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."Desde donde te miro".

1 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
A veces creo que no quiero escapar. Porque me quedo mirando lo que me hace mal como quien no se termina de despedir de un familiar en la estación: no me voy nunca. Y entonces creo que lo que miro es solución, deseo que lo sea, me empeño, como lejano pariente de la terquedad. Y encuentro soluciones para mi como consuelo, que repito a quienes ya no quieren oírlas. Deseo cambiar todo lo que hago para no cambiar. Y persigo un sueño, un deseo hecho persona, luego de tanto. Y cuando lo alcance quizás me quede paralizado, mirando. Ese es mi miedo. Hijo del cansancio, de cierto agobio, de mis temores de ser feliz, de lo que la necesito. Si supiera, si se diera cuenta se lo digo: a veces creo que no quiero escaparme de mi mismo.
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."Despreocupate".

1 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012
Me siento bien, quedate tranquila. Creí que cierta luz de la tarde me iba a quemar los sentimientos, a sacarlos sin mi permiso y hacerlos eternidad, ilusión lejana. Pero la vida es milagrosamente eficaz, porque con amor o sin amor respiramos. Yo no encuentro el motivo pero el presente sí y me intenta ayudar. Me resisto a abandonar aquello, todo, el deseo en tus cinco dedos apretando mi historia, pero me dejé antes que me dejaras. Y aun así me siento bien. Quedate tranquila.
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"Ella" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 9 de enero de 2012
Me desperté cuando la claridad molestaba mis ojos, esa claridad de persiana mal cerrada. Sentado en la cama la miré a ella. Aun dormía y estaba tapada, de costado. Intentaba fijar la vista en su respiración. Se notaba por sobre la sábana, inspiraba muchísimo más aire que yo. Me pareció hermosa haciendo eso y acerqué la mano a su hombro. Se lo acaricié y me puse en contacto con ese ritmo de respiración, transmitía tranquilidad. Pasé las yemas de los dedos como quien consuela, pero era un gesto de cariño. Me levanté, preparé el desayuno. Nunca encuentro lo que todos los días uso, es increíble. Las tostadas tardan y me apoyo con la espalda contra la mesada, miro la cocina. Tan llena de cosas, todas en perfecto desorden arriba de la heladera. ¿Le llevo las tostadas a la cama?. Y sí, tanto esperé frente a la tostadora que hace falta que las vea enseguida. Encuentro las flores que me regaló de apoya vasos, de paso quedo bien. La bandeja está algo rajada, el trámite es con cuidado. Sin mirar otra cosa que la bandeja empecé a caminar rumbo a la cama. Llegué y no había nadie. Digo “¡Ey!” y apoyo la bandeja rota en el colchón. Miro a la puerta del baño y no estaba. Voy al pasillo, el comedor. Nada. Miro la ventana, entreabierta y con la cortina moviéndose. Me acerco, el sol terminó de despertarme y entonces bajo la vista. En la cama el desayuno para ella y las flores de apoya vasos. Otra vez el ángel se fue por la mañana en cuanto se despertó. Otra vez no quiso dejar de ser ella y acompañarme a ser humano. Como cuando respira todos los dias. Y me inspira.
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"Rescate"-Prosa

1 comentarios miércoles, 14 de diciembre de 2011
Suelo ver mi propia imagen
con un cierto inspirador silencio.
Provocado, provocante.
Es un arma que suele apuntarme,
que da terror en la mano
y ternura a la distancia.
Dentro de la imagen la figura
quiere dejar de ser contorno.
Cree que es humedad, cree que es
el centro y la atención.
Pero la veo de afuera y hay que avisarle
que sólo es parte de la niebla húmeda.
Que salga de ahí.
Intento acercarme.
Mi figura no tiene cara y sin embargo
me da la espalda.
Me acerco. ¿Qué tiene de mi
ese contorno?.
No siento nada mio, figura y fondo
es la misma humedad
que hasta en sus ojos siento.
Me doy una última chance,
estiro mi mano para ayudarme
y alguien me toca.
Quiero entender y doy un paso atrás.
La imagen desaparece dentro de mi,
vuelvo a buscarla en el
inspirador silencio,
La encuentro en la humedad.
Dándome la espalda, sin cara.
En el paso atrás, lentamente.
Para alejarme de mi.
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El último día de Ordoñez (parte cinco)

1 comentarios jueves, 23 de septiembre de 2010

Nada mejor que buen café a la mañana para Ordoñez. Elegía hacerlo él para no tomar el de la máquina, y se iba a un pequeño cuarto que tenía una hornalla en donde calentaba el agua. Todas las mañanas batía con la cucharita el café en polvo y ese ruido particular también le servía para despertarse del todo, aunque ya estuviera vestido y lejos de su cama. En tiempo de descuento por su jubilación a fin de año estaba dispuesto hasta de disfrutar tan mecánica acción diaria.


