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"La hora"-Prosa
2 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011Nadie tiene noticias
de ese niño que aun veo
en espejos, en señas, en gestos
de quienes también lo ven.
Aunque nada se sabe de él todos
dicen que está. Yo lo veo y le hablo,
le cuento y cuento con él
para mis dos historias de amor,
para mis ausencias frias,
para tenerlo en mis dudas solitarias, grises.
Viene conmigo cuando no quiero ser yo,
me toma y juega el tiempo a su modo.
¿Por qué los demás lo ven sin saber de él?.
Se los presentaría para que hablen,
para que lo miren, para que dependan de él.
Tengo de rehén a mi captor.
Orgullosamente lo muestro como siempre.
Pero una mañana, alguien preguntó por él.
Iba a decir noticias suyas, lo busqué,
lo perseguí en sombras, en sus escondites.
Le pedí piedad, que apareciera
y fuera de nuevo yo.
Estaba de lejos, inmóvil.
Iba a acercarme y la distancia se redujo.
No quiso venir ni yo ir por él.
Me había dejado,
lo había dejado.
Me mira de lejos,
no tengo noticias.
Aunque al niño yo aun
también lo veo.
read more “"La hora"-Prosa”
de ese niño que aun veo
en espejos, en señas, en gestos
de quienes también lo ven.
Aunque nada se sabe de él todos
dicen que está. Yo lo veo y le hablo,
le cuento y cuento con él
para mis dos historias de amor,
para mis ausencias frias,
para tenerlo en mis dudas solitarias, grises.
Viene conmigo cuando no quiero ser yo,
me toma y juega el tiempo a su modo.
¿Por qué los demás lo ven sin saber de él?.
Se los presentaría para que hablen,
para que lo miren, para que dependan de él.
Tengo de rehén a mi captor.
Orgullosamente lo muestro como siempre.
Pero una mañana, alguien preguntó por él.
Iba a decir noticias suyas, lo busqué,
lo perseguí en sombras, en sus escondites.
Le pedí piedad, que apareciera
y fuera de nuevo yo.
Estaba de lejos, inmóvil.
Iba a acercarme y la distancia se redujo.
No quiso venir ni yo ir por él.
Me había dejado,
lo había dejado.
Me mira de lejos,
no tengo noticias.
Aunque al niño yo aun
también lo veo.
"Te cedo mi suerte" -Cuento Corto-
1 comentarios jueves, 29 de septiembre de 2011Juan Carlos era pobre. Para ser precisos, tenía en realidad una sola cosa heredada del padre: su pasión por el seguimiento obstinado de cinco números. Todos los viernes jugaba siempre los mismos cinco benditos números. Su papá le dijo que debía jugarlos porque iban a salir, alguna vez. Pero Juan Carlos quiso pasar a la historia y patear el tablero. Un día, ofendido ya con la imagen de él mismo viéndose seguir números que jamás salían, decidió no jugarlos. Fue a la agencia a decir que ya no le hicieran la habitual combinación, el dueño le dijo que lo lamentaba. Juan Carlos no dijo nada y salió. En su mano, el papel con los números que el agenciero tenía para no olvidarlos. Sin nostalgia lo hizo un bollo.
Buscó un cesto de basura, tuvo que seguir hasta la esquina. Lo tiró ahí. No se iba a venir el cielo abajo si no jugaba esos números, alguien debía alguna vez frenar eso. Pasó la noche mirando televisión con sus hijos. Ahora los noticieros ponen los números en un extremo de la pantalla mientras las noticias se desarrollan, por eso ya casi no miraba noticieros, puso Discovery kids. Al otro día salió a buscar el pan. Hizo fila, compró dos cremonas para el desayuno familiar. Siempre sus hijos le preguntaban los sábados por la boleta pero él los frenó aunque nada habían insinuado. “De los números por favor no se habla más, ya no juego”.
Se olvidó comprar facturas, volvió a la panadería. Era un caos de gente, mucho murmullo. Entró sin preguntar y todos hablaban al mismo tiempo, quiso averiguar qué ocurría. “Parece que Silvana ganó la lotería”, le dijeron. Pero Silvana no aparecía, había mandado a decir que estaba contenta y asustada, que no iría a trabajar. El pozo era millonario. Juan Carlos fue a la agencia, el dueño apenas entró lo miró sin pestañear, como a un extraterrestre. Se acerca y le dice al oído “si, son tus números”.
El hombre sale disparado rumbo al cesto de basura. Estaba vacío. ¿Lo habrá seguido y entonces ella vio cuando tiraba el papel?. Empezó su paranoia persecutoria. Volvió a la agencia, preguntó si alguien había jugado la misma combinación que él. Parecía que si, que a diez minutos del cierre alguien los jugó, no había más datos. Con los días se sinceró ante la dueña de la panadería, le contó lo extraño de todo y le pidió la dirección de Silvana, quería saber cómo había elegido los mismos números, nada más. Se la dio y fue a la casa.
Silvana lo dejó pasar aunque no comprendió mucho. Yo siempre jugaba esa misma combinación, dijo Juan Carlos. ¿Se te ocurrieron de casualidad?. Ella le dijo: “Iba el viernes caminando, comiendo caramelos. Puse el papel en un cesto. Y recordé a mi mamá que siempre me decía que había que ser agradecida del día. Vi en el cesto una boleta algo doblada y me acordé de la agencia”. Juan Carlos estaba a punto de estallar. ¿Pero por qué esos números?. Silvana dijo “Bueno, debía ser agradecida del dia, y jugué la fecha del dia”.
30 de septiembre de 2011. O sea 30-0-9-20-11.
Juan Carlos pensó en su padre. Y en el destino, en su pobreza. En el azar. Sintió que ofrendó de algún modo su suerte, eso no estaba mal.
Fue a la agencia, jugó a la fecha del dia siguiente.
Perdió. Pero agradeció ese día.
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