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."Me llevo mis cosas".
1 comentarios sábado, 18 de agosto de 2012No te pido que regreses de donde no has podido. Sólo quiero recuperar lo que dejé sin pensar, en ese poético nido llamado Tuyo y Mio. El sentido común, amarillo y reducido. La Fe de las pequeñas cosas que siempre en duo habían sido. La paciencia, que puesta de entretejido sostenía muy fuerte los sueños incumplidos. Un amuleto del dia en que nos conocimos. La idea del presente sin motivos repentinos, viviendo sin pensar sentirlo. Mis anteojos, llenos de tu sol. Y una cosa más: quiero recuperar al que empezó con Dios el camino. Mientras busco, sin darme cuenta, desarmo el nido. Tuyo y Mio.
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."Uno, y el camino".
1 comentarios sábado, 4 de agosto de 2012Camino sin que nadie lo mire. De vez en cuando me doy vuelta por si en una de esas regresa quien nunca juró ser presencia. Pero creí que lo era. En el idioma tan banal de los silencios y esperas, donde cada uno interpreta lo que piensa, creyendo que el otro lo entiende de veras. Pateo piedritas caminando a desgano, siguiendo derecho con ambos pies planos. Creyendo que vuelve a buscar lo olvidado. Pero es tan sincero lo que pierdo que ya no regresa, cumpliendo lo que en silencio me ha gritado, dejando caricias que nunca fueron en donde jamás se tuvieron cerca. Debería parar la quimera de sentirme solo caminando esta cuesta, pero no me detengo. Me duele la inercia de seguir adelante y que ella lo sepa. Que camino sin que nadie lo vea.
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."Late".
1 comentarios sábado, 19 de mayo de 2012No deposito mis expectativas en el esquivo futuro perfecto. Más bien en este presente continuo armado con pedazos de corazón, remendado con cariño de mi parte, bajo anestesia llamada tiempo. El valor de lo que produce la risa y el llanto, la incierta diferencia cuando todo es sentir para solo eso hacer. Y que lo sepa antes que se lo cuenten. Y que se lo cuente para que me diga que ya lo siente. Eso sería un presente de dos. La razón de esta emoción.
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."La espera".
1 comentarios miércoles, 18 de abril de 2012Cinco puntos suspensivos tiene el nombre de quien vino no a ser la elegida, sino por haberla elegido. A veces quiero separar las razones en mi llanto. De chico fiel a la distancia, de hombre lejano enamorado. Debería verme bien si los dos hemos dejado nuestro choque de caprichos, marcas de haber sufrido, penas que vamos lavando. A veces me siento solo porque no sé remar mareas, cuando toda su respuesta es amable y odiosa espera. Tengo miedo de quedarme preso en su dilema, mientras miro a sus ojos que quiero, sean señas. Del amor que yo le tengo, del cariño que profesa, del mundo que le prometo y su respuesta, más pequeña. Cinco puntos suspensivos tiene el nombre de quien vino. Corazón llama a su puerta. Mi dicha es haberla elegido.
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"Acto reflejo" -Cuento corto-
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012No puedo dejar de hablar solo, estando solo. En voz alta elijo una situación y la planteo, la repaso, digo mis dudas con fluidez, descarnadamente a veces. Soy muy claro conmigo, no me doy tiempos y suelo castigarme. Más de una vez sin embargo logré en voz alta apaciguar una pena hecha problema, o un problema hecho dolor, porque me sirve para darme cuenta dónde estoy y qué hago. Y eso me pasó ayer. Hablé en voz alta, con las paredes que rebotaban mis palabras y mis pesares. Y vuelve el sonido a mi, esperando la respuesta que pido. Ayer ocurrió: pregunté qué tan importante soy para alguien y me respondi en silencio. Fui a la computadora, la prendi y aun no sé la respuesta, aunque supongo está en el final de este texto. Las respuestas están colgadas en los silencios, no en las palabras, y las busco ahí. Tendemos a poner nuestros temas tan en el medio del camino, que nos tapan el horizonte. A veces siento que freno antes de ver al obstáculo, como un cómplice. En silencio. Por eso en silencio busco respuestas. Y al final sí: piensa en mi. Me di cuenta ayer. Cuando no pude dejar de hablar solo, estando solo.