Era temprano y había quedado en reunirse con dos personas. Marcela, la chica que le había mandado el mail con los detalles de las acciones de Gutiérrez (las que todos sabían que estaban mal pero nadie hacía nada) y con Franco, el empleado nuevo de otro sector y que fue sin quererlo testigo de ciertas maniobras para cobrar trámites que no se deberían.


La oficina vacía a media hora del comienzo de la actividad era bastante deprimente. Sólo se oía el ruido de la cuchara revolviendo el café en la taza y en eso Marcela aparece y lo saluda. De nuevo Ordoñez siente que es con ese afecto propio del que lo hace con quien se va, que es tan incómodo como respetuoso a la vez. Se quedan ambos hablando de cosas de momento y la pava avisó que el agua estaba en punto así que entró al pequeño cuarto y terminó de armar su café. Llega Franco también y los tres están en ese lugar, aunque ellos dos viendo cómo termina la obra del café hecho líquido. Se sientan alrededor de una mesa de la oficina que es rectangular y color crema como casi todas y Ordoñez pone una hoja en blanco para apoyar el café. Les dice “hola de nuevo” y los tres sonríen sabiendo que algo a escondidas van a hacer y suena a maldad como cuando uno es chico y disfruta de algo planeado.


Franco es el menos enterado y en cinco minutos Marcela le cuenta el contenido del mail que le había escrito a Ordoñez y entonces todos quedan con la misma información. “Yo no puedo hacer nada solo, esto lo tienen que saber. Presentarme con una denuncia ante las autoridades implica que necesite testigos y pruebas, si no es posible que la ligue yo, y acá saben que eso es una mancha que no sale ¡y hay varios manchados ya!”, aclaró Ordoñez.


Se refería a quienes tuvieron también indignación en su momento ante los hechos que para todos eran claros, los cobros por trámites, pero al no ser probados la carga se invierte y pasan a ser señalados y hasta mal vistos. En un ámbito pequeño como una oficina, ser mal visto es poco menos que la muerte. Por eso Ordoñez realmente pedía la ayuda de ellos dos, para lo que había que ponerle el cuerpo a la situación, además de apoyar la sospecha. Los otros dos dijeron que sí y que no tuviera dudas de eso. Marcela por cansancio de tanto tiempo de injusticia vista sin poder reaccionar y hacer algo, y Franco porque ya estaba jugado: él había conocido a quien pagaba por un trámite como si fuera parte de la normalidad.


No había plan creado, faltaban pocos minutos para que el resto de la gente llegara y las palabras sobraban, así que la idea era actuar. Marcela tenía contacto con la encargada de hacer reunir a proveedores de la empresa, y con ese listado podría saber en los momentos que vendrían quienes eran parte de la maniobra ya habitual y quienes no. Las versiones hablaban claramente de una persona y a esa fue a donde se apuntó como para dejarlo al descubierto. Franco relató la sensación de miedo que genera tanto Gutiérrez como el proveedor y que acusarlos directamente implicaba que cuando supieran de donde venía la denuncia temiera represalias.


Se llegó a una conclusión: lo que se debía denunciar era además del nombre y apellido de los involucrados, la maniobra en sí. Con una sola prueba que generara sospechas, todas las anteriores serían revisadas. Pensarlo así era una apuesta pero Ordoñez no tenía más que tiempo de descuento en la oficina y encontró gente con ganas de ayudarlo, ellos perdían más que él si no salía bien.


Marcela pidió a su amiga el listado de proveedores. Encontró a quien era el más sospechado, aquel que franquito vio alguna vez, y esperó el día en que apareciera.


Se le había ocurrido algo que comentó luego por mail a sus dos “cómplices” en esto, y le dijeron que era una buena idea. Como le resultaría imposible estar presente en la reunión entre Gutiérrez y el proveedor y grabarlo sería peligroso, resolvió que podía ser ella misma una especie de anzuelo. La maniobra era sencilla: cuando el hombre estuviera relativamente cerca de la oficina ella lo “atajaría” para explicarle que Gutiérrez no lo podría atender, y que lo que debía dejarle a él se lo diera a ella, porque ya estaba “informada”.


