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"Celeste, la grande" -CC-

1 comentarios jueves, 22 de septiembre de 2011


Primavera del 2007. El micro para Sebastián era lo más importante en su vida y si bien los días de clase llevaba grupos civilizados (los de la mañana porque tenían aun sueño, creía), todos los 21 de septiembre eran especiales. Llegó a la puerta del colegio.






Autos en triple fila de los cuatro carriles de la calle, más él, y padres que revisaban a sus hijos en todos los detalles. Miraba la situación sentado y con la puerta abierta del micro, nadie ponía un pie arriba hasta que se diera la orden. Por lista fueron subiendo, excitados, gritando. Tres chicos querían ir en dos asientos y escuchó a la maestra algo enojada, pensó en la docencia y en la paciencia, términos parecidos. Fueron por 9 de julio hasta el Obelisco, siempre hacía un recorrido algo turístico para que no fuera sólo ir a un lugar. Luego de 40 minutos llegaron a Palermo.






Estacionó frente a esa máquina de pochoclos, eterna máquina, con forma de locomotora. Cerca de 30 se bajaron a la vez, el colectivo se movía como en terremoto. Le pareció que cuatro personas eran pocas para tantos chicos pero sabían cómo hacerlo y consiguieron el orden. Una maestra volvió a subir. Había un chico que no bajó, y él ni siquiera lo había notado. La docente se sentó en el asiento de adelante y le habló cinco minutos, luego se levantó y bajó del colectivo a hablar con las demás. Parecía el chico enojado o triste, Sebastián no podía saberlo bien porque no mostraba mucho su cara.






Se acercó de a poco y miró por la ventanilla buscando la aprobación de las maestras, que le dijeron que sí con la cabeza.



Me llamo Sebastián, ¿vos cómo te llamás?.



-“Alexis”.



¿Y qué anda pasando, Alexis?. ¿No querés bajar?.



-“Para qué…si no me habla”.



¿Quién no te habla?.



-“Celeste”.



¿Y qué pasó con Celeste?.



-“No sé, me dejó de hablar, no quiero bajar”.



¿Celeste es una amiguita tuya?.



-“Si”.



Pero por algo no te habla, ¿se pelearon?.



Alexis respiró pausado, con esa desesperanza que por cosas de chicos uno tiene a los 9 o 10 años. “Se enojó, no me dijo por qué”. Sebastián se rascó la cabeza. Bajó, le comentó a las maestras lo que había hablado y fueron a buscar a Celeste, que muy feliz se divertía con el resto. Le explicaron lo que pasaba y ella subió al colectivo con cara de saber cómo resolver la situación. Sebastián se quedó en el asiento del conductor y no quería molestar así que ni se movió. Ella tomó la mano de Alexis y le dijo que lo disculpaba. Juntaron las cuatro manos y Celeste le dio un beso en la mejilla. Ambos bajaron.






La nena había manejado la situación con envidiable adultez, Sebastián quedó schokeado. A la noche entró a internet. Buscador de Facebook: María Laura Sendrone. Una foto que le pareció que era la de ella luego de 35 años. Le escribió cortito a su primera novia: ¿me perdonás?. Tres horas después, la respuesta: “siempre tarde…pero sí”.






Hoy pasaron cuatro años de aquel 21 de septiembre de 2007 y sigue llevando Sebastián chicos a Palermo en su micro. Quiere apurarse hoy, así vuelve con María Laura y la nena. Que sí, se llama Celeste.
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Primer día de clases (texto para perfil de Facebook)

1 comentarios martes, 3 de agosto de 2010

Me desperté ese día con la voz de mi madre al oído, mezcla de orden y cariño: `vamos que hoy empezás´…y la verdad es que tenía tantas ganas de ir como de no ir. El primer día de escuela es una rara mezcla de sentimientos, y el pavor que se tiene puede ser curiosidad o tal vez el temor a lo desconocido.


La ropa nueva aun no adaptada a nosotros es incómoda el primer día, y los útiles son tan flamantes como ajenos hasta que no los usemos. La mochila es nueva y está desinflada, luciendo colores que con los meses poco a poco irá perdiendo. Los zapatos hacen ruido al caminar, el cuero cruje, un poco aprietan, y los pasos acelerados no ayudan mucho a la causa, hay un apuro que los padres tienen por sus hijos en el primer día que hasta parecen disfrutar. Y lo disfrutan, seguramente.


Llegamos a la puerta del colegio y el centro de gravedad está más arriba de nuestra altura. Saludos a personas mucho más altas que nosotros, intentando transmitirnos alegría que quite los miedos. En la entrada un grupo de chicos de mi edad parecen estar en la misma situación: compleja. Los padres se agachan y nos acomodan la ropa de un tirón, para que todo quede derecho. Ratificamos nuestra incomodidad con una mirada pero no hay caso, será así por un tiempo.


Un batallón de estaturas y colores iguales se apuran a pasar por la puerta. Los padres van detrás aunque se quedan abloquelados, mirando, sacando fotos, pensando, llorando, o todo eso junto. Las maestras organizan como pueden las filas, ubicando por altura aunque todos midan mas o menos lo mismo, y con las filas ya hechas se hace un silencio bastante incómodo, que se rompe con algún grito de pedido de orden de alguna maestra.


De chico todo lo que se vive es absorbido, más que vivido. Los recuerdos se impregnan, no se eligen demasiado, ocurren y uno los recibe de la mejor manera, en general con asombro. Suena el himno. La introducción es algo larga y uno ve a los padres de frente y en un rincón, mirando todo con orgullo y atención a la vez.


Comprobamos que el himno aun no lo sabemos todo, uno se queda callado a la espera de la frase que uno sabe. ¡No llega nunca!. Termina y hay un murmullo de inicio de etapa. En el colegio, y dentro de nosotros. Eso, es el primer día.
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