiencia para atender el teléfono, sacar fotocopias, concertar entrevistas, realizar una agenda de contactos…
Lo triste es que si bien exigir condiciones por parte de un empleador es su derecho y en esos términos gana el que mejor preparado esté, tampoco es sano tener que ser Abogado para coordinar por teléfono reuniones de otros. Mejor dicho, no es justo.
Nuestras posibilidades son siempre el vaso medio lleno en la historia de buscar trabajar. Confiar en la experiencia debe ser tan determinante como también lo que nosotros hagamos ante una chance, una puerta que se abra. Si la supervivencia es la del más apto, allí se verán nuestros reales valores.
Por las dudas, para no quedar fuera de la matrix, es bueno empezar por confiar en lo que cada uno siente que es luego de recibirse. Ese y no otro, es el vaso medio lleno.
Lo que hay detrás de la puerta: el trabajador en su laberinto
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Cuando hablamos de primeras oportunidades dadas, la persona que lo hizo posible no será jamás olvidada. Fue quien confió en que nosotros podíamos y de paso, nos dimos cuenta que algo de razón tenía. Ciertas veces otros confían más en nuestros valores que nosotros mismos.
Existen matices. Como en todo, cuando de relaciones humanas se trata. Para saber diferenciar lo que el empleador quiere de cada uno, la tarea de averiguarlo resulta sencilla: ¿nos paga por nuestro trabajo?. ¿No?. Pues entonces estamos en presencia de la temida condición de “a prueba”. Y aunque aprender de la práctica nunca está mal, sí lo está el abuso del tiempo, el generar el “estado permanente” de nuestra condición.
Las soluciones no están en quien recién comienza. Laberintos de un sistema que en general nos pierde dentro de sus caminos, estamos en medio de todas las decisiones que otros toman. Una protección legal la dan aquellas empresas que buscando dentro de las Facultades, quieren en condición de pasantes a alumnos. Para ir fogueando a aquellos que se están por recibir.
Aunque se puede envidiar a los que son elegidos, nada es un lecho de rosas. Porque uno aprende si le enseñan, además de lo que uno observa. La cuestión es si quienes contratan buscan enseñar las cosas, o sólo a quienes lo hagan rápido y sin chistar. Mejor, no sabemos. Pero, rápido.
Nuestra ilusión de luz al final del túnel nos guía en el laberinto. Mientras, el tiempo pasa, para puro beneficio de quien nos “toma una prueba”. Por eso la recomendación (y les aseguro que con una base empírica importante) es aclarar todo lo necesario desde el principio. Aunque uno quede como estructurado y amigo de los formalismos. Pero es que después no hay derecho a la queja. Es algo así como la letra chica de la compra de un microondas. ¿Quién lee que el representante de la marca atiende en Uruguay?. Nadie. Así que en lo posible, fijarse de aclarar puntos.
A veces ocurre que se sabe cómo es la labor diaria, aunque el empleador no impone otras reglas ya que las da por entendidas. Pero no todos tenemos la lógica de un empleador. Nunca está demás consultar, y a veces hasta con suerte uno ha inaugurado un estilo de trabajo sin quererlo.
Siempre es mejor que en el laberinto sólo quede el Minotauro y nadie más.
Existen matices. Como en todo, cuando de relaciones humanas se trata. Para saber diferenciar lo que el empleador quiere de cada uno, la tarea de averiguarlo resulta sencilla: ¿nos paga por nuestro trabajo?. ¿No?. Pues entonces estamos en presencia de la temida condición de “a prueba”. Y aunque aprender de la práctica nunca está mal, sí lo está el abuso del tiempo, el generar el “estado permanente” de nuestra condición.
Las soluciones no están en quien recién comienza. Laberintos de un sistema que en general nos pierde dentro de sus caminos, estamos en medio de todas las decisiones que otros toman. Una protección legal la dan aquellas empresas que buscando dentro de las Facultades, quieren en condición de pasantes a alumnos. Para ir fogueando a aquellos que se están por recibir.
Aunque se puede envidiar a los que son elegidos, nada es un lecho de rosas. Porque uno aprende si le enseñan, además de lo que uno observa. La cuestión es si quienes contratan buscan enseñar las cosas, o sólo a quienes lo hagan rápido y sin chistar. Mejor, no sabemos. Pero, rápido.
Nuestra ilusión de luz al final del túnel nos guía en el laberinto. Mientras, el tiempo pasa, para puro beneficio de quien nos “toma una prueba”. Por eso la recomendación (y les aseguro que con una base empírica importante) es aclarar todo lo necesario desde el principio. Aunque uno quede como estructurado y amigo de los formalismos. Pero es que después no hay derecho a la queja. Es algo así como la letra chica de la compra de un microondas. ¿Quién lee que el representante de la marca atiende en Uruguay?. Nadie. Así que en lo posible, fijarse de aclarar puntos.
