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"No sé quién es" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 14 de enero de 2012Juan se lo preguntó por primera vez a su mamá cuando tenía 10 años: “¿Por qué nos acordamos de los sueños apenas nos levantamos y después nos olvidamos?”. La madre lo miró y le acarició la cara, señal de que no tenía ni idea. Se fue en silencio y dejó al chico con sus dudas intactas. Una mañana notó que ese sueño que acababa de tener ya lo había soñado. Fue hasta el mueble y sacó lápiz y papel. Dibujó rápido por miedo a olvidarse, arriba de la cama con la hoja puesta de costado. Hizo una línea en la parte superior, como un horizonte. Luego árboles altos y bajos que él veía moverse y oía también. Un cielo con algunas nubes, pero había sol. Finalmente quería recordar dónde estaba él en el sueño, desde donde miraba todo. Pero se olvidó y se quedó sentado en la cama con su dibujo hecho a las apuradas y desilusionado. La madre interpretó que quizás a Juan le interesaría aprender a dibujar. Lo anotó en una escuela para niños. Aprendió técnicas, mejoró los trazos a las ideas que le surgían, empezó a querer dibujar todas las mañanas algo. Juntó unos 20 dibujos y se los llevó al docente. Mientras esperaba a que terminara de mirarlos, se puso a observar el trabajo de otros chicos ese dia. Hasta que se quedó fijo frente a un caballete. Lo que veía era tal cual su dibujo. Cielo, sol, árboles, mar. Exactamente reproducido. Y un perfil en un costado observando todo. El cuadro era de una chica llamada Micaela. Le preguntó cuándo se le ocurrió y le dijo que era algo que siempre soñaba, pero que en realidad ella quería hacer otro cuadro. Juan le acercó el último que había hecho hacía dos días. Micaela se quedó asombrada: era la figura del hombre con un sombrero y un paraguas, mirando una calle, tal como lo había soñado. Quedaron ambos en un imposible: soñar los dos esa noche lo mismo. Se fueron a dormir temprano. Se llamaron por teléfono antes, se desearon buenas noches, se durmieron contentos. Lo creyeron posible. Al siguiente miércoles cada uno llevó su dibujo: eran dos mitades exactas de un mismo corazón.
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"Barco al mar" -Cuento Corto-
1 comentarios jueves, 11 de agosto de 2011
¿Por qué le gustan los barcos?, preguntó el psicólogo. Andrés dijo que no lo sabía. Que de chico asociaba una idea de libertad en el hecho de navegar pero que aun así no alcanzaba a conformarlo su propia respuesta, porque de grande aun tiene esa idea. No lo sabe.
El médico le dijo que quizás tenía que ver con alguna carencia que derivó en cierto encierro. Y la necesidad de querer salir de eso estaba representada desde su infancia en un barco. Se fue del consultorio sin creerle al psicólogo, sin creer lo que él mismo sentía y con todas las ideas revueltas, escarbadas y algo doloridas.
Llegó a la esquina de Talcahuano para cruzar en diagonal Plaza Lavalle. Casi las siete de la tarde y esa zona se vuelve silenciosa, descansando de la gente. Un hombre está sentado de espaldas a él, contra una reja, de donde cuelgan cartulinas de colores. O eso creyó ver. Mientras avanzaba quería saber qué cosa hacía pero parecía trabajar en algo pequeño, ya que todo el cuerpo cubría lo que tenía entre manos.
Curioso, Andrés directamente se detuvo. Y era un hombre pintando con lápices apenas visibles, una imagen en un cuadrado parecido a un azulejo. El hombre le dijo que lo estaba esperando. Que dibujaría lo que Andrés necesitaba sin ningún dato personal, salvo responder tres preguntas. Aceptó el desafío.
La primera pregunta fue a quién extrañaba más que haya conocido poco. Dijo a su padre. El hombre dibujó una cruz. La segunda pregunta fue en qué cosa se levantaba pensando que nunca terminaba haciendo. Y le dijo que jugar con sus hijos. Dibujó líneas que hicieron de la cruz un triángulo. Y la tercera pregunta fue qué le impedía tener tiempo para solucionar las dos primeras. Andrés dijo: que nadie me lo viva preguntando.
El hombre terminó de dibujar el mar en su cuadrito de azulejo y se lo mostró.
"Es tu barco, Andrés. Es hora de subirte a él", le susurró.
Andrés lo miