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."El momento".

1 comentarios sábado, 10 de noviembre de 2012
Un solo reloj marca el tiempo y tu tiempo. Quien con dulce apuro trae alivio a tu razón siempre espera en todas tus puertas abiertas, fijate. Nadie te sigue, nadie combate las inseguridades, los apurados detalles que exigimos a todos pero perdemos en nosotros de a poco. Cuando encontremos un reloj que no marque, cuando el tiempo presente sea este, el que se ha ido. El que ya no vuelve. Cuando tengas dos agujas que acompañan sensaciones sin herirlas ni apurarlas. Cuando sea realmente tu deseo, cuando lo detengas y conserves, ahí sabrás. Una hora de vida en punto. La que conviene.
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."Te debo las razones".

1 comentarios viernes, 19 de octubre de 2012
No hay mezcla hallada, ni media naranja, ni alma gemela. Ni otra vida que nos uniera. Ni el momento justo y de la justa manera, tampoco el de arriba arma la escena, ni hace sucesos para encuentro de quimeras. No hay duo de soledades eternas, ni temas en común en la mesa. Ni miradas cómplices aunque todos las vieran. Difícil hallar un dia de prueba, de ensayos frente al espejo para decir verdades a medias. Imposible las conveniencias, que se dejan ver como hilo de títere en un acto cualquiera. Nada parece, señoras, señores, formar la escena. De dos que se quieren aunque quieran saberla. Aquella razón que el alma completa.
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."Dejar lo más lejano".

1 comentarios sábado, 18 de agosto de 2012
Para verte mejor, te alejé. Y un infame plan se puso en marcha cuando cierto ardor de la razón se compara con la realidad. Donde no estabas. El mundo lleno de gente se había vuelto la rosa bajo cielo celeste que creí cuidar de un pasado tan cercano, que dentro te hallé para al fin, intentarlo. Me creí el cuento contado. El dicho en voz alta sin nadie escuchando, movido sin vida por quien tomó tus dos manos. No sabés lo que es algo que uno deja a lo lejos sabiendo haber amado. Un barco al lado de un faro que no ilumina su casco, mirar la única estrella que nunca está parpadeando. Si supiera lo que fue amar sin corresponder, podría entender. Y para verlo mejor, me voy alejando.
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."Diccionario de cuerpo, humano".

1 comentarios sábado, 4 de agosto de 2012
Palabras y definición. Corazón: dícese de lo que, ingobernable, suele tener la razón cuando la mente niega y escondemos sin convicción. Latido: aquello que se funde con otro de ritmo cercano, que se siente cuando dos se toman de la mano. Sangre: lo que mueve al sistema dominante. Hierve o se hiela en mis venas y en sus venas. Mano: la que suda frio, la que cubre y es reparo, la que acaricia convencido de ser la voz del callado en momentos de recuerdos quietos. Y esperados. Lágrimas: manifestación exterior de alegría o desolación en su esencia. La diferencia a veces es sólo una respuesta.
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."La lista de mis deseos".

1 comentarios sábado, 7 de julio de 2012
No sos la mujer de mis sueños. Ni la que por las noches en deseos viene a ver si la recuerdo. Ni la que impide los malos momentos, ni ocupa mi mente dejando allá lejos supuestos problemas que uno tiene por ciertos. No sos la razón delante de los hechos, ni los proyectos, ni el presente, ni el pasado, ni lo que tiñe en mi vida tu pelo. No sos la chance perdida que ha vuelto, no sos ningún faro, ni soy playa, ni el corazón buscando sendero. Definitivamente no sos mi secreto, que públicamente guardo y protejo. Ni la medida con que rezo y me confieso. No sos aquella que recibe mi energía, cuando pienso en darte la que es mia. No sos la mujer detrás de mis sueños. Quiero que lo sepas: sos mucho más. Mucho más que todo esto.
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"Quiero que me abrace" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 30 de junio de 2012
Pasaron 15 minutos. Ya ninguno de los dos sabe quién en realidad tenía la razón. Porque la misma razón, cansada de indirectas y reproches, se fue a dormir antes que nosotros. Es la primera vez que te miro a los ojos y no tenés la razón, el motivo. Es extraño, me siento desnudo frente a un espejo de esos de circo, que deforman lo que veo. En realidad veo mejor. Y detrás del ideal hay motivos. Y una mujer que agitada por la discusión me mira pidiendo tregua. Mi corazón es de ella asi que sabe que le haré caso, la miré y nos abrazamos. La alejé y la vi mejor. Es hermosa cuando no tiene razón. Se lo dije, nos reímos. Nos callamos. Tomamos café revolviendo con la misma cuchara, compartimos el azúcar. La razón se asomó un poco por la puerta, nos vio abrazados y siguió durmiendo. Sospecho que en el amor la razón es cosa compartida. Terminado el café el espejo devolvió la imagen de uno. Que somos dos.
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."Lo que sí sé".

