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"Florencia Maravilla" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012
De dia una sola estrella brilla. El simple pensamiento a los siete años termina siendo motor de todas las preguntas que Florencia tenía. Consultó a sus padres si ellos también veían que las estrellas de dia no estaban y de noche salían encendidas. Que sólo quedaba el sol arriba. A Florencia la miraban con la ternura de quien pregunta lo que nadie le responde, sólo se rien y la creen inteligente por razonar de manera tan profunda. Cuando la maestra escuchó también la pregunta, se rascó la cabeza y le dijo lo primero que tuvo la niña como dato concreto: “tenés razón, pasa todos los días y es lindo verlo. Prometo averiguarte, pero de dia no se esconden”. Durante cuatro noches y a eso de las 9, apoyaba sus dos brazos contra el marco, afirmaba la pera en una de sus manos y miraba rato lago hacia arriba. A la luna la conocía y las estrellas le resultaban un verdadero enigma, le parecían señales o creía que en cada una había alguien haciendo lo mismo que ella. Mirar. Quiso contarlas de izquierda a derecha empezando desde la luna pero se cansó en el número 23. Torció su boca con rictus de duda y se acostó boca arriba enojada de no saber la verdad pura. A los 15 dias ya era rutina que a la noche junto a la ventana arrimara la silla, se subiera a ella y mirara lo que había. De pronto esa noche comenzó a nublarse, y las estrellas dejaron de verse. En un círculo rodeada de nubes quedó sólo la luna. Florencia escuchó de a poco el ruido de la lluvia golpeando las hojas del árbol, y sacó un poco el brazo. Gotas pequeñas la fueron mojando y abrió los ojos cuando por fin tuvo la respuesta: las estrellas lloraban porque ya no podían verla. Al otro día le contó a la maestra, que la miró ante tanta inocencia y le dio un beso como toda respuesta. Estaba la niña feliz de entender qué pasaba allá arriba. Florencia brilla.




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."No me encuentra".

0 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012
Podré saber todo de mi el día en que ya no me pregunte nada, cuando las señales sean débiles y tenga que buscarlas en vos. Me dejo llevar en lo veloz que resulta una caricia con palabras, en lo que intento generar con mi miedo a perderte. Para ser el primero de tu dia cuando sos el último recuerdo de todas mis noches. Ojalá dejes de buscarme. Estoy dentro de las cuatro letras de nuestro mundo: amor.
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"Flor azul"-Prosa

1 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Princesa desencantada.
Es imposible rescatarte,
sacarte de tu libertad
tan huérfana de autores,
de eso que veo
lleno de temores
que rodean lo que a veces
uno no detiene.
Nadie acude presuroso,
nadie es uno cuando las señales
son tibios enojos de envueltos
cambios de rumbo.
Te veo desde tu torre, desencantada.
Princesa de ropa en flor.
¿Me ves?. Con mi angustia
latiendo a ritmo azul,
que me avisa que no quiere que la ayuden.
Que ayuda a la razón para que eso no ocurra,
Que destiñe por dentro algo así
como un socorro sin voz.
Sin vos.
El encanto de las soluciones,
la manía de soledad acompañada, tan tuya.
Tan de princesa.
El desencanto se va tras el sol
entrando a rescatarte.
Es quien libera los pétalos dañados
de la Princesa. De ella.
De la flor azul.
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"Te alejo, te necesito" -Cuento Corto-

1 comentarios jueves, 6 de octubre de 2011


Ayer vino a buscarme. También había venido hace dos días. No me encontró, me negué a verla, me escondí. Creí que detrás de una pared no se iba a dar cuenta que estaba, pero todo lo ve. Y vuelve, y es insistente, molesta. Decido alejarme, que es otra forma de esconderse.






Me voy lejos, me tomo un micro rumbo a la costa. Quiero ver horizonte para no sentir que me está siguiendo. Llego. Miro el mar, pienso en estar allá donde agua y cielo se juntan pero se tomaría un barco y me iría a buscar al mismísimo confín de la tierra. Me doy vuelta y a Dios gracias no estaba detrás, camino con las zapatillas puestas con dificultad por la arena.






En la orilla se toma aire aunque uno no quiera, siempre sopla viento y me relajé un momento. Pero hay otras huellas en la arena, no estoy solo. Acelero sin mirar a los costados, tengo miedo. Subo al micro y me vuelvo a los dos días. Un fin de semana de mi vida se fue tratando de escaparme, ya era lunes. Seguramente tendría otra vez su visita.






El miedo es en algún punto deseo, porque si no viniera estaría también preocupado. Hice mis cosas habituales, trabajé, pensé, vivo pensando. Eran las seis de la tarde y tiré la toalla. Había pasado una semana de persecución. Pedí al de arriba que apareciera nomás, que estaba preparado. Una noche, luego dos. Ni rastros. Estaba intrigado de quien me persiguió tanto y cuando debía aparecer, no había señales.






Y salí yo a buscarla, sabiendo donde encontrarla. Quería ir a recriminarle el juego histérico que no me merecía, el sentirme usado. O aparentar que lo estaba y que no vea lo necesario que se volvió para mi durante tantos días. Que la extraño cuando nunca la tuve. Me dieron direcciones en donde hallarla, pálpitos y corazonadas de quienes la trataron y eran amigos. Con placer silencioso fui a todos esos lugares, en el último cifré esperanzas.






Y ahí estaba. Mal vestida, mal tratada de tanto rechazo, con cara de cansada.



“Te vine a buscar yo, después de tanto que vos me buscaste a mi. Perdoname”.



Ella apoyó su cabeza en mi hombro. Suspiró y me miró. Me dijo que sí.



“Prometo no abandonarte más”, susurré.






Y abracé fuerte, muy fuerte, a mi destino.
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