A veces ocurre que se sabe cómo es la labor diaria, aunque el empleador no impone otras reglas ya que las da por entendidas. Pero no todos tenemos la lógica de un empleador. Nunca está demás consultar, y a veces hasta con suerte uno ha inaugurado un estilo de trabajo sin quererlo.
Siempre es mejor que en el laberinto sólo quede el Minotauro y nadie más.
(imagen gentilezawww.1.bp.blogspot.com)
La canción de la semana!!: "Volver a empezar"
1 comentarios sábado, 14 de noviembre de 2009
El tema sin dudas es fuente de inspiración, pero llevarlo a las palabras es lo más difícil. Porque uno analiza desde dentro y no a partir de una lejania, es totalmente subjetivo. Y porque lo veo en cuanto ámbito se intente congeniar criterios. Un sólo tema que pueda ser en común basta para el despliegue incómodo de la realidad, el rechazo, el enfrentamiento.
La siguiente descripción pueden aplicarla a los grandes temas nacionales, y hasta en una reunión de consorcio, o en las elecciones de una sociedad de fomento, da igual.
No hablo de política internacional, no hablo del conflicto de los empleados de la ex Terrabusi, no hablo siquiera de la modificación de leyes esenciales para los ciudadanos. Hablo de una reunión de ex alumnos de un colegio primario. El re-encuentro, o en tal caso el "neo"-encuentro de aquellos que eran y ya no son, en un punto.
Desconozco el mecanismo, o en tal caso no sé cómo explicarlo. Pero la decisión de saber qué fue de la vida de aquellos que algún momento de la vida compartieron con uno es primero fragmentada y luego grupal.
Esto es, primero surge de la curiosidad de una persona, que contagia a otra y asi la idea de "volver" se expande. Pero la vida no es tan lineal como una linda teoria escrita. Y expandir una idea en este momento (del año y del país) choca con cientos de cuestiones.
Repito...veo esto en cualquier ámbito que involucre a más de cinco personas. El recuerdo en la mente de cada uno es traer delante lo que ya habia quedado sepultado por la vida, los momentos, los años, que son las personas. Los recuerdos no hablan por teléfono, no chatean, no hablan delante de otros. Son nuestros. Pero cuando esto del contagio inicia la rueda, surgen qué tan lejos o cerca están.
Mi abuela Juana solía decir que no se pueden acomodar diez medias en once pies. Los nuevos recuerdos, hechos personas, se acomodan a una vida ya hecha, la del otro, como pueden. Algunos generan este espacio y otros no, se niegan. Y es perfectamente entendible. Forma parte de cierta tranquilidad que mejor no perder. Por eso la idea de contagio algunos la pueden tomar como sinónimo de virus y se alejan (no van a la reunión...de colegio...de consorcio...de la sociedad de fomento). La idea se torna debate, somos asi. Se opina, se discute, se idealiza, se deforma la realidad a como querriamos verla.
Cuando finalmente se llega a la puesta en común, diría el profesor de una materia escolar, a veces es tarde.Los primeros impulsores de la idea se han ido, se han cansado, se han olvidado. Llegado el dia, los presentes recuerdan a los ausentes, y los ausentes necesariamente querrian estar presentes, sino fuera por ellos mismos, que se lo impiden. Queda el disfrutar, no todo es malo.
La reunión de consorcio, la elección en una sociedad de fomento, la reunión de ex alumnos, tienen un costado positivo. Lo que finalmente resulte es el fruto del esfuerzo en conseguirlo.
A pesar en general, de nosotros mismos.
Los dejo, me esperan mis compañeros del primario.
Lo que hay detrás de la puerta: esperanza, lo segundo que se pierde
1 comentarios jueves, 12 de noviembre de 2009
En un mundo laboral inestable la esperanza es lo segundo que se pierde. Lo primero, claro, es el trabajo.
Las aspiraciones tienen el color de nuestros sueños y cuando el acostumbramiento al lugar en que alguien se inicia laboralmente es total, se piensa “¿No habrá algo mejor?”.
Nadie necesita ser un perceptivo para notar comodidad o incomodidad. Porque si para todo nuevo empleado cualquier mínima tarea es al principio costosa, bien sabido es que el resto no le facilitará las cosas. En su gran mayoría. Y más si, como comenté en columnas anteriores, la jerarquía se tiene que remarcar a partir de iguales labores.
