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."Lealtad".

2 comentarios sábado, 5 de enero de 2013
Se termina el año. Ya nos dijimos todo sin una sola palabra al viento, sólo mirarnos para saberlo. Me pediste que lo hiciera y a la vez deseaba hacerlo, cosas que alguna mano acaricia en nuestro tiempo, que pone en gotas tus dudas y certezas en mi convencimiento. Al tercer dia gris no soportamos aquello, y quisimos saber si afuera sentirían lo que adentro dos almas necesarias necesitan en este momento. El ritual del ejercicio es tan simple como el anhelo de querer siempre que quieras el rito de pedir primero. Antes de fin de año volveremos a quererlo. Mirarnos fijamente y jurar latidos pequeños. Y ser dos partes en una, cuando al camino resuelto encuentre dos almas juntas. Prometiendo ser una en serio.
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."Soledad del encontrado".

1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012
El hombre perfecto. Nunca tuvo problemas porque antes los tuvo resueltos. Todos lo respetaban a partir de hacer silencio. Nadie le decía nada al hombre perfecto. Sentía que vivía sin competencia en lo que estaba haciendo. Con un trabajo acorde al esfuerzo, tiempo de sobra para pensar sólo en ello y ciertos placeres cumplidos, sinceros. Pero por alguna causa no era feliz el hombre perfecto. Arrastraba la sensación de hacer las cosas más que en silencio, en soledad. La brutal diferencia la notó un dia en que un conocido se acercó a verlo. Le preguntó por qué caminaba en círculos todo el tiempo sin levantar la vista del suelo. El hombre perfecto lo miró extrañado, puso su espalda derecha y observó el amplio campo. Descubrió con espanto que toda su vida en círculos estuvo caminando. Y empezó a vivir a los 43 años.
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."Estar es la manera".

0 comentarios viernes, 20 de julio de 2012
Algún placer en la eficaz distancia curva. Protestar imposibles cara a cara. Discuto rabioso la mano del destino que a veces persiste en ser pared, más que camino. Enfrentarme al designio como quien frente a un espejo viera solo a un enemigo. Parábola tenue la de la espera y el frio, de pie tras la puerta que se empuja a la vez y nadie atraviesa. Ni el amor, ni el tiempo, ni la extraña manera de querer poder volar en palabras que son nuestras. Todo puede ocurrir si concibo la manera de estar cuando deba seguir, de crecer sin ya fronteras para poder sentirte bien. Al lado. Como dos almas gemelas.
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"Retrato" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 9 de junio de 2012
Respiró profundo buscando aire, se levantó de la silla feliz y atormentado, todo a la vez. Caminó hasta el espejo y no se vio reflejado. Frunció la nariz pero no lo podía ver. Pensó que era el lugar y bajó por las escaleras, salió a la calle, se fue a la esquina a mirar vidrieras, aquel negocio de enfrente, un par de señoras lentas. De a poco comprendió que no importaba el lugar que fuera, algo le estaba ocurriendo desde hacía tiempo, como esas esperas que muchos presentes desean. Volvió despacio a su casa, subió por las escaleras, abrió la puerta de entrada, se fue derecho a la heladera. Y allí también la sorpresa, asi que cerró veloz y se sentó en su casa llena. De tanto recuerdo amado donde siempre estará ella. El amor lo hace temblar al no ver de tanto en tanto su propio reflejo en el espejo del baño. Una noche estiró su mano  pensando que era ella, le acarició el pelo y creyó que ahí estaba. Plena. Con sus ojos color miel. Deseando verla de vuelta.
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"El apuro" -Cuento corto-

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El duro oficio del caminante. Cuando se está apurado los demás parecen no estarlo. Cuando se pretende disfrutar por una vez de cierto paisaje, el resto del mundo está acelerado. No hay un equilibrio cuando estamos caminando, cada uno tiene un ritmo y uno se termina acostumbrando. Hoy seguí a una señora viejita, encorvada, que con un carrito de esos de valijas atrasaba a unas cuantas filas. En la esquina por fin, nos pusimos a su costado, todos miramos a la viejita, ella mirando el asfalto. Relojeamos su carrito, tenía apenas ajustado un par de bolsas celestes y algo parecido a un caño. Venían autos y la gente siguió cruzando, apurados todos  por llegar a ningún lado. Yo esperé que fuera blanco el hombrecito del semáforo, y crucé lo más tranquilo con la viejita a mi lado. Sin querer la acompañé asi que pude observarlo: eso que llevaba envuelto en bolsa celeste y atado, era su tiempo y mi tiempo. El que suelo vivir apurado. Y seguí caminando.
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."Mis razones en tu viento".