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."En tus manos, de vez en cuando".
1 comentariosTengo un montón de afecto guardado en aquella caja que vos ves allá. Nunca la abrí, porque me manejo con la cortesía de los que hacen algo y siento que no necesito más que la formalidad. Pero te dejé llegar hasta acá, y esa es la caja. Son mis razones, son mis miedos, son aquellas cosas que derribaste con astucia, para ponerte a la par y cambiarme. Estoy sintiendo que sos un poco yo. La piel se pone tensa, las emociones no parecen mias porque ya no tengo control ni puedo pensar. ¿Qué hago sin pensar?. Busco la respuesta en mis ganas de abrazarte y sentirme abrazado. Allá está la caja. Es tuya. Me acerco con vos y lentamente, como hago todo yo, te pongo la mano en el hombro. Para acariciarte, para no caerme. Para que seas vos, de una vez, la que tengas al amor que ahora ya no guardo.
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"El dibujo" -Cuento corto-
1 comentariosEzequiel tiene muchas cosas: una hoja en blanco, la bolsa con lápices de colores a medio usar y la mesa rectangular de la cocina de su casa. El ratito luego de hacer la tarea, sus tiempos. Ese segundo de paz en donde no se escucha otra cosa que el lápiz contra la hoja. Las ganas de hacer aparecer en lo blanco eso ya pintado en su mente. Su madre sin preguntarle qué está haciendo y alcanzándole chocolatada. Sus hermanos jugando lejos deseando que no lo interrumpan. La luz que entra por la ventana se va con la tarde y prende la lámpara de la cocina. El ruido en el estómago acelera sus trazos antes que le den de comer. La falta absoluta de tiempo porque no le importa mirar el reloj. El dibujo que se va pareciendo a lo que imaginó, los lápices desordenados en la mesa y el sacapuntas con virutas de varios colores. La madre que le dice que las junte y tire. El final del dibujo sobre el borde de la hoja. Para mirar mejor la levanta, se siente conforme con su obra. La madre, que justo se da vuelta y le dice que es precioso. Durante 20 minutos la cercana y única preocupación de Ezequiel fue sólo la de hacer un dibujo. Ya de grandes, no tenemos tiempo ni dibujos. Hay otras preocupaciones. Me encantaría alguna vez volver a mi hoja en blanco. Y ver qué dibujé. Aspirar a estar conforme y si hace falta terminar lo que empecé.
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."El miedo".
0 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012Maldita sensación de agobio, un golpe bajo a la memoria que paraliza. Cuando hay miedo todo se vuelve acción en la mente mientras los músculos, tensos, se quedan petrificados. Aparece la independencia, una extraña sensación de libertad, hija del poco sentido común que nos queda cuando el miedo ve terreno y arrasa. Uno deja de ser quien es, uno actúa por instinto, uno se vuelve expeditivo porque no tiene calma. Se vuelve presente a la fuerza, pero un presente sin noción de serlo y sin disfrutarlo. No se escucha nada, no se siente nada y lo que se hace se olvida. Es como actuar sin memoria repitiendo condenadamente cada palabra escrita. La angustia se va sin que se lo pidan, el miedo permanece disfrazado de precaución. La puerta queda deliberadamente abierta para dos. Y angustia y miedo vienen. Cuando no quiero visitas.
