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."Habitante".
1 comentarios sábado, 13 de octubre de 2012Habitaba una tierra que sentía lejana y profunda, con el horizonte alrededor de mis sueños y dudas, tan amplia era mi tierra que no me movía por temor y reverencia. Al final las cosas ocurrían de todas maneras, sólo contemplaba que me sucedieran. A mi horizonte un dia el mar llegó, una línea azul fina y tímida. Con los días se hizo ruido, dejó de ser plana y comenzó a rodearme donde estaba. Volvió mi tierra un círculo mínimo, temí nadar si el agua subía, temi alejarme de dudas conocidas, temí lo nuevo llevándome enseguida sin poder aferrarme al lugar que ya no había. Desde ese dia mi tierra es mar, lejana y profunda en sueños y dudas. Pero mia.
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."Mi espera".
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012Una botella al mar con un mensaje que dice “Dame tiempo”. Una mujer que ve alejarse en las olas su pedido y reza para que llegue. Y yo, en el otro lado del mundo miro el mar extrañándote, caminando en la orilla y oyendo al viento. Se hace de noche, me voy a ir. Y en el mar veo un mensaje. Lloro, escribo y lo devuelvo al agua. Puse “Yo quiero ser tu tiempo”.
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"Sol de calefón" -CC-
1 comentarios jueves, 18 de agosto de 2011
Estaban las dos mirando el mar, de cara al sol del mediodía. De pronto la mamá la mira y pregunta ¿qué sentís que te falta por cumplir, Anita?. Y ella responde “no lo sé, creo que cumplí con todo lo que quiero. ¡Y callate, no me llames Anita! Soy Ana, mamá”.
Era imposible que dejaran de llevarse mal en todo momento, Ana era memoriosa o rencorosa, ya a esa altura le daba lo mismo, la cuestión es que recordaba muy bien su primer enojo con ella. A los 8 años no la dejó ir a la fiesta de cumpleaños de una compañera de colegio porque ambas madres estaban enojadas. Y ese fue el principio de una cadena de rispideces o para mejor decir, de recuerdos encadenados en donde las discusiones con los años fueron cambiando de color y estilo. La mira y se le viene a la mente el casamiento, de lo que padeció la última semana peleando con ella por pavadas.
Varias veces intentó dejar de hablarle pero no podía con la sangre familiar, era más fuerte que ella y volvía. Así fue la relación durante 25 años. Estaban ahora en Mar del Plata. Caminaron por la rambla y bajaron hasta la arena. El sol de agosto es tibio, el mar invita a la reflexión cuando no hace calor y nadie se mete en él. Ana veía bien a su madre, contenta. Un vestido entre gris y blanco, una bufanda de hilo gris a rayas, el pelo algo más largo y sobretodo serena, sin la intención de atacarla.
Se arrepintió enseguida de haberle dicho que se calle y lo quiso remediar poniéndole una mano en el hombro. La mamá en cambio la tomó de la mano y ambas caminaron. Ana no le decía nada pero la situación le parecía extraña, ¿Te acordás cuando ibas y venías del agua pensando que se pondría tibia?. Ana le dice que de chica creía en que el sol era algo así como un gran calefón que calentaba el agua del mar pero siempre estaba fría. Ambas rieron recordando lo mismo.
La madre en un momento se detiene y la mira, se saca la bufanda y quiere atarla en el cuello de Ana. El viento soplaba y lo sencillo parecía complicado pero al final pudo. La miró y le dijo ahora volvete a tu casa porque es tardísimo. “¿Y vos cómo sabés?” . Ana se da vuelta desatándose la bufanda, enojada para variar, la tira en la arena.
Pega un grito. Se despierta. Con un brazo golpea en la cama al marido, que también grita. ¿Qué pasa?, le dice. Ana intenta hacer pie con su mente, cosa difícil a la mañana. “¿Hace cuanto estamos acá?”. Desde que fue lo de tu mamá, hace dos días, le dijo el marido. Ella se pone lo primero que encuentra, se va a la playa, sale sin campera y tiene mucho frio.
Hay viento pero es dia de sol. Va hasta donde habían visto. Mira el mar, le grita y lo insulta, como testigo silencioso que no ayuda. Cuando se da vuelta camina, ve un hilo en el suelo, tira de él, es la bufanda gris a rayas. Le saca con la mano la arena y nota que está tibia.
Como ese mar que soñó que tenía un sol de calefón. Desde ese dia Ana no duerme. Sueña. Que volverán felices, ahí. Juntas.
"Molino de arena" -CC-
1 comentarios jueves, 11 de agosto de 2011
Gastón tenía un balde verde. Dentro algunas cosas infaltables: una palita, un rastrillo y una especie de embudo que cuando pasaba la arena para abajo hacía girar una rueda. Recuerda a su mamá, de chiquito, mirándola desde abajo con esa mezcla de devoción y orden que se cumple cuando a uno lo llevan pero otro decide el ritmo de caminata.
Llegaron a la playa. La mira armar la sombrilla, que le parece una cosa tan incómoda en donde se resguarda de la sombra tan sólo a un bolso. Gastón es feliz con su balde, escucha el ruido del agua, acelera sus pasos.. Hay olor a sal pero no sabe de qué está compuesto el mar, no le interesa. Se acerca a la orilla, la madre está a su lado.
Empieza a sacar arena, la mojada, y con la pala va llenando el balde. Nadie parecía hacer lo mismo aunque estaba lleno de gente. En eso viene la espuma del mar y el agua fría lo asusta. Luego un poco más y su rastrillo se movió. Una tercera correntada se llevó el extraño aparato de la rueda que giraba con arena. Lo vio irse hacia dentro del agua, grita “mamá” y la madre intenta rescatar el objeto pero la ola se retrae y pierde al extraño artefacto de vista.
Gastón comenzó a gritar lo único que sabía decir en emergencias: mamá. Unas diez veces. Miraba el agua y ya no le gustaba tanto. Hasta que una ola trae de vuelta al embudo de arena pero lo deja más lejos de donde él estaba. Había una señora y una nena; corre a buscarlo sin mirar si su mamá lo seguía. Llega y lo quiere levantar pero la chica lo hace primero.
Él la mira y le dice “es mio, nena”. Y nada fue igual. Tenía rulos en un pelo algo largo y vio que bajó la cabeza con mucha vergüenza de haber agarrado algo que no era de ella. Buscó sus ojos agachándose un poco y ambos se miraron. Gastón soltó el objeto, quedó en las manos de ella y se sentaron en la arena. Jugaron mucho tiempo o para Gastón fue mucho tiempo, hoy no recuerda cuántos días y horas.
Entra ahora a la playa con la sombrilla al hombro que tan inútil le parecía; juntos van hacia donde recordaban que fue su primer encuentro. Y dejan jugar a sus hijos en ese mismo lugar. Había llevado el objeto, aun lo tenía luego de tantos años.
Quería sacarse con su esposa una foto. Para contarle a los hijos qué tan lindo es el mar cuando deja lo nuestro a orillas de quien necesitamos.
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