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"Quiero que me abrace" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 30 de junio de 2012
Pasaron 15 minutos. Ya ninguno de los dos sabe quién en realidad tenía la razón. Porque la misma razón, cansada de indirectas y reproches, se fue a dormir antes que nosotros. Es la primera vez que te miro a los ojos y no tenés la razón, el motivo. Es extraño, me siento desnudo frente a un espejo de esos de circo, que deforman lo que veo. En realidad veo mejor. Y detrás del ideal hay motivos. Y una mujer que agitada por la discusión me mira pidiendo tregua. Mi corazón es de ella asi que sabe que le haré caso, la miré y nos abrazamos. La alejé y la vi mejor. Es hermosa cuando no tiene razón. Se lo dije, nos reímos. Nos callamos. Tomamos café revolviendo con la misma cuchara, compartimos el azúcar. La razón se asomó un poco por la puerta, nos vio abrazados y siguió durmiendo. Sospecho que en el amor la razón es cosa compartida. Terminado el café el espejo devolvió la imagen de uno. Que somos dos.
."Confesión del alma".
1 comentarios miércoles, 18 de abril de 2012Vaya confesión que me hizo el alma anoche: quería que la escuchara, arrancó con un reproche. Me dijo que ya no era el que solía pedirle favores. El que iba presumido sin pensar en sus cuestiones, confiando sólo en ella y sin mi mente en nubarrones. Luego contó el caso de alguien que estaba perdiendo sus fuerzas en la lucha, por lograr algo concreto. Señaló que lo veía perdido en medio del sueño de querer ser otra cosa y ni siquiera es otro nuevo. Le pregunté de quién hablaba y el alma me miró fiero: “hablo de vos, de tu vida. ¿Acaso no es concreto esperar de los demás hagan todo por tu sueño?. Hacelo vos, de una vez. Tu alma banca tu deseo”.
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."Cuando quieras".
0 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012Me dijiste que buscara tu amor, empecé por una estación de tren. Te reís, sos mi Angel de tiempo completo y a la vez no te tengo. Ahora estoy en la calle. Florida. ¿Acá hay amor?. Te busco en las esquinas, te sigo escuchando reir desde mi corazón habitado por tu alegría. Me das una pista: no busques donde hay gente. Me voy a una plaza. Me siento y miro los árboles, la brisa del verano mezclada con otoño. Escucho una voz de mujer pero sólo me pregunta la hora. Camino con las manos en los bolsillos, cierro mi campera. Me voy a mi casa y me acuesto con los ojos abiertos. Veo agua correr, en realidad la oigo, no sé de donde viene. Un viento arremolinado con algunas montañas, una sensación de árida soledad. Te vuelvo a escuchar, más cerca. Te reís y me nombrás. Estoy acá, me encontraste, me dijiste llorando. Y puse las dos manos sobre mi corazón habitado por vos.
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."El miedo".
0 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012Maldita sensación de agobio, un golpe bajo a la memoria que paraliza. Cuando hay miedo todo se vuelve acción en la mente mientras los músculos, tensos, se quedan petrificados. Aparece la independencia, una extraña sensación de libertad, hija del poco sentido común que nos queda cuando el miedo ve terreno y arrasa. Uno deja de ser quien es, uno actúa por instinto, uno se vuelve expeditivo porque no tiene calma. Se vuelve presente a la fuerza, pero un presente sin noción de serlo y sin disfrutarlo. No se escucha nada, no se siente nada y lo que se hace se olvida. Es como actuar sin memoria repitiendo condenadamente cada palabra escrita. La angustia se va sin que se lo pidan, el miedo permanece disfrazado de precaución. La puerta queda deliberadamente abierta para dos. Y angustia y miedo vienen. Cuando no quiero visitas.
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."Me avivé, amor".