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"Reflejo de luna" -Cuento corto-
1 comentarios miércoles, 29 de febrero de 2012El micro pegaba saltos porque la ruta no estaba muy bien que digamos. Con los ojos entrecerrados y mirando por la ventana veía los charcos de agua en el campo. La luna se reflejaba contra el agua en la noche clara y me generaba curiosidad. Me senté mejor y comencé a mirar el campo. De cerca no se ve nada de noche y de lejos alguna luz, como un punto perdido. Sin embargo sentía que ese lugar estaba ocupado, que con el micro de alguna manera interrumpía esa tranquilidad de algo o alguien durmiendo. Me acordé que de chico yendo en micro, creí ver en las estrellas la figura de un caballo perfectamente hecho. Y le decía a mi mamá que veía un caballo formado por estrellas pero ella no lo veía, me puse a llorar. Recuerdo con angustia no haber sido entendido. Volví de aquello al presente y me fijé en la luna. Estaba rodeada de nubes pero brillando muy fuerte. Saber que aunque sea de noche miro el horizonte al ras y sin nada que lo desdibuje, es ya una manera de descansar. En mi barrio el horizonte es la propiedad horizontal del vecino. En el campo uno se siente muy poco cuando se pierde de vista el límite de todo. Aparecen un poco de luces. Me gustan las estaciones de micros de las ciudades chicas. Son hermosamente presumidas, quizás lo más importante que ese lugar tenga. De noche relucen con todo prendido, y uno se encandila cuando aun no se ha podido dormir. Las rotondas iluminadas, los camiones a los costados y a los pocos metros otra vez la oscuridad de la ruta. Y el placer de la luna reflejada en el agua, que es para mi descansar antes de ponerse a descansar. Algo así como llegar cuando en realidad uno recién está yendo. Y cerrar los ojos bajo la luna.
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."Me avivé, amor".
1 comentariosYo te amo. No es novedad para nadie y todos se dan cuenta. El que ama no escucha, siente. Y el portero, y mi vecino, y el verdulero, y el colectivero, y mis amigos, mi familia, y la sinrazón de gente que dice conocerme cuando yo no los conozco a ellos. Y los anónimos, y los que contemplan en silencio, los que sólo leen mi vida y los que sólo me oyen. Y los histéricos, y la histeria general. Mis dolores, viejos. Y los nuevos. Y el dia que se pasa rápido, y los fines de semana sin saber de vos. Y la agonía de la primera vez, y el amor por cuidar esa primera vez. Y los sueños que no querían romperse, caídos al piso. Y el cuerpo, que se negaba a moverse con el corazón latiendo el doble. Todos. Todos me avisaron. Pero el que ama no escucha, siente. Y no me amabas, nomás.
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"Errado precavido" -Cuento corto-
1 comentarios miércoles, 22 de febrero de 20121991. El cielo completamente gris. La calle absolutamente embarrada de lado a lado y yo, no sé si tan mojado como resignado en el fondo, miraba la situación con las manos en la cintura. Tenía que cruzar hacia el otro lado para tomar el colectivo. Las calles de tierra cuando llueve forman al paso de los autos dos zanjas parejas por donde a veces se puede caminar. Esta vez todo era agua y tierra mojada. Durante cuatro cuadras seguí caminando derecho sin encontrar la manera de poder cruzar. Me arremangué el pantalón jean, que para esa altura ya era una piedra mojada, y pensé que al final mis medias necesitaban un cambio, asi que las podría sacrificar. Me daban pena las zapatillas porque tenía sólo un par. Luego de dos eternos minutos me animé. Crucé casi en diagonal. Tenía la extraña sensación de caminar sobre algo parecido a la crema, que hacía ruido cuando levantaba la pierna para volver a pisar. Decidí no mirar hacia abajo para no deprimirme aunque sentía que cada vez me hundía más. Llegué al otro lado. Puse primero un pie sobre el mejorado del frente de una casa y luego con dificultad el otro pie. Miré pero el colectivo no venía. Bajé la vista para verme las piernas y la parte de los pies estaban de otro color. Mis plantillas hacían ruido y las sentía como flotando. Me detuve a ver mis pasos marcados en la calle de tierra. Parecían los del hombre llegado a la luna, casi redondos y con alguna forma de la zapatilla. Lamenté mi único par de zapatillas. Se ve venir el colectivo. Es de los viejos, muy viejos. Me subo y el chofer me ve la facha. Le dije que no se podía cruzar, que me embarré. “Te hubieras quedado de ese lado y yo te abría la puerta de acá”, en referencia a la puerta del lado del conductor, el colectivo aun tenía de esas. Yo lo miré y pensé que por precavido a veces no se ven mejores soluciones. Llegué a mi casa y mi vieja me recibe con horror. Aun el barro seco en mi ropa y me dice “Mañana es tu cumpleaños, andá a comprarte unas zapatillas, esas no dan más. Es mi regalo”. Yo la miré y pensé que por precavido tampoco acá había visto mejores soluciones. Desde ese dia, para la lluvia tuve un exclusivo par de zapatillas. Y además, un amigo que me abría la puerta del lado del conductor.