Llegado el día Marcela estaba muy nerviosa porque ella sí tendría un grabador para que todo quedara registrado. Se le ocurrió que el del celular, que nunca usaba, podría ser porque llevándolo en la mano no generaría sospechas. La clave era hacerle decir sin que resultara forzado que el dinero entregado a ella era para Gutiérrez, y formaba parte de lo “mensual” que el hombre llevaba. Cuando apareció ya era mediodía, y Marcela tenía hambre y cierto miedo, las dos cosas juntas.


Lo vio acercarse a la puerta de la oficina y ella acomodó su pollera hacia abajo y se arregló el cuello de la camisa celeste. Respiró hondo, igual a cuando alguien se mete en una pileta de agua fría, evitando la sensación. Miró los pasos de él y esperó hasta un punto medio del pasillo, en donde salió a su encuentro. La grabadora ya estaba prendida y la luz del celular apagada para que no lo notara. Debía ser rápido y a la vez claro el diálogo, Gutiérrez mismo podía salir de la oficina y era el fin del plan.


Apenas la miró el hombre quiso seguir pero ella lo detuvo, gentil. “El señor Gutiérrez no puede ahora atenderlo…¿quiere dejarle algo dicho?”.

Miró Marcela hacia el maletín del hombre como invitándolo a dejar “eso” de siempre, pero ese gesto no sale en una grabación de audio, no alcanzaba. El hombre la miró a los ojos buscando reconocerla y Marcela tembló, creyó ser descubierta.


El hombre se disponía a hablar. ¡Ya sabremos de qué!.
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La canción de la semana!!: "Volver a empezar"

1 comentarios sábado, 14 de noviembre de 2009

El tema sin dudas es fuente de inspiración, pero llevarlo a las palabras es lo más difícil. Porque uno analiza desde dentro y no a partir de una lejania, es totalmente subjetivo. Y porque lo veo en cuanto ámbito se intente congeniar criterios. Un sólo tema que pueda ser en común basta para el despliegue incómodo de la realidad, el rechazo, el enfrentamiento.


La siguiente descripción pueden aplicarla a los grandes temas nacionales, y hasta en una reunión de consorcio, o en las elecciones de una sociedad de fomento, da igual.

No hablo de política internacional, no hablo del conflicto de los empleados de la ex Terrabusi, no hablo siquiera de la modificación de leyes esenciales para los ciudadanos. Hablo de una reunión de ex alumnos de un colegio primario. El re-encuentro, o en tal caso el "neo"-encuentro de aquellos que eran y ya no son, en un punto.

Desconozco el mecanismo, o en tal caso no sé cómo explicarlo. Pero la decisión de saber qué fue de la vida de aquellos que algún momento de la vida compartieron con uno es primero fragmentada y luego grupal.

Esto es, primero surge de la curiosidad de una persona, que contagia a otra y asi la idea de "volver" se expande. Pero la vida no es tan lineal como una linda teoria escrita. Y expandir una idea en este momento (del año y del país) choca con cientos de cuestiones.

Repito...veo esto en cualquier ámbito que involucre a más de cinco personas. El recuerdo en la mente de cada uno es traer delante lo que ya habia quedado sepultado por la vida, los momentos, los años, que son las personas. Los recuerdos no hablan por teléfono, no chatean, no hablan delante de otros. Son nuestros. Pero cuando esto del contagio inicia la rueda, surgen qué tan lejos o cerca están.

Mi abuela Juana solía decir que no se pueden acomodar diez medias en once pies. Los nuevos recuerdos, hechos personas, se acomodan a una vida ya hecha, la del otro, como pueden. Algunos generan este espacio y otros no, se niegan. Y es perfectamente entendible. Forma parte de cierta tranquilidad que mejor no perder. Por eso la idea de contagio algunos la pueden tomar como sinónimo de virus y se alejan (no van a la reunión...de colegio...de consorcio...de la sociedad de fomento). La idea se torna debate, somos asi. Se opina, se discute, se idealiza, se deforma la realidad a como querriamos verla.

Cuando finalmente se llega a la puesta en común, diría el profesor de una materia escolar, a veces es tarde.Los primeros impulsores de la idea se han ido, se han cansado, se han olvidado. Llegado el dia, los presentes recuerdan a los ausentes, y los ausentes necesariamente querrian estar presentes, sino fuera por ellos mismos, que se lo impiden. Queda el disfrutar, no todo es malo.

La reunión de consorcio, la elección en una sociedad de fomento, la reunión de ex alumnos, tienen un costado positivo. Lo que finalmente resulte es el fruto del esfuerzo en conseguirlo.

A pesar en general, de nosotros mismos.

Los dejo, me esperan mis compañeros del primario.






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