1 comentarios sábado, 23 de junio de 2012
No sé si hay unión. No sé si hay un hilo conductor. No sé si hay interferencias entre tu razón y mi razón. No sé si estabas cuando yo estuve sin vos. No sé si estaba cuando rodeada de gente vos querías que estuviera yo. No sé si presumo un sueño, si el sueño se cumplió o dormimos la pesadilla de no ser dos. No sé qué tal soy, frente a quien sepa ver lo que doy. No sé si soy anónimo, persona, robot, un tiempo. No sé si soy lo que sos. No sé qué tan alta la vara, pared, cerco, aleja a dos que están del mismo lado. No sé cómo me veo, si sé como soy sin vos. Verás que no sé nada. Sólo sé que tengo amor.
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."Por un ratito".

1 comentarios sábado, 19 de mayo de 2012
Ayer caminé con vos por esas calles llenas de hojas que se pisan, que con un poco de viento son capaces de volar. Y escuché el silencio de telón de tu ciudad tranquila, que te oía hablar de mi, de los colores de la verdad, de los dolores de dejar de ser para volver a ser. Mis palabras interrumpían sin poder estar a la par del tono de canción a veces cansada, que son tus letras dichas. Tus lindas letras dichas. Cierto calor de la tarde, de acompañar con el corazón lo que siempre lleno de razón, hizo terminar el sueño de  algunos minutos eternos. Al menos, cuando ayer caminé con vos por esas calles tan llenas de hojas. Nuestras. Y bellas.
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."Su nombre es".

0 comentarios jueves, 12 de abril de 2012
El corazón y la razón intercambian ideas mientras estoy durmiendo. O eso intento, porque ambos se van al comedor y acostado los escucho discutir absolutamente todo. El corazón dice que no se deja llevar por nada, que lo suyo es instinto. La razón le retruca que sí, se deja llevar siempre por alguien, y que a ella la avala el sentido común, que nada tiene sentido sin eso, ni siquiera el amor. El corazón le dice que a él nunca le hicieron planteos de dudas, porque lo saben honesto cuando habla. La razón se ofende y le dice que ella también es honesta, porque detrás suyo siempre está el pensar de entre muchas opciones la más correcta. Queriendo dormir, me levanté y les dije a los dos el nombre del amor de mi vida. La razón dijo que había pensado en ella. El corazón dijo que lo sabía desde el primer momento. Ambos se dieron la mano y prometieron dejarme seguir durmiendo tranquilo, aunque sea una noche. Logré que se pusieran de acuerdo.
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."Lejanía".

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Cuando te amo no tengo razón. Cuando no tengo razón, no pienso. Cuando no pienso, soy vulnerable a su amor. Cuando soy vulnerable me detesto, pero me dejo llevar. Cuando me dejo llevar sos la hermosa culpable, feliz. Cuando te veo feliz, lo soy. Cuando lo soy no me reconozco, mejorado por tu amor. Cuando dejo de pensar, empiezo a conocerte. Cuando empiezo a conocerte, me ayudás a conocerme. Cuando llegue el dia, no se hará nunca de noche. Cuando de noche te sueño envidio a mis sueños. Ellos te ven cuando yo no te veo.
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."A merced".

