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"Buscar con ojos cerrados" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 22 de septiembre de 2012
Cerró los ojos Lucía para dejarse llevar. A esos lugares en donde se aplica la imaginación sólo sirve concentrarse para lograrlo y esperar a que ocurra de alguna manera. Diez de la mañana de un domingo parecido a cualquiera: aburrido. Puso sus manos en la cama, con las palmas hacia abajo, estiró su cuello y se quedó con los ojos cerrados. Respiró profundo para concentrarse. De lejos una alarma de auto molestaba toda la tarea. De a poco quiso alejarla de su mente, oírla cada vez menos. Lo logró. Por treinta segundos lo único en que pensó y oyó fue su respiración, que lentamente iba siendo más profunda en la inspiración. Hasta que se le cruzó uno de sus problemas por la cabeza. El ejercicio se puso en peligro, era más fuerte que ella. Se resignó sin perder la postura aunque nadie la viera. Comenzó a incomodarse pero también empezó la tarea de alejar su carga, esta vez no quería perder. Abrió los ojos. Habían pasado diez minutos y vio desde su habitación otro mundo. Se acercó a un espejo, se peinó como pudo. Se puso a pensar por qué perdía el tiempo razonando el futuro. Dejó de hacerlo y por primera vez se vio en su casa, viviendo. A los 33 años Lucía, ese domingo aburrido, empezó todo de nuevo.
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."La razón del dia".

0 comentarios sábado, 16 de junio de 2012
Saltando de la cama. Yendo a buscar el domingo el diario. Viajando en subte los lunes, o en el Sarmiento al mismo horario. En la tarjeta SUBE o caminando por Cangallo, bueno ahora se llama Perón, en la casa de importados. En la parada del 23, en esa fila frente al Juzgado que es la oficina de Reincidencias, donde reincido siempre mirando. Cuando cruzo a comprar al chino, cuando de noche hace falta tanto que llego a duras penas antes que cierre el supermercado. En la tele de pocos canales que alguien sin cable mira de a ratos, en la bendita computadora que no cubre afectos lejanos. En la esquina de la avenida donde siempre está el árbol, que tiene forma graciosa y uno se tienta en solitario. Caminar y pensar en nada dejando la mente en blanco, cuando no quiero sea mi angustia el único motor a mano. Como ya lo podés ver en este resúmen del dia, no logro que aparezca cierta imagen definida: tu mirada dando sentido a todo esto que llamo vida.
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"Lo que me sirve" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
El viento golpeaba esas campanitas que sostenidas por un hilo colgaban de la puerta de entrada de mi vecino de enfrente. ¿A quién se le ocurre poner eso, que suena todo el tiempo?. Me despertó, me desveló. Fui a la cocina a oscuras, en esa especie de juego que uno hace con su vista, creyendo que sabe donde está cada cosa sin verla. Se oía el viento fuerte, arremolinado. Me asomé por la ventana y la calle parecía esos desiertos de película yanqui, con los fardos de pasto rodando en medio de la tierra. Se levantó tanto viento que era como una pared amarillenta. Me dio frio. En realidad estaba descalzo. Abrí la heladera desafiando a la patada eléctrica. Tomé un poco de una gaseosa casi sin nada de gas y cerré empujando la puerta con la pierna. Apoyando los dos codos en la mesada tomaba la gaseosa. Y ahí me acordé. Salí corriendo a la puerta, abrí. La maqueta para mi materia de Arquitectura, un modelo de barrio cerrado, la había puesto a secar en el techo del auto. No había nada. En el piso un poco de papel y engrudo de la base. El viento, maldito viento. Tenía unas seis horas para inventar algo. Con los mismos materiales logré algo parecido pero que faltando 40 minutos no lograba que nada quedara pegado en la base. El barrio de la maqueta tenía un cantero central redondo, a donde confluían las calles internas, me faltaba algo mas o menos alto y con alguna forma redonda. Pensé en lo que me desveló. Me crucé y le toqué la puerta al vecino. “¿Quiere una de las campanitas?. Sí, llévelas tranquilo pero me las devuelve”. Yo agradecí. “A mi me gustan porque cuando hay viento avisan, vio”. Aprobé la materia. Y ahora cuando dejo secar algo para luego presentar, no tengo drama. Me compré unas campanitas que cuelgan de la puerta, que son buenísimas.
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