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"Es para allá" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
Veo un sendero allá a lo lejos. Caminan varias personas, una detrás de la otra. No es mi sendero, yo camino por el mio, que en diagonal cruzará aquel de allá. Avanzo más que nada para ver cómo caminan los otros, me voy acercando. Son personas de todas las edades, algunas con la vista al frente y otras al piso. Yo voy solo por mi sendero y me miran con asombro. Me voy acercando a ellos, los caminos se van juntando. El que iba adelante, una persona alta y joven, se detiene cuando voy a pasar yo. La fila entera frena y sigo caminando. Serán más de cien los que frenaron a la vez, quizás más. Paso casi con vergüenza, el hombre joven me mira y me hace un gesto de saludo que yo retribuyo. Me quiere hablar pero seguí y dejé de mirarlo. Hice unos pasos y me di vuelta para ver que nadie se había movido y todos estaban con sus ojos en mi. El sol me estaba dando calor. “¡No sigas caminando para allá!” gritó alguien de la fila que no pude distinguir. Yo miré de nuevo hacia adelante y sentí el calor. Respiré y por primera vez elegí qué hacer por mi. El hombre joven y alto me deseó suerte. Yo me saqué mis zapatos y mis medias. Mi campera y mi mochila. Mis miedos, que dejé en un diario de apuntes. Y seguí caminando decidido hacia el calor. Por mi sendero.
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Lo que hay detrás de la puerta : trabajo...aptitud para lograrlo, actitud para buscarlo

1 comentarios lunes, 16 de noviembre de 2009

Mientras la persona que puede ser capaz de provocarnos o una gran alegría o una gran pena lee nuestros datos en el currículum, la espera se vuelve rezo para unos o interminables segundos para otros. Por un momento olvidamos que todo (todo) es considerado parte de nuestro proceder. Hasta leímos que no hay que cruzar los pies, que las manos no deben temblar, que cada palabra tiene que sonar segura.

Finalmente levanta su cabeza; parece que algo va a decir, pero no encuentra cómo…¿será malo?. Ya nos incomoda su incomodidad en no decirnos nada. Hasta que parece, se anima. Aquí se bifurcan los caminos. La respuesta más maravillosa tiene un sendero que más o menos podemos imaginar, y que uno no va a exteriorizar hasta bien seguro de estar alejado de miradas.

Pero hoy me detengo en la parte de “los derrotados” momentáneos. Porque aunque haya bibliotecas repletas de frases de usos y costumbres, lo que uno siente cuando lisa y llanamente rebota es que no sirve para nada. Y si bien es humano sentir eso los primeros diez minutos luego de no alcanzar un objetivo, tan cierto como eso es la gran posibilidad que se abre. En general necesitamos ser evaluados por el otro y a partir de un parámetro, saber más de nosotros.

Por ejemplo es común que se deje a alguien fuera de una chance porque o no califica o sobre califica un puesto. Una vara es saber qué estudiamos y creemos en qué podemos aplicarlo, pero desgraciadamente las empresas tienen otro librito distinto al nuestro. Y algunas veces un par de cursos complementarios de nuestra carrera no nos abre posibilidades, sino todo lo contrario, más si se trata de un puesto que podríamos llamar medio. Vale decir entonces, que de todas las experiencias aprendemos.

Para no ser un rebotador crónico de cuanto trabajo a uno le ofrezcan, es mejor saber “leer” que ven los otros de nosotros. Porque quizás sepamos reconvertirnos en algo parecido a lo que se busca, sin caer en olvidar para qué estudiamos.
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