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."Despreocupate".
1 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012Me siento bien, quedate tranquila. Creí que cierta luz de la tarde me iba a quemar los sentimientos, a sacarlos sin mi permiso y hacerlos eternidad, ilusión lejana. Pero la vida es milagrosamente eficaz, porque con amor o sin amor respiramos. Yo no encuentro el motivo pero el presente sí y me intenta ayudar. Me resisto a abandonar aquello, todo, el deseo en tus cinco dedos apretando mi historia, pero me dejé antes que me dejaras. Y aun así me siento bien. Quedate tranquila.
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"Llegando a mi"-Prosa
1 comentarios miércoles, 28 de diciembre de 2011Viene sin tiempo y al verla desespero.
Es una perfecta figura que nunca miré de frente,
no me deja, se va.
Antes de tenerla conmigo
se evapora sin huír, no me suelo sentir único
cuando tengo por gracia su tiempo.
¿Qué pasaría si frente a ella quedo?.
Un dia quise hacerlo.
La esperé, la encerré en mis pensamientos
y de ellos hace ventanas abiertas,
siento cuando está pero más aun
el desdén, el silencio, la cifrada esperanza
de tenerla evaporada.
Con ella me miro mis manos, me duelen,
me suelen señalar, tener de rehén,
de esclavo feliz cuando todo comienza.
¿Para qué vivo sino es para su llegada?.
Nunca es mucho tiempo, la imagino pero la veo.
Tiene el pelo largo, es delicada, irradia
lo que en mi genera de cierta entrega.
Haría bien en entregarme sin orgullo
a ciertas placenteras rimas, buscando
por el precio de nada, todo.
Es por la única que lo haría.
Renunciaría a esta vida para ser herejía,
sin culpas un soldado más,
de principio a fin de cada palabra.
El dia en que me deje
mirarla para siempre.
De frente.
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Es una perfecta figura que nunca miré de frente,
no me deja, se va.
Antes de tenerla conmigo
se evapora sin huír, no me suelo sentir único
cuando tengo por gracia su tiempo.
¿Qué pasaría si frente a ella quedo?.
Un dia quise hacerlo.
La esperé, la encerré en mis pensamientos
y de ellos hace ventanas abiertas,
siento cuando está pero más aun
el desdén, el silencio, la cifrada esperanza
de tenerla evaporada.
Con ella me miro mis manos, me duelen,
me suelen señalar, tener de rehén,
de esclavo feliz cuando todo comienza.
¿Para qué vivo sino es para su llegada?.
Nunca es mucho tiempo, la imagino pero la veo.
Tiene el pelo largo, es delicada, irradia
lo que en mi genera de cierta entrega.
Haría bien en entregarme sin orgullo
a ciertas placenteras rimas, buscando
por el precio de nada, todo.
Es por la única que lo haría.
Renunciaría a esta vida para ser herejía,
sin culpas un soldado más,
de principio a fin de cada palabra.
El dia en que me deje
mirarla para siempre.
De frente.
"Miel, sombra"-Prosa
1 comentarios jueves, 22 de diciembre de 2011Mecanismo imposible, el del amor ajeno.
Necesita de mi, de lo mágico y perverso
de ser espectador: pero no lo sabía.
Me enteré cuando algo se partió,
se dividió como la mañana, la que
veo sin dejar verme en ella
para no asustarla.
Cuando dos sombras atraviesan en diagonal
la gran sala que son los ojos color miel
de esa luz, me ubico.
Una esfera divide su respiración de la mia,
era un compás que en hora solía poner
el placer en su sitio.
Ahora veo que respira, no lo oigo.
Aun cercana, siento otros ojos,
otra mirada que lo hace, que lo siente
sin dejar de admirarla.
Miel de color y aire, fundidos
pero lejanos, lejana.
Cinco dedos buscan energía en su dirección.
Los ve, intenta que me acerque
pidiéndomelo con la luz,
ella no se acerca.
Yo no puedo, ella no quiere.
Las dos sombras se hacen una,
lo observo dentro de la esfera.
Me alejo de mi mano, del intento.
De cierto heroico movimiento
para que me recuerde.
Cuando no empezaba a hacerlo.
