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."Color cambiante".

1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012
Camaleón que vas sufriendo cambiar a cualquier precio. Un dia rojo, el mundo que se ve a lo lejos tiene el placer de los lugares en los recuerdos. Nada queda de todo aquello. Un dia verde, parecido a los reflejos que el sol en el piso desparrama en suerte, y uno con calor esquiva casi contento. Un dia azul, cofre cerrado en todos mis sueños que atesora lo que nunca vi. Porque nunca vi ese cofre abierto. Un dia amarillo, canción de cuna que de grande tarareo y me acompaña como sombra desde adentro. Camaleón que vas sufriendo cambiar, eligiendo el color de lo perfecto. A cualquier precio.
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"El que oye" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 4 de agosto de 2012
Un hombre esperaba a la nada sentado en el banco de la plaza. Había estado todo el dia pensando, que es un ejercicio inútil cuando algo ya ha pasado. De pronto una mujer se sienta a su lado, él se corre un poco para darle espacio y sigue cabeza abajo. Razonando. Sentía que había elegido desde niño lo equivocado. Los juguetes, los amigos, el colegio, el secundario. Lo que siempre quiso y lo que no se terminó dando, para ser lo que es hoy, que feliz no lo está dejando. La mujer estaba sentada derecha en el banco de la plaza, y lo miraba. Atentamente. Estiró su brazo y lo acarició en la espalda encorvada. El hombre la miró y se disculpó, le dijo de su desdicha de tener que trabajar en un lugar que odiaba, donde iba por el sueldo porque siempre eligió en vez de lo bueno, lo menos malo. Se sentía un desdichado en juntar siempre fuerzas para algo que no había soñado, ni ser del todo feliz de este presente tan suyo y armado. Quería volver  en el tiempo, poder hacer algo por él, que nadie lo iba a entender, que el mundo lo hacía un negado. Que sentía tocaba puertas que él mismo estaba cerrando, que cada dia quería menos que este mundo siguiera girando. Ella le sacó la mano de su espalda. Ambos se miraron como quien conoce al que por primera vez nos habla. La mujer dijo al oído “Yo vine para que me escucharas, pero creo que no hizo falta. El que tiene la solución es el que entiende lo que le pasa. Si sabés lo que tenés, hace falta que despiertes de cierta modorra injusta que tus sueños a veces tienen. Para entenderte, oírte. Y para oírte, siempre estaré presente”. La mujer se puso de pie y el hombre fue feliz de repente. De vez en cuando la claridad se sienta en el banco de la plaza, de oyente. Y ayuda encantada.
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."Buscando con ojos cerrados".

0 comentarios viernes, 20 de julio de 2012
Barrio de ojos cerrados. Librería. Carnicería. Lavandería, con mi saco colgando que veo hace días. Panadería, despensa, el kiosco de la esquina. El teatro dentro del galpón, la iglesia y el corralón. Una sospechosa cerrajería. La casa de lotería con la señora que tiene la fija. Una farmacia a dos cuadras, pegada a la peluquería, enfrente adonde el portero mira más de lo que limpia. Esa casa de regalos nada baratos. El kiosco que vende los caramelos ácidos. Un delivery de pizzas, el taller mecánico, la pinturería. La inmobiliaria al lado de la remisería. Pregunté y nadie tiene lo que yo busco: la voz de amor dentro del corazón. Que haga de  tu mundo, mi mundo. O una puerta sin candados para mudarme a ese lugar donde te sigo soñando. En mi barrio de ojos cerrados.
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."La espera".

1 comentarios miércoles, 18 de abril de 2012
Cinco puntos suspensivos tiene el nombre de quien vino no a ser la elegida, sino por haberla elegido. A veces quiero separar las razones en mi llanto. De chico fiel a la distancia, de hombre lejano enamorado. Debería verme bien si los dos hemos dejado nuestro choque de caprichos, marcas de haber sufrido, penas que vamos lavando. A veces me siento solo porque no sé remar mareas, cuando toda su respuesta es amable y odiosa espera. Tengo miedo de quedarme preso en su dilema, mientras miro a sus ojos que quiero, sean señas. Del amor que yo le tengo, del cariño que profesa, del mundo que le prometo y su respuesta, más pequeña. Cinco puntos suspensivos tiene el nombre de quien vino. Corazón llama a su puerta. Mi dicha es haberla elegido.
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.”Dia a dia”. Basado en “A merced”, de Gustavo Cerati

1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
Tibio amanecer de esos que siento tienen el horizonte más arriba que el sol. Con la luna en el centro brillando y las estrellas de telón, con gente durmiendo de dia y de noche sin solución. Nada de relojes, nada de presión, sin distancias ni objeción. El mundo entero en contradicción, girando fuerte para el lado donde siento tu calor, amanece de mi sueño, de mi vida, y de vos. Girando como planeta sabiendo que sos el sol, que me tiene como esclavo de su tiempo, a merced de su control. Por amor, por quererla. Por tenerla. Por su don. Tibio amanecer de esos que siento, estoy más arriba que el sol.
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."Caja".

