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Lo que hay detrás de la puerta: ¿una piedra en el camino?

1 comentarios lunes, 16 de noviembre de 2009

Para buena parte de las cosas a las que aspiramos no solo corresponden a nuestra exclusiva incumbencia realizarlas. Se necesita también una intermediación: los que profesan religión encomiendan a alguien su pedido; aquellos que no, o creen en sus propias fuerzas o hasta en objetos de la suerte, para qué negarlo.

En la búsqueda laboral nada de lo descripto queda al margen y el aspirante a un puesto necesita (lo hemos señalado ya) “encajar” dentro del sistema como una pieza de rompecabezas. También hemos comentado el cuello de botella que significan muchos egresados que intentan cubrir trabajos que cada vez se piden menos por abundancia o sobreabundancia.

Los sitios laborales (hablamos dentro de Internet) concentran todos los pedidos y ofrecimientos, canal necesario y utilizado si alguien es joven, con ganas y sueños.
Llevar el currículum en mano a una empresa o mirar una cartelera de pedidos en busca de un número para contactarnos con alguien se usa cada vez menos.

Aunque no queramos las empresas de búsquedas laborales son nuestras intermediarias. Así que desde el inicio se acatan órdenes “superiores”. La experiencia personal y algunas otras que se encuentran apenas se plantea la cuestión, transitan los mismos carriles.
Para muestra, este ejemplo. Se pide en general que se aclare tipo y clase de trabajo; ocurre algunas veces que las opciones dadas son tan generales que uno termina eligiendo trabajos en profesiones distantes de nuestro objetivo.

Con el tema del currículum ocurre algo parecido. No basta con el orden en que esté confeccionado o el plus que lo haga más interesante: en los sitios se deben cargar todos los datos y armarlos dentro de parámetros dados. Vale decir entonces que en realidad terminamos adaptándonos a ítems que descartan lo específico, cuando quizás debería ser al revés.

Planteados interrogantes, algo así como una piedra en el camino, llega el momento de esperar resultados. Algunos sitios ¡permiten! que uno pueda dejar su dirección de mail y otros necesitan que nos registremos y con eso poder entrar en las páginas diariamente a revisar nuestra suerte.

Como dicen que a la suerte hay que ayudarla, no todo es esperar sino sortear desde el vamos, estas dificultades. Ojalá entonces que el próximo mensaje que reciban y por el que tanto se ha luchado aparezca en sus casillas, ése que nos sirva para empezar a ser.
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Lo que hay detrás de la puerta: el trabajador en su laberinto

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Cuando hablamos de primeras oportunidades dadas, la persona que lo hizo posible no será jamás olvidada. Fue quien confió en que nosotros podíamos y de paso, nos dimos cuenta que algo de razón tenía. Ciertas veces otros confían más en nuestros valores que nosotros mismos.

Existen matices. Como en todo, cuando de relaciones humanas se trata. Para saber diferenciar lo que el empleador quiere de cada uno, la tarea de averiguarlo resulta sencilla: ¿nos paga por nuestro trabajo?. ¿No?. Pues entonces estamos en presencia de la temida condición de “a prueba”. Y aunque aprender de la práctica nunca está mal, sí lo está el abuso del tiempo, el generar el “estado permanente” de nuestra condición.

Las soluciones no están en quien recién comienza. Laberintos de un sistema que en general nos pierde dentro de sus caminos, estamos en medio de todas las decisiones que otros toman. Una protección legal la dan aquellas empresas que buscando dentro de las Facultades, quieren en condición de pasantes a alumnos. Para ir fogueando a aquellos que se están por recibir.

Aunque se puede envidiar a los que son elegidos, nada es un lecho de rosas. Porque uno aprende si le enseñan, además de lo que uno observa. La cuestión es si quienes contratan buscan enseñar las cosas, o sólo a quienes lo hagan rápido y sin chistar. Mejor, no sabemos. Pero, rápido.

Nuestra ilusión de luz al final del túnel nos guía en el laberinto. Mientras, el tiempo pasa, para puro beneficio de quien nos “toma una prueba”. Por eso la recomendación (y les aseguro que con una base empírica importante) es aclarar todo lo necesario desde el principio. Aunque uno quede como estructurado y amigo de los formalismos. Pero es que después no hay derecho a la queja. Es algo así como la letra chica de la compra de un microondas. ¿Quién lee que el representante de la marca atiende en Uruguay?. Nadie. Así que en lo posible, fijarse de aclarar puntos.

A veces ocurre que se sabe cómo es la labor diaria, aunque el empleador no impone otras reglas ya que las da por entendidas. Pero no todos tenemos la lógica de un empleador. Nunca está demás consultar, y a veces hasta con suerte uno ha inaugurado un estilo de trabajo sin quererlo.

Siempre es mejor que en el laberinto sólo quede el Minotauro y nadie más.



(imagen gentilezawww.1.bp.blogspot.com)
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