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La mitad de un boleto. La mitad de un sueño cierto. La mitad de un tiempo nuestro. Cierta mitad que habitemos. Alguna mitad que cedemos. Varias mitades al suelo, cientos de intentos por serlo. Una mitad algo lejos. Esta mitad en deseo. La mitad de todos mis cielos, el querer ser parte de un dia entero. La noche, con mis sueños. Que son tuyos, que te ofrezco. Que huelen a tu sonrisa y tienen por fin supremo algún golpe de la suerte. Y ser risa en este pecho. Tengo solo por mitades varias en mi universo. Quisiera poder encontrarte y que armes con esmero, lo que por amor yo ya tengo. Mis mitades, estos duelos, por tener tu mitad divina y seamos sólo uno. Eso anhelo.
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."Vivir versus pensar".

1 comentarios sábado, 12 de mayo de 2012
Es raro tener un sueño que siempre pienso despierto, incluso llegada la noche, cuando acostado no me duermo. Miro el techo reluciente, lejano e incompleto, porque no puede abarcar esa ventana que quiero. De paisaje multicolor, de claros y oscuros nuestros, de ideas de compartir, de montones de días ciertos. Me pongo de costado y el sueño no aparece, miro la silla enfrente, creo que veo tu mente, impregnada en mi pared como un cuadro que se siente. Cinco segundos después de pensar mi mala suerte, en tenerte pero lejos, en tenerte siempre en mente, suena seco el despertador. Señal de volver de verte con mis dos ojos abiertos mientras el dia desaparece.
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."El tiempo y la paciencia".

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Una vez al mes llega el impuesto al tiempo. Puntual, el cartero lo deja en el buzón de mi casa y yo lo encuentro entre facturas de luz, gas y el resúmen de la tarjeta. Me pongo feliz si a dia 16 o 17 no llega, porque quiere decir que ya no tendría que pagar más ese tiempo que no es mio ni de ella. Es del destino. Pero parece haberse encariñado con el destinatario y siempre está. La fecha a pagar es a finales de mes, cuando uno hace la cuenta de cuánto pesa en esta tierra esa especie de condena al amor: eso es la espera. Cuando pago no me quejo, si por premio el mes que fuera, el cartero pasa y deja otras facturas fuleras. Pero no la del tiempo. Ojalá pronto suceda que cuando ella lo quiera ya no pague por mi espera. Y el tiempo no sea condena.
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"A la misma hora" -Cuento corto-

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Quedaron en mirar todos los días a las nueve y media de la noche la luna al mismo tiempo. A la izquierda estaban Las tres Marías y mas o menos por el medio había que concentrarse, uno en el otro. Casi como los chicos, repetían cada cual en su lugar esa tarea dia a dia. Era la forma de acortar distancias, de creer alguna utópica solución, soñarse cerca y verdaderos. Se llamaban por teléfono para recordar hacerlo. Pero el tiempo es como el agua a la piedra: no la destruye pero la desgasta. Y con los meses se llamaban dos veces a la semana, y luego una. Y luego cada 30 dias. Cada uno hizo su vida sin mirar al cielo a esa hora. Pasaron años, modas y formas. Una noche ella jugaba con sus hijos y miró hacia arriba. Y vio la luna, llena y clara. Todo lo que pudo hasta que se le llenaron los ojos de lágrimas. Corrió a buscar su agenda amarilla de hojas amarillas. Buscó un número de teléfono, le faltaban el 4 y el 6, suponía. Marcó y llamó. Sonó tres veces y contestaron. Era él. Eran las nueve y media de la noche. Al lado de Las tres Marías la seguía esperando.
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"Se que existe" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
Existen dos clases de personas: aquellos que marcan absolutamente todo un almanaque con fechas y recordatorios, y aquellos que lo dejan tal cual está. Ricardo es de los que no marcan nada en los meses de su almanaque. Cuando terminó el mes de febrero sacó la hojita y descubrió que el miércoles 15 de marzo estaba marcado con fibra roja. No lo había hecho él y sin embargo aparecía un círculo, a mano. Viviendo solo las posibilidades se reducían. No sabía quién había sido y no le prestó demasiada atención. Con el correr de los días cada vez que miraba su almanaque no lo veía blanco de números azules sino con ese círculo en fibra y pasó a importarle. Iba llegando la fecha. Lunes 13, martes 14. En la noche del martes cenó y antes de acostarse miró el número, puso su mano arriba, como para ver si transmitía algo esa marca. Al otro dia, miércoles 15 de marzo. Se levantó, fue a trabajar. Recordó todo el tiempo su almanaque, quería ser precavido, quizás fuera una señal. Hizo todo más lento, saludó a conocidos y desconocidos, se concentró en su trabajo. En el almuerzo llamó por teléfono al portero para saber si su departamento estaba bien. Volvió de la oficina, dejó las cosas arriba de la mesa de la cocina, miró el almanaque con sus dos manos apoyadas en la pared con la camisa arremangada. “¿Qué me quisiste decir?” dijo Ricardo en voz alta. Se fue a dormir. No. Suena el celular. “Gracias por el mensaje, Ricardo”, le dice su ex novia Andrea, “podemos empezar de nuevo”. ¿Qué mensaje?. “El que me dejaste, me hiciste muy feliz, te acordaste de nuestra fecha”. Ricardo miró el almanaque y le agradeció al destino, el que existe. El que marca en nuestro almanaque las fechas de nuestro olvido. Para que dejen de serlo. Y empecemos. Con algún motivo.
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"El decidido" -Cuento corto-

