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"Renglones sin tiempo" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 25 de agosto de 2012
Raúl se sentó y abrió con delicadeza el papel que adentro de la caja venía perfectamente doblado. Y dijo en voz alta: “Molibdeno 0,1 mg.  Fenilcetonúricos: contiene Fenilalanina. Cobre 0,4 mg. Manganeso 0,5. Fósforo 50,0 mg. Disolver un comprimido en un vaso de agua y conservar a temperatura inferior a los 25 grados. Proteger de la humedad. Mantenga este medicamento fuera del alcance de los niños. Expendio bajo receta. Autorizado por el Ministerio de Salud de la Nación”. Dejó Raúl el papel arriba de la mesa y se tomó la cara con ambas manos. Comenzó a llorar, como un niño que ya no era. Por primera vez hizo lo que nunca había podido: saber qué cosa realmente estaba tomando. Miró el envase con esos aires de quien acaba de ganar una épica batalla, y lo era. Lo dejó en un costado. Saludó a los hijos rápido porque se le hacía tarde, caminó tres cuadras y tomó el colectivo. Ya en la nocturna, la maestra vio a un alumno con ojos de haber leído. Invitó a Raúl a pasar y con miedo leyó en voz alta la lección. Terminó, todos aplaudieron. Por escuchar a quien hace meses empezó todo de nuevo, sabiendo lo que es leer. Hasta su propio medicamento. Y le hizo efecto.
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"El amor de cualquier plaza" (cuento corto-CC-)

1 comentarios martes, 26 de julio de 2011


Sentado, el hombre se puso a mirar una hoja que se iba moviendo con el viento. Chocó contra el banco de la plaza y caprichosamente no se movió más. El frio lo trajo de nuevo a su presente. ¿Le había dicho ella, el amor, algún horario en concreto?. Tenías ciertas esperanzas, cierta en fe en miradas que cruzó en momentos del día que, sentía, ella también necesitaba.



Y ahora estaba ahí, esperándola. Pero no había nadie y el frio es como la soledad: duele mucho más sin testigos. De pronto, enderezó sus anteojos. Era ella. Tapado largo, botas al tono, cartera debajo del brazo, mirada al piso. ¡La imagen parecía la de una marca de ropa!. El viento movía su pelo corto. Pasó y él hizo un ademán. Ella dijo "¿vos qué hacés acá?" y siguió caminando sin esperar respuesta.



El hombre se puso de pie y la miró irse. Comprendió que antes de esperar por alguien, ese alguien debe saberlo. "Mañana le digo algo" pensó con la seguridad de no ser oído en su promesa de amor. Mañana, quizás, no haga tanto frio...
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