Algunas veces ocurre que tomamos la decisión de irnos cinco segundos antes de ser echados: esto es, que nuestro jefe…ya lo venía pensando pero no sabía cómo decirnos tamaña noticia. Otros “perciben” que el lugar, como una especie de Titanic, se hunde y deciden rumbear hacia otros destinos, o en realidad buscando aun su propio destino, su lugar indicado para estar.
Todos estos movimientos son decorados por la necesidad de trabajar. De no mirar lindas caras o generosas ayudas. Lisa y llanamente trabajar para cobrar un sueldo. La esperanza en ese caso no está en cambiar, sino en vivir el presente cuestión que sabemos que es complicado y no discutible.
Se machaca desde ciertos ámbitos la floja preparación estudiantil y es una realidad. Forman personas profesionales que se suman a un mercado que les exige ser otras cosas. Y se vuelve tan complicado como desagotar una pileta de natación con un vaso. Porque la proporción entre trabajo y posibilidades son ésas.
El estudiantil no es el único factor. El nivel exigido no pasa por conocimientos básicos, sino por caprichos empresariales. Contratar hasta cierta edad es uno de esos preconceptos. O la paradoja (argentina y no griega) de pedir experiencia y a la vez juventud de un aspirante. La búsqueda de condensar en una sola persona experiencia, juventud, metas firmes y que cuando le pregunte cuánto quiere ganar, no diga disparates…
Ante tanta descripción agorera, el rincón esperanzador. Podemos a pesar de las circunstancias ser en lo posible felices. O para empezar, podemos ser. Que no está mal, tampoco. Si trabajar ya no es trabajar de lo que nos gusta, hay algo que anda mal. No alcanza con una visión positiva de las cosas. Alcanza y sobra, en realidad, con sentido común. Formarse y luego exigir sabiendo que estamos preparados
Sino, seguiremos desagotando la pileta con un vaso.
Las aspiraciones tienen el color de nuestros sueños y cuando el acostumbramiento al lugar en que alguien se inicia laboralmente es total, se piensa “¿No habrá algo mejor?”.
Nadie necesita ser un perceptivo para notar comodidad o incomodidad. Porque si para todo nuevo empleado cualquier mínima tarea es al principio costosa, bien sabido es que el resto no le facilitará las cosas. En su gran mayoría. Y más si, como comenté en columnas anteriores, la jerarquía se tiene que remarcar a partir de iguales labores.
Algunas veces ocurre que tomamos la decisión de irnos cinco segundos antes de ser echados: esto es, que nuestro jefe…ya lo venía pensando pero no sabía cómo decirnos tamaña noticia. Otros “perciben” que el lugar, como una especie de Titanic, se hunde y deciden rumbear hacia otros destinos, o en realidad buscando aun su propio destino, su lugar indicado para estar.
Todos estos movimientos son decorados por la necesidad de trabajar. De no mirar lindas caras o generosas ayudas. Lisa y llanamente trabajar para cobrar un sueldo. La esperanza en ese caso no está en cambiar, sino en vivir el presente cuestión que sabemos que es complicado y no discutible.
Se machaca desde ciertos ámbitos la floja preparación estudiantil y es una realidad. Forman personas profesionales que se suman a un mercado que les exige ser otras cosas. Y se vuelve tan complicado como desagotar una pileta de natación con un vaso. Porque la proporción entre trabajo y posibilidades son ésas.
El estudiantil no es el único factor. El nivel exigido no pasa por conocimientos básicos, sino por caprichos empresariales. Contratar hasta cierta edad es uno de esos preconceptos. O la paradoja (argentina y no griega) de pedir experiencia y a la vez juventud de un aspirante. La búsqueda de condensar en una sola persona experiencia, juventud, metas firmes y que cuando le pregunte cuánto quiere ganar, no diga disparates…
Ante tanta descripción agorera, el rincón esperanzador. Podemos a pesar de las circunstancias ser en lo posible felices. O para empezar, podemos ser. Que no está mal, tampoco. Si trabajar ya no es trabajar de lo que nos gusta, hay algo que anda mal. No alcanza con una visión positiva de las cosas. Alcanza y sobra, en realidad, con sentido común. Formarse y luego exigir sabiendo que estamos preparados
Sino, seguiremos desagotando la pileta con un vaso.
Lo que hay detrás de la puerta: trabajando por un sueño (sin Tinelli)
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Las preguntas existenciales siempre son bienvenidas y sobretodo por la mañana, momento exacto en que frente al espejo alguien puede plantearse lisa y llanamente “¿quién soy yo?”.
En mi opinión, estamos dominados por el realismo. No el de García Márquez, justamente: su “realismo mágico” no vive en Argentina. Hablamos de aquel matiz que vuelve a algo crudamente verdadero. Eso y un toque de resignación, nos hace ser realistas.
