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."El siempre quieto".

1 comentarios sábado, 8 de septiembre de 2012
Me persigue la aguja del segundero. Como en la rayuela cuando saltando se llega al cielo, y uno se da vuelta para ver el camino hecho. El que controla y designa mi tiempo no tengo el gusto de conocerlo y de lejos querría tener un encuentro, preguntarle cosas. Las oportunidades que no llegan a puerto, por paso apurado o demasiado lento. Esa esquiva suerte en los emprendimientos, que nacen creados, se frustran, se ven viejos. Varias personas que elijo y no quiero, y otras que quieren lo que yo nunca veo. Aquel que controla y designa mi tiempo habrá de saber qué tengo y qué temo para no avanzar, para quedarme quieto. Sabrá mi futuro, el que miro y no tengo, que empujo letras desde hace un mes sin amor cierto. Huyendo a cien planes llamados recuerdos. Por eso el paso es ligero. Y esa aguja que me sigue, el segundero.
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."Lluvia de dos gotas". -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 18 de agosto de 2012
Dos gotas de lluvia hablan dentro de un paraguas de tela. Sobre la calle Paraná el agua corre en declive hacia el bajo, armando un poco de remolino con las últimas hojas del invierno tan extraño que nos va tocando. El dueño del paraguas lo cierra, protegido bajo un techo de lona verde y a la espera que su traje no sufra consecuencias. Puso la punta de metal arriba de su zapato derecho para ver que la lluvia va cediendo. Las dos gotas se juntan un rato a la sombra del paraguas, y hablan. De no quererse a las apuradas, de soñar justo el momento en que el clima decida unirlas de nuevo. Se prometieron no olvidarse de este dia de lluvia y buscarse en otro sendero. De pronto se abre el paraguas, el hombre parece decidido a retomar la caminata y aferradas, las dos gotas soportan estoicas la competencia despiadada. Se miran y van a ubicarse en la punta de metal algo oxidada. Por fin están juntas las dos gotas de lluvia. El hombre espera que corte el semáforo de Corrientes y escucha, no sabe de donde, un te quiero. Húmedo, de su paraguas abierto.
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."Piedra libre, la vida".

1 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012
Pareciera que ciertas cosas juegan conmigo a la escondida, el problema es que yo cuento, abro los ojos, y nada a la vista. Mi pasado no lo encuentro, perdido en neblina mia, el presente son mis dudas, que las siento sin verlas, frías. El futuro está seguro que guardado en la valija, difícil que yo lo vea, aunque sepa que él me espía. Me alejo de la pared para buscar a los escondidos, el pasado dice “piedra libre”, y sé que ahí ya he perdido. El presente corre mucho y me gana por sorpresa, deja mis dudas intactas, sólo me queda saberlas. Al futuro no lo veo, parece bien escondido. Decido terminar el juego, hacerme el desentendido. Y escribirlo yo al futuro. Piedra libre, a mi destino.
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."Confiemos".

0 comentarios sábado, 12 de mayo de 2012
En esta especie de juego que la vida pone en balanza, quisiera vos me permitas darte toda mi confianza. Guardala junto a tus rezos de amor a lo que yo creo, de pintura que en el tiempo se pone de mejor aspecto. No tengo forma de caer de espaldas frente a tu dia, ya que siempre miro de frente esos ojos de mi vida. En ellos reflejo el pedido que a diario hago en silencio: si por Dios quiere que sepa lo que guarda ella dentro de su enorme corazón: es mi confianza. Azul de cielo.
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"Charla de dos" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 12 de abril de 2012
Estoy cansado de expresarme, le dijo el amor a la razón. Solían tener charlas por la tarde, cuando sentían que no había a esa hora tantas obligaciones. La razón intentaba calmar el dolido ímpetu que el amor suele tener, y la falta de resultados. Lo quería hacer reflexionar pero se sabe que le cuesta, no está para eso. Cuatro tardes la razón escuchó pacientemente las palabras del amor pero no podía decirle nada. Dentro suyo sobraban motivos para envidiar lo que escuchaba de alguien que dio todo por una causa. Pasaron seis días y una vez más por la tarde, amor y razón se encuentran. La que piensa le pregunta a la que siente cómo está. El amor miente y dice que está bien. La razón calla y le dice que también. Quedan mirándose sabiendo cada uno lo que debía seguir haciendo. La que piensa va a querer imponer su parecer. El que siente tiene por Fe aquello que nunca ve. Y ambos están en todos. Y ambos están en usted.
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."Falto yo".

