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."Valiente".
1 comentarios sábado, 5 de enero de 2013En la cima no hay absolutamente nadie. Sólo viento, paisaje, las montañas parecidas rodeando todo, el sol, las nubes a baja altura, el piso inestable, rocas por todas partes. Nada de verde, nada de flores. Algunos minutos de tiempo, poco aire. Las neuronas se cubren del frio anulando las ganas, que sólo son de quedarse sentado y pasen las ansias. El ejercicio de superación fue el haberlo intentado, no el llegar. No hay recuerdos, hay deseos, el ambiente obliga a desear a los ausentes y los trae a la mente. De pronto abre su campera, El Valiente. Hace frio, pone su mano dentro buscando algo. Lo encuentra y lo deja. Al próximo que llegue a la cima lo espera viento, paisaje, montañas, sol. Y un alma, que dejó el anterior. A quien necesitara.
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"Flores, celestes pasos" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 4 de agosto de 2012
Probó dejar huellas en el camino para que ella las siguiera. No sabía si estaba atrás o adelante de la mujer que lo desvelaba, entonces pudo ver una especie de grieta a cubierto del sol y algún tipo de arbusto con flores celestes. Tomó unas diez, más no había. Siguió caminando y resolvió al rato dejar una en el piso como señal. A prudente cantidad de metros dejó otra. Y asi hasta que le quedó una sola. Miro hacia el cielo y vislumbró la peor noticia para quien quiere ser encontrado en un camino: empezó a llover de manera infernal, descarada. Pudo protegerse debajo de unas ramas, se guardó la flor que le quedaba y lloró un poco, con esas lágrimas que corrían confundidas con agua de lluvia. Daba lo mismo. Se puso los brazos sobre su cabeza para dejar de pensar en ella pero no pudo, y se quedó de pie hasta que amainó la tormenta. Salió de nuevo al camino algo mojado y el alma en pena. Guardó en el bolsillo la flor que le había quedado, estaba perjudicada por el tiempo. La tomó entre sus dedos y la dejó sobre una piedra, soltándola y acariciándola. Durante un rato nada le importó, como si por nada estuviera respirando, tenía la resignación del que no llegó a ningún lado. Se sentó en el suelo y se tomó la cabeza con sus brazos. Una mano tibia le levanta la frente y cree estar soñando. Al ver a aquella mujer con diez flores celestes, incandescentes. Todo esto lo recuerda cuando ambos en el patio miran juntos crecer las flores de su camino. El que ahora de futuro, es presente. El que ya fue encontrado.
."Lección florida".
0 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012Una vez me rechazaron un ramo de flores entero. La mortal sensación de caminar y que todos estuvieran viendo, que las llevaba para abajo con cara de desconsuelo. Llegué enseguida a casa y con papel y todo fueron, a dar las 12 flores con agua a su florero. Pasaron 15 minutos y volví para mirarlas, me parecían aun más tristes y dos o tres marchitadas. Las volví a sacar a la calle, el ramo chorreaba agua. Dije “yo asi las regalo a la primera dama que pasa”. Acertó ser Adelina, la señora del ferretero, que me miró algo extrañada: “esto es por lo que debo”. La vi a Adelina alejarse oliendo las flores del ramo. Sentí tarea cumplida, a alguien le había importado mi ramo de flores rojas, en principio rechazado. Nunca más regalo flores a quien no sabe apreciarlo.
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."Envidia".
0 comentarios jueves, 12 de abril de 2012Un señor lleva en la calle un ramo de rosas frescas que supongo todas serán para alguna que merezca. No puedo negar el hecho que aquello me dé envidia, y que ciertas libertades que el que ama tiene y cuida, yo lamento no tenerlas, aun en plena soltería. Cuando pienso en realidad que alguien tengo en mi camino siento ganas de saber qué tal quedo si me animo. Pero ella vive lejos, mis rosas serían marchitas. La distancia es a las rosas lo que mi corazón a su dicha. Me duele tener que ver con envidia algo rastrera, al tipo del ramo rosa. Del ramo de rosas frescas.
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."Cómo cuesta".
0 comentarios viernes, 6 de abril de 2012Dame una explicación a mi soledad, a tu distancia, al terreno invadido de algunas lágrimas que con dolor riego, a serte fiel, al precio de mi cielo que no alcanzo, que no veo. Al motivo de orgullo de cientos de infiernos. Del tenerte cerca cuando te tengo lejos, el sentir el pecho triste cuando sólo sos recuerdo. Tomarte de la mano como todo acto sincero y pedir que no te vayas, a todos mis dioses huecos. Planto bandera en este terreno. Para poner flores que sean deseo. De cercanía, de gentil caballero, que sólo llora cuando siente miedo. Como hace un rato, como hace tiempo. De no tenerte nunca, para tenerte de nuevo.