En el amor ajeno
que de ella siento.
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Necesita de mi, de lo mágico y perverso
de ser espectador: pero no lo sabía.
Me enteré cuando algo se partió,
se dividió como la mañana, la que
veo sin dejar verme en ella
para no asustarla.
Cuando dos sombras atraviesan en diagonal
la gran sala que son los ojos color miel
de esa luz, me ubico.
Una esfera divide su respiración de la mia,
era un compás que en hora solía poner
el placer en su sitio.
Ahora veo que respira, no lo oigo.
Aun cercana, siento otros ojos,
otra mirada que lo hace, que lo siente
sin dejar de admirarla.
Miel de color y aire, fundidos
pero lejanos, lejana.
Cinco dedos buscan energía en su dirección.
Los ve, intenta que me acerque
pidiéndomelo con la luz,
ella no se acerca.
Yo no puedo, ella no quiere.
Las dos sombras se hacen una,
lo observo dentro de la esfera.
Me alejo de mi mano, del intento.
De cierto heroico movimiento
para que me recuerde.
Cuando no empezaba a hacerlo.
En el amor ajeno
que de ella siento.
"Salto" -Prosa-
1 comentarios jueves, 1 de diciembre de 2011Obligación. El tiempo tiene
toda la obligación del mundo.
Me río. Lo veo preocupado,
lo veo con ganas de no ser el que agobia
y yo sin el temor por él,
que él tiene. Está en la velocidad,
en ganarle a lo que parece,
en sentir algo que se quema pero
que no decido. Sigue algo nervioso
subido como yo a eso
que es regido por un camino.
No hay consecuencias con el tiempo,
es el mismo para todos,
tiene agilidad para recuperarse, tiene ese temor
transformado en reto, me pregunto
si será capaz de lograrlo. Me despreocupo
en cuanto llego sin hacer cálculos
porque él los hizo por mi.
Le apuesto mi puntualidad, me esquiva, me desconfía,
No hace nada por mi, yo doy el último guiño
en su homenaje sin que lo sepa.
Lo adoro, le miento.
Lo espero, le temo, lo reverencio.
Pero ante él decido ser yo.
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toda la obligación del mundo.
Me río. Lo veo preocupado,
lo veo con ganas de no ser el que agobia
y yo sin el temor por él,
que él tiene. Está en la velocidad,
en ganarle a lo que parece,
en sentir algo que se quema pero
que no decido. Sigue algo nervioso
subido como yo a eso
que es regido por un camino.
No hay consecuencias con el tiempo,
es el mismo para todos,
tiene agilidad para recuperarse, tiene ese temor
transformado en reto, me pregunto
si será capaz de lograrlo. Me despreocupo
en cuanto llego sin hacer cálculos
porque él los hizo por mi.
Le apuesto mi puntualidad, me esquiva, me desconfía,
No hace nada por mi, yo doy el último guiño
en su homenaje sin que lo sepa.
Lo adoro, le miento.
Lo espero, le temo, lo reverencio.
Pero ante él decido ser yo.
"El amor y la puerta" -Cuento corto-
1 comentarios jueves, 3 de noviembre de 2011“No sos una estampita” me dijo la negra antes de darse vuelta e irse, quedándose con la última palabra y lo que es peor: la razón. Tenía estilo para pelear, siempre le reconocí eso, me gustaba hasta cuando se enojaba conmigo. Cerró la puerta de la habitación y se quedará ahí un rato hasta que se le pase. Me porté mal, no le avisé a qué hora volvía, me esperó con la comida. La negra tenía razón, una vez más.
Evidentemente no soy una estampita pero ella para mi sí lo es, me conoce en mis debilidades, estoy entregado hace ya tres años a lo que me diga. Cuando la conocí me sacó rápido la ficha, creo que uno va predispuesto según quién sea, a que pase algo así y a que lo conozcan del todo. Conocer del todo implica eso que ocultamos frente a los demás, que compartimos sin pensarlo, cuando encontramos una razón para no sentir que tenemos un defecto, o una manía o algún dolor. Y la negra era eso, yo le entregué el corazón apenas la vi.
