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."Mis principios y finales".

1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012
En un camino ascendente suelo retroceder. Como ocurre con las cosas que no se quieren hacer o tardan en venir cuando ya es tarde después. Quien espera en una esquina al amor de su vida no sabe que ella hace lo mismo. Por otro, en otro lado. Tengo piezas sueltas que no encajan pero son todas mias. Dudas, amores, esperas. Vieja mochila cargando sueños transformados dia a dia, para quererlos mejor y aceptarme sin desdicha cuando uno va con el viento, o en contra de él camina. Ahora hay que empezar de nuevo. Con los mismos zapatos que renuevo en anhelos, con la misma figura que devuelve el espejo. Con la misma Fe del puño cerrado y dentro el aliento. Para buscar lo que no he tenido. Para dejar lo que ya está hecho.
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."Se está yendo".

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
No dejo de llorar por perderte cuando en realidad nunca te conocí del todo. Sos esa figura que ahora se va alejando y que voy perdiendo de vista. Te vi llegar pero seguiste de largo cuando pedí que te detuvieras. Quería que vieras de cuanto es capaz aquel que promete y se compromete a algo, diciendo lo que termina haciendo. Estoy dejando de amarte. No me diste tiempo, no soy tu tiempo, yo necesito de él y vos no. Elegís mirarte en el espejo más lejano a mi, pararte frente a otros y reflejarte en otros. Lo acepto como el mejor de los caballeros, como el dolido que me toca en suerte para mi mala suerte. No dejo de llorar y eso hace que te termine de perder, mi lamento no es que me dejes. Elevé tu autoestima y tu ego, justo lo que yo ahora con dolor no tengo. Porque sin vos ya no los quiero.
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"Se deja ver" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 26 de enero de 2012
Raimundo Gisto. Cordobés. Buen contador de chistes, excelente cebador de mate. Casado, dos hijas y una cifra indeterminada de amigos. Elogiado asador y motivador permanente de momentos lindos. Desde hacía dos años en silencio soportaba algo. En realidad primero fue una compañía y luego una pesada carga. Todas las mañanas Raimundo salía rumbo a la agencia de motos de donde era socio. Paraba su auto en el semáforo y con los dedos seguía el ritmo de la música en el volante, lentamente. Y siempre le ocurría lo mismo: dejaba de ver la calle y pasaba a tener una imagen de un blanco muy luminoso. Distinguía en el fondo una figura. Era una mujer que al parecer miraba por una ventana. De pronto de ahí surgía un viento fuerte, y las cortinas se movían al mismo ritmo que los largos cabellos de esa mujer. La imagen se iba y volvía a la realidad de su auto y el semáforo. Asi fueron los dos últimos años de lunes a viernes, siempre en el mismo lugar. Se lo contó primero al Chino, su amigo de la infancia. El Chino lo miró y pensó que era una broma pero los ojos de Raimundo no decían eso. Le dijo que quizás era algo que vio en la televisión y le quedó en la cabeza. La Liebre, el segundo amigo en saberlo, fue un poco más preciso: “Deberías acercarte a la mujer en esa imagen, a ver quién es”. Raimundo tomó nota pero cuando ocurría parecía que la cosa era que él fuera espectador, y no podía salir de eso. Un día se lo contó a la esposa. La Gladis era imprevisible. Podía entenderlo o decirle de todo. Se sentaron y él le relató lo que veía. Ella le preguntó si la estaba engañando con alguien y él juró que no. “Bueno, yo no creo en los fantasmas, asi que te voy a acompañar en auto y listo”. Al otro dia Gladis y Raimundo estaban en el auto, se acercan al lugar y al semáforo. Raimundo le dice que es ahí. Ella mira a los costados y atrás. Lo mira a Raimundo que cierra los ojos, como en trance. Lo toca para despertarlo y el auto se acelera. Él vuelve en sí e intenta frenar pero atropella a una mujer en la vereda. Se baja a los gritos pero la mujer no tiene heridas y fue un accidente con suerte, la ayuda a levantarse, le da sus datos por las dudas. A los 15 dias le llega una citación de un Juez: la mujer le iniciaba juicio por “daño moral”. Sabía que sin gente en su favor iba a perder. Los abogados se juntaron y comenzaron a negociar el monto. Dos días después el abogado llama a Raimundo y le dice que se presentó una testigo, vecina de la cuadra, que hablaría a su favor. Raimundo entra a la oficina del estudio y ve a una mujer de espaldas mirando por la ventana. En eso el viento mueve su pelo largo, y las cortinas le siguen el ritmo. Qué extraño castigo celestial. Algunos ven a la suerte antes de necesitarla.
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"Rescate"-Prosa

1 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Suelo ver mi propia imagen
con un cierto inspirador silencio.
Provocado, provocante.
Es un arma que suele apuntarme,
que da terror en la mano
y ternura a la distancia.
Dentro de la imagen la figura
quiere dejar de ser contorno.
Cree que es humedad, cree que es
el centro y la atención.
Pero la veo de afuera y hay que avisarle
que sólo es parte de la niebla húmeda.
Que salga de ahí.
Intento acercarme.
Mi figura no tiene cara y sin embargo
me da la espalda.
Me acerco. ¿Qué tiene de mi
ese contorno?.
No siento nada mio, figura y fondo
es la misma humedad
que hasta en sus ojos siento.
Me doy una última chance,
estiro mi mano para ayudarme
y alguien me toca.
Quiero entender y doy un paso atrás.
La imagen desaparece dentro de mi,
vuelvo a buscarla en el
inspirador silencio,
La encuentro en la humedad.
Dándome la espalda, sin cara.
En el paso atrás, lentamente.
Para alejarme de mi.
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