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."Lágrimas".

1 comentarios sábado, 4 de agosto de 2012
No sé qué es: un hilo de agua del deshielo que baja por la montaña, un bravo rio de marea agitada, un margen del lago, que con cadencia deja surcos en la playa. Una cascada perdida entre sierras, escondida para hallarla. La paz del mar color turquesa o ese blanco cuando el viento arrasa. El océano visto desde un puerto, con su agua lejana en calma. No sé qué es eso que pasa si sintiera que de noche ella llora por mi causa. De mi boca no saldrá que lloro pensando amarla, y que lágrimas habrá de los dos en tanto lugar con agua. El deseo es transparente y se ve el fondo. De estas palabras.
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."Corre por las venas".

0 comentarios sábado, 23 de junio de 2012
Dejame tener la culpa de quererte. De confiar, de intentar, de sentir hacer lo suficiente. Dejame probar de qué lado es la orilla a la que me lleva el amor en marea. Con el maldito viento a cuestas y con el hambre de las cosas buenas. Dejame por un dia que seas la felicidad de lo que somos cuando llego a tu mundo y mi mundo de coincidencias. El que no busco y nos encuentra. Dejame que llore cuando un hombre pasa a ser un niño que lo intenta. Dejame tener la culpa de quererte. Y decírtelo en mis venas, donde corre la sangre que sueña. Tuya. Y nuestra.
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."Se está yendo".

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
No dejo de llorar por perderte cuando en realidad nunca te conocí del todo. Sos esa figura que ahora se va alejando y que voy perdiendo de vista. Te vi llegar pero seguiste de largo cuando pedí que te detuvieras. Quería que vieras de cuanto es capaz aquel que promete y se compromete a algo, diciendo lo que termina haciendo. Estoy dejando de amarte. No me diste tiempo, no soy tu tiempo, yo necesito de él y vos no. Elegís mirarte en el espejo más lejano a mi, pararte frente a otros y reflejarte en otros. Lo acepto como el mejor de los caballeros, como el dolido que me toca en suerte para mi mala suerte. No dejo de llorar y eso hace que te termine de perder, mi lamento no es que me dejes. Elevé tu autoestima y tu ego, justo lo que yo ahora con dolor no tengo. Porque sin vos ya no los quiero.
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"Mi recuerdo" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 26 de enero de 2012
Para cada persona nuestra mente guarda una imagen que es la primera que nos aparece cuando los recordamos. Cecilia recordaba a su padre cada vez que la tomaban de la mano. De chica, en un parque de diversiones, no quería subirse a esas insufribles tazas que uno debe sentarse y comienzan a girar bruscamente. Entonces se tapó la cara y el papá tomó una de sus manos y la acarició. Ella lo miró y vio desde abajo algo así como la representación de la seguridad. Confió y subió. Pasaron los años, como 30. Nunca le había contado a su papá esa imagen que le solía venir a la memoria, pero sí se lo contó a su novio actual. No resultó una solución: el muchacho jamás la volvió a tomar de la mano. Temor a las comparaciones y quizás a saber que de ese modo no pensaría sólo en él. “Los hombres son básicos”, pensó Cecilia. Quería cerrar una etapa y poder contarle al padre ese recuerdo. Un almuerzo familiar era una buena ocasión. Fue con su novio (”tan básico”) y esperó algún momento a solas. Lo vio llevar la ensalada a la cocina y ella agarró un vaso y fue tras él. Se rascó la cabeza y trató de ganarle a la timidez. “Papá, quería contarte algo”. Si. “Quería decirte que siempre me acuerdo de vos por algo, por un recuerdo”. Y sí, nos pasa a todos, yo también te recuerdo a vos por una cosa. “¿Sí?. ¿Qué?”. Ni te vas a acordar. Una vez tenías terror a subirte a un juego en el parque que estaba frente a la plaza, y te pusiste a llorar. Yo te agarré la mano y tu mirada con los ojos bien grandes no la olvido nunca”. Cecilia lo abrazó llorando y le dijo que no le contaría su recuerdo porque él ya lo había hecho. Y volvió a mirarlo con esos mismos ojos.
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El engaño del desengaño

1 comentarios lunes, 9 de agosto de 2010

Me siento un poco mal. Y no es lo que comí, que bien podría ser una causa, sino que me pasa eso cuando hay algo que no comprendo bien. Necesito ponerlo en algo parecido a un contexto en donde comprenda qué me pasa o qué le pasa a alguien conmigo como para ver, y verme, solucionando el tema. Pero pasan las horas y no logro descifrarlo.


Las maneras de búsqueda de la tranquilidad se multiplican. Las busco nervioso y ese es ya un problema. Nada generado desde la obtención inmediata de resultado, resulta. Pero terco como soy lo intento igual, hasta que una especie de desánimo invade todo, y asi empieza la semana. Cargando con algo que bien podría arreglar desechándolo.


Todo esto es el contexto de algo que para unos será drama y para otros una pavada. Durante la semana me dejé llevar por la ilusión de algo que al final no ocurrió. Estaba todo dado, los comentarios, el escenario, las circunstancias (mujer y yo), las amistades que aprueban y colaboran no muy disimuladamente. Me cuesta mucho dejarme llevar. Porque la mente me gana en general y le tomo la gracia a razonar todo. Entonces cuando uno es arriado y pasa estar a ritmo de otro, a mi no me resulta placentero. Admiro a quien puede, me parece genial quien lo hace hasta diariamente y con personas diferentes, casi como presentación frente al otro. Pero a mi no me sale. Deben ayudarme, deben comprenderme y no todos tienen por qué hacerlo, de hecho nadie mira al otro sino a si mismo tratando de tener al otro. Me pasará a mi, incluso.


Qué sucede en el otro extremo de la historia. Teniendo el control se puede elegir entre varias opciones, y esa elección como toda elección, deja un ganador y otros vencidos, es la regla. Y justamente me molestan que las reglas las pongan otros. No estoy hablando de amor, por favor. El amor es más poderoso y hace reir y llorar de un segundo al otro. Es maravilloso e intransferible como sensación. Me refiero en lo que digo al tiempo, en cómo me puedo dejar llevar para que finalmente alguien decida no llevarme nada. Son las reglas, lo sé. Y es mucho drama el que me hago como para hacerlo palabras. Es posible.


No sé qué "me llevo". Suena egoísta. Supongo que de mi se llevan ilusión, y el no devolverme en idéntica proporción me vuelve egoísta. Reconozco que es un juego que no sé jugar, y a veces creo que no he nacido para jugarlo. Que mejor, solo. Pero me pasa cada tanto que caigo en el engaño del desengaño. Dos posibilidades hay ahora. O se enfrenta la próxima situación con la mente relajada y despejada de prejuicios, o se evita tener estas situaciones y listo. Son ambas tentadoras. Hoy eligiría la segunda, pero puede ser el frio del invierno el que me vuelve cobarde, no me dejo llevar. No me gusta el desengaño. Este escrito termina con esperanza de solución: al fin y al cabo intento antes que nada, no engañarme a mi mismo. Que quede escrito.


read more “El engaño del desengaño”