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"Ojos color alma" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 5 de enero de 2013
El caso se nutre de diversas pistas. Alcanzaron a verla doblando en la esquina, apurada sólo por ella misma. Dicen dos sinceros que un dia estaba espiando detrás de una cortina, y que el viento le jugó una mala pasada. Porque se le vieron sus pies y ofendida, salió corriendo con vergüenza invadida. En la causa figuran declarando otros dos, esos seres que sólo conoce la noche. Juntos afirmaron sin titubear que sabían donde vivía. Señalaron tres cuadras bordeando las vías, lado este. Cuando fueron todos en comitiva (vecinos, testigos y chismosas de peluquería) estaba la casa bendita. Pero de ella, ni noticias. Entraron y encontraron un hogar. Fotos, flores, paredes pintadas en colores pastel, la cocina con olla humeante, un cuadro de Jesús arriba de la mesa, una panera y el mantel. La llave del patio puesta en la puerta entreabierta. Con sigilo la comitiva se puso como en fila y espiaron por la mirilla. Nada. Desilusionados, se fueron todos de ahí. Pasaron los meses, la siguieron viendo y el barrio se fue acostumbrando. No hacía, al fin y al cabo, nada malo. Empezaron a verla como resguardo, estaba presente y eso tranquilizaba. Era dulce, feliz, relajada. Caminaba descalza, despacio, con los ojos cerrados, sin marearse, sin perderse y con todo iluminando. Parecido a lo que sienten aquellos que sólo hablan. Cuando tienen como escudo sus ojos color alma.
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."Pagando enfados".

1 comentarios sábado, 13 de octubre de 2012
Me quedé esperando una caricia en la puerta de tu enfado. Te vi orgullosa, el viento como aliado que mueve tu pelo que roza hombros, piel. Pasado. En silencio deseando ansiosamente la condena de dos ojos juzgando. Que pagaré sin que lo sepamos, sin que me dé cuenta. Y sin sentir nada a cambio. Recorreré con amor tu vocabulario, a falta de más diccionarios. Confiaré en saber lo que has aprendido, lo que conmigo aprendas, lo que nadie te ha enseñado. Lo que miro y me callo. En la puerta de tu enfado.
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."Diez formas".

1 comentarios sábado, 15 de septiembre de 2012
Las formas del silencio. El sepulcral, en los grandes espacios. El íntimo, con alguien al lado. El oportuno, cuando rodeado de gente me callo. El familiar, que por tradición se tiene ante involucrados. El piadoso, ante algo que nos parece penoso. El permanente, de aquello que guardamos. O cargamos. El temporal, cuando elegimos el momento en que deje de ser silencio. El del vacío, sin que surjan las palabras ni motivos. El buscado, siempre con los ojos cerrados. Y aquel que nos sirva. Ante tanto mundo hablado.
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."Suave brisa".

1 comentarios sábado, 25 de agosto de 2012
Frase hecha con la última sonrisa que de mi escondo, tan parecida al placer cercano de tus ojos. Enganchada la vida de algún mal cielo, dejó esas dos nubes todo el tiempo nublando consejos. Los propios y los ajenos, los que sirven para vos y ya no importan en tus besos. Centinela con deshonra persiguiendo todo el dia su sombra, perdiendo la costumbre de sentir la luz, su ayuda. Mi última frase hecha de la sonrisa que escondo, tiene un aire que conozco. De a dos, que ahora vuelve y está solo.
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."Quién sabe tu pasado".

1 comentarios sábado, 18 de agosto de 2012
Qué habrás hecho del pasado, que en tierna huída preferí no molestarlo. Lo dejé despierto y le di un beso sabiendo que sería en vano. Me mirabas de lejos deseando terminara toda esa especie de calvario, que durante meses no fue más que flores de cielo estrellado. Pero ayer amaneció nublado y el concierto de motivos de a uno nos fueron llegando. La casa se llenó de ellos y sentí las viejas razones, ahora quejosas de mi mano. Pude escuchar al corazón latiendo menos cuando dos ojos sólo me estaban juzgando. Apuré mi vida y fui a saludarlo. Me acerqué a la frente y li di un beso. Estaba dormido, soñando. Eso fue lo último que supe del amor. Sin saber lo que hiciste del pasado.
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."Diario de viaje no empezado".