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."Me acaricia".
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012Ojalá lo hubieran visto. Era un gran cerro tapizado de pequeñas flores blancas, mezcladas con las matas verdes del suelo, en perfecto desorden cultivado por el destino. Parecía haber una huella para no pisar nada de esa especie de cuadro pintado del que uno era protagonista. Fui mirando a mi alrededor y las flores eran como un colchón formando una sola superficie, de un lado y del otro de mi. En la cima del cerro el sol me encandiló y miré hacia un costado. Y había, entre todas, una Flor. Especial. Luminosa. Rebelde. Sensible. Dolida. Deseable. Generosa. Hermosamente terca. Inocente. Presente. Y la vi para que me viera. En aquel cerro tapizado de pequeñas flores blancas ella vio a alguien en un camino, a alguien que la quiere por sobre todas. Me eligió, no la elegí. Y soy desde ahí, también ella en ese cerro. Ojalá lo hubieran visto.
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"Lo mucho que me temo" -Cuento Corto- CC
1 comentarios viernes, 26 de agosto de 2011
Mariana salía del vivero con un ficus envuelto para regalo. Como siempre ocurría cuando se hacía para ella misma un presente, no se lo decía al vendedor y entonces dejaba que envolvieran con moño lo que una vez al mes compraba. Salió con la planta tapándole un poco la visión y fue hacia su derecha casi de memoria.
Pueyrredón no la deja en paz con tanto ruido, se para en la esquina y espera el semáforo, que ahora tiene en ese lugar una especie de sirena que acompaña al caminante mientras cruza. Siempre creía que alguien podía estar observándola, pero intuía que hasta para los ladrones ella era aburrida. A sus amigas le gustaba escucharles decir que era una chica sin suerte, y a sus amigas mentirle siempre del mismo modo ya les incomodaba. Mariana sabía de sus culpas y se había vuelto tan miedosa de ser herida que se cerró al mundo.
Todo ocurría mientras a ella no le ocurría nada. Quiso ser feliz con alguien y como no resultó parece haber dejado la felicidad en ese dia y hora. No volvió a buscar de entre la tristeza lo rescatable, como una vez le dijo su psicólogo. Nunca le hizo caso y es posible que de ella el hombre se haya olvidado luego de la cuarta sesión a la que no fue.
Intentó olvidarlo a Leandro: se fue de viaje, cambió de casa y de barrio, un poco el vestuario y el número de teléfono. ¡A ver si todavía algún día intentaba convencerla de volver!. Y el cambio de número fue lo primero que lamentó, era la posibilidad de seguir soñando con que alguna vez la llamara. Se compró una computadora aunque la odiaba.
Le hizo creer a todos que era porque se sentía moderna pero no engañaba a nadie, era para poder ubicarlo en internet. Apenas tuvo banda ancha lo buscó en las redes sociales, temió encontrarlo casado y abrazado con otra en alguna foto. Hubiera sido el mejor escenario para no sentir culpa. Pero no tenía ningún dato. Se sintió doblemente desdichada: no encontraba a quien buscaba, ni sentía que la buscaban para encontrarla.
Pasó otro mes y fue al vivero, esta vez a comprar alguna planta de colores lindos que soportara el balcón de su casa y el smog de Caballito. Vio una de color violeta, la giró y un poco de agua cayó por debajo y le manchó el pantalón. Se pasó la mano para secarse y se acordó. Compró la planta, la dejó en su casa, salió rápido para su viejo barrio.
Volvió a Boedo. Recordó que ambos se conocieron en el mismo lavadero de ropa, ella se había manchado con tinta un pantalón claro. Descontaba que se habría mudado pero algo intuía, su corazón latía como a los 15 años. En la esquina había un bar y se sentó en diagonal a la entrada del local, veía todo. Un café lo hizo durar unas cinco horas.
Era tarde y se tenía que ir, mitad por vergüenza propia. Fue al baño. Leandro entró al lavadero para dejar su ropa. Salió a los tres minutos.
Vio en la esquina un taxi que se iba, creyó que era Mariana. Si era, le hubiera dicho que aun la extraña. Que la llamaría, pero seguro cambió el teléfono porque nadie responde. Que odia la computadora tanto como ella, que teme encontrarla con otro.
Que la ama. Pero que tiene miedo de no ser entendido. Y que su casa parece un vivero lleno de flores de colores, como a ella le gustaban.
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