1 comentarios miércoles, 29 de febrero de 2012Yo te amo. No es novedad para nadie y todos se dan cuenta. El que ama no escucha, siente. Y el portero, y mi vecino, y el verdulero, y el colectivero, y mis amigos, mi familia, y la sinrazón de gente que dice conocerme cuando yo no los conozco a ellos. Y los anónimos, y los que contemplan en silencio, los que sólo leen mi vida y los que sólo me oyen. Y los histéricos, y la histeria general. Mis dolores, viejos. Y los nuevos. Y el dia que se pasa rápido, y los fines de semana sin saber de vos. Y la agonía de la primera vez, y el amor por cuidar esa primera vez. Y los sueños que no querían romperse, caídos al piso. Y el cuerpo, que se negaba a moverse con el corazón latiendo el doble. Todos. Todos me avisaron. Pero el que ama no escucha, siente. Y no me amabas, nomás.
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"Lo que hacemos" -Cuento corto-
1 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012Se levantó. Cerró la puerta del baño. Cerró la canilla, cerró el dentífrico. Cerró luego el envase de café, cerró el pote de queso crema y el de azúcar en la alacena. Cerró el placard en la parte de las camisas. Cerró la llave de paso, cerró la ventana del comedor. Cerró la puerta de entrada, la del ascensor y la de la salida del edificio. Cerró su billetera vacía a mediados de mes y cerró la puerta del taxi. Cerró el celular luego de leer un mensaje. Cerró la puerta del pasillo de su oficina, que debería ser corrediza. Cerró de nuevo su billetera para un café de la máquina. El Windows se colgó y cerró para volver a abrir. Cerró la caja de ganchitos de la abrochadora, que después nadie tiene. Se tomó la cabeza a media mañana para despejarse. Cerró su lapicera Parker y miró por la ventana. Resopló cerrando los ojos. Vino Adriana y lo trajo a la realidad. “Tenés que cerrar el balance, dale”. Cerró el chat que lo distrae, la página de internet de chimentos también. Cerró el balance con pérdidas mas o menos dibujadas. Cerró la puerta del jefe. Se sentó y lo escuchó, necesitaba de él asi que mejor cerrar el balance. Se dieron la mano, cerraron ahí trato. Al mediodía en el pulmón del edificio cerró la bandejita de plástico con el celofán, no quería comer más. Cerró el balance a la tarde. Su jefe lo dice a viva voz con falsa felicidad. Aplauso cerrado. A las cinco cerró la computadora y volvió a cerrar su billetera en el taxi. Llegó a su casa. Abrió la puerta. Miró sin suerte por la ventana cerrada la luz de la tarde. Mañana, juró, empezará por su bien a abrir todo.
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."Persiste".
1 comentariosSos un latido, sos persistente y vital. El centro del sol que ofrece amparo a los solitarios, agua y sombra a los que cometen como yo la locura de acercarme. En tu universo existe el octavo dia. Lo creaste para que te adore, una especie de misa eterna sin iglesia. Tengo sed y escucho que latís para que me guíe, mi razón está detrás de tus deseos. La escondiste de mi para que te busque. Pero me doy cuenta, amor. No la tenés. Llegué acá siguiendo tus latidos dentro mio. Persistentes y vitales.
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"El paso" -cuento corto-
1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012Andrea estaba a punto de cerrar trato. La casa le había gustado pero no se lo quiso decir ahí mismo al vendedor y esperó hasta el otro dia para comentárselo por teléfono. Por primera vez la mujer nacida y criada en departamento pasaba a tener su porción de terreno verde, suyo. Una especie de derecho que se daba para sí luego de tantos años. El boleto se firmaría el miércoles y pidió pasar por la casa el martes. Le dieron las llaves y entró para mirarla a solas. Salió luego al frente, tomó aire y el sol le pegaba en la cara, todo parecía una publicidad de crema para manos. Perfecto. Salió tras cruzar la reja y una vecina se acercó. “Me llamo Norma”. Qué tal, Norma. Soy Andrea y en la semana ya me empiezo a mudar, soy su nueva vecina. “Buena noticia, me ponía nerviosa