Mostrando entradas con la etiqueta periodista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodista. Mostrar todas las entradas

."Profesiones de amor".

1 comentarios sábado, 14 de julio de 2012
Plomero, electricista, gasista. Jardinero, pintor, oficinista. El Ingeniero, aquel abogado, ese dentista. Un maestro, siete doctores, un músico concertista. El taxista, quien vende boletos, un portero de edificio regando rejillas. El panadero, la mujer del chino, la cajera del súper, el que baja la mercadería. Los señores de la farmacia, el del kiosco, el de la pescadería. Un peluquero que no abre los lunes, aquel colectivero, el de la lotería. Un poeta, un escritor y dado vuelta, un Periodista. Me la pasé preguntando con miedo, con temor. De saber encontrarte para saber lo que soy. Y si. Hay una profesión que es la mejor. Mirarte de frente y elegir lo que sos: el amor.
read more “."Profesiones de amor".”

La noticia menos censada

1 comentarios jueves, 28 de octubre de 2010

Se habían creado las condiciones para el evento que por extraño, la gente tomó como unas vacaciones en queja: no había ningún lugar abierto y era un feriado forzado por la imposición. Las rutinas cambian cuando ya no contamos con el control de ellas, y eso es como ceder parte de nuestro territorio, entonces nos resistimos. El 27 de octubre había que estar a la espera de la aparición del censista para luego acomodar el resto de la jornada, dándole el plazo de 12 horas que se estipuló. Quienes viven en casas podrían espiar si sus vecinos estaban siendo censados mientras que en los edificios de departamentos la opción de atender a la persona en el palier sonaba más sensata que la visita unidad por unidad.


Me levanté a las siete de la mañana, desayuné y preparé un café al que sumé una taza más, por si la persona con planilla en mano me caía simpática y así le podría servir también. No tenía nada para acompañar y al instante maldije al censo, ya que todo estaba cerrado. Decidí que no le daría café al censista, mitad por enojado.


Esperando al censo y sus preguntas, prendí la radio y la computadora. Cerca de las nueve de la mañana nada se dejaba escuchar entre mis vecinos y comprendí que empezarían por otras zonas. Vivo en un edificio que es el único de departamentos en toda la cuadra, pero era posible que eligieran primero destinos más sencillos, casas. Me llega un mensaje de texto que por la hora y por la forma de redacción no comprendí muy bien: “Kaput Kirchner. Rumores”. Lo bueno de tener ex compañeros que han estudiado Periodismo es el contacto, pero nunca se sabe si me hablan a mí directamente o siempre desde su profesión, aunque reconozco que no me molesta la diferencia.


Prendí la computadora que ahora mismo uso, pero nada decían los portales de internet. Prendí la radio y empecé a buscar en el dial, sin suerte. Un medio se anticipó a comentar que algo había ocurrido, sin dar precisiones y entonces seguí buscando hasta dar con una radio, con periodista en tono apesadumbrado, aunque cauto. Y ahí me quedé, uno a través de la voz percibe lo que se dice y lo que no se dice, a veces. Pregunté por mensaje de texto alguna confirmación y volvían los mensajes con rumores. Hasta que el periodista en la radio se sinceró: “lo voy a decir”…y lo dijo.


Eran cerca de las nueve de la mañana y no hacía frio, aunque lo sentía. El día ya era extraño en sí, y con esto muchísimo más. El tema impuesto, el censo, era devorado por la realidad como siempre pasa, y pone en un orden que nos excede a todo lo demás que ocurra. Escuchamos hablar del orden de prioridades, qué cosas son realmente las que debemos tener en atención y cuáles no. Hechos como estos nos hacen repensar el orden del listado que cada uno tiene de lo que llama “problemas”.


Pensé primero y no sé por qué en el censista. Si seguiría con su labor, si todo este operativo armado en mitad de semana serviría al final para algo, si no responder formaba parte de la situación inesperada. Me hice otro café y me quedé sentado, mirando de lejos la pava tomando temperatura. Y me pregunté por qué me sentía así. No tenía que ver con mis simpatías políticas y sin embargo ante este puntual hecho y otros que por época me han tocado, la sensación inmediata es de profundo vacío. Nadie analiza emociones de momento y humanas, no haría eso conmigo, me senté a mirar la pava sin mirarla, pensando en que el sistema argentino tiene estas cosas. Por ser presidencialista cuando una persona fuerte ya no está, surge una sensación de indefensión. La manera en que se ejerce el poder por estos lugares del sur hace que todo tenga un costado paternalista, en cuanto a cómo nos tratan y en cómo nos dejamos tratar.


