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"Las carpetas" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 13 de octubre de 2012
Caminó apurando el paso, como quien es perseguido. O persigue. El hombre parecía tener frio, con una prenda de tela fina color claro que dejaba ver sus brazos. No se escuchaba otra cosa que sus pensamientos en voz alta, y sonaba como quien expresa su bronca con regaños. Alrededor de él no había nada, sin embargo continuó caminando derecho en dirección a una puerta apenas visible entre algo parecido a la niebla. Estiró su brazo izquierdo para abrir la puerta y sostenerla al pasar, se perdió de vista. Pasaron unos tres interminables minutos y volvió a salir. Llevaba una carpeta, de esas incómodas de sostener, le pesaba la carga asi que se ayudaba con la rodilla para que no se le cayera. Entre aquello que parecía niebla, se dejaba ver una mesa, donde apoyó la pesada carpeta. La miró con brazos en jarra y resoplando. De pronto la claridad es como el sol de la mañana y el hombre baja la cabeza para no quedar enceguecido. “Buenos días. ¿Esto es lo de hoy?”. La carpeta decía miércoles 10 de octubre de 2012, el Ángel dijo que si. Y Dios leyó qué hizo el mundo invocándolo. Rió, lloró, se quedó pensando. Cerró la carpeta. No dijo nada y siguió de arriba mirando. El Ángel, a su lado.
"Primer trabajo" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 8 de septiembre de 2012
“Muy bien…quédese quieto…no respire”. Los radiólogos están condenados a repetir la frase todos los días, pensó Mauro mientras se iba poniendo de nuevo la camisa. No debe haber lugar más frio que una sala de rayos, y apoyarse sobre el metal es directamente una tortura. La empresa, su nuevo trabajo, le exigía a Mauro una revisación general asi que se hizo el chequeo en diferentes lugares. Se había ido a sacar sangre, ahora terminaba la radiografía de tórax, y seguía la consulta al médico clínico. La sala de espera era tan pequeña que tenía que juntar un poco los hombros para no molestar a la persona sentada al lado, en esas sillas perfectas pero para niños, casi. Finalmente le toca y mira el reloj antes de entrar, calculando salir en 10 minutos. Tardó 16. Se tomó un taxi hasta su casa, cenó y se fue a dormir pensando en que no debía quedarse con el sueño profundo. Se despertó al otro dia cinco minutos antes que sonara el reloj. El traje le ajustaba un poco, se miró de costado en el espejo a ver si los botones estaban en el ojal que le correspondía (siempre erraba). Salió sin esperar nada porque de lo que vendría, nada sabía. Llegó a la puerta de su trabajo y se abrió sola, esas con sensores. Saludó con algo de simpatía a una secretaria que lo miró y lo analizó, de arriba abajo. Le dijo que pasara, que lo estaban esperando. Abrió una puerta de madera, dudó si pasar o tocar, entró directamente. Unas veinte personas se pusieron de pie y Mauro pasó en silencio eterno hasta la punta de la mesa, a su silla. Pudo sentir que lo miraban todos y tembló. Empezó en el mismo lugar un nuevo trabajo. Desde hoy es jefe.
."Buscando la manera".
1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012Lastimar dejando huellas. Mirar la playa y ver pasos en la arena, que dimos nosotros en el camino de vuelta sin saber que pisamos aquellas ideas nuevas. Las que no nos tienen juntos y comprobé de cruel manera, cuando miro a los costados y no hay luz que por bien siguiera. Ojalá que ella supiera lo fatal en coincidencia. Su adiós tiene mucho de mi cuando en silencio no está su esencia, que dejó a paso lento sin que yo me diera cuenta. Me extrañó ese silencio mortal del ya no estar, no tenía a quien mirar. Sigo en el camino de vuelta buscando una estrella que guíe maneras. De cómo vivir sin ella.
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."Mano abierta al corazón".
1 comentarios sábado, 7 de julio de 2012El destino me da palabras que yo intento sean caricias. Las que cuelgo donde mires, las que esperan a su guía todas juntas en la mente, a ver si por vos son vistas. Sentimiento que es hablado, que es escrito, que es sufrido. Que intento dejen vivo el calor que respirando se siente bajo renglones y en los dedos con que narro. Tus ojos sólo mirando y espero haberlo logrado. Estas palabras escritas con sangre de enamorado.