Golpeo ahora la puerta y no me abre, le digo que no se enoje conmigo, que me comeré la comida fría de todos modos, que la próxima le avisaré con tiempo. La primera vez que la vi fue en la facultad. Pasaba y se daban vuelta para mirarla, como dice el tango. Luego un amigo en común hizo una fiesta y sentí que era una señal. Me acerqué a ella aquel viernes de hace tres años y la toqué con el vaso frio que tenía en la mano. Me miró y me presenté, le dije que la ubicaba de alguna materia en común y me dijo que sí. Bah, me dijo que sí, que me ubicaba. Hablamos de cualquier cosa unos 15 minutos.
Me preguntó la edad y los 23 le sonaron a poco, lo vi en su cara. Ella tenía la misma edad pero seguramente querría a alguien un tanto mayor. ¿A vos te gustaba antes de conocerme alguien mayor que yo?. “¡No! ¡Qué decís!” me dice la negra detrás de la puerta. Bueno, al menos me habla, es un avance. Dos semanas hasta que le mandé un mensaje de texto con miedo a la respuesta: ¿podremos salir?. Y ella me respondió “Bueno, pero elijo yo adonde”. Así que fuimos tres días seguidos…¡al cine! Nadie puede resistir ver tres películas en días seguidos y le parezcan buenas, salvo a la negra. A mi me aburrieron las tres pero cuando no se daba cuenta la miraba en la oscuridad de la sala y era realmente hermosa, no sabía cómo demostrarle que sentía haberme sacado la lotería.
Mezcla de libertaria y formal, me presentó a sus padres. ¿Te acordás cuando conocí a tus viejos?. “Yo sí, ellos no”, me dice, haciéndose la graciosa detrás de la puerta. Dale, abrime negra, ya me comí toda la cena aunque estaba fria (mentira, tiré la comida, helada e impasable). No me hagas prometerte lo que no tengo, che. Y no tengo más nada, vos sos yo. “Callate, cursi”, me dice con la puerta aun cerrada. El casamiento fue en una capilla con diez invitados, ella se encargó de hacerlo como quería, tengo una foto de la fiesta en mi celular, porque ahí la negra se rie con una felicidad genial, no de flash, sino porque así nos sentíamos.
Tres años hasta hoy. Dale, abrime. Te llevo al cine. “¿Elijo yo?”. Sí, elegís vos. La puerta se abre y la negra sale arreglada y pintada. “Dale, vamos”, me dice. El día que saque la puerta de la habitación se acaba el amor, le dije, por decir algo. “No me hagas prometer lo que no tengo, vos sos yo”, me dice la negra.
Me sonó conocido. Y cursi.
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Evidentemente no soy una estampita pero ella para mi sí lo es, me conoce en mis debilidades, estoy entregado hace ya tres años a lo que me diga. Cuando la conocí me sacó rápido la ficha, creo que uno va predispuesto según quién sea, a que pase algo así y a que lo conozcan del todo. Conocer del todo implica eso que ocultamos frente a los demás, que compartimos sin pensarlo, cuando encontramos una razón para no sentir que tenemos un defecto, o una manía o algún dolor. Y la negra era eso, yo le entregué el corazón apenas la vi.
Golpeo ahora la puerta y no me abre, le digo que no se enoje conmigo, que me comeré la comida fría de todos modos, que la próxima le avisaré con tiempo. La primera vez que la vi fue en la facultad. Pasaba y se daban vuelta para mirarla, como dice el tango. Luego un amigo en común hizo una fiesta y sentí que era una señal. Me acerqué a ella aquel viernes de hace tres años y la toqué con el vaso frio que tenía en la mano. Me miró y me presenté, le dije que la ubicaba de alguna materia en común y me dijo que sí. Bah, me dijo que sí, que me ubicaba. Hablamos de cualquier cosa unos 15 minutos.
Me preguntó la edad y los 23 le sonaron a poco, lo vi en su cara. Ella tenía la misma edad pero seguramente querría a alguien un tanto mayor. ¿A vos te gustaba antes de conocerme alguien mayor que yo?. “¡No! ¡Qué decís!” me dice la negra detrás de la puerta. Bueno, al menos me habla, es un avance. Dos semanas hasta que le mandé un mensaje de texto con miedo a la respuesta: ¿podremos salir?. Y ella me respondió “Bueno, pero elijo yo adonde”. Así que fuimos tres días seguidos…¡al cine! Nadie puede resistir ver tres películas en días seguidos y le parezcan buenas, salvo a la negra. A mi me aburrieron las tres pero cuando no se daba cuenta la miraba en la oscuridad de la sala y era realmente hermosa, no sabía cómo demostrarle que sentía haberme sacado la lotería.