1 comentarios sábado, 14 de julio de 2012
Pájaros de pueblo, que tranquilos caminan por la vereda. El ruido de aquella cascada en la Cumbrecita, Córdoba. El inmenso placer de las estrellas, que acostados veíamos con formas. El chocolate que de frio hacía ruido antes de comerlo. Esos benditos alerces, nieves eternas y paseo de lago Puelo. Aquel calor de montaña, que al subir era frio en nuestra espalda. La medalla plateada y redonda de la iglesia más hermosa, que compramos en la plaza. Cierto dia amanecido en un micro, abrazados rumbo al horizonte por una ruta de cartel desconocido. La libertad de los pies sobre la arena, el juntar las manos, el caminar saliéndonos de la vereda. El mejor café de la mejor charla para entender quién eras. Ver llover y el agua corriendo, desde una ventana ajena. Sentir que estás al lado. Todo eso uno lo lleva en tus ojos y en mis venas, si en la valija de sueños tengo tu compañía cerca.
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."Mano abierta al corazón".

1 comentarios sábado, 7 de julio de 2012
El destino me da palabras que yo intento sean caricias. Las que cuelgo donde mires, las que esperan a su guía todas juntas en la mente, a ver si por vos son vistas. Sentimiento que es hablado, que es escrito, que es sufrido. Que intento dejen vivo el calor que respirando se siente bajo renglones y en los dedos con que narro. Tus ojos sólo mirando y espero haberlo logrado. Estas palabras escritas con sangre de enamorado.
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"Retrato" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 9 de junio de 2012
Respiró profundo buscando aire, se levantó de la silla feliz y atormentado, todo a la vez. Caminó hasta el espejo y no se vio reflejado. Frunció la nariz pero no lo podía ver. Pensó que era el lugar y bajó por las escaleras, salió a la calle, se fue a la esquina a mirar vidrieras, aquel negocio de enfrente, un par de señoras lentas. De a poco comprendió que no importaba el lugar que fuera, algo le estaba ocurriendo desde hacía tiempo, como esas esperas que muchos presentes desean. Volvió despacio a su casa, subió por las escaleras, abrió la puerta de entrada, se fue derecho a la heladera. Y allí también la sorpresa, asi que cerró veloz y se sentó en su casa llena. De tanto recuerdo amado donde siempre estará ella. El amor lo hace temblar al no ver de tanto en tanto su propio reflejo en el espejo del baño. Una noche estiró su mano  pensando que era ella, le acarició el pelo y creyó que ahí estaba. Plena. Con sus ojos color miel. Deseando verla de vuelta.
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."Túnel al final de la luz".

1 comentarios
En lugares que no conozco. Delante de mis ojos abiertos en un punto fijo, pero pensándote. En cierta cadencia de mi tristeza, repleta de ideas negras. De miedos nunca guardados, de silencios con puerta abierta. Pienso en el viento que me obliga a caminar de otra manera, los hombros algo subidos y la campera gris con el cuello afuera. En mi camino, el que supera calles enteras, el de la mente y los años, el de esa áspera idea de soñar un momento juntos, al pie de miles de estrellas. En noches como esta.
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."Piedra libre, la vida".

1 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012
Pareciera que ciertas cosas juegan conmigo a la escondida, el problema es que yo cuento, abro los ojos, y nada a la vista. Mi pasado no lo encuentro, perdido en neblina mia, el presente son mis dudas, que las siento sin verlas, frías. El futuro está seguro que guardado en la valija, difícil que yo lo vea, aunque sepa que él me espía. Me alejo de la pared para buscar a los escondidos, el pasado dice “piedra libre”, y sé que ahí ya he perdido. El presente corre mucho y me gana por sorpresa, deja mis dudas intactas, sólo me queda saberlas. Al futuro no lo veo, parece bien escondido. Decido terminar el juego, hacerme el desentendido. Y escribirlo yo al futuro. Piedra libre, a mi destino.
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"La cita" Cuento corto

1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
Soy quien vio pasar la vida delante de sus ojos. No la reconocí, pintada y vestida para una fiesta a la que me invitó pero yo no quise ir. Tenía un aire altanero, de felicidad legítima pero con la idea de hacerme sentir culpable al verla. Y la verdad es que logró su objetivo. Me dio pena de mi mismo, con la felicidad pasándome por delante. Me fui a mi cuarto. Busqué mi saco, mi mejor pantalón, mis zapatos usados. Salí sin peinarme. Caminé hacia el lado en que la vi irse. Aceleré mis pasos, busqué en las esquinas, miré los colectivos y la gente arriba, quizás estuviera allí. Seguí sin rumbo pero derecho. Hasta que la vi. En la puerta de un salón llamado TIEMPO. Esperándome. Y hoy, no fallándole. La vida y yo, de la mano, entramos a la fiesta.
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."Qué pasaría".

