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"Pacto" -Prosa-

1 comentarios viernes, 25 de noviembre de 2011
No era Dios la razón,
lleno en las paredes y ajeno
a sus pasos habituales y desteñidos.
Sentía lo que nadie sentía,
lágrimas por fuera de sí que lo seguían
estoicas, lo esperaban en la esquina de su alma.
Y procedían. Pinchaban.
El niño sentía eso.
Hasta que no pudo más
que volverse ausencia de miedo repetida.
Fue resuelto un dia en que ya estaba dentro
de aquello tan habitual que es ser. Y volvió.
Para buscar preguntas a sus respuestas
de laberintos ya tan transitados, de curvas, de señas.
Se dejó llevar, recorrió el centro de sí, tocó las paredes.
Pensó en Dios y puso la mano contra el sol.
Sombras de sus dedos ajenos se mueven
pero lo rodean, lo observan y se van.
No está el niño, esperan todos por él.
Tiene una llave que cerró del lado del alma
para imponer la razón y sus pasos.
Su deseo de niño, hombre.
Su viejo deseo que lo acompaña.
Ayer, hoy, ya.
De lejos.
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"40 minutos" -Prosa-

1 comentarios martes, 15 de noviembre de 2011
Un ser realista, un hombre escapado de su imagen,
tan ajena a veces que la busca en él cuando ya está en él.
Golpes de fatiga, ritmo aburrido de ojos atascados de luz
en plena noche, queriendo comportarse como le piden.
Sale con rumbo sin saberlo hasta el final, camina llevado
por un instante deseo de ser sal.
Lo mira, lo escucha, abre los ojos apretando los párpados
y queriendo llevarse el fin de su ruido, llevárselo en su alma.
De pronto el día sigue siendo día pero el hombre entra en su noche.
Apaga su queja vencido, bendecido por lo que lo rodea.
No se despierta, sigue ahí, no está en él,
no controla lo que piensa, ni piensa, ni es hombre.
Ni es lo que será, dejará en el ruido y en la sal
todo en un momento. Para sentirse luz.
La imagen volvió cuando dormía y lo encontró.
Feliz de verlo sin ella. Con paz.
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"Un alma son dos" -CC-

1 comentarios jueves, 4 de agosto de 2011


Martín no sabía cómo decírselo. Tantos años de conocerse, tantos momentos vividos juntos, tanta vida en común sin una sola discusión o planteo como amigos. Y él ahora buscaba eso, plantearle algo. La llevó al lugar donde Marcela se sentía más a gusto, los bosques de Palermo.






Caminaron haciendo el circuito, viendo pasar a los más jóvenes en rollers o al trote, cosa que desarrollaba la envidia silenciosa de ambos, que con mirarse ya conocían. Pararon y él fue al puesto con forma de locomotora y pidió ese hilo azucarado enrollado que hacía años no probaban. Se lo acercó y lo comían como dos chicos, degustando el dulce. Marcela lo conocía demasiado y sabía que algo raro estaba ocurriendo.






Siguieron caminando y pasaron por la zona de los botes. El le preguntó si se animaba a subir a uno. `La última vez que me subí debe haber sido a los 15 años´!! le dijo asustada. Martín la ayudó a hacer equilibrio, se sentaron. Coordinaron movimientos y salieron hacia el centro del lago. Pararon de pedalear y ambos respiraron profundo. Ella cerró los ojos para que el sol le toque la cara. El se rascaba la cabeza, nervioso.






Debía decirlo ahí. Cuando ella intentó pedalear nuevamente Martín la miró. Le dijo que quería hablar con ella. Que fueron muchos años, que sus padres se conocen, que sus hijos son amigos de los suyos, que detestaban del sexo opuesto exactamente lo mismo que veían en sus ex parejas. Que el encuentro casi diario lo hacía feliz, y sentía que ambos lo necesitaban cada vez más.






El bote es un lugar incómodo para acercarse y un minuto de charla puede ser un siglo. Marcela lo miró con cara de `te falta decirme algo más´…y él le dijo que no lo haga ponerse colorado como siempre le ocurría cuando tenía nervios.






Ella lo miró y sintió que no era el momento.






-"Acá no es el lugar", le dijo. Martín estaba resignado.






Con un gesto le pidió que fueran de nuevo hasta la orilla.



Pedalearon y cuando se bajaron Marcela lo besó.



-"¿ves? Acá sí es el lugar".






Y ambos dejaron de ser ellos para ser, desde ahí, una sola alma en los bosques de Palermo.
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