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"No eras vos" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 5 de enero de 2013
Si la sensación de ser perseguido es fea, la de tener que perseguir a alguien es directamente una locura. Porque a mi me pareció que era. No tenía la seguridad. Y si no tenía la seguridad por eso intentaba alcanzarla, fue apenas la vi. O creí que la vi. Estaba yo parado mirando la nada y haciendo tiempo, repasando sin ganas los precios de una vidriera, cuando hacer tiempo ya se asemeja a una tortura. Como no venía empecé a girar en círculos, cada vez más grandes. Y en el tumulto de gente en la calle un dia de verano, la vi. O creí verla. Con el pelo algo corto y su remera azul, estaba unos veinte metros más adelante. Grité su nombre pero nadie se dio vuelta. Aceleré y la gente parecía ir toda en sentido contrario al mio, me empujaban. Logré acercarme unos cinco metros, la volví a nombrar, pasó un colectivo y el ruido evitó que me oiga. Cruzó Lavalle y yo estaba cansado de seguirla. Al fin y al cabo quedamos en encontrarnos y ella era la que se iba. No sé por qué, volví a aquella calle y mirar aquella vidriera al otro dia. Y la vi de nuevo. Y esperé a que se alejara, grité su nombre. Se dio vuelta. Me miró extrañada, yo más aun. Confirmé lo que pensaba: era quien yo conocía. Y en sus ojos nada parecido a aquella persona que perseguía. La dejé ir, yéndome yo. Cruzando Lavalle.
"La suerte de Analía" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 8 de septiembre de 2012
Había sido elegida por él a dedo. Frente a un gran mapa de la ciudad una casa sobresalía desde el cielo, tenía techo de ladrillos como cualquier otra pero en ella habitaba cierto misterio. Diferencia respecto de las demás, esa energía propia de quien le toca la suerte sin saberlo. Analía acostada espera al sueño. No venía a buscarla desde hacía tres noches y aunque repetía la rutina nada se puede sin dormir primero. Miraba el reloj que suena a las seis. Cerraba los ojos para no pensar y apagaba el velador. Pero lo volvía a prender. La mente que no descansa se vuelve insoportable para quien la posee, ella sabía que algo debía hacer. Salió a la puerta a ver pasar el tiempo, mirando todo desde atrás de un macetero. La noche perdía frente al dia. Martes, fresco. Cerró mejor su pullóver y se iba de nuevo a la cama cuando algo la hizo dar vuelta. Estando de nuevo en la puerta algo parecido a un viento arremolinado le hizo abrir sus ojos de tres días sin sueño. Miró hacia los costados, hacia el frente. Hacia el cielo. Llegó hasta la cama y pasada una hora se despertó sabiendo. Ahora tenía en su cuerpo la suerte elegida a dedo.
."El siempre quieto".
1 comentariosMe persigue la aguja del segundero. Como en la rayuela cuando saltando se llega al cielo, y uno se da vuelta para ver el camino hecho. El que controla y designa mi tiempo no tengo el gusto de conocerlo y de lejos querría tener un encuentro, preguntarle cosas. Las oportunidades que no llegan a puerto, por paso apurado o demasiado lento. Esa esquiva suerte en los emprendimientos, que nacen creados, se frustran, se ven viejos. Varias personas que elijo y no quiero, y otras que quieren lo que yo nunca veo. Aquel que controla y designa mi tiempo habrá de saber qué tengo y qué temo para no avanzar, para quedarme quieto. Sabrá mi futuro, el que miro y no tengo, que empujo letras desde hace un mes sin amor cierto. Huyendo a cien planes llamados recuerdos. Por eso el paso es ligero. Y esa aguja que me sigue, el segundero.
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"El decidido" -Cuento corto-
1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012Un Hombre habla con su Alma y le pide tiempo. Justo tiempo. Lo que el Hombre está cansado de escuchar decir, es lo que termina pidiendo. Es como rogar piedad a punto de ser condenado cuando en voz baja ya no se sabe a qué religión implorar. El Alma acepta que el hombre se tome un momento y no lo aturdirá. Siente que lo atormenta a veces, y de él no logra nada cuando sólo lo ha visto temblar ante un deseo. El Hombre se pone a mirar por una ventana el horizonte tapizado de autos, de ruidos y de gente a lo lejos, intenta concentrarse en un punto fijo. El Alma se queda en un costado de la habitación a media luz. No se oye nada, apenas la respiración del Hombre. Son eternos tres o cuatro minutos hasta que se da vuelta y el Alma se acerca. Le pregunta si ya tiene algo para decirle. El Hombre le dice “Sí, lo tengo decidido: quiero ser feliz”. El Alma le hizo un gesto de aprobación y bajo una luz fuerte, volvieron a ser uno. El Hombre, pedido su tiempo, ha decidido ser feliz, de una vez, con un aliado en su pecho.
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