Mezcla de libertaria y formal, me presentó a sus padres. ¿Te acordás cuando conocí a tus viejos?. “Yo sí, ellos no”, me dice, haciéndose la graciosa detrás de la puerta. Dale, abrime negra, ya me comí toda la cena aunque estaba fria (mentira, tiré la comida, helada e impasable). No me hagas prometerte lo que no tengo, che. Y no tengo más nada, vos sos yo. “Callate, cursi”, me dice con la puerta aun cerrada. El casamiento fue en una capilla con diez invitados, ella se encargó de hacerlo como quería, tengo una foto de la fiesta en mi celular, porque ahí la negra se rie con una felicidad genial, no de flash, sino porque así nos sentíamos.
Tres años hasta hoy. Dale, abrime. Te llevo al cine. “¿Elijo yo?”. Sí, elegís vos. La puerta se abre y la negra sale arreglada y pintada. “Dale, vamos”, me dice. El día que saque la puerta de la habitación se acaba el amor, le dije, por decir algo. “No me hagas prometer lo que no tengo, vos sos yo”, me dice la negra.
Me sonó conocido. Y cursi.
"La paloma, los sueños" -Cuento Corto-
1 comentarios jueves, 29 de septiembre de 2011
Quique después de lo de Miriam nunca tuvo ninguna historia que fuera seria. Miriam lo dejó pero él prefiere decir que fue de mutuo acuerdo y tanto le dolió que no quiso sentir más eso que ahora por la chica de la plaza volvía a pasarle. Le molestaba soñar, odiaba que lo llevaran de las narices, sentirse previsible, temía eso.
Durante cuatro días cruzó por ahí esperando ver a la chica de la plaza, sentada casi siempre en el mismo lugar dándole de comer a las palomas. Al quinto día, viernes, decidió pasar más cerca para que lo viera. Quique no tenía ni idea de cómo conquistar: al final eso lo terminan haciendo siempre las mujeres. Se acercó para quedarse parado a unos tres metros. Torció la cabeza para tratar de ver lo que ella a su vez miraba, se dio cuenta de eso y se puso colorado de vergüenza. Se tomó la cara y ella justo en ese momento lo vio. Más vergüenza, el doble.
Quique imploraba que el color se le fuera de su cara y parecer un hombre. Dios quiere que sueñe al parecer, aunque a él no le guste eso. La chica se hizo visera con la mano para verlo mejor porque el sol le daba de frente, Quique temblaba. Ella le dijo “¿Vos no sos el que me mira darle de comer a las palomas?”. Intentó negarlo, arrancó con un no…pero sí, le dijo que sí. “Me llamo Victoria”. Quique iba a decir “Quique” pero sonaba muy de confianza y dijo Enrique. “Como mi tio” le soltó ella, comentario que hizo que Quique se sintiera viejísimo. Le preguntó por qué le daba de comer a las palomas. Victoria explicó que le parecen seres maravillosos, libres, que las admiraba. “Tenés cara de solitario”. No quiero estar con nadie ni tampoco estar soñando que algo me salve, odio soñar, le dijo él, presumiendo seguridad. “Desengañado, entonces. Sentate, vení”.
Quique tardó dos segundos en sentarse. Ella lo miró a la cara, esperaron que una paloma se acercara por más galletitas. Victoria llenó la vida de Quique con esta frase: “¿Sabés lo que me gusta de las palomas? Que leí que son fieles. Tienen el instinto de irse a mejores lugares pero nunca olvidan el nido inicial de su viaje en invierno, siempre vuelven ahí. Si yo les doy galletitas todos los días, ellas vuelven. ¿Habrá alguna vez algo más fiel en nosotros que nos haga volver siempre a lo que somos?”. Quique la miró.
No sé, le dijo.
Ya no la escuchaba. Entregado, soñaba.
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