0 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012
La marioneta tiene dos hilos. Uno es el amor y el otro la razón. Ella los mueve con certeza, a veces el amor hace todo y la razón sólo mira. Otras veces se mueven al mismo tiempo. Pero ella nunca deja a la razón moverse sola, la controla, es suya. Ese es su juego, la engaña. Le dice que ella es una más, pero ante una mujer no hay razón valedera. Tensa todas las noches mis hilos pero usa sólo uno. Hay amor. Ay, amor. Ella juega siempre conmigo.
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"Su razón" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 20 de enero de 2012
Situación uno: Ramiro escribía para alguien que no conocía. Todos los días desde hacía cuatro años. Cientos de renglones, de teclado y tinta porque cuando le surgía la inspiración se dejaba llevar también en los viejos cuadernos de apuntes. Lo único que lo detenía era una palpitación. Su corazón todos los días a las nueve de la noche se agitaba hasta asustarlo. Fue a médicos y no tenía nada, estaba normal. De a poco se fue preocupando y por temor a sentir algo malo cada vez escribía menos cerca de esa hora. Le dijeron que podía ser una señal de ella. La que no tiene nombre, porque los escritos arrancan dia a dia con un “para ella”. El homenaje desconocido. Encerrado en su dilema, a la noche Ramiro prefería salir a tomar aire. En taxi hasta costanera y ponerse a mirar un poco el rio. Hoy juntó sus escritos en una mochila con ganas de tirarlos al agua. Situación dos: es imposible que Cinthia se quede quieta. En su casa las sillas no se usan, vive de acá para allá todo el tiempo moviéndose. Está de novia hace cuatro años, las amigas le dicen que debería ir apurando el trámite. Y esa noche lo hará con el viejo truco de la cena y al final la pregunta. Que hará esta vez ella. La pasa su novio a buscar por el trabajo y van al restaurante. De camino se prende el celular de él, que estaba al lado de la radio. Ella le gana y lo toma primero. Atiende y el “¿mi amor?” le hizo pegar un grito. Tiró el teléfono contra el piso. Él le dijo que en la cena iba a explicarle. Que ya no tenía sentido seguir pero que era un cobarde. “En eso estamos de acuerdo” dijo Cinthia, que le pidió que la dejara ahí. Se quería bajar. No había espacio en ese auto para ambos. Situación tres: son las nueve de la noche. Ramiro siente la palpitación, puntual, y se asusta. Decide tirar las cartas al rio dentro de la mochila. Se la saca y la va a revolear. Una mujer lo ve, cree que se va a suicidar y le grita “¡no lo hagas!”. Ramiro espera que ella se acerque, le explica que son cartas para nadie. Vio a la mujer elegante pero triste. Cinthia le dijo que ella también tiraría cuatro años al rio. Cuatro años esperándose. Ramiro la miró y aprendió a dejar palpitar su corazón todos los días por alguien. Y ella, ahora, se volvió su mejor lectora diaria. Su razón. La que tras cuatro años, se reflejó en los renglones de él.
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"No sé quién es" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 14 de enero de 2012
Juan se lo preguntó por primera vez a su mamá cuando tenía 10 años: “¿Por qué nos acordamos de los sueños apenas nos levantamos y después nos olvidamos?”. La madre lo miró y le acarició la cara, señal de que no tenía ni idea. Se fue en silencio y dejó al chico con sus dudas intactas. Una mañana notó que ese sueño que acababa de tener ya lo había soñado. Fue hasta el mueble y sacó lápiz y papel. Dibujó rápido por miedo a olvidarse, arriba de la cama con la hoja puesta de costado. Hizo una línea en la parte superior, como un horizonte. Luego árboles altos y bajos que él veía moverse y oía también. Un cielo con algunas nubes, pero había sol. Finalmente quería recordar dónde estaba él en el sueño, desde donde miraba todo. Pero se olvidó y se quedó sentado en la cama con su dibujo hecho a las apuradas y desilusionado. La madre interpretó que quizás a Juan le interesaría aprender a dibujar. Lo anotó en una escuela para niños. Aprendió técnicas, mejoró los trazos a las ideas que le surgían, empezó a querer dibujar todas las mañanas algo. Juntó unos 20 dibujos y se los llevó al docente. Mientras esperaba a que terminara de mirarlos, se puso a observar el trabajo de otros chicos ese dia. Hasta que se quedó fijo frente a un caballete. Lo que veía era tal cual su dibujo. Cielo, sol, árboles, mar. Exactamente reproducido. Y un perfil en un costado observando todo. El cuadro era de una chica llamada Micaela. Le preguntó cuándo se le ocurrió y le dijo que era algo que siempre soñaba, pero que en realidad ella quería hacer otro cuadro. Juan le acercó el último que había hecho hacía dos días. Micaela se quedó asombrada: era la figura del hombre con un sombrero y un paraguas, mirando una calle, tal como lo había soñado. Quedaron ambos en un imposible: soñar los dos esa noche lo mismo. Se fueron a dormir temprano. Se llamaron por teléfono antes, se desearon buenas noches, se durmieron contentos. Lo creyeron posible. Al siguiente miércoles cada uno llevó su dibujo: eran dos mitades exactas de un mismo corazón.
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"Final" -Prosa-