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Un Hombre habla con su Alma y le pide tiempo. Justo tiempo. Lo que el Hombre está cansado de escuchar decir, es lo que termina pidiendo. Es como rogar piedad a punto de ser condenado cuando en voz baja ya no se sabe a qué religión implorar. El Alma acepta que el hombre se tome un momento y no lo aturdirá. Siente que lo atormenta a veces, y de él no logra nada cuando sólo lo ha visto temblar ante un deseo. El Hombre se pone a mirar por una ventana el horizonte tapizado de autos, de ruidos y de gente a lo lejos, intenta concentrarse en un punto fijo. El Alma se queda en un costado de la habitación a media luz. No se oye nada, apenas la respiración del Hombre. Son eternos tres o cuatro minutos hasta que se da vuelta y el Alma se acerca. Le pregunta si ya tiene algo para decirle. El Hombre le dice “Sí, lo tengo decidido: quiero ser feliz”. El Alma le hizo un gesto de aprobación y bajo una luz fuerte, volvieron a ser uno. El Hombre, pedido su tiempo, ha decidido ser feliz, de una vez, con un aliado en su pecho.
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.”Dia a dia”. Basado en “A merced”, de Gustavo Cerati

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Tibio amanecer de esos que siento tienen el horizonte más arriba que el sol. Con la luna en el centro brillando y las estrellas de telón, con gente durmiendo de dia y de noche sin solución. Nada de relojes, nada de presión, sin distancias ni objeción. El mundo entero en contradicción, girando fuerte para el lado donde siento tu calor, amanece de mi sueño, de mi vida, y de vos. Girando como planeta sabiendo que sos el sol, que me tiene como esclavo de su tiempo, a merced de su control. Por amor, por quererla. Por tenerla. Por su don. Tibio amanecer de esos que siento, estoy más arriba que el sol.
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."Hace una semana".

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No te diste cuenta. Mientras me hablabas desacomodé tu pelo detrás de la oreja porque lo quise ver suelto. Es imposible recordar de qué estabas hablando, ocupado en asemejar la imagen perfecta que estaba viendo, tal como en mis sueños y anhelos. Te miré en silencio y el corazón gritaba que gritara. Pasó un minuto y luego dos. Y el amor que de nervios me hace tartamudear y por eso lo quise evitar no hablando. Luego un tema, dos personas y algo más que un reproche. Mi mano y mis lágrimas, que me lastiman y te lastiman. No querer que te vayas. Desear mi deseo. Para que vuelva a ser sueño mi amor versus tu tiempo. Para que vuelvas, Reina. Y desacomodar tu pelo.
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."Mi espera".

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Una botella al mar con un mensaje que dice “Dame tiempo”. Una mujer que ve alejarse en las olas su pedido y reza para que llegue. Y yo, en el otro lado del mundo miro el mar extrañándote, caminando en la orilla y oyendo al viento. Se hace de noche, me voy a ir. Y en el mar veo un mensaje. Lloro, escribo y lo devuelvo al agua. Puse “Yo quiero ser tu tiempo”.
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."Nothing".