0 comentarios viernes, 17 de febrero de 2012
Esto es para vos. Sí. Para vos. Quiero que sepas lo siguiente: es imposible que manejes el sol, la lluvia y el viento. Que hables con Dios, que seas su ángel, que navegues feliz en todos los mares, que seas obsecuente con el deseo. No es posible que seas dueña de los tiempos violentos y la paz que soltás de a puñados. Me niego a creer que mirás donde hay noche para que amanezca, que tenés en tus latidos las respuestas. Quiero que sepas que no soy ni el sol, ni la lluvia, ni Dios. Quiero que sepas, nena, mi dolor: soy lo que aun no has gobernado.
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.Lluvia.

1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012
Cómo llueve!!. Me gusta caminar debajo de la lluvia, el lunes lo hice. Es hermoso sentir la lluvia que pegue en el cuerpo con más permiso que molestia, lentamente. Respirar. Caminaba por Suipacha y vi a una mujer muy linda llevando en una bandeja algo, tapado por una servilleta. Se apuraba poniendo los ojos chiquitos bajo la lluvia. Me puse a la par, quería saber adonde iba. Se metió en un edificio, dejó la bandeja a media altura y se acomodó el pelo. La miré, nadie más había bajo la lluvia caminando y me dijo “¡cómo llueve!”. Y yo, mojado, y sin mucha originalidad a cuestas, le dije “pagaste mi dia, no me importa”. Y seguí. Empapado pero algo más feliz. Luz bajo la lluvia.
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"La cuchara" -cuento corto-