1 comentarios miércoles, 22 de febrero de 2012
Es imposible que te proteja del mundo. Si te hacen algo juro que moriría, pero si te dañan también morirías. Quiero tus dos pies del lado de la línea del amor, no que vivas pensando en que alguien como yo te rescatará. De vos. Necesito la solución en tu boca, que me lo digas sin palabras, que me dejes hacer lo que debo. Que deba hacer sólo lo que me dejes. En tu caja de cristal mi mano pasa todo vidrio. Y te acaricia.
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"Figuras" -Prosa-

1 comentarios jueves, 1 de diciembre de 2011
Ruido de pasos, gente de espalda y yo
al lado del orden que su mano
impone a la mia.
Me dejo llevar, yo llevo también
el corazón de alguno de los dos
sintiéndolo en su mano guía.
La espera tiene alegría cuando no hay
más que satisfacción por estar presente.
En alma.
Un recuerdo es un atentado al olvido,
la mano que me lleva lo sabe y me suelta.
Quedo a merced de un mundo,
me divide un metal, mis dedos,
mis ojos abiertos creyendo
lo que nunca habían visto.
Tengo ahora algo que es mio, el egoísmo
me da sus dos manos y lo protege.
A eso, que se pierde haciendo
del final un nacimiento.
De ruido, de melodías, de manos
contra el metal queriendo y no pudiendo
ser eso que siento.
Y que sin saberlo estaba presente.
En alma.
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"La hermosa condena" -CC-

1 comentarios jueves, 6 de octubre de 2011


Todo. Completamente todo de verde. Gonzalo se despertó y estaba boca arriba. La claridad le hizo achicar los ojos y sintió que algo no habitual ocurría, lo que veía era extraño. El techo y la lámpara de tres tulipas de verde. Miró la unión entre pared y techo, también verde. Las cortinas, el placard, el piso que reflejaba la claridad de la mañana en un verde muy tenue que entraba por la ventana. Vio sus sábanas, se sentó en la cama.






Se tomó la cabeza con las dos manos, intentó cerrar los ojos y ordenar los pensamientos, como si ese gesto trajera en sí la solución. Pero no sentía nada malo, sólo que lo que veía tenía color verde. Fue Gonzalo a la cocina, desayunó sin asustarse de ver un café verde ni una manteca color mate cocido. Comprendió que él veía todo así y no era que el mundo lo confundía.






Salió, tomó el colectivo, viajó sentado, miró por la ventanilla las casas, los árboles, el tránsito, las demás personas. El chofer, la señora sentada al lado. Todo en verde. Llega a la oficina, entra sin saludar a nadie porque nadie solía saludarlo, además. Se sienta y cree haber encontrado la razón del verde. Saca cinco carpetas, las revisa. Son las mismas que ayer había mirado, sólo que las hojas eran blancas y hoy son verdes.






Busca la tercera carpeta, la de Marcela, la abre. Llama a su secretaria y le da la carpeta. Le dice ella que espere un rato. Gonzalo se pone a jugar con el regalo que un cliente le hizo: sobre un pequeño rectángulo de madera un poco de arena y tres pequeñas piedras. En un costado un rastrillo. Según le dijo el cliente cuando estaba muy nervioso arrastrar por la arena el pequeño rastrillo era muy relajante. La arena es verde, o él la veía verde, el rastrillo también. Durante unos 15 minutos intentó sin éxito concentrarse.






La secretaria le dijo que esperara otros 15 minutos, no le devolvía aun la carpeta de Marcela. Se sintió solo, empezó a angustiarse, estaba esperando algo que no sabía qué era pero que intentaría solucionar el verde problema. Miró por la ventana hacia abajo, veía a personas caminando y se sintió más pequeño que ellos, irónicamente inferior desde un cuarto piso. La secretaria le dijo “en cinco minutos”. Se sentó, movió su cuello para que sonara y lo relajara pero seguía ansioso. Cerró los ojos y respiró.






Tocan la puerta, la secretaria dice que si ya puede pasar la persona. Sí. Entra. Gonzalo la mira y Marcela agradece que la hayan seleccionado. La miró a los ojos y a partir de ahí el color verde se volvió a acomodar a la fuente de luz que lo generaba: los ojos de Marcela.






Gonzalo se entregó tranquilo a esa condena que el deseo paga y cobra con tiempo.



Y cambia en uno hasta el color de la vida.
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"Noticias de ayer"

1 comentarios sábado, 2 de enero de 2010

Compruebo todos los años reiteraciones de conductas, y no hablo de las personales o familiares cuando el final/comienzo de algo se da. Me refiero a lo externo. Se podrá tomar esto como una amarga queja, pero aquí va la lista de cosas que todos los santos años veo y leo.


Deseos en televisión de personas anónimas. ¡Deseos de salir en televisión!. Imagino una familia reunida para que C5N ponga su foto y debajo "Familia Palmiotti". Sentirán una algarabía indescriptible.


Conductores de programas de radio que saludan en las tandas comerciales. A las tres de la tarde saluda el de las dos de la mañana. Concluyen la mayoría con un "levantemos nuestras copas", pero mi copa nunca está cerca en ese momento.