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Nadie puede escribir mientras tiembla. Nadie puede llorar y reir. Nadie creyó morir y vivir en unos labios. Nadie prometió lealtad a cambio de una sonrisa. Nadie amó para luego aprender a querer, y no al revés. Nadie recetó tu amor en mi cuerpo, herido de intentarlo. Nadie, que yo sepa, te ha tratado sin herirte, y por eso te entiendo. Nadie me obligó a tenerte en mi horizonte. Nadie me dijo que camine hacia vos. Nadie me dijo que sos mi sol. Nadie, menos vos.
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."Seré mejor".

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Ayer eras, hoy sos, mañana no lo sé. Yo era, hoy soy, y mañana, de todas formas, seré. Es imposible atar corazones a sentimientos diferentes, a que me lo hagas notar todo el tiempo cuando yo ya me di cuenta. Y dejo de luchar, luchando contra eso. Una pulseada con un solo participante: el tiempo. Que gana por abandono, yo no voy a confrontar. Acertado estuvo el destino en marcar diferencias antes que semejanzas, de donde me aferré hasta que me soltaste. Ayer era mejor, hoy soy lo que puedo, mañana no lo sé. Sin vos.
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"Lucía Cáceres" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 19 de enero de 2012
Maldita máquina abrochadora: siempre que la necesito urgente nunca tiene los ganchitos dentro. ¿Alguien tiene ganchitos para la máquina por favor?. Tengo que decir “por favor” porque sino se enojan y dicen que no los respeto. Gente que hay que atarlos para que te digan “buenos días”. Mejor voy a buscar yo al cuartito. Esto está lleno de cajas que no tienen lo que dice afuera escrito asi que tengo que buscar donde no dice, es sencillo. Dos cajitas completas, qué poco aire en esta salita. Nadie quiere ponerle los ganchitos a la máquina, es difícil con este resorte que hace que…bueno, salten como ahora por los aires. Ahí está, maquinita funcionando de nuevo. ¿Gustavo me había dicho que vendría a buscar esta resolución, o yo debía llevársela a su oficina?. No me acuerdo. O quizás nunca me lo dijo, asi que la dejo acá en el costadito, si pasa la ve. Sello y firma, sello y firma. No encuentro el sello, me parece que estaba en el cajón. Uy, unas galletitas Manón. Deben ser de la segunda guerra, mas o menos. Acá está el sello. Listo. ¡Firpo!. ¡Firpo!. Vení. Haceme un favor, llevale a Gustavo esto y decile que ya está hecho y que falta su firma. Sí, estos papeles, dale. Este Firpo es de terror. 43 años. Debe ser el cadete más viejo del mundo, pobre tipo. A veces me siento la novicia rebelde, acá. Y todos los demás gente más joven que no tienen educación. Educación para el trabajo, hay que enseñarles los tiempos de un lugar y que lo respeten. A mi no daban una chance cuando metía la pata dos veces en un papel sin firmar: te manchaban el legajo con llamados de atención. Ahora todo es más relajado. Casi un relajo. Tengo la mesa ordenada. ¿Me verá alguien si estiro un poco la espalda apoyándome?. Mi cuello no da más, extraño al quiropráctico que me recomendaron pero jamás fui. “Lucía…Lucía”. Ay, qué querés, me estaba acomodando justo la espalda…no, esto lleváselo a Jorge, no es de mi área. Siempre quise trabajar sola y con una ventana que no dé al pulmón del edificio. Que no sea todo gris antes de subir la persiana y también cuando ya la subí, algo que tenga un fondo, más color. Acá no tengo tiempo y afuera me sobra. Nunca al revés. A veces no hago cosas, sino que lleno espacios. Y lo peor es que me doy cuenta. Menos cinco, ya todos guardan todo. No tengo aire, en mi y dentro de este ascensor. ¡Calle, dame aire!. Colectivo y mi casa. A descansar de lo que no me gusta para que mañana me guste de nuevo. Quiero que me dejes de mirar sentada ahí, te debés reír como loca de mi. La soledad tiene ojos y todas las noches me miran. Yo cierro por hoy los mios. Para no verla.
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"Paredes" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 9 de enero de 2012
Los Richmond se van de vacaciones y le aviso a mi esposa para que venga a ver por la ventana cómo parten nuestros vecinos. El auto está cargado de cosas y hasta el perro asoma por la ventanilla. Es una familia rara, los Richmond. No saludan, no se los suele ver, hace cinco años son algo así como invitados de un barrio tranquilo. Al otro día, llegan a las siete de la mañana obreros enfrente y comienzan a limpiar el terreno. Sobre el mediodía llegaron los materiales, el asunto ya me parecía extraño. Mis vacaciones del trabajo parece que serán sólo mirar la casa del vecino. A los tres días veo que hacen la base de cemento de una pared. Pero una pared bien grande, que abarca el ancho del terreno y es mezcla de ladrillos a la vista y un cemento con algún garabato. A los veinte días la casa no se veía más, superada en alto por la pared. Quedó prolijo pero horrible desde lo estético. Los obreros se van y la casa que ya es directamente una pared, tiene ahora dos faroles que decoran la flamante construcción. Exactamente al mes los Richmond regresan. Entran por el portón nuevo y estrecho, pareciera que el auto pide permiso. Mi esposa me dice que ella averiguará de algún modo por qué han hecho esa pared. Un día veo que entran el auto y espero a que cierren el portón. Me cruzo y me agacho un poco para ver desde la cerradura hacia el interior. En eso alguien abre desde adentro y me ve espiando. Yo me pongo derecho y tan colorado como el mejor de los tomates. El señor Richmond se empezó a reir y yo no sabía qué hacer. Le pedí disculpas pero le pregunté con todo respeto qué razón tenía hacer esa pared. “¿Yo le puedo hacer una pregunta a usted?”. Sí. “¿Y qué razón tiene usted para mirar mi casa?”. Me quedé en silencio y él aprovechó y me extendió la mano, que también le di. Desde ese día pasaron dos meses. Mi esposa ya no espía más a los vecinos. Los Richmond ya no me importan. Y a la nueva pared de mi casa, el color verde le hace juego con el pasto. Un consuelo, saber que ahora nadie me ve. Ni veo.
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"Llegando a mi"-Prosa