En eso pensaba pero a la pava no le importaba: movía la tapa chillando y volví con mi mente al café. ¿Y ahora?.


Y ahora…a esperar que me censen, pensé. Bajé a planta baja para comprobar que la chica ya estaba haciendo su trabajo y de paso presentarme. Le dije la información, abrió los ojos grandes y se tocó en su cintura el celular, como quien ante una noticia se lleva la mano al corazón. Los tiempos cambiaron, o el corazón se mudó de lugar en el cuerpo, pero ciertas reacciones ahora pasan por saber si el celular está con nosotros, ahí. Latiendo de señal. Y me dijo “me tendrían que avisar qué tengo que hacer”. Yo le dije que por favor decidiera así sabía los pasos a seguir, y volví a la hora y media. Recibió la orden de seguir y el portero me dijo que me avisaría mediante el timbre de mi departamento.


A las cuatro horas de esa promesa ya creí que algo o andaba mal o alguien tenía mucha gente viviendo en una casa y tardó en censar. Bajé y la chica se estaba yendo. El portero me dijo que tocó el timbre y yo no salí, e interpretaron que me había ido. Les dije que estando ellos en la puerta y viendo que no había pasado por ahí, salvo que decidiera bajar por el balcón, tercer piso me parece alto para la hazaña, difícil que me hubiera ido de mi casa. Al final me tomó los datos, o en realidad respondí las preguntas.


Respondí lo que me preguntaron, porque la mayoría de las preguntas las respondió ella sin consultarme. Me preguntó mi nombre y mi fecha de nacimiento. Se centró en mis estudios o yo percibí eso. Duración, formación y qué nivel alcanzado, año en que rendí la última materia de la carrera. Luego me dijo “listo…gracias” y me extendió la mano, al mejor estilo “lo vamos a llamar”, con que un gerente despide a quien nunca más piensa ver. Yo la miré y enfoqué en su bolso transparente y le pedí la oblea que certifica el censo. “Se me terminaron, a la tarde paso y dejo algunas”. Me acordé del café y le dije que como no subió se lo perdió. Se fue, apurada.


Volví a mi casa y a evaluar qué tan productivo fue todo hasta ese momento. Y antes de terminar de defraudarme, puse la tele buscando precisiones sobre el tema que se comió al otro tema. Como siempre ocurre, y nos ocurre. Los medios de comunicación imponen indirectamente un ritmo de noticias, pero siempre pasará todo por la forma en que uno se tome las cosas, y en eso somos siempre de la misma forma. Impulsivos y desconfiados, siempre vivimos caminando mirando a los costados y no hacia adelante. Sentía que el censo no servía y a la vez que a nadie le importaría eso. La oblea del censo nunca me llegó. Y la noticia del día tampoco había sido censada. Marche otro café.
read more “La noticia menos censada”

Capítulo 2: La des-aparición

1 comentarios jueves, 10 de diciembre de 2009

Ya conté acerca de la primera mujer que teniendo la misma edad más me había impactado, a los cuatro años. Una aparición. Dos cosas se sostuvieron firmes con el correr del tiempo: mi absoluta timidez y falta de comunicación, y mi amistad y casi devoción por Carmen.

Así pasaron primer grado, luego segundo, tercero (una verdadera pesadilla en cuanto a temas de salud de mi familia y por lo insufrible que me resultaba el colegio y la maestra), hasta que llegamos a cuarto grado, año 1984. El callado observa, analiza, describe, saca conclusión pero claro, todo en silencio. Me había convertido en un buen observador de actitudes, tomaba ejemplo.

Me recuerdo en el patio, en el recreo, hablando con varios más y me tocan el hombro. Era Carmen. La memoria emotiva me recuerda tanto a mí como a ella con camisa, así que sería por abril o mayo de ese año, antes de la primera comunión programada.
Muy seria, dijo textualmente “Gabriel, quería decirte que a partir de este momento no te dirijo más la palabra”. Levantó su pera, como quien acaba de sentenciar y mira un poco todo desde el púlpito, y se fue. Yo me quedé pensando en que era una broma, no sabía qué le había hecho. Era bastante básico lo mío. Ni bondades ni maldades me salían hacer. Pasó ese día y no me saludó al irse…pasaron dos días…tres…cuatro…una semana y no me dirigía la palabra, ¡vaya que cumplía!.