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"Se perdió el buscado" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 23 de junio de 2012
Laberinto de espejos. Un espacio dentro de un amplio tinglado. Con el piso de esos de tierra tan usado que sin ganas el tiempo lo volvió plano. La base de todos los espejos estaban oxidados y creí que eso sería una ayuda cuando entré para salir. Pero de niño uno es atropellado y me acuerdo pegarme la frente dos veces bastante fuerte, y recién ahí ir tanteando. Por supuesto me perdi. Miré para arriba, me fijé en una lámpara que colgaba e imaginé por qué lugar del laberinto andaba. Seguí tanteando escuchando ruidos cada vez más cercanos, imaginé como Minotauro estar mas o menos terminando. Pero fui a dar a un costado y de nuevo a entrar. Volví a tantear, ubicando, viendo si desde el medio podía ir retomando el camino deseado. Miré otra vez la lámpara, tomé un sentido, lo seguí seguro pero no obstinado. Parecía que iba bien, uno de chico se frustra sin resultados. Puse la mano delante del último espejo. Me miré prestándome atención por primera vez reflejado sin otro motivo que mirarme parado, me fui por un costado y llegué a la salida. Del laberinto del que a veces creo, no salgo. Pasados los años.
."Un alma, mezclada en dos".
0 comentariosUna gran habitación la conmueve. Yo la veo sin paredes, ella la ve con dos frentes. Piso y suelo se funden, se queda quieta y cierta luz tenue la cubre, pero no la abraza. Sólo la ve respetuosa, girando envidiosa comprobando en espiral cierto poder en las cosas. Preciosas. Soy un testigo de lo que no he observado, porque siento que nada ha sido para que sea mirado, son sólo duelos entre el amor y aquella que toma su mando. Si se entera que estoy tengo miedo de lo que soy, porque me explico en su razón y ciertos colores de pasión son mios aunque ella eligió. Me condena de corazón la afirmación: la barrera del Ser y el Sos está diluída. En amor.
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."La razón del dia".
0 comentarios sábado, 16 de junio de 2012Saltando de la cama. Yendo a buscar el domingo el diario. Viajando en subte los lunes, o en el Sarmiento al mismo horario. En la tarjeta SUBE o caminando por Cangallo, bueno ahora se llama Perón, en la casa de importados. En la parada del 23, en esa fila frente al Juzgado que es la oficina de Reincidencias, donde reincido siempre mirando. Cuando cruzo a comprar al chino, cuando de noche hace falta tanto que llego a duras penas antes que cierre el supermercado. En la tele de pocos canales que alguien sin cable mira de a ratos, en la bendita computadora que no cubre afectos lejanos. En la esquina de la avenida donde siempre está el árbol, que tiene forma graciosa y uno se tienta en solitario. Caminar y pensar en nada dejando la mente en blanco, cuando no quiero sea mi angustia el único motor a mano. Como ya lo podés ver en este resúmen del dia, no logro que aparezca cierta imagen definida: tu mirada dando sentido a todo esto que llamo vida.
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."La inútil batalla" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 9 de junio de 2012
Escuché gritos y me acerqué hasta la esquina. Un grupo de gente estaba mirando hacia un sector de la calle y se reían. Eran dos hombres peleando a piñas. Como en los ring-side mejor pagos, la gente veía pero no intervenía. Se divertía. Parecían jóvenes a primera vista. Me fui arrimando, vestían los dos camisa, pantalones algo rotos y miradas llenas de ira. Quise estirar la mano pero me la rechazaron con trompadas para ambos lados. Los miré bien, creí que los conocía, sentí algo extraño parecido a melancolía. De pronto se frenaron y quedamos los tres mirándonos. Les dije que pararan, que estaban todos observando. Los reté en voz baja, vergüenza ajena me daba, que Mis Miedos y Mis Penas se agarraran a las patadas. Me fui derecho a mi casa. Y a ellos, difícil que la puerta les abra.
."Desde donde te miro".