1 comentarios miércoles, 28 de diciembre de 2011
Viene sin tiempo y al verla desespero.
Es una perfecta figura que nunca miré de frente,
no me deja, se va.
Antes de tenerla conmigo
se evapora sin huír, no me suelo sentir único
cuando tengo por gracia su tiempo.
¿Qué pasaría si frente a ella quedo?.
Un dia quise hacerlo.
La esperé, la encerré en mis pensamientos
y de ellos hace ventanas abiertas,
siento cuando está pero más aun
el desdén, el silencio, la cifrada esperanza
de tenerla evaporada.
Con ella me miro mis manos, me duelen,
me suelen señalar, tener de rehén,
de esclavo feliz cuando todo comienza.
¿Para qué vivo sino es para su llegada?.
Nunca es mucho tiempo, la imagino pero la veo.
Tiene el pelo largo, es delicada, irradia
lo que en mi genera de cierta entrega.
Haría bien en entregarme sin orgullo
a ciertas placenteras rimas, buscando
por el precio de nada, todo.
Es por la única que lo haría.
Renunciaría a esta vida para ser herejía,
sin culpas un soldado más,
de principio a fin de cada palabra.
El dia en que me deje
mirarla para siempre.
De frente.
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"Rayo nocturno"-Prosa

1 comentarios jueves, 22 de diciembre de 2011
Hay motivos que sobran.
En algún momento la lucidez los trae
para que los vea. Nunca sabré
con la respuesta enfrente qué genera
la luz de dia encerrada en mi madrugada.
La precavida insistencia me ubica fuera
de toda razón interna, explicaciones
teñidas de mi en excusas que descansan
en el sol, y en los rayos
que matan la luna.
Nadie me empuja a hacerlo, ni a ser.
Tengo sabido el libreto de principio
a fin de mis maniobras, y a veces
las trampas más duras no las supero,
puestas por mi para luego lamentarme
no ser más que ellas.
Cuando la luz cenital enciende el paso oscuro,
Me miro con recelo en mi reflejo,
me busco sin ganas de ser todo el tiempo
un ruido reiterativo y futuro
de letras blancas y teclas negras.
Busco razones fuera de mi cuando cierro
más fuerte los ojos, que no caen rendidos
ante lo que deseo.
¿Deseo?.
La respiración consume cansancio,
alimento la jornada con el aire que queda.
La lucidez se sienta del lado de la cama
que le toca, me ve.
Acaricia los rayos y se hace sol.
Otra vez.
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