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Hagamos un juego: no nos digamos que nos vamos a soltar de nuestros deseos, a ver quién suelta a quien, pero sólo como un juego. Lo harás vos porque sos la poderosa, la que late en mi alma teniendo mi corazón de testigo, que mira asombrado su latido como en un espejo. No sé qué pasaría si me soltaras. No lo intentes, separaste mis latidos de lo que en la mano tuya ahora es un corazón entregado, nunca tientes a la fortuna sin retorno, a la esperanza de sólo tener tu mano y tu cuidado. Envidio a mi corazón, que todo el dia está con vos admirándote, y me pone celoso. Envidio a mi alma, dispersa, mirándote a los ojos. Hagamos de esto un juego. Donde me dejo, enamorado y feliz, ganar.
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."El habitante".

0 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
Me ayudarían tus besos. Me ayudarían tus palabras, tu paz que das y que a veces no tenés para con vos. Me ayudaría pensarte superior, me ayudaría tener la fórmula del sueño feliz. De la nostalgia de vivir algo que nunca ocurrió. Me ayudaría mucho todo ese espacio que tu corazón tiene para dar. Me ayudaría ocuparlo no para ser el dueño sino para ser sólo un habitante. Me ayudaría tener tu mano debajo de la mia, y que no me dé cuenta porque siempre estamos así. Definitivamente me ayudaría que me mires. Tengo miedo a no mirar sin tus ojos. Los días y las noches, los tiempos nuestros, el amor dicho en palabras que luego se deshacen. Me ayudaría a no pensarte en mis horas la ilusión incierta de todos los días. Te pido lo último: quiero que me ayudes a no olvidarte. Donde me dejes, quedaré. Me ves. Soy habitante de tu corazón.
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"Diagnóstico" -Cuento corto-

1 comentarios
El médico me miró a los ojos y luego a la radiografía y el electrocardiograma. Fueron tres segundos eternos, en donde se me cruzaron cien cosas. Los médicos cuando miran fijo no tienen en general lindas noticias. Prendió ese aparato en la pared para ver la radiografía y la enganchó. Se puso la mano en la pera y se quedó mirándola. Yo quería no estar ahí, ¿qué me iba a decir?. Me dolía el pecho desde hacía casi tres meses, nunca tuve problemas de salud, creía que me daría algún comprimido. Se sentó y empezó a hablar mientras guardaba en el sobre la radiografía: “¿Usted hace mucho que no se realiza un estudio?”. Sí, hace bastante. “Tiene que cuidarse, ¿sabe?. ¿Usted hace ejercicios, alguna dieta?”. Debería, le dije. Puso sus manos sobre la mesa y se acomodó para hablarme: “Casos como el suyo es el tercero que me toca y a los dos anteriores les dije lo mismo”. ¿Casos como el mio?. “Sí. Lo primero para decir es que no tengo un remedio para lo que veo en la placa. Lo segundo es que usted debería tomar recaudos, porque su corazón aparece en la imagen con indicios para tener en cuenta, hay que cuidarse. Y lo tercero: olvídela a ella. Porque sino, le va a seguir doliendo el corazón. Se lo digo con respeto”. Me puse de pie y le di la mano. Cuando salí, tiré la radiografía en un cesto de la esquina. Sabiendo la cura, ya no tendría más dolores. Por ahora sin ella, el corazón se queja. Veremos qué pasa con este dolor.
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"Batalla en círculos"-Prosa

1 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Me doy por vencido, batalla de dos
en fuerzas que no se necesitan
porque no se conocen, aun viéndose.
Espero una reacción, la mia y la del destino,
tan vencidas como mis ganas de dar indicio
de lucha por tu nombre.
Tenés la noción del enemigo,
la pureza del plan perfecto de hacer daño
cuando librás el duelo. Y duele.
Podrás ver de mi un tirano, un mercenario
con algo de paz cuando tus ojos miran
el mismo horizonte. Y poco más.
La fuerza de mi tropa es que alguna vez
renuncies y veas una bandera
tan blanca, como esa rendición
egoísta y teñida que suelo tener.
Mi perdición fue iniciarte guerra
para estar a la altura, y comparar lo que no me das.
Nadie tiene dueño, ni la respuesta que espero,
ni la sensación única del destierro de un no.
Castigo es sentir que tu fuerza maneja
lo que yo no batallo.
Me resigno a perderte
aunque no sepas
que me has ganado.
La batalla en círculos tiene
una mujer y dos almas.
Le di la mia.
Sin salvarme.
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"El piso del ruido"-Prosa