1 comentarios jueves, 1 de diciembre de 2011
La temperatura separa a la razón
de ella misma, la deja quieta en medio
de contrastes, de dichos tenues y deshechos.
Razono cuando no hay más tiempo, pido a nadie ser oído.
Y más solo estoy escuchándome hablar
en medio del calor, calor que en la piel es sensatez
para escucharme recitar una tenue sensación de paz.
Allá los motivos me señalan, buscan colores que guardo,
colores que cambian.
Que son de ella y que destiño en los mios.
Y sensible ante lo que nada es, busco conciencia.
Razones detrás de prisiones, de rejas horizontales
que piso al salir con fuerza.
Y enfrente, lo que enfrento.
Sin tenacidad, sin razón y mi color, color de miedo.
Hasta que dejo de oírme y el sonido es quien escucha.
Que no vuelve, que se queda en ella.
No regresa ni yo regreso.
Apuro mis deseos en vilo,
quiero ser yo sin dejar de ser
mis silencios tenues.
El calor vuelve y yo aparezco
Desde dentro de mi.
Para ser eso.
Esto. Ese. El que no esperaba.
El que es.
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El amor no tiene cura

1 comentarios martes, 12 de enero de 2010

La sabiduría popular dice que la separación de un matrimonio comienza en el exacto momento posterior al casamiento, lo que sin dudas se puede aplicar también a los noviazgos, con esas sensaciones algunas veces de inicio y final, todo al mismo tiempo. Y en nuestro caso también ocurrió la comezón del séptimo mes, ya que no año.

Cuando una discusión se parece a un embudo y uno ve irse por el fondo las posibles soluciones, que uno quiere, aun a costa de perder su postura, la sensación es bastante amarga. En la guerra de querer tener razón en general la razón pierde, y gana el que dice y grita más y mejor “su” verdad. Recuerdo los efectos más que las causas de la pelea. La recuerdo a Grillito enfurecida, personalidad tenía y mucha, y a mi tratando de bajar decibeles. Ella me exigía algunos cambios, ciertas reiteraciones volvían todo mecánico y sin mucha sorpresa, más allá de tener bastante actividad. Seguíamos yendo a Capital aunque más espaciadamente, seguía yendo a la maestra particular y a la vez dando clases como hoobie, y seguíamos repartiendo bastante bien el tiempo entre nuestros respectivos colegios y las tardes libres. Quizás fue todo esto lo aburrido y yo no lo noté, es posible. Me pidió un tiempo para pensar y lo que sigue es muy parecido a las comedias románticas más baratas que Norteamérica puede brindarnos.

Me empezó a ir mal en el colegio, y como encima no faltaba, más se dejaba ver mi caída al vacío de las notas malas. Tampoco me importaba mi aspecto y comencé a tener el pelo algo más largo. La caída del imperio duró exactamente 43 largos días. Y durante ese tiempo seguí yendo a la particular, cada vez con más razón, y ella llevando a su hermanito. Yo le hablaba y ella no respondía nada, rebotaban en una pared mis palabras.

La situación me ponía muy mal porque en mi no encontraba solución si la otra parte ni siquiera quería escucharme. Pensaba en eso, mirando un punto fijo de la mesa de estudio, perdido en mis pensamientos más pesimistas y de pronto una palabra me sacó de aquello: seminario. En realidad luego deduje que escuché cualquier cosa, que la palabra era seminarista. Un chico habló de eso y de la promesa de traer unas hojas sobre el tema al otro día. Y 24 horas después paré un poco mejor la oreja y lo que trajo fue una especie de cuestionario con una larga, muy extensa introducción que atentaba contra todo interés. Aun de esa manera, leí el texto.

El cuestionario era de cuatro hojas y era referido a la familia, la conformación y las convicciones religiosas. No las sentí invasivas y estaban bien formuladas. El muchacho lo consiguió en una clase de catequesis y contó que en misa pidió algunas copias para entregar cuando fuera a su maestra particular. ¿Hace cuánto que yo no iba a misa?. Mucho tiempo. Me formé en colegio religioso y tuve luego cierta prudente distancia, no por mala enseñanza sino por descreimiento general, nadie clavado en la cruz tenía la culpa de eso. Leer esas preguntas ya me había sacado de la monotemática postura de estar triste por un motivo. Volviendo en tren leí la introducción de nuevo, que no salía de aclaraciones acerca de lo que el texto no quería hacer, o sea convencer.