1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012A veces creo que no quiero escapar. Porque me quedo mirando lo que me hace mal como quien no se termina de despedir de un familiar en la estación: no me voy nunca. Y entonces creo que lo que miro es solución, deseo que lo sea, me empeño, como lejano pariente de la terquedad. Y encuentro soluciones para mi como consuelo, que repito a quienes ya no quieren oírlas. Deseo cambiar todo lo que hago para no cambiar. Y persigo un sueño, un deseo hecho persona, luego de tanto. Y cuando lo alcance quizás me quede paralizado, mirando. Ese es mi miedo. Hijo del cansancio, de cierto agobio, de mis temores de ser feliz, de lo que la necesito. Si supiera, si se diera cuenta se lo digo: a veces creo que no quiero escaparme de mi mismo.
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"Versus el mundo" -Cuento corto-
1 comentariosNo sé por qué las ciudades están llenas de gente que no conozco. No me explico cómo la felicidad a veces pasa por tener lo que el otro no tiene. Y disfrutar que no lo tenga. Me resulta complicado entender parte del mundo. A los que están incómodos en sus lugares y en vez de intentar modificarlo quieren que todos estemos incómodos. No entiendo el desamor. Cierto empeño en chocar contra la soledad, que mullida recibe cada vez más adeptos. Hay una calle hacia donde todos terminamos desembocando: la del olvido. Todos quieren olvidar y no lo hacen, los recuerdos se van tapando unos con otros aunque salimos de allí creyendo ser nuevos. Tengo confianza, porque desde hace meses no me pasa lo que pasa. En la ciudad llena de gente que no conozco siento que conocí a una, que astutamente se ha ido. Para que la extrañe mirando su mundo desde el mio. Pero invitándome a salir a buscarla. Y con amor encontrarla, perdido como un chico.
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."Me acaricia".
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012Ojalá lo hubieran visto. Era un gran cerro tapizado de pequeñas flores blancas, mezcladas con las matas verdes del suelo, en perfecto desorden cultivado por el destino. Parecía haber una huella para no pisar nada de esa especie de cuadro pintado del que uno era protagonista. Fui mirando a mi alrededor y las flores eran como un colchón formando una sola superficie, de un lado y del otro de mi. En la cima del cerro el sol me encandiló y miré hacia un costado. Y había, entre todas, una Flor. Especial. Luminosa. Rebelde. Sensible. Dolida. Deseable. Generosa. Hermosamente terca. Inocente. Presente. Y la vi para que me viera. En aquel cerro tapizado de pequeñas flores blancas ella vio a alguien en un camino, a alguien que la quiere por sobre todas. Me eligió, no la elegí. Y soy desde ahí, también ella en ese cerro. Ojalá lo hubieran visto.
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."Allá estás, nena".
1 comentariosEl horizonte es una línea infinita cuando me pongo a mirar y pensarte en ella. Lugar donde el cielo y cierto mar incierto dicen que se juntan. Pero quisiera alguna vez dejar de mirarlo para sólo tenerte cerca y te lo voy a confesar, total no nos escucha nadie: una vez intenté llegar al final de la línea del horizonte. No lo hice nadando, ni con un barco, ni con un avión. Hará tres semanas intenté llegar empujado por mi alma hacia la tuya. Y grande fue la sorpresa: en el agua estabas reflejada, imitando a la luna en su belleza. Me fui con mi alma sin hacer ruido. Cerca de la línea infinita que sé, ahora es tuya en mi horizonte.