que esta casa estuviera vacía, sobretodo por los ruidos a la noche”. ¿Qué ruidos?. Norma siguió sus reflexiones sin escucharla. “Este barrio es tranquilo, te va a gustar. No sé si tenés familia, acá son todos casados y con hijos grandes. La de enfrente se llama Margarita y tiene tres hijos de dos matrimonios distintos, ahora tiene un novio que la pasa a buscar en un auto impresionante. La de allá se llama Emilse. Una española jubilada, no se da con nadie y saca la basura rápido para no saludar, es desagradable. Del lado de la esquina está la casa de rejas marrones, es de Ramón. Separado, dos hijos grandes, uno vive con él. Anduvo sin trabajo muchos años, era empleado de ENTEL. Los hijos lo ayudaron y ahora rompe las cosas de la casa para luego arreglarlas, eso me lo contó la panadera. En esta mano del otro lado viven un matrimonio y un hermano de ella. Hacen fiestas bastante seguido, hasta de madrugada. Yo creo que juegan, juegan a las cartas. A veces vienen matrimonios con autos y se quedan horas, creo que juegan por dinero. La vecina de mi lado se llama Beatriz. Es mi amiga. La familia ni la viene a ver, no la llaman por teléfono, nada. Cuando se pone a llorar me llama y voy, está muy sola, quedó viuda de joven y nunca más tuvo pareja. Y yo…bueno yo soy soltera. Tengo tres perros y dos gatos, hacen un poco de ruido pero todos acá están acostumbrados. Le abro al jardinero, al que me trae la soda y al del almacén. A nadie más. ¡Por suerte te mudás a un barrio donde no pasa nada!”. Al otro día Andrea estaba mirando por la ventana que daba al pulmón de su departamento. Dudando. Mucho. En un departamento uno puede ser anónimo, en un barrio eso es más difícil. Llamó a la inmobiliaria, pidió tiempo. Volvió a ver la casa, habló con la vecina. Le preguntó qué eran los ruidos a la noche de los que le había hablado. “Nada, seguro que vos no creés en esas cosas, sos joven”. Esa tarde Andrea se quedó en su departamento tomando mate con sus propios fantasmas. Y por ahora, no se mudó.
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"Final" -Prosa-
1 comentarios jueves, 1 de diciembre de 2011La temperatura separa a la razón
de ella misma, la deja quieta en medio
de contrastes, de dichos tenues y deshechos.
Razono cuando no hay más tiempo, pido a nadie ser oído.
Y más solo estoy escuchándome hablar
en medio del calor, calor que en la piel es sensatez
para escucharme recitar una tenue sensación de paz.
Allá los motivos me señalan, buscan colores que guardo,
colores que cambian.
Que son de ella y que destiño en los mios.
Y sensible ante lo que nada es, busco conciencia.
Razones detrás de prisiones, de rejas horizontales
que piso al salir con fuerza.
Y enfrente, lo que enfrento.
Sin tenacidad, sin razón y mi color, color de miedo.
Hasta que dejo de oírme y el sonido es quien escucha.
Que no vuelve, que se queda en ella.
No regresa ni yo regreso.
Apuro mis deseos en vilo,
quiero ser yo sin dejar de ser
mis silencios tenues.
El calor vuelve y yo aparezco
Desde dentro de mi.
Para ser eso.
Esto. Ese. El que no esperaba.
El que es.
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de ella misma, la deja quieta en medio
de contrastes, de dichos tenues y deshechos.
Razono cuando no hay más tiempo, pido a nadie ser oído.
Y más solo estoy escuchándome hablar
en medio del calor, calor que en la piel es sensatez
para escucharme recitar una tenue sensación de paz.
Allá los motivos me señalan, buscan colores que guardo,
colores que cambian.
Que son de ella y que destiño en los mios.
Y sensible ante lo que nada es, busco conciencia.
Razones detrás de prisiones, de rejas horizontales
que piso al salir con fuerza.
Y enfrente, lo que enfrento.
Sin tenacidad, sin razón y mi color, color de miedo.
Hasta que dejo de oírme y el sonido es quien escucha.
Que no vuelve, que se queda en ella.
No regresa ni yo regreso.
Apuro mis deseos en vilo,
quiero ser yo sin dejar de ser
mis silencios tenues.
El calor vuelve y yo aparezco
Desde dentro de mi.
Para ser eso.
Esto. Ese. El que no esperaba.
El que es.