Llegado a mi casa contesté las preguntas. Tres renglones en líneas de puntos había debajo de cada pregunta, y ese espacio parecía poco. Me entretuve bastante por unos 25 minutos, riéndome de mis propias respuestas. Hay veces que poder salirse de la acción y verse uno leyendo y respondiendo algo es muy loco.

Pasados otros dos días, volví a ver al muchacho en clases. Era más alto que yo, teniendo menos edad, su ropa parecía muy limpia, que por alguna causa uno asocia con orden. Me dijo que no aceptaría que yo le diera el cuestionario porque eran respuestas personales. Que se daría una charla en una sede del arzobispado en Moreno, abierta a quien deseara ir a escuchar. Era un sábado a la tarde y no me significaba gran esfuerzo. Conservé el cuestionario un par de días más y ese sábado enfilé rumbo a la sede. Cometí el error de icuestionario, r sin preguntar mucho y al llegar el lugar era amplio aunque con una sola puerta principal.

Me puse ahí, esperando que la gracia divina me abriera, ya que no veía ni timbre ni campana, ni nada sinónimo de aviso de llegada. Cuando se me ocurrió golpear las manos, alguien me vio y me abrieron. El lugar era agradable, de techo bajo, algunas inscripciones en carteles que ahora no recuerdo qué decían, pasillo mitad para abajo en madera, mitad hacia arriba color crema. Dos salas con varias personas pero nadie con sotana o Biblia en la mano, como creí encontrar. Busqué entre tantas miradas a la única que conocía, la del muchacho que iba a clases conmigo y nunca lo vi.

El murmullo de gente hablando bajo me hizo clic, y me empecé a preguntar qué hacía yo ahí. En eso estaba cuando me saludan con un apretón de manos. Yo respondo mientras pensaba en cómo y dónde entregar el cuestionario, o en su defecto adonde dejarlo olvidado…

La persona que me saluda amaga a quedarse pero no tenía diálogo conmigo, ni yo tema…sensación frustrante. Viene otra persona quien me da también su mano y mira las hojas que tenía. Lo aparté y le pregunté en voz baja si sabía que se debía esos papeles entregar o hablar algo con un encargado…quería ver quién recibía lo que yo venía a dar, y hasta donde llegaba con mi locura, a esa altura. Me miró y me dijo algo así como que eso no era un juego y que debía primero saber desde mí, qué quería hacer y luego embarcarme en la tarea…no me lo dijo en esos términos, pero es la idea principal.

Yo lo miré como sabiendo hasta donde debía llegar, y las convicciones incipientes terminaron ahí. Porque tenía razón. Y además, porque yo estaba demasiado interesado en otras cosas a solucionar, antes. Me miró y se fue, como quien sabe que dio sentencia, con aire de superior. Yo miré el mar de gente desconocida y me mandé para la salida, o sea la entrada. Doblé las hojas en vez de en dos, en cuatro. Las puse en el bolsillo y seguí como hacía tres días atrás…pensando en Grillito.

Tuvo mucho de positivo ese paso en falso, esa ilusión que no fue. Porque volví a la Iglesia y a la vez, empecé a creer un poco más en mí. Ambas cosas no se enseñan, se hacen con ganas, nada menos. Reconozco cierta asignatura pendiente con el tema que resolveré de alguna forma, pero la manera ni yo la sé. Poder seguir un camino implica saber que un final está bueno, que es aquello que deseo, pero a la vez me aleja de lo que me da seguridad. Un lindo dilema que siento que se me dará ahora, o quizás nunca. Pero que anda dando vueltas en mí.

¿Cómo terminó la historia?. Y, al igual que las baratas comedias americanas, con el regreso del amor a la pareja. Grillito comenzó a hablarme y yo acepté ciertos cambios en las cosas que hacíamos, para que no sean reiterativas y algo más originales.
Aunque ser cura hubiera sido como solución, algo bien original. Sin dudas.





Acotación al margen: La tarea de hacer libre una elección, la que fuera, no implica dejar en libertad absoluta a la persona, sino ofrecerle opciones para que elija. Y entender que funcionamos mejor no por imitación, sino por convencimiento. Si estamos convencidos gozaremos el triunfo y las derrotas nos dolerán también, pero al menos son de quien está convencido de un camino.
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