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"El dia de descanso" -Cuento corto-
1 comentariosEl sol tiene cuatro puertas, custodiadas por Ángeles. Ellos no se queman. Porque el sol irradia hacia afuera su calor y no hacia adentro, entonces se vuelve un lugar habitable. Pero allí no hay nadie, los cuatro Ángeles se divierten porque la tarea de custodiar un lugar solitario los aburre. A veces se arremangan y juegan al fútbol o al básquet, un dos contra dos. Una noche, la séptima del mes de abril, un ruido en la reja de la segunda puerta sobresalta al Ángel custodio. Se levanta sin vestirse porque siempre lo está, y va hacia ahí. Ve a un hombre con las dos manos intentando abrir el candado de la reja. El Ángel le dice ¿qué está haciendo?. “Quiero entrar, soy un Ángel”. Ambos se miraron desconfiados de arriba hacia abajo pero lo eran. Se saludaron y el nuevo visitante le pidió entrar. La orden de Dios es que nadie entre, le dijo. “Pero soy un Ángel como vos, dejame pasar, ¿qué puede ocurrirme?”. Le insistió tanto que hasta le dio pena. Fue a buscar la llave, oxidada porque jamás se había usado, y los otros Ángeles se levantaron para poder ver esa puerta abrirse por primera vez. Pasó primero el Angel nuevo y detrás los otros cuatro. Caminaron por una especie de bosque sin mucho verde, gris. Escuchaban sus propios pasos cada vez más fuertes. Ven a lo lejos una fuente de luz. Era el centro del sol. Los cinco abren los ojos bien grandes, nunca nadie había llegado allí. La luz salía de una especie de vertiente, el Ángel nuevo se adelantó y con una mano abierta hizo que la luz fuera como un rayo hacia él. De pronto todo se oscureció y los cuatro Ángeles se asustaron. Corrieron en todas direcciones, gritaban, no se podían ubicar. Dios miró todo desde arriba, sentado. Alguien entró y se llevó en su mano toda la verdad del mundo, que ya no sería de nadie como hasta ahora. Lo lamentó esa séptima noche, aunque descansó. Miró el horizonte, no estaba en él solucionarlo. Dios también reza. Y rezó por él mismo.
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"Es para allá" -Cuento corto-
1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012Veo un sendero allá a lo lejos. Caminan varias personas, una detrás de la otra. No es mi sendero, yo camino por el mio, que en diagonal cruzará aquel de allá. Avanzo más que nada para ver cómo caminan los otros, me voy acercando. Son personas de todas las edades, algunas con la vista al frente y otras al piso. Yo voy solo por mi sendero y me miran con asombro. Me voy acercando a ellos, los caminos se van juntando. El que iba adelante, una persona alta y joven, se detiene cuando voy a pasar yo. La fila entera frena y sigo caminando. Serán más de cien los que frenaron a la vez, quizás más. Paso casi con vergüenza, el hombre joven me mira y me hace un gesto de saludo que yo retribuyo. Me quiere hablar pero seguí y dejé de mirarlo. Hice unos pasos y me di vuelta para ver que nadie se había movido y todos estaban con sus ojos en mi. El sol me estaba dando calor. “¡No sigas caminando para allá!” gritó alguien de la fila que no pude distinguir. Yo miré de nuevo hacia adelante y sentí el calor. Respiré y por primera vez elegí qué hacer por mi. El hombre joven y alto me deseó suerte. Yo me saqué mis zapatos y mis medias. Mi campera y mi mochila. Mis miedos, que dejé en un diario de apuntes. Y seguí caminando decidido hacia el calor. Por mi sendero.
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."Amor, amor de infancia".
1 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012Me acabás de decir que saliste conmigo sólo porque te regalé un chocolate de los que te gustaban. Eso me ofende, me rebaja, no me siento feliz cuando soy usado y vos sabés que no tengo que mentirte. También me dijiste a los gritos que hablamos poco y nunca de nosotros. La gente en la calle nos miraba, yo intentaba caminar y vos seguías enojada. Yo estaba dolido, sentí que no me lo merecía. Te di mi tiempo, mis ganas de ser más bueno, mi vida con tu nombre marcado en todos mis rincones, y en todos mis cuadernos. Eso era el chocolate que te regalé aquella primera vez. No lo desprecies. Siento que eso de grande, me va a doler .
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."Tus ojos".
1 comentarios miércoles, 29 de febrero de 2012Me devolvés lo que te di. Lo que soñé con y para vos. Todos esos deseos parecen cuchillos del lado del filo, no los quiero. No se devuelve lo que se ha dado con amor y lo que no he pensando cuando lo hacía. Sin perder tu poder me mirás derrotado, lo estoy sin haber peleado. Ayer me dijiste que luchara y hoy me sacás las armas con sólo un gesto. Tenés un brillo en tus ojos que no me reflejan. Son ahora vidriosos, de otros que tendrán por dicha mirarse en ellos. Estoy desarmado, no sigas. Me duele el cuerpo y no dejo de mirarte poderosa. Me duele el cuerpo porque ya no somos dos y ahora tampoco seré uno. Me duele dejar de ser yo. Y me duele dejarte.