Como estaba muda, por decisión de ella, no podia pedirle razones. Y yo, más mudo aun que Carmen por naturaleza, me resultaría difícil salir de ese entuerto simplemente preguntando. Me recuerdo sufriendo la situación, teniendo desamparo, seguía creyendo en que me protegía, aunque evidentemente ya no. Pasaron los meses y la situación seguía de la misma manera.

La primera comunión se atrasó por no estar “religiosamente preparados”, en boca de la Hermana Directora, con lo cual todo se pospuso para noviembre. Seis meses después de sus palabras, Carmen seguía sin hablarme. Lo curioso surgió en el ensayo de la celebración de la misa, días antes. Me tocaba salir en conjunto con una compañera, y un día antes la cambian de lugar y en su reemplazo me pusieron con Carmen.

“Cayó piedra sin llover”, pensé. Coordinar movimiento con alguien que no te dirige la palabra iba a ser un inconveniente. Y lo fue tanto, que salíamos siempre descoordinados. Mi maestra de quinto se me acerca al oído y me dice “¿qué pasa?”, y yo la miré (por supuesto sin hablar) con cara de “esto es así”. Me cansé y resolví salir a mi turno sin estar al pendiente de si ella lo hacia, yo resolvía cuando hacerlo y que me siguiera si quería. Y así fue la ceremonia.

Hasta el último día de séptimo grado continuó este silencio, dos años y medio. Mi madre me había comprado el diploma para que todos me firmaran y ella me esquivaba con cierto estilo. Fue la última que me faltaba de todos mis compañeros. Apoyada en una mesa de aula puesta en el patio, ella escribió en el diploma que cuelga en mi pared, hoy: “Para un compañero, de otra”. Carmen.
Cuando salimos todos luego de terminada la fiesta de graduación de séptimo, sabía que volvería a mi barrio, bien lejos de mis compañeros, no los vería por un largo tiempo, o quizás nunca. Saludé a todos llorando a mares y le pedí saludarla a ella también. Nos abrazamos, le recordé aquel primer día y lo importante que para mi ella había sido. Ambos lloramos un poco, y fue a la última persona que vi hasta hoy, 23 años después.

Desde los 20 años, o por esa etapa, me surgió preguntarme qué sería de la vida de Carmen. Hasta que vi, (me vi), en que podía ser un objetivo el hallarla, no para buscar explicaciones. Porque valió más lo primero que hizo por mi que el resto. Y este año lo pude lograr. ¡No contaba con que ella no recuerda el motivo de la pelea!

La “Aparición” de mis comienzos, terminaba siendo una “Des-Aparición” en el final de mi escuela primaria. En la actualidad busco no hacerla enojar para que no ocurra nuevamente un período de silencio impuesto. Diálogo esta vez no faltará. Es una anécdota del pasado, prescribió en el tiempo. ¿Qué le habré hecho de grave?. No lo sé.
Y ya no importa. Porque ahora hablo y pregunto. Por eso soy Periodista.
¡Me definiste la carrera, Carmen!.
read more “Capítulo 2: La des-aparición”

La canción de la semana! "Picnic en el 4º B"

2 comentarios domingo, 1 de noviembre de 2009

Siempre me ha llamado la atención la historia de la torre de Babel. Para su construcción se necesitó de muchas personas con el objetivo claro: poder hacerla llegar al cielo.

La ambición suele ser maravillosa hasta que se lleva a la práctica, y el precio a pagar fue la incomprensión de quienes construían. Si hablando el mismo idioma cuesta a veces entender al otro, imagínense varios idiomas y dialectos. Fracaso sin escalas.


Antepuse esta historia para explicar lo que sin dudas siento cada vez que traspaso la puerta de calle llegando a mi casa. Un edificio de departamentos es una pequeña torre de Babel. Quienes ya han tenido su experiencia no necesitan que se les explique nada. Pero intentamos ser claros para quienes no han tenido la oportunidad, aun, de hacerlo.


Un departamento no es una realización individual puesta junto a otras tantas. Es una pequeña parte de un todo. Es importante la aclaración ya que se suele pensar que alguien puede irse a vivir solo y en realidad se vive rodeado de otras personas en algo asi como una comunidad, si es que no le queda grande el término. No se enseña y se aprende. Todo junto.


