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."Soy lo que no me dices".

0 comentarios sábado, 8 de septiembre de 2012
Al hombre le decían cómo era él. Un ser alto, buen mozo, atento a los detalles, cortés. Con la paciencia forjada de años a sus pies, solidario sin pensar más que en el otro después. La mejor pieza del ajedrez, la esperada, el incentivo para que la suerte esté donde está él. Hasta le dijeron querer ser alguien que sea un poco como él, porque se le acercaban sólo a felicitarlo por lo que fuera. Tenía una energía especial, le decían. Una vez lo imitaron. Y luego otro. Y otro más de nuevo. El hombre alto, buen mozo y cortés se empezó sentir solo rodeado de gente como él. Se miró a un espejo. Para comenzar otra vez. A ser.
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."Ilusión".

1 comentarios sábado, 14 de julio de 2012
Deseo. Añoranza. Poder. Confianza. Gratitud. Paciencia. Esperanza. Angustia. Templanza. Fe. Límites. Distancia. Corazón. Latido lento. Razones. Alabanzas. Enojos. Disculpas. Culpas. Reflexión. Silencio. Escritos que sanan. Poemas, frases, cuentos. De noche y de mañana. Convicciones. Pasión. Devoción. Palabras sueltas y generadas por este amor. Motor del alma.
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."A veces cuesta".

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Hace meses que no distingo la paciencia de la espera que me han pedido. Si son lo mismo, si una contiene a la otra, si las dos optan por quererme y en el abrazo no dejarme salir. A veces las pierdo y quiero vivir sin ellas, pero están impuestas, otra voz les ordenó vigilarme. Para que no cometa el error de querer hacer realidad lo que me pasa, apuntando a la nada sin armas ni objetivo. No se persigue un sueño cuando hay una sensación que oprime, cuando no se depende de mis errores, sino de alguien que los ve para evaluar, delante de mis cosas buenas. La espera tiene rostro, la paciencia es la que no se ve. Paciencia y espera. Cuando me canse, si sucede, me iré con dolor sabiendo cuál es la diferencia.
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.Su ilusión.

1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012
Dejó el caballo atado en el poste del semáforo. Caminó sin ubicar bien la dirección, preguntó y encontró la altura: 2325. Golpeó la puerta pero un hombre le dijo que eso era un edificio de departamentos, que había portero eléctrico. Buscó el 3B y tocó timbre. Esperó unos diez minutos, nadie respondía. La gente que pasaba se detenía a mirarlo, se sentía cada vez más incómodo. Otros cinco minutos y su paciencia terminó. Ya rumbo a la esquina se subió a su caballo y se fue. Marcela justo se estaba bañando y nunca oyó el timbre. El Príncipe azul de su vida, el que siempre esperó, ya cabalgaba por Reconquista hacia el bajo. Hay que estar atentos al timbre, amigos. Suena a veces (quizás una sola vez) y no lo escuchamos.
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"El Don" -CC-

1 comentarios viernes, 26 de agosto de 2011


Enzo Scafino tenía una habilidad. Sus padres desde que fue chico se lo dijeron, para que fuera practicando y de grande usarla en su beneficio. Consistía en poder decir lo que pensaba sin necesidad de expresarlo con palabras. Vale decir que la persona recibía la respuesta a una pregunta por ejemplo, sin que Enzo dijera palabra alguna. No era un mago pero sí alguien con mucha percepción, que captaba rápidamente la manera de hacerse entender.






Su pasión por la medicina le dio un título desde donde pudo hacer uso de su don, ya que remataba todas las consultas con un “usted ya sabe lo que tiene que hacer”, cuando en realidad en voz alta no había dicho nada. Pero jamás se jactó ni nadie supo que tenía esa particularidad, ni su esposa ni sus hijos siquiera. De adolescente recuerda haber aprobado en el colegio un exámen oral de Historia sin decir en voz alta una sola palabra, pero como estaba el docente y él, nadie más, jamás se supo cómo había sido y no era de los que se aprovechaban de una situación. Estaba feliz sabiendo administrar lo que en suerte le tocó.






Un día llega a su consultorio un hombre para hacerse ver porque decía tener un fuerte dolor de cabeza. No lo conocía asi que llenó la ficha del hombre con sus datos personales, se llamaba Tomás Rícori, y luego lo hizo recostar en la camilla. Lo auscultó, con su linternita dilató las pupilas del hombre, en apariencia no tenía ningún síntoma externo.






Le dijo usted no parece estar enfermo, amigo.






“Si, pero yo me siento bastante mal, creo que estoy resfriado y con dolor de cabeza”.






Mire quédese tranquilo que resfriado no está, le podemos hacer un chequeo si quiere. ¿Desde cuándo se siente asi?.






El hombre lo miró y ambos se sentaron. Juntó las manos, respiró profundo y le dijo “desde que soy chico me duele la cabeza”.






Enzo lo miró sorprendido y le preguntó si se había hecho ver y el hombre le dijo que no, porque de niño los padres ya le habían advertido que ese dolor de cabeza era en realidad lo que otra persona en el universo no estaba expresando y que él debía soportar eso. Que no tomó muy en serio lo que sus padres dijeron pero los dolores de cabeza se empezaron con el tiempo a hacer palabras, muchas, que no comprendía.






Enzo se sintió aliviado, feliz, sin poder explicárselo bien, había encontrado a quien guardó durante años todas sus palabras sin una sola queja esperando hallarlo. Lo abrazó e intentó decirle en voz alta que aun sin conocerlo lo quería mucho pero Tomás ya sabía lo que Enzo pensó y antes de que hablara le dijo “yo también”.






ando terminó su jornada Enzo Scafino, el del don del silencio, invitó un café a Tomás Rícori, el del don de la paciencia. Y tantos años después, juntos empezaron a ser mejores.

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El sur del mar (letra para concurso)

3 comentarios jueves, 7 de octubre de 2010

Mis ganas de empezar la mañana frente a vos
tienen el color y la sal en el viento,
donde somos por fin nosotros
cuando tenemos el alma como espejo
y ese sur de firmamento.

Buscando la paciencia, perdiendo en la creencia
de tu paz en plena tormenta.
Respiramos sin el cuerpo, escuchando los latidos
en sonidos y rugidos de presencia, de vos y la marea
que sube y me lleva hasta tu danza perfecta.

Tremendo regalo sin autor declarado,
ante vos, mi dueño sin solución.
El invierno es la traición pensándote a lo lejos,
el verano es el pacto, vos siempre ahí,
cuando te busco soñando y pensando
el sur del mar azul.

Mi mente un velero en auxilio
rodeado de agua calma, luz de sol a mi emergencia
rescatando lo mejor de entre lo peor.
Una mano de espuma lleva a la orilla
todo lo que soy sin mis ojos abiertos
por miedo a lo oscuro que temo y no enfrento.
Dulce espina, sin tenerte rendida
quiero creer que aferrar lo que miro me inspira.
Pero el engaño tiene para mí un crímen perfecto:
el mar me devuelve la ambición como espejo.

Contra eso no lucho, perdiendo te tuve,
consuelo de agua calma
que busco y en vos renuevo.
Mi reflejo siempre eterno,
tiene tu color de azul sin miedo.

Tremendo regalo sin autor declarado,
ante vos, mi dueño sin solución.
El invierno es la traición pensándote a lo lejos,
el verano es el pacto, vos siempre ahí,
cuando te busco soñando y pensando
el sur del mar azul.
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