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"Esos miedos" -Cuento corto-
1 comentarios jueves, 12 de abril de 2012Laura tenía miedo a la oscuridad. Tan simple como poco solucionable desde que a los cinco años le pasó lo que le pasó. Una noche su madre le contó un cuento que ya no recuerda, pero sí que tenía tormenta y viento en el relato. Se durmió, y en la madrugada se levantó una fuerte tormenta, que con el viento hizo que su puerta se cerrara de golpe, haciendo un gran ruido que la despertó. La luz se cortó, empezó a gritar y luego esa pesada mochila de años, que la hace dormir hoy con la luz del pasillo encendida. Cuando tiene que darse vuelta para el lado de la puerta le molesta el reflejo y aprieta los ojos cerrados. Pero no hay caso y siempre duerme para el otro lado. Hace dos noches se cansó de ella misma. Laura fue hasta el pasillo y apagó la luz. El reflejo del farol de la calle entraba en diagonal por la habitación y eso la tranquilizaba. Se acostó con los ojos abiertos, respirando acelerada, tenía miedo. Los departamentos de solteros tienen ruidos distintos a los que están con mucha gente. Se puso a rezar y fue cuando recordó el final de aquel cuento que a ella le leyeron. La chica salía de aquella tormenta fuerte por una claraboya. Fue a dibujar una, a falta de la real en un departamento. La dejó arriba de la mesa y apagó la luz. Y desde esa noche Laura, por fin, terminó su cuento.
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."Me encantaria".
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012Tenés en tus manos las mias, estoy a punto de rogarte piedad. No debe haber algo más domesticable que un corazón sensible, y mis latidos y poder se dejan acariciar. De pronto una especie de rayo que surge entre nuestras manos, calor tibio de quien ya nada siente cuando siento todo por quien miro. Y la lluvia, y la oscuridad, y mis miedos, y mis dedos extendidos buscando los tuyos. Y mi soledad entregada a su suerte, mi buena suerte. Y el deseo. Y mis promesas hechas en silencio sobre tu pelo. Y el maldito destino escrito, en una hoja amarilla que veo volar con el viento. Y el dolor y mis secretos, que ahora compartimos. Me soltás, y la luz se va con tus manos hacia la fuente de energía poderosa que la atrae y que me atrae. Es imposible sentirme mejor cuando no soy otra cosa que vos. Estoy a punto de rogarte piedad, amor.
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"Rayo nocturno"-Prosa
1 comentarios jueves, 22 de diciembre de 2011Hay motivos que sobran.
En algún momento la lucidez los trae
para que los vea. Nunca sabré
con la respuesta enfrente qué genera
la luz de dia encerrada en mi madrugada.
La precavida insistencia me ubica fuera
de toda razón interna, explicaciones
teñidas de mi en excusas que descansan
en el sol, y en los rayos
que matan la luna.
Nadie me empuja a hacerlo, ni a ser.
Tengo sabido el libreto de principio
a fin de mis maniobras, y a veces
las trampas más duras no las supero,
puestas por mi para luego lamentarme
no ser más que ellas.
Cuando la luz cenital enciende el paso oscuro,
Me miro con recelo en mi reflejo,
me busco sin ganas de ser todo el tiempo
un ruido reiterativo y futuro
de letras blancas y teclas negras.
Busco razones fuera de mi cuando cierro
más fuerte los ojos, que no caen rendidos
ante lo que deseo.
¿Deseo?.
La respiración consume cansancio,
alimento la jornada con el aire que queda.
La lucidez se sienta del lado de la cama
que le toca, me ve.
Acaricia los rayos y se hace sol.
Otra vez.
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En algún momento la lucidez los trae
para que los vea. Nunca sabré
con la respuesta enfrente qué genera
la luz de dia encerrada en mi madrugada.
La precavida insistencia me ubica fuera
de toda razón interna, explicaciones
teñidas de mi en excusas que descansan
en el sol, y en los rayos
que matan la luna.
Nadie me empuja a hacerlo, ni a ser.
Tengo sabido el libreto de principio
a fin de mis maniobras, y a veces
las trampas más duras no las supero,
puestas por mi para luego lamentarme
no ser más que ellas.
Cuando la luz cenital enciende el paso oscuro,
Me miro con recelo en mi reflejo,
me busco sin ganas de ser todo el tiempo
un ruido reiterativo y futuro
de letras blancas y teclas negras.
Busco razones fuera de mi cuando cierro
más fuerte los ojos, que no caen rendidos
ante lo que deseo.
¿Deseo?.
La respiración consume cansancio,
alimento la jornada con el aire que queda.
La lucidez se sienta del lado de la cama
que le toca, me ve.
Acaricia los rayos y se hace sol.
Otra vez.
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