1 comentarios
Nadie está preparado
para una sorpresa programada.
Es imposible unir cielo y tierra
en paz y en infiernos, no hay mezcla
divina si estamos siempre de un lado sordo.
Queremos ser aquellos sin mutar
en más sencillos receptores.
Lo vamos a buscar, desde algo llamado vida
para verlo como espectadores, deseando
no ser llamados ni molestados.
El ruido es el piso que se mueve,
estoy dudando de qué siento, si miedo, si frio,
si algo de ganas de cerrar mis ojos
para seguir un ritmo.
Viene de abajo, retumba en mi,
en mis pestañas, como final de extremidad
traspasando toda materia.
No miro más, ya sólo siento.
El sonido tiene el color de mis latidos,
como si estuviera yo fuera de mi.
Y hay sensación de vuelo,
de obra terminada en el tiempo justo,
dulce cuando nadie lo impone.
Y aun así, se impone.
Salgo consciente de algo, del ruido,
del piso y su sonido.
De la sensación placentera del vacío
con mis emociones fuera de mi.
Sorprendido del plan perfecto
de cielo y tierra, ahora.
Cuando ya soy dos.
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"Eterna" -Prosa-

1 comentarios martes, 15 de noviembre de 2011
Una mano dentro de otra mano
que se deja llevar por un ritmo
ajeno a mi, quien ejerce el poder
tiene la velocidad, las riendas
en esas manos firmes, tan suyas y mias.
No me ve desde abajo con mis intrigas, no desea
saber de mi porque ya decidió qué color tendrá
el sol de la tarde en mis ojos.
Ritmo acelerado, de viento cruzado
que hace de los oídos un solo bloque,
imparable, constante, decidido.
No lucho contra eso, me dejo ganar por
esa derrota de los sentidos, de lo que no sé qué es.
Veo con ojos de tarde algo blanco cortando la pared azul.
El motivo del viento, la razón de mi mano dentro de la mano.
Tengo miedo de acercarme, lo miro con el recelo
de lo que no comprendo,
lo alejo para verlo más cerca.
La mano me suelta. Yo miro el mar.
Miro el motivo desde abajo,
miro a quien ejerce el poder.
Sensato egoísmo de estar
donde a ella le gusta estar.
Y ahora a mi. De la mano.
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"La hermosa condena" -CC-

1 comentarios jueves, 6 de octubre de 2011


Todo. Completamente todo de verde. Gonzalo se despertó y estaba boca arriba. La claridad le hizo achicar los ojos y sintió que algo no habitual ocurría, lo que veía era extraño. El techo y la lámpara de tres tulipas de verde. Miró la unión entre pared y techo, también verde. Las cortinas, el placard, el piso que reflejaba la claridad de la mañana en un verde muy tenue que entraba por la ventana. Vio sus sábanas, se sentó en la cama.






Se tomó la cabeza con las dos manos, intentó cerrar los ojos y ordenar los pensamientos, como si ese gesto trajera en sí la solución. Pero no sentía nada malo, sólo que lo que veía tenía color verde. Fue Gonzalo a la cocina, desayunó sin asustarse de ver un café verde ni una manteca color mate cocido. Comprendió que él veía todo así y no era que el mundo lo confundía.






Salió, tomó el colectivo, viajó sentado, miró por la ventanilla las casas, los árboles, el tránsito, las demás personas. El chofer, la señora sentada al lado. Todo en verde. Llega a la oficina, entra sin saludar a nadie porque nadie solía saludarlo, además. Se sienta y cree haber encontrado la razón del verde. Saca cinco carpetas, las revisa. Son las mismas que ayer había mirado, sólo que las hojas eran blancas y hoy son verdes.






Busca la tercera carpeta, la de Marcela, la abre. Llama a su secretaria y le da la carpeta. Le dice ella que espere un rato. Gonzalo se pone a jugar con el regalo que un cliente le hizo: sobre un pequeño rectángulo de madera un poco de arena y tres pequeñas piedras. En un costado un rastrillo. Según le dijo el cliente cuando estaba muy nervioso arrastrar por la arena el pequeño rastrillo era muy relajante. La arena es verde, o él la veía verde, el rastrillo también. Durante unos 15 minutos intentó sin éxito concentrarse.






La secretaria le dijo que esperara otros 15 minutos, no le devolvía aun la carpeta de Marcela. Se sintió solo, empezó a angustiarse, estaba esperando algo que no sabía qué era pero que intentaría solucionar el verde problema. Miró por la ventana hacia abajo, veía a personas caminando y se sintió más pequeño que ellos, irónicamente inferior desde un cuarto piso. La secretaria le dijo “en cinco minutos”. Se sentó, movió su cuello para que sonara y lo relajara pero seguía ansioso. Cerró los ojos y respiró.






Tocan la puerta, la secretaria dice que si ya puede pasar la persona. Sí. Entra. Gonzalo la mira y Marcela agradece que la hayan seleccionado. La miró a los ojos y a partir de ahí el color verde se volvió a acomodar a la fuente de luz que lo generaba: los ojos de Marcela.






Gonzalo se entregó tranquilo a esa condena que el deseo paga y cobra con tiempo.



Y cambia en uno hasta el color de la vida.
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