Bienvenidos al tren
3 comentarios martes, 10 de agosto de 2010
Hace un mes, en los primeros días de julio de 2010, el legislador Fernando “Pino” Solanas estaba en el hall central de la estación Once, justo cuando yo iba a tomar el tren. El grupo sería de unas 200 personas más los medios de comunicación, y me puse a grabarlo más por curiosidad de estar cerca de un político, que por lo que estaba diciendo. Respondía preguntas de los periodistas sobre el estado de los trenes en la Argentina, con el diagnóstico que cualquiera que toma ese transporte tiene: lamentable.
Había en el lugar un clima de querer que los trenes “fueran como antes”, en donde eran estatales, daban trabajo a muchas familias y eran motor de pueblos, que iban al ritmo del tren que llegaba, como única chance de contacto con el afuera. Y la verdad es que por una cuestión de edad ni siquiera fui testigo de esos momentos, porque fueron hace ya demasiado tiempo.
Igual ese clima que conté, nostálgico si se quiere, también yo lo tenía. Era nomás como dice el tema de Sabina: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Y en este caso perfectamente se veía eso. Me puse a pensar cuándo fue alguna vez en que yo haya dicho con orgullo algo sobre el servicio, la línea ferroviaria que haya tomado…y no existe ese momento.
Si, el respeto y cariño al transporte. Al que quise desde que volví del hospital una vez nacido, en tren. Por cariño se soporta, y soporta. Y no hablo de un matrimonio, sino de lo mal que se ha viajado durante décadas, y uno va ya tomándolo como parte de la normalidad. Es un claro recurso de defensa. Cuando era chico miraba la cara de la gente y me parecían, todos, que no estaban pensando en que estaban viajando, que no eran conscientes de eso. Y cuando uno ya es grande se obtiene la respuesta: ¿de qué serviría darme cuenta de la forma y el tiempo perdido todos los días de la misma manera?. La rutina permite el disfrute, pero sólo cuando soy consciente de eso.
La maldad evidentemente me recorre el cuerpo cada tanto, y sentí que debía preguntar con saña. Le dije “qué barbaridad lo que hacen con los trenes” como para iniciar una más que breve charla.
El muchacho estaba enfervorizado y aplaudía todo. Cuando uno de los aplausos se hizo presente, yo le dije “la verdad es que en todas las líneas se viaja mal, ¿no?...porque…¿cuántas líneas de trenes hay?”…el chico empezó a abrir y cerrar la mano, contando con la mente cuántas líneas hay, y me terminó diciendo que había cuatro, no muy seguro. Yo lo miré con cierta superioridad pero la maldad no me dio como para enrostrarle semejante dato…tan…simple. Debía el muchacho saberlo, si defiende a los trenes. Pero tampoco yo me sé las 200 y pico de estaciones en todo el país, con lo que no soy un erudito ni mucho menos.
La idea se me iba completando. No sólo añoramos algo que no hemos podido ver, sino que defendemos lo que conocemos bastante poco. Vaya combo. Me alejé de la manifestación y me fui hasta la expendedora a sacar el boleto. Me rebotó tres veces la moneda de 25 centavos. En la otra máquina hay dos chicos de unos siete años, que sacan por uno el boleto una vez que cae en la parte inferior de la máquina y exigen a veces de no muy buen modo, que el vuelto que dio la máquina uno se los deje. Pero como pagaba justo, directamente ellos piden lo que sea. Los conozco de verlos cuando aun eran más chicos que ahora.
Me fui hasta la boletería para poder sacar pasaje desde ahí. Pero como estaba frente a la marcha en medio del hall, todas las ventanillas estaban cerradas. Imaginé burlar los controles como muchos hacen, por más sistema que se implemente. Encontré una expendedora y cumplir con mi deber, pagar el boleto.
Esperan no los trenes nuevos, sino alguna de las 16 o 17 formaciones aun viejas. Pero ya dije, me acostumbré. Uno se acostumbra a ciertas cosas. El tren de la alegría que sale de Plaza Colón en Mar del Plata a veces me parece más seguro que estas formaciones, y eso incluye a Pluto como motorman. Arranca de una vez, y vuelvo a no pensar en nada.
Bienvenidos al tren.
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