1 comentarios
¿Hola?. Ah, Silvana ¿cómo andás?. Bien, si, yo ahí viste…lo que pasa es que todavía no me terminé de mudar. Estoy sentada en la silla nueva sin sacarle el celofán, mirando los canastos. No tengo ganas de desarmar nada, me siento linyera. Sí, sí, dejé mucha ropa en lo de mi hermana, sí. Pero uno guarda puras pavadas. Las cosas del colegio te juro las tiraría, porque ya no veo a nadie, y los que frecuento ya son gente grande, no la de los cuadernos. Ayer revisando la agenda me encontré el teléfono de Leti. ¿Estará aun por Devoto?. ¿Te acordás?. Sí, sí, ¡esa del pelo de alambre!. Uh, mi vieja me dijo que pusiera un ordenador de llaves. Me regaló uno que es un loro de madera que va al lado de la puerta, es horrible, ¡prefiero perder la llave antes de poner eso en la pared!. Ah, hoy conocí a la primera vecina. Le digo “Hola me llamo Renata, soy la nueva vecina del 5 C”…y la tipa me miró de arriba abajo y me dijo “Bueno gracias” y cerró la puerta del ascensor. ¡Arpía, la vieja!. Quiero dejarle mi teléfono a algún vecino y yo saberme un par, por las dudas, viste. Tengo un chino a la vuelta asi que eso me salva. Tintorería no vi, hay dos farmacias, un gimnasio recontra trucho y una verdulería con todos los cajones afuera y casi ninguno adentro. No te invito a casa porque todavía es un desastre. Ni sé dónde envolví las tazas de café, negra. Al final hablé todo yo, perdoname. Beso, chau. Chau. Renata manoteó el primer envoltorio de papel de diario y ahí estaban las tazas de café. No sin emoción fue a probar la cocina y puso la pava. Se hizo el primer café en su nueva casa. Se sentó a saborearlo. Miró los canastos, los bolsos, las paredes blancas. Se acordó que no tenía las cucharitas. Las buscó hasta que sacó una. Revolvió el café y oyó el golpe de la cuchara contra el pocillo. Hizo un gran ruido en la sala aun vacía. Miró a su alrededor. Sintió un escalofrío en el cuello y juntó los hombros, el miedo le daba frio. Y tenía frio y miedo. Las paredes rebotaron el ruido. Bienvenida Renata, a eso de vivir sola. Tranquila.
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"Paredes" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 9 de enero de 2012
Los Richmond se van de vacaciones y le aviso a mi esposa para que venga a ver por la ventana cómo parten nuestros vecinos. El auto está cargado de cosas y hasta el perro asoma por la ventanilla. Es una familia rara, los Richmond. No saludan, no se los suele ver, hace cinco años son algo así como invitados de un barrio tranquilo. Al otro día, llegan a las siete de la mañana obreros enfrente y comienzan a limpiar el terreno. Sobre el mediodía llegaron los materiales, el asunto ya me parecía extraño. Mis vacaciones del trabajo parece que serán sólo mirar la casa del vecino. A los tres días veo que hacen la base de cemento de una pared. Pero una pared bien grande, que abarca el ancho del terreno y es mezcla de ladrillos a la vista y un cemento con algún garabato. A los veinte días la casa no se veía más, superada en alto por la pared. Quedó prolijo pero horrible desde lo estético. Los obreros se van y la casa que ya es directamente una pared, tiene ahora dos faroles que decoran la flamante construcción. Exactamente al mes los Richmond regresan. Entran por el portón nuevo y estrecho, pareciera que el auto pide permiso. Mi esposa me dice que ella averiguará de algún modo por qué han hecho esa pared. Un día veo que entran el auto y espero a que cierren el portón. Me cruzo y me agacho un poco para ver desde la cerradura hacia el interior. En eso alguien abre desde adentro y me ve espiando. Yo me pongo derecho y tan colorado como el mejor de los tomates. El señor Richmond se empezó a reir y yo no sabía qué hacer. Le pedí disculpas pero le pregunté con todo respeto qué razón tenía hacer esa pared. “¿Yo le puedo hacer una pregunta a usted?”. Sí. “¿Y qué razón tiene usted para mirar mi casa?”. Me quedé en silencio y él aprovechó y me extendió la mano, que también le di. Desde ese día pasaron dos meses. Mi esposa ya no espía más a los vecinos. Los Richmond ya no me importan. Y a la nueva pared de mi casa, el color verde le hace juego con el pasto. Un consuelo, saber que ahora nadie me ve. Ni veo.
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"Contorno"-Prosa

1 comentarios miércoles, 28 de diciembre de 2011
Deseo averiguarlo para saber enfrentarlo.
Hay cierta imagen adherida a todo lo que hago,
una especie de gemela alma que repite sorda
ciertos lentos movimientos: los mios.
Un ángel sería el mejor responsable
de mi luz nocturna, pero él no es.
Porque éste tiene forma de mi, duda como yo,
arranca y frena no cuando lo hago
sino cuando lo pienso.
Me debe conocer más que yo.
¿Quién me creería que dentro de mis miedos
el peor es el de no saber qué pasa conmigo
frente a lo que me paraliza?.
No es de humano, no es de hombre,
Los defectos son costillas que en voz alta
gustan contar unos, de uno. Me lo callo.
De día, tortura, de noche paz.
Aun sospecho que me deja dormir
para darme energías y creerme superior,
porque no tiene ganas de irse.
Si algún dia se pone adelante, lo enfrentaré.
Si un dia se pone a mi lado, será compañía.
Y si sigue a mi espalda,
seguirá siendo eterno.
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"La hora"-Prosa