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."Quiero cambiar".
1 comentarios martes, 14 de febrero de 2012Me dejé antes que me dejaras, no puedo soportarme cuando en mi espejo siempre veo que soy vos. No tengo vida pero sos la mia. Tenés la suerte de ser una persona con dos cerebros, y el mio te responde sin reprocharte nada. El corazón lo veo en tus ojos todos los días y el amor es una especie de aura que te sigue, que te hace inmortal. Pero yo sigo, mortal, a tu lado. Quiero cambiar mi vida y todavía no aprendí a dejarte ir de mi. Amor me rindo, y aun asi te digo lo que ya sabés, preciosa. Desde que no tengo otros ojos que los tuyos para mirarte. Y desde que me dejé, antes que me dejaras.
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"Lo que hacemos" -Cuento corto-
1 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012Se levantó. Cerró la puerta del baño. Cerró la canilla, cerró el dentífrico. Cerró luego el envase de café, cerró el pote de queso crema y el de azúcar en la alacena. Cerró el placard en la parte de las camisas. Cerró la llave de paso, cerró la ventana del comedor. Cerró la puerta de entrada, la del ascensor y la de la salida del edificio. Cerró su billetera vacía a mediados de mes y cerró la puerta del taxi. Cerró el celular luego de leer un mensaje. Cerró la puerta del pasillo de su oficina, que debería ser corrediza. Cerró de nuevo su billetera para un café de la máquina. El Windows se colgó y cerró para volver a abrir. Cerró la caja de ganchitos de la abrochadora, que después nadie tiene. Se tomó la cabeza a media mañana para despejarse. Cerró su lapicera Parker y miró por la ventana. Resopló cerrando los ojos. Vino Adriana y lo trajo a la realidad. “Tenés que cerrar el balance, dale”. Cerró el chat que lo distrae, la página de internet de chimentos también. Cerró el balance con pérdidas mas o menos dibujadas. Cerró la puerta del jefe. Se sentó y lo escuchó, necesitaba de él asi que mejor cerrar el balance. Se dieron la mano, cerraron ahí trato. Al mediodía en el pulmón del edificio cerró la bandejita de plástico con el celofán, no quería comer más. Cerró el balance a la tarde. Su jefe lo dice a viva voz con falsa felicidad. Aplauso cerrado. A las cinco cerró la computadora y volvió a cerrar su billetera en el taxi. Llegó a su casa. Abrió la puerta. Miró sin suerte por la ventana cerrada la luz de la tarde. Mañana, juró, empezará por su bien a abrir todo.
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"El paso" -cuento corto-
1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012Andrea estaba a punto de cerrar trato. La casa le había gustado pero no se lo quiso decir ahí mismo al vendedor y esperó hasta el otro dia para comentárselo por teléfono. Por primera vez la mujer nacida y criada en departamento pasaba a tener su porción de terreno verde, suyo. Una especie de derecho que se daba para sí luego de tantos años. El boleto se firmaría el miércoles y pidió pasar por la casa el martes. Le dieron las llaves y entró para mirarla a solas. Salió luego al frente, tomó aire y el sol le pegaba en la cara, todo parecía una publicidad de crema para manos. Perfecto. Salió tras cruzar la reja y una vecina se acercó. “Me llamo Norma”. Qué tal, Norma. Soy Andrea y en la semana ya me empiezo a mudar, soy su nueva vecina. “Buena noticia, me ponía nerviosa que esta casa estuviera vacía, sobretodo por los ruidos a la noche”. ¿Qué ruidos?. Norma siguió sus reflexiones sin escucharla. “Este barrio es tranquilo, te va a gustar. No sé si tenés familia, acá son todos casados y con hijos grandes. La de enfrente se llama Margarita y tiene tres hijos de dos matrimonios distintos, ahora tiene un novio que la pasa a buscar en un auto impresionante. La de allá se llama Emilse. Una