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."Dos, más el tiempo". (Basado en "Té para tres", de Soda Stereo)

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Los dos somos solamente presente. Nunca sabré si es un límite fijo, porque no soy quien era desde que te conocí. Y te escribo cuando estas palabras ya no son presente, las dejo salir como feliz pasado en donde te siento tan hermosa y causal de motivo en todos mis deseos. Quedamos en permitir el paso del tiempo, para ponernos a un costado y vernos quizás felices. Proyecto, y proyectar es futuro, y no es lo que prometí. Sería feliz con un mejor presente, sería feliz si hiciera de una vez lo que corresponde y no lo que me conviene. Te respeto tanto como lo que amo un soñado final. El tiempo nos encuentra en un costado, viéndolo. Y deseando mientras pasa, que sea futuro.
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"Paredes" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 9 de enero de 2012
Los Richmond se van de vacaciones y le aviso a mi esposa para que venga a ver por la ventana cómo parten nuestros vecinos. El auto está cargado de cosas y hasta el perro asoma por la ventanilla. Es una familia rara, los Richmond. No saludan, no se los suele ver, hace cinco años son algo así como invitados de un barrio tranquilo. Al otro día, llegan a las siete de la mañana obreros enfrente y comienzan a limpiar el terreno. Sobre el mediodía llegaron los materiales, el asunto ya me parecía extraño. Mis vacaciones del trabajo parece que serán sólo mirar la casa del vecino. A los tres días veo que hacen la base de cemento de una pared. Pero una pared bien grande, que abarca el ancho del terreno y es mezcla de ladrillos a la vista y un cemento con algún garabato. A los veinte días la casa no se veía más, superada en alto por la pared. Quedó prolijo pero horrible desde lo estético. Los obreros se van y la casa que ya es directamente una pared, tiene ahora dos faroles que decoran la flamante construcción. Exactamente al mes los Richmond regresan. Entran por el portón nuevo y estrecho, pareciera que el auto pide permiso. Mi esposa me dice que ella averiguará de algún modo por qué han hecho esa pared. Un día veo que entran el auto y espero a que cierren el portón. Me cruzo y me agacho un poco para ver desde la cerradura hacia el interior. En eso alguien abre desde adentro y me ve espiando. Yo me pongo derecho y tan colorado como el mejor de los tomates. El señor Richmond se empezó a reir y yo no sabía qué hacer. Le pedí disculpas pero le pregunté con todo respeto qué razón tenía hacer esa pared. “¿Yo le puedo hacer una pregunta a usted?”. Sí. “¿Y qué razón tiene usted para mirar mi casa?”. Me quedé en silencio y él aprovechó y me extendió la mano, que también le di. Desde ese día pasaron dos meses. Mi esposa ya no espía más a los vecinos. Los Richmond ya no me importan. Y a la nueva pared de mi casa, el color verde le hace juego con el pasto. Un consuelo, saber que ahora nadie me ve. Ni veo.
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La canción de la semana! "Picnic en el 4º B"

2 comentarios domingo, 1 de noviembre de 2009

Siempre me ha llamado la atención la historia de la torre de Babel. Para su construcción se necesitó de muchas personas con el objetivo claro: poder hacerla llegar al cielo.

La ambición suele ser maravillosa hasta que se lleva a la práctica, y el precio a pagar fue la incomprensión de quienes construían. Si hablando el mismo idioma cuesta a veces entender al otro, imagínense varios idiomas y dialectos. Fracaso sin escalas.


Antepuse esta historia para explicar lo que sin dudas siento cada vez que traspaso la puerta de calle llegando a mi casa. Un edificio de departamentos es una pequeña torre de Babel. Quienes ya han tenido su experiencia no necesitan que se les explique nada. Pero intentamos ser claros para quienes no han tenido la oportunidad, aun, de hacerlo.


Un departamento no es una realización individual puesta junto a otras tantas. Es una pequeña parte de un todo. Es importante la aclaración ya que se suele pensar que alguien puede irse a vivir solo y en realidad se vive rodeado de otras personas en algo asi como una comunidad, si es que no le queda grande el término. No se enseña y se aprende. Todo junto.


El respeto, he notado, pasa por el silencio más que por la palabra de aliento. Por deducción o averiguación ya se sabe la ocupación de la mayoría de los habitantes. En la última reunión de consorcio a la que fui (que casi concluye a los golpes a raíz del supuestamente alto precio de unos cerámicos), una mujer-vecina del piso superior- preguntó quién era el Periodista, y lo bueno que sería denunciar los fraudes que supuestamente el administrador llevaba a cabo. La sensación fue extraña en mi: de reconocimiento y de temor!. La información corre a velocidad.


Vuelvo y rescato el concepto de silencio. Tan arraigado está, que en algunos se vuelve imposible un diálogo aunque fuera frívolo, dentro de un ascensor. Lógicamente hay variadas excepciones, y como en general las desgracias suelen ser colectivas (rotura de un caño, falta de electricidad, baja presión de agua), la unión se da bajo circunstancias impuestas. Todo lo dicho es parte de reglas no escritas pero establecidas.


Cuando recibo una carta del administrador, leo "saluda a usted atentamente, el administrador", acompañado por un sello que dejó de cumplir su noble función hace varias hojas. Pero si yo fuera el que quisiera enviar una carta al administrador de mi edificio, no puedo poner "atentamente, el del 5º A", sino mi nombre, apellido y documento.

El "administrador" suele ser un grupo de gente indefinido en cantidad.


Lo maravilloso, más allá del lugar físico, es vivir. Ahí, mis reglas intentan ser siempre claras y tendrían que ser bastante más estrictas. El administrador soy yo.
Tendrían, dije!.
(imagen gentileza ar.kalipedia.com)
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