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."Envidia".
0 comentarios jueves, 12 de abril de 2012Un señor lleva en la calle un ramo de rosas frescas que supongo todas serán para alguna que merezca. No puedo negar el hecho que aquello me dé envidia, y que ciertas libertades que el que ama tiene y cuida, yo lamento no tenerlas, aun en plena soltería. Cuando pienso en realidad que alguien tengo en mi camino siento ganas de saber qué tal quedo si me animo. Pero ella vive lejos, mis rosas serían marchitas. La distancia es a las rosas lo que mi corazón a su dicha. Me duele tener que ver con envidia algo rastrera, al tipo del ramo rosa. Del ramo de rosas frescas.
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."Culpable".
1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012Señor: vengo a demandarla a ella. No me trata bien, suele generarme rabia y es intransigente. Cuando le quiero hablar elige mirar para otro lado porque le conviene: me dijo que ella nunca puede parar. No le voy a negar que la quería, siempre soñé ser quien de ella hiciera dos personas en una pero sabe qué pasa…descubrí que me engaña. Me engaña no con uno, sino con varios. No, no tengo sus nombres, si los tuviera yo mismo iría a solucionarlo. Señas particulares?? Es de mediana estatura, se rie con toda la cara, tiene ojos que me reflejan. Sus manos siempre están en movimiento. Una vez vi cómo sostenía dos nubes con tres dedos, y al mismo tiempo con la otra mano me acariciaba. Sí, ya sé que suena cursi pero si usted la viera también perdería la cabeza. Tiene un vestido blanco y parecen hilos de oro, si: hilos de oro los que bordean su cuerpo. Cuando la tuve no lo supe y cuando no la tuve, la extrañé. Hoy soy un enojado perdedor. Señor, demando a la Fe. La que me engaña con varios. Y perdí engañándola.
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."Mala".
0 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012¿Por qué estás en todos lados?. En la parada del colectivo una señora me pregunta si pasa por Plaza Francia. Yo le dije que sí. Y me acordé que ahí fue donde me hiciste comer esa espuma azucarada color rosa, mientras te reías de mi cara. Bajé en Florida, caminé tres cuadras. Siempre miro la librería y me vi reflejado en la vidriera. Te recordé haciendo lo mismo, para verte el pelo y acomodártelo cada vez que caminamos juntos. Llegué a la esquina y seguí recordándote, cuando vi a una mujer exactamente igual a vos. No era otra, eras vos. Con otro. Enseñame a olvidarte. No quiero más verte en todos lados.
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"Vacaciones de nosotros" -Cuento corto-
1 comentarios martes, 24 de enero de 2012Beatriz no soportaba el viento fuerte de la playa y la sombrilla casi de costado le impedía tomar mate. Hizo un agujero en la arena y tiró la yerba ahí. Se levantó y se fue caminando no por el sendero marcado porque el sol hacía arder las maderitas blancas del camino. Fue por un costado. Llegó a la calle con todos los elementos de playa y vio venir el colectivo. En mitad de cuadra no era la parada pero ella igual levantó la mano. El chofer siguió de largo y Beatriz lo insultó bastante y en voz baja. Y luego alta. Cuando lo pudo tomar al colectivo, sacó boleto de 1,50. En realidad debería pagar dos pesos, pero el cambio de sección era una cuadra antes de bajarse y como nadie le decía nada, sacaba de menos valor. Llegó a su casa alquilada, dejó todo, se bañó y se fue a comer. Todos quieren comer mas o menos lo mismo y en los mismos lugares. Había una fila de por lo menos 20 personas esperando. Beatriz miró quién comía solo o sola y vio a una mujer sin compañía. Le dijo al de la entrada que era amiga de “aquella señora” y que la estaban esperando. La dejaron pasar. Cuando llegó a la mesa le explicó a la señora que comía sola que en la entrada le habían dicho que ella no tendría problemas en que compartieran un poco de la mesa y usar la silla que estaba libre. La mujer la miró desconfiada pero al final se sentó Beatriz a comer. Pidió pastas. Que con astucia estaban acomodadas de manera tal que pareciera abundante. Mientras comía veía detrás del vidrio a la gente en la calle haciendo aun la fila y mirándola con odio. En la mesa casi no quedaba comida a la media hora, la otra mujer comía rápido. Beatriz la miró sin disimulo. Tenía el pelo muy arreglado, con un batido como los de antes. Manos con las venas muy marcadas, pintura en la cara quizás en exceso. Dedujo que sería de ahí y no turista. Ambas tenían sus carteras entre las piernas, a falta de lugar para apoyarlas. La mujer levanta su cartera y busca la billetera. Por primera vez en la noche la mira a los ojos a Beatriz. “Déjeme que pague la cena”. Beatriz le agradeció pero le dijo que no, que no hacía falta. Pero la mujer insistió y Beatriz aceptó. Llaman al mozo y la señora le paga con dos billetes de 100 pesos. Le dice a Beatriz que va al baño y que ya vuelve, que le cuide la cartera. Diez minutos, quince. La mujer no vuelve y el mozo con el vuelto tampoco. Beatriz lo ve hablando allá en el fondo y mirando para donde ella estaba. Se acerca el mozo y le dice que esos billetes eran falsos. Beatriz se da vuelta y mira para el baño, le dice al hombre que la señora pagó con esos billetes. Abre la cartera de la mujer y está vacia. El mozo le dice que ambas cenas suman 243 pesos. Beatriz se toma la cabeza y mira al cielo. Al techo del local en realidad. Y dice: “en este país nadie hace las cosas bien. No hay más honestos”. Tiene razón Beatriz. Al menos en esa mesa de dos. Esa noche.
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