El respeto, he notado, pasa por el silencio más que por la palabra de aliento. Por deducción o averiguación ya se sabe la ocupación de la mayoría de los habitantes. En la última reunión de consorcio a la que fui (que casi concluye a los golpes a raíz del supuestamente alto precio de unos cerámicos), una mujer-vecina del piso superior- preguntó quién era el Periodista, y lo bueno que sería denunciar los fraudes que supuestamente el administrador llevaba a cabo. La sensación fue extraña en mi: de reconocimiento y de temor!. La información corre a velocidad.


Vuelvo y rescato el concepto de silencio. Tan arraigado está, que en algunos se vuelve imposible un diálogo aunque fuera frívolo, dentro de un ascensor. Lógicamente hay variadas excepciones, y como en general las desgracias suelen ser colectivas (rotura de un caño, falta de electricidad, baja presión de agua), la unión se da bajo circunstancias impuestas. Todo lo dicho es parte de reglas no escritas pero establecidas.


Cuando recibo una carta del administrador, leo "saluda a usted atentamente, el administrador", acompañado por un sello que dejó de cumplir su noble función hace varias hojas. Pero si yo fuera el que quisiera enviar una carta al administrador de mi edificio, no puedo poner "atentamente, el del 5º A", sino mi nombre, apellido y documento.

El "administrador" suele ser un grupo de gente indefinido en cantidad.


Lo maravilloso, más allá del lugar físico, es vivir. Ahí, mis reglas intentan ser siempre claras y tendrían que ser bastante más estrictas. El administrador soy yo.
Tendrían, dije!.
(imagen gentileza ar.kalipedia.com)
read more “La canción de la semana! "Picnic en el 4º B"”

Amanece en la ruta

2 comentarios lunes, 12 de octubre de 2009

(Es difìcil no ser Periodista aunque sea en un viaje y seguir "d-escribiendo")


Por cuestiones laborales viajo una vez a la semana hasta Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires. Taxi desde mi casa hasta la estaciòn de trenes de Once y de allì hasta Merlo, en donde un colectivo me deja en la plaza central de la ciudad. De mi casa salgo 6: 20 am.


Existen dos recorridos. El que directamente llega desde Merlo hasta el centro de Marcos Paz, y el que culmina en la Unidad Penal 2, una càrcel relativamente nueva. La casualidad hizo que tomara el segundo de los colectivos. A las ocho de la mañana el sueño todavìa es protagonista y muchos duermen. El colectivo asi se completa hasta no quedar asientos libres. Como mi objetivo no es quedarme dormido llevo prendido el mp3 con alguna radio puesta que me saque la modorra.


Estoy sentado por la mitad del colectivo, lado izquierdo. En el asiento de adelante un muchacho de pelo corto y enteramente vestido de azul deja ver en la cintura la cartuchera con su revòlver.

La mayorìa de los que duermen se ubican en la derecha: sobre ese extremo no da el sol. Cuando la sombra me deja puedo mirar un poco mejor y muchos tienen esas valijas altas y profundas, en donde otros bolsos pueden entrar. Parece ropa lo que llevan. Un muchacho usa su celular durante todo el viaje, con la cabeza gacha todo el tiempo en la pantalla. Miràndolo, hasta parece dormido.


Nadie habla. Me siento el màs entusiasmado de todos los pasajeros. Yo me miro con obvia subjetividad y lo hago tambien sobre lo que veo o siento, que es ni màs ni menos que resignaciòn. Se percibe. Las personas que llevan los bolsos, porque estàn yendo a un lugar que seguramente evitarìan ir, a ver a alguien que supongo sentirà lo mismo que ellos. Los policìas tambièn lucen resignados. Cuando uno sueña en una profesiòn no piensa en partes feas en el camino rumbo a lo que se quiere. Toda eso, ademàs de personas, transporta el colectivo.


Para ser la primera vez que viajo en este ramal, lleguè bastante ràpido a la plaza de Marcos Paz, 43 minutos despuès de la salida. Me bajè yo solo, el resto del pasaje siguiò camino.

La resignaciòn "colectiva" siguiò viaje, y yo me bajè antes.


Foto: gentileza fotolog.com/viajerodelbondi
read more “Amanece en la ruta”