Nota en televisión sobre el primer bebé del año. Cuando era chico recuerdo discusiones hasta por los segundos de diferencia. Pero ahora para llenar más espacio ponen "el primer bebé de Capital", "el primer bebé de Santa Fé", "Súper bebé de Ushuaia"...

Leer sobre precios de la temporada y del esfuerzo del empresariado por mantener los valores del año anterior. Después se verá que no.

Títulos. "La ciudad vacia" (¿de qué?), "Todos en la ruta", "La Terminal, un infierno" (¡siempre a fin de año lo es!)

Informes especiales reiterados. "Cómo gastar menos en el verano", "Consejos para no excederse en las comidas", "Cuando un hijo quiere veranear sin los padres" o "El alcohol, los chicos y la costa".

En el Periodismo brota cierta idea unificadora. Se cree que todos desearemos lo mismo y la realidad es que se impone. El 24 y el 31 de diciembre a partir de las 22 horas, en televisión todo es música. No porque el público arda en verla, ¡sino que se van a dormir antes los periodistas!.

"Primer turista de 2010". Y allí van todos, Reina del Mar incluída, a buscar al automovilista. Muchos especulan e intentan llegar a la medianoche. Cuando dicen "me agarró año nuevo justo en la ruta", no les creo ni un poquito.

Parte médico del Hospital Santa Lucía con la lista de heridos, en general nenes que deberían ser alejados de los padres primero y luego de la pirotecnia: corren real peligro.

Y la última, que es la que más alergia me da: "Navidad en el mundo". Conductores suplentes que ponen toda su garra para hacer brillar una fiesta en Moscú o en Taiwán, da igual.

¿Habrá un taiwanés que sea espectador en su país de "fin de año en Buenos Aires", por ejemplo?.

¿Se podrá cambiar algo de todo esto?. Forma parte de nosotros, creo que ya no. Ahora los dejo. Le salió positivo el control de alcoholemia a un hombre camino a Las Toninas y ya lo pasaron 100 veces, pero su cara es imperdible...permiso.

Ah, buen 2010. Salud, paz, respirar. Para todos.
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Lo que hay detrás de la puerta: felicidad laboral, cara de portaretrato

1 comentarios miércoles, 18 de noviembre de 2009

En un mundo ideal podríamos encontrar sólo dos tipos de personas: aquellas que son efectivamente felices y las otras, que sólo creen que lo son.

Con seguridad en ese mundo ideal todos sus habitantes consiguen, y una vez que obtienen disfrutan, de su trabajo. Hoy hablamos de las personas y la felicidad laboral que los rodea, contiene. Aquellos que necesitan ser pellizcados y aun así creen estar soñando. Lo que llamaremos de aquí en más risueñamente “cara de portarretrato”: cuando uno va a comprarlos siempre habrá un rostro en la foto inmensamente feliz.

Revelaremos aquí el motivo de tanta alegría en este tipo de personas: el trabajo, como la vida, es felicidad o tristeza según cómo te lo tomes. Incluso aplicado a las labores más insalubres.
Existe una gran carga de subjetividad en todas las visiones. Alguno puede sentirse realizado por el lugar físico que ocupa y en donde desarrolla su labor (por ejemplo una linda oficina, amplia y con ventana al río) y en un segundo plano deja qué es exactamente lo que hace. Y también lo contrario. Una persona en un lugar diminuto puede sentirse a gusto con la tarea que lleva adelante.

Las políticas económicas (vaya si ocurre ahora) tienen mucho de esto. Se la llama “Teoría subjetiva del valor”, que es ni más ni menos que darle una forma y carácter a algo que siempre estará condicionado por nuestra propia opinión.

“Tiembla la bolsa”, “Los Bancos respiran”, “Mercados alterados”, son expresiones que comúnmente leemos u oímos. Si nos preguntan cómo nos fue en el trabajo tal vez diremos “Hoy estuvo tranquilo” (¿el trabajo o uno?), “Nos hacen trabajar cada vez más” (¿más horas o cumplir más en menos tiempo?).

Como fuera, la mirada parece ser aquello que nos rige el camino. Por eso existen quienes ven no uno, sino todos los trabajos como injustos. Y la injusticia siempre es para con ellos. Ni está todo como para decir que el trabajo es como caminar entre flores, ni tampoco es Vietnam o un campo minado. En todo caso la senda siempre estará elegida por nosotros.

Algún lector fuertemente capitalista puede preguntarse con todo derecho en dónde entra el tema del dinero en la idea de felicidad en el trabajo. En la pirámide de cuestiones importantes cada uno ubica al dinero en el escalón que prefiera. Es lo más subjetivo de todo este espacio porque entre “querer ganar” y “aceptar ganar”, el trecho será grande o pequeño según la paciencia del trabajador.

Los que ríen desde sus portarretratos deben ganar bien, imagino. Pero la reflexión es: pelear por la calidad del trabajo es parte de nuestra felicidad laboral.
O el largo camino hacia ella.
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