Cuando trabajamos aceptamos reglas a partir de las cuales una persona adapta también sus propias reglas a aquellas. Vale este ejemplo: si un jefe imparte una orden podemos decir “sí, Señor jefe, cómo no”, mientras se piensa y calla cualquier cantidad de improperios. Aplico así una idea práctica y realista: hasta que no se consiga otro trabajo mejor, existirá el doble discurso.
Describo esa situación sin estar de acuerdo con ella. ¿Podrá existir un término medio?. Yo creo que sí…aunque dudo que sea en nuestro primer trabajo.
La persona realista intenta quitarle el sentimiento a sus acciones para obrar según la circunstancia lo dictamine. En el mundo de la Política se encontró una bonita definición: pragmatismo. Se dice de aquella persona que no está atada a una estructura política y sí a las mejores ideas, que es pragmático. Y hasta les da una positiva imagen frente a los demás.
¿Se puede aplicar entonces a todos los órdenes de la vida?. A mi me parece que no, porque antes que todo está la conducta. Sino, nos daría todo lo mismo. Y eso más que opinable, sería criticable.
Pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar otras opiniones, además de la nuestra?. Quizás ocurra que al primer jefe no me anime a plantearle mi pensamiento, pero ¿él lo escucharía si lo hiciera?.
Segunda pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar críticas constructivas?.
No parece estar abierta la chance de debatir cuestiones que tengan que ver con nuestro diario vivir. Casi, en ningún ámbito. Las decisiones ganan por imposición.
Ya sea para formar parte de la maquinaria del trabajo específico, o si se piensa en apostar a liderar algún día desde una empresa, cada uno de nosotros persigue sueños. El ser realistas hace que esos sueños sean mirados por nosotros mismos con misericordia. Lo adaptamos a lo que hay.
Si el objetivo es llenar mensualmente el bolsillo, ser realista es una necesidad que no se discute. Los clasificados de los diarios muestran qué se busca.
Pero, si es uno el que no sabe lo que busca, no colaboro a “la causa”: intentar llevar mi sueño a buen puerto.
Aunque, en este mundo realista, todos los barcos parezcan el Titanic.
En mi opinión, estamos dominados por el realismo. No el de García Márquez, justamente: su “realismo mágico” no vive en Argentina. Hablamos de aquel matiz que vuelve a algo crudamente verdadero. Eso y un toque de resignación, nos hace ser realistas.
Cuando trabajamos aceptamos reglas a partir de las cuales una persona adapta también sus propias reglas a aquellas. Vale este ejemplo: si un jefe imparte una orden podemos decir “sí, Señor jefe, cómo no”, mientras se piensa y calla cualquier cantidad de improperios. Aplico así una idea práctica y realista: hasta que no se consiga otro trabajo mejor, existirá el doble discurso.
Describo esa situación sin estar de acuerdo con ella. ¿Podrá existir un término medio?. Yo creo que sí…aunque dudo que sea en nuestro primer trabajo.
La persona realista intenta quitarle el sentimiento a sus acciones para obrar según la circunstancia lo dictamine. En el mundo de la Política se encontró una bonita definición: pragmatismo. Se dice de aquella persona que no está atada a una estructura política y sí a las mejores ideas, que es pragmático. Y hasta les da una positiva imagen frente a los demás.
¿Se puede aplicar entonces a todos los órdenes de la vida?. A mi me parece que no, porque antes que todo está la conducta. Sino, nos daría todo lo mismo. Y eso más que opinable, sería criticable.
Pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar otras opiniones, además de la nuestra?. Quizás ocurra que al primer jefe no me anime a plantearle mi pensamiento, pero ¿él lo escucharía si lo hiciera?.
Segunda pregunta crucial. ¿Estamos preparados para escuchar críticas constructivas?.
No parece estar abierta la chance de debatir cuestiones que tengan que ver con nuestro diario vivir. Casi, en ningún ámbito. Las decisiones ganan por imposición.
Ya sea para formar parte de la maquinaria del trabajo específico, o si se piensa en apostar a liderar algún día desde una empresa, cada uno de nosotros persigue sueños. El ser realistas hace que esos sueños sean mirados por nosotros mismos con misericordia. Lo adaptamos a lo que hay.
Si el objetivo es llenar mensualmente el bolsillo, ser realista es una necesidad que no se discute. Los clasificados de los diarios muestran qué se busca.
Pero, si es uno el que no sabe lo que busca, no colaboro a “la causa”: intentar llevar mi sueño a buen puerto.
Aunque, en este mundo realista, todos los barcos parezcan el Titanic.
(imagen gentileza http://www.ecofield.com.ar/)
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