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."Duerme soñando".
0 comentarios viernes, 20 de julio de 2012Dormido suelo dejarlo. En noches como la de anoche, de frio innecesario, me levanté de madrugada y corrí pronto a taparlo. Yo sé que de dia sufre, aunque no lo diga lo tengo claro. Simula un poco aquel ideal hombre formado, que soluciona todo a la vez y parece ha madurado. Pone en caja sus lágrimas, las vuelca en el papel en blanco, las empuja a ser palabras y hace esperanza de ruego hablado. Lo miro ahora dormido, tiene su sueño en la corteza azul. Profundo. Donde el aire ya no suele ser el suyo. Con Fe, sin tiempo a la vista. Cuando termina el dia cuelga en su pared la brisa de los ojos de ilusión, que hace meses lo guían. Se queda dormido. El amor de él por ella. Hasta el otro dia.
."Lo que sí sé".
1 comentarios sábado, 23 de junio de 2012No sé si hay unión. No sé si hay un hilo conductor. No sé si hay interferencias entre tu razón y mi razón. No sé si estabas cuando yo estuve sin vos. No sé si estaba cuando rodeada de gente vos querías que estuviera yo. No sé si presumo un sueño, si el sueño se cumplió o dormimos la pesadilla de no ser dos. No sé qué tal soy, frente a quien sepa ver lo que doy. No sé si soy anónimo, persona, robot, un tiempo. No sé si soy lo que sos. No sé qué tan alta la vara, pared, cerco, aleja a dos que están del mismo lado. No sé cómo me veo, si sé como soy sin vos. Verás que no sé nada. Sólo sé que tengo amor.
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."Se fue, gracias a vos".
1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012No, soledad: ya tuve lo que me diste. Te cerré la puerta porque te conozco, no quiero que me mires más a los ojos. Soy aun tu juego pero no quiero seguir siéndolo, negándote o aceptándote en silencio. No tenés que ver conmigo, ya no. Necesito que me dejes, cansado de esa pared circular que encierra mis miedos, que de algún modo fueron tu energía de mi energía. No, soledad: ya tuve suficiente con tantos años. Con tantos anhelos, con tanto deseo guardado en secreto, con tantas chances calladas por terco. No insistas, no abriré. Te irás sin que te hable, porque tengo quien me hable. Un ser que de mis paredes circulares hizo luz, y una ventana de amor con vista hacia los dos. No, soledad: ya tuve lo que me diste. Y lo que me diste, ya no lo tengo.
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"Lo que me sirve" -Cuento corto-
1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012El viento golpeaba esas campanitas que sostenidas por un hilo colgaban de la puerta de entrada de mi vecino de enfrente. ¿A quién se le ocurre poner eso, que suena todo el tiempo?. Me despertó, me desveló. Fui a la cocina a oscuras, en esa especie de juego que uno hace con su vista, creyendo que sabe donde está cada cosa sin verla. Se oía el viento fuerte, arremolinado. Me asomé por la ventana y la calle parecía esos desiertos de película yanqui, con los fardos de pasto rodando en medio de la tierra. Se levantó tanto viento que era como una pared amarillenta. Me dio frio. En realidad estaba descalzo. Abrí la heladera desafiando a la patada eléctrica. Tomé un poco de una gaseosa casi sin nada de gas y cerré empujando la puerta con la pierna. Apoyando los dos codos en la mesada tomaba la gaseosa. Y ahí me acordé. Salí corriendo a la puerta, abrí. La maqueta para mi materia de Arquitectura, un modelo de barrio cerrado, la había puesto a secar en el techo del auto. No había nada. En el piso un poco de papel y engrudo de la base. El viento, maldito viento. Tenía unas seis horas para inventar algo. Con los mismos materiales logré algo parecido pero que faltando 40 minutos no lograba que nada quedara pegado en la base. El barrio de la maqueta tenía un cantero central redondo, a donde confluían las calles internas, me faltaba algo mas o menos alto y con alguna forma redonda. Pensé en lo que me desveló. Me crucé y le toqué la puerta al vecino. “¿Quiere una de las campanitas?. Sí, llévelas tranquilo pero me las devuelve”. Yo agradecí. “A mi me gustan porque cuando hay viento avisan, vio”. Aprobé la materia. Y ahora cuando dejo secar algo para luego presentar, no tengo drama. Me compré unas campanitas que cuelgan de la puerta, que son buenísimas.
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"Paredes" -Cuento corto-
1 comentarios lunes, 9 de enero de 2012Los Richmond se van de vacaciones y le aviso a mi esposa para que venga a ver por la ventana cómo parten nuestros vecinos. El auto está cargado de cosas y hasta el perro asoma por la ventanilla. Es una familia rara, los Richmond. No saludan, no se los suele ver, hace cinco años son algo así como invitados de un barrio tranquilo. Al otro día, llegan a las siete de la mañana obreros enfrente y comienzan a limpiar el terreno. Sobre el mediodía llegaron los materiales, el asunto ya me parecía extraño. Mis vacaciones del trabajo parece que serán sólo mirar la casa del vecino. A los tres días veo que hacen la base de cemento de una pared. Pero una pared bien grande, que abarca el ancho del terreno y es mezcla de ladrillos a la vista y un cemento con algún garabato. A los veinte días la casa no se veía más, superada en alto por la pared. Quedó prolijo pero horrible desde lo estético. Los obreros se van y la casa que ya es directamente una pared, tiene ahora dos faroles que decoran la flamante construcción. Exactamente al mes los Richmond regresan. Entran por el portón nuevo y estrecho, pareciera que el auto pide permiso. Mi esposa me dice que ella averiguará de algún modo por qué han hecho esa pared. Un día veo que entran el auto y espero a que cierren el portón. Me cruzo y me agacho un poco para ver desde la cerradura hacia el interior. En eso alguien abre desde adentro y me ve espiando. Yo me pongo derecho y tan colorado como el mejor de los tomates. El señor Richmond se empezó a reir y yo no sabía qué hacer. Le pedí disculpas pero le pregunté con todo respeto qué razón tenía hacer esa pared. “¿Yo le puedo hacer una pregunta a usted?”. Sí. “¿Y qué razón tiene usted para mirar mi casa?”. Me quedé en silencio y él aprovechó y me extendió la mano, que también le di. Desde ese día pasaron dos meses. Mi esposa ya no espía más a los vecinos. Los Richmond ya no me importan. Y a la nueva pared de mi casa, el color verde le hace juego con el pasto. Un consuelo, saber que ahora nadie me ve. Ni veo.
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