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"Musa inspiradora" -Cuento corto-

2 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Junté todos los textos que eran dedicados. Los uní a mi destino, que fue la idea cuando pasaron de la mente a la tinta. Ahí hay sueños, posibilidades, realidades frustrantes, deseos, mucho amor. Muchas preguntas, que caen de maduras y sin respuestas. Dejé los textos arriba de una mesa, ordenados por fecha. Quería sorprenderla y entonces los puse envueltos en una seda transparente, que casi no tuve que atar, de tan suave. Dejé abierta mi ventana en pleno otoño y la puerta cerrada para que el viento no lo haga después. Apagué la luz y me acosté mirando hacia la mesa. Pasaron tres horas y me dormí, pensándola como todos los días. Lo sé de buena fuente: en medio de la noche las cortinas se movieron y no era el viento. Ella entró y me miró, como un herido de amor cansado, entregado. Fue a la mesa y con dos dedos desató la seda, que dejó ver todos mis textos dedicados. Ella los tomó y los apretó fuerte en su pecho, como quien recibe un regalo del alma y para el alma. Se acercó para verme, respiró conmigo y me dio un beso de sueño. En sueños. Y me despertó. Vi alguien que se iba, vi mi mesa vacía. Sentí pero no la vi. Mi musa inspiradora se fue diciéndome que vuelve. Que desde mi corazón siempre vuelve a buscar más textos dedicados.
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"Cuando hay que irse" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 17 de febrero de 2012
Hacía tres días que nadie sabía dónde estaba David. El vecino oyó ruidos de platos el lunes por la noche, el único dato certero que se tenía. Vinieron los padres, los amigos, su hermana. El portero había visto a alguien en el pasillo, de costado, que no le pareció ser vecino. El hombre que limpiaba la calle vio descolgarse del balcón del tercero a una persona, cree que un hombre, justo del balcón de David. Pero no pudo verle la cara. La policía actuó pero con la sospecha de la desaparición por iniciativa propia, tampoco tenían muchos indicios sobre un robo. Al quinto dia la hermana se da cuenta de la falta de un anotador, donde David despuntaba el vicio de la escritura. La policía buscó pistas pero no encontró evidencias. Las cámaras de seguridad del edificio tomaron la imagen de una persona saliendo. Tenía un largo tapado y caminaba con los hombros juntos, como con intención de que no se viera su rostro. La escena duraba cuatro segundos. Una semana después, cayendo la tarde, el que cae es David a su casa. Un policía de la esquina avisa a la seccional, le avisan a sus padres, el portero lo abraza, no entiende mucho lo que ocurre. Iba a darle mucha vergüenza explicar para que le crean. Una semana atrás se sentó a escribir, se tomó la cabeza con ambas manos y cuando abrió los ojos dos mujeres estaban al pie de la mesa, vestidas de gris. Una lo tomó de la mano y le dijo que salieran ambos por el balcón, que no tuviera miedo. David la miró a los ojos y confió. Ambos volaron hasta aterrizar de pie en la vereda. La otra mujer salió por la entrada del edificio. Y asi fue como David durante una semana se fue a buscar ideas para sus escritos junto a sus dos musas inspiradoras. ¿Alguien podría creerle?. Los padres, no. La hermana, no. El portero, no. La policía, menos. ¿Nosotros?. Sí.
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