española jubilada, no se da con nadie y saca la basura rápido para no saludar, es desagradable. Del lado de la esquina está la casa de rejas marrones, es de Ramón. Separado, dos hijos grandes, uno vive con él. Anduvo sin trabajo muchos años, era empleado de ENTEL. Los hijos lo ayudaron y ahora rompe las cosas de la casa para luego arreglarlas, eso me lo contó la panadera. En esta mano del otro lado viven un matrimonio y un hermano de ella. Hacen fiestas bastante seguido, hasta de madrugada. Yo creo que juegan, juegan a las cartas. A veces vienen matrimonios con autos y se quedan horas, creo que juegan por dinero. La vecina de mi lado se llama Beatriz. Es mi amiga. La familia ni la viene a ver, no la llaman por teléfono, nada. Cuando se pone a llorar me llama y voy, está muy sola, quedó viuda de joven y nunca más tuvo pareja. Y yo…bueno yo soy soltera. Tengo tres perros y dos gatos, hacen un poco de ruido pero todos acá están acostumbrados. Le abro al jardinero, al que me trae la soda y al del almacén. A nadie más. ¡Por suerte te mudás a un barrio donde no pasa nada!”. Al otro día Andrea estaba mirando por la ventana que daba al pulmón de su departamento. Dudando. Mucho. En un departamento uno puede ser anónimo, en un barrio eso es más difícil. Llamó a la inmobiliaria, pidió tiempo. Volvió a ver la casa, habló con la vecina. Le preguntó qué eran los ruidos a la noche de los que le había hablado. “Nada, seguro que vos no creés en esas cosas, sos joven”. Esa tarde Andrea se quedó en su departamento tomando mate con sus propios fantasmas. Y por ahora, no se mudó.
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"La cuchara" -cuento corto-
1 comentarios¿Hola?. Ah, Silvana ¿cómo andás?. Bien, si, yo ahí viste…lo que pasa es que todavía no me terminé de mudar. Estoy sentada en la silla nueva sin sacarle el celofán, mirando los canastos. No tengo ganas de desarmar nada, me siento linyera. Sí, sí, dejé mucha ropa en lo de mi hermana, sí. Pero uno guarda puras pavadas. Las cosas del colegio te juro las tiraría, porque ya no veo a nadie, y los que frecuento ya son gente grande, no la de los cuadernos. Ayer revisando la agenda me encontré el teléfono de Leti. ¿Estará aun por Devoto?. ¿Te acordás?. Sí, sí, ¡esa del pelo de alambre!. Uh, mi vieja me dijo que pusiera un ordenador de llaves. Me regaló uno que es un loro de madera que va al lado de la puerta, es horrible, ¡prefiero perder la llave antes de poner eso en la pared!. Ah, hoy conocí a la primera vecina. Le digo “Hola me llamo Renata, soy la nueva vecina del 5 C”…y la tipa me miró de arriba abajo y me dijo “Bueno gracias” y cerró la puerta del ascensor. ¡Arpía, la vieja!. Quiero dejarle mi teléfono a algún vecino y yo saberme un par, por las dudas, viste. Tengo un chino a la vuelta asi que eso me salva. Tintorería no vi, hay dos farmacias, un gimnasio recontra trucho y una verdulería con todos los cajones afuera y casi ninguno adentro. No te invito a casa porque todavía es un desastre. Ni sé dónde envolví las tazas de café, negra. Al final hablé todo yo, perdoname. Beso, chau. Chau. Renata manoteó el primer envoltorio de papel de diario y ahí estaban las tazas de café. No sin emoción fue a probar la cocina y puso la pava. Se hizo el primer café en su nueva casa. Se sentó a saborearlo. Miró los canastos, los bolsos, las paredes blancas. Se acordó que no tenía las cucharitas. Las buscó hasta que sacó una. Revolvió el café y oyó el golpe de la cuchara contra el pocillo. Hizo un gran ruido en la sala aun vacía. Miró a su alrededor. Sintió un escalofrío en el cuello y juntó los hombros, el miedo le daba frio. Y tenía frio y miedo. Las paredes rebotaron el ruido. Bienvenida Renata, a eso de vivir sola. Tranquila.
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