2 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Nadie tiene noticias
de ese niño que aun veo
en espejos, en señas, en gestos
de quienes también lo ven.
Aunque nada se sabe de él todos
dicen que está. Yo lo veo y le hablo,
le cuento y cuento con él
para mis dos historias de amor,
para mis ausencias frias,
para tenerlo en mis dudas solitarias, grises.
Viene conmigo cuando no quiero ser yo,
me toma y juega el tiempo a su modo.
¿Por qué los demás lo ven sin saber de él?.
Se los presentaría para que hablen,
para que lo miren, para que dependan de él.
Tengo de rehén a mi captor.
Orgullosamente lo muestro como siempre.
Pero una mañana, alguien preguntó por él.
Iba a decir noticias suyas, lo busqué,
lo perseguí en sombras, en sus escondites.
Le pedí piedad, que apareciera
y fuera de nuevo yo.
Estaba de lejos, inmóvil.
Iba a acercarme y la distancia se redujo.
No quiso venir ni yo ir por él.
Me había dejado,
lo había dejado.
Me mira de lejos,
no tengo noticias.
Aunque al niño yo aun
también lo veo.
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"Escalera" -Prosa-

1 comentarios jueves, 10 de noviembre de 2011
Pies subiendo en imagen blanca de túnica,
de seda, sobre escalones que imagino ajenos.
Inseguro, miedo dentro y fuera,
ganas de no saber,
amar querer ser otro
cuando nadie quiere ser uno.
Tiene paz, lleva paz.
Vive y es un decir porque aun cree
más que nunca en él.
Camino en altura. Lo ve mejor, lo vemos lejos.
Termina su túnica, su seda, frente al final
de la imagen blanca. De la escalera y su corazón.
Color cielo.
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"Luciana, a lo lejos" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 27 de octubre de 2011
El viento golpeaba haciendo ruido en sus oídos, ese persistente zumbido que no para. Luciana quiso quedarse un rato más mirando el final del cielo, confundido allá a lo lejos en un poco de nubes. La tarde del jueves se iba lento y desde el mirador del lago Traful ella se sentía tan chiquita como su ánimo.

Puso los dos brazos sobre el pasamanos, se sintió moverse al ritmo del viento y se alejó un poco. Descubrió que tenía miedo a las alturas. Con 20 años lo acababa de notar. Se paralizó: miró hacia adelante, vio al sol intentando pasar por entre las nubes y llegar al lago. Pensó en el Espíritu Santo aunque se acordó que ya no era católica. Que escapó desde chica de todo lo que pudo. De sus padres primero, luego de la religión, de su barrio, del colegio. De ella. Hacía tres años vivía ahí y seguía escapando. Estaba triste de descubrir lo que nadie le dijo. Que escapar de lo que no nos gusta a veces no es marcar un rumbo, sino directamente no tenerlo.

Temblaba, Luciana. Frio, miedo, las dos cosas quizás. Se tomó fuerte de la baranda y se puso a llorar recordando eso que le molestaba en su conciencia. Una vez, una sola vez alguien le dio una chance. Y ella la ignoró. Gritó algo fuera del diccionario pero desde su alma, sacó el dolor, se limpió las lágrimas. Bajó del mirador. Se sentía con un deber, el de encontrarla. Llamó por teléfono a los dos números que tenía pero ya no eran de esa persona. Sacó pasaje en micro y luego de tres años volvió a Buenos Aires. Con una mochila como toda compañía tomó el 132 hasta Flores. No recordaba cómo poner las monedas en la máquina y la ayudaron.

Se bajó y caminó tres cuadras hasta Yerbal, de memoria. La casa con la ligustrina al frente, entremezclada con el rosal, seguía frondosa. Tocó timbre con su dedo índice temblando, no había avisado que iba. Ladró un perro que no conocía, escuchó llaves detrás de la puerta y ahí la vio. “¡Luciana, mi amor!. ¡Qué sorpresa, nena!”. Se abrazaron y Luciana preguntó si recordaba qué le había dicho hace tres años cuando enojada vio que ella se iría. Y su tía le respondió: “Que acá estaba todo lo que vos ibas a buscar en otro lado, que tu destino era ir para volver”.

Luciana pudo alquilar su casa del sur, pudo encontrar trabajo acá: en una agencia de turismo vendiendo paquetes turísticos…al sur. Pudo también aprender a manejar la máquina en el colectivo y poner las monedas.

A los dos meses estaba sentada en el 132, volviendo de su trabajo, y abrió la ventanilla. El aire entraba y le hacía un poco de ruido en los oídos. Como alguna vez aquello que fue a buscar y tuvo ante ella. Un segundo antes de darse cuenta.
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