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."Cómo cuesta".

0 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
Dame una explicación a mi soledad, a tu distancia, al terreno invadido de algunas lágrimas que con dolor riego, a serte fiel, al precio de mi cielo que no alcanzo, que no veo. Al motivo de orgullo de cientos de infiernos. Del tenerte cerca cuando te tengo lejos, el sentir el pecho triste cuando sólo sos recuerdo. Tomarte de la mano como todo acto sincero y pedir que no te vayas, a todos mis dioses huecos. Planto bandera en este terreno. Para poner flores que sean deseo. De cercanía, de gentil caballero, que sólo llora cuando siente miedo. Como hace un rato, como hace tiempo. De no tenerte nunca, para tenerte de nuevo.
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"La luna de Ludmila" -Cuento corto-

1 comentarios miércoles, 22 de febrero de 2012
Le dijo a su papá que podía prender y apagar la luna a distancia. El padre la miró para seguirle el juego y fueron hasta el medio del patio de la casa. A los cinco años no había que romper la creencia de Ludmila asi que la siguió. Ella miró hacia arriba e hizo un chasquido con los dedos. Luego otro. Y otro. Empezó a hacerlo más rápidamente pero no había resultados. “Ayer te juro que me salía, papá”, le dijo a modo de disculpa. El dia anterior había estado nublado a la noche. Quiso el papá no hacerla sentir mal y le dijo que lo mirara tapar la luna con un dedo, que él lo podía hacer. Se sentaron en el pasto y ella se puso a un costado de él. Cuando el papá tapó desde su posición la luna con el dedo gordo, hizo que Ludmila se pusiera en su posición, para ver que era real. Ella gritó una especie de alarido de sorpresa. “¿Cómo hiciste?”, le preguntó. Hubiera sido más práctico decirle sobre lo que es la perspectiva pero prefirió una explicación más acorde: le dijo que ella heredaba “poderes” de él, por ejemplo hacer desaparecer la luna o taparla con un dedo, pero que no se lo tenía que decir a nadie. Ludmila era muy obediente y por más que al otro dia quiso comentarlo se frenó dos o tres veces, se guardó el secreto que nadie conocía por años. Hoy, ya una madre, Ludmila le dice lo mismo a sus hijos chicos, mientras mira al cielo para que su papá haga un chasquido con los dedos. Y la ilumine.
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"Lo que me une a vos" -Cuento corto de tres actos-

1 comentarios jueves, 29 de septiembre de 2011


Situación uno: Mariana tiene pocas ganas de manejar un domingo tan lindo de sol y calor pero no puede escaparle al destino. Ir a la casa de los suegros es una consecuencia del destino que ha elegido, hay una resignación en su propio silencio mientras el auto va en soledad por la avenida. Siempre se resistió a las reuniones familiares, había estudiado psicología y conocía bien lo del chivo expiatorio que a veces se da en las familias numerosas.



Ella se sentía así, la que todos reinterpretaban en lo más mínimo que dijera. Y para criticarla, obviamente. Faltan tres cuadras para llegar a lo de sus suegros y baja la velocidad, el barrio le parece gris, no hay lugar para estacionar y da dos vueltas hasta que consigue uno. Deja el auto y camina rumbo a la esquina de la casa.






Situación dos: Cristian está feliz en su auto. Cualquier excusa es buena para usarlo, es nuevo y quiere probarlo hasta para ir a comprar el pan a dos cuadras. Su plan de ese día incluye visitar a sus padres a la casa, él sabe que lo hace una sola vez al mes aunque le reclaman que se olvidó de ellos y le trabajan la culpa con bastante éxito porque así se siente: culpable. Antes viviendo con sus padres dejaba en manos de ellos cosas que ahora él, con orgullo, las hace por sí mismo. Deseaba que no se pongan pesados hablando de los tres temas intocables un domingo: política, religión y dinero. Iba mentalizado en dejar pasar indirectas, además desde que se casó siente que le toleran un poco más sus impulsos, sus arranques verbales cuando algo le molesta. El auto lo deja enfrente de un kiosco. Se compra caramelos y mientras elige uno y le saca el papel, camina rumbo a la casa.






Situación tres: Mariana y Cristian están casados desde hace tres años. Y separados desde hace dos meses. Sin embargo se ven todos los días. Es extraño que una decisión no tenga esa fuerza que necesita para ser a la vez una buena explicación, ambos sienten que la separación no es respuesta a lo que les pasa. Por eso se siguen viendo y para los padres de Cristian todo sigue igual. Van a entrar a la casa como si hubieran llegado juntos. Se esperan en la esquina, se ven y se saludan. Mariana quiere tomarlo de la mano en la entrada y él con un gesto le aleja no muy disimuladamente su mano. Se saludan. Cristian a sus padres, Mariana a sus suegros.






Otro día explicarán qué es lo que les pasa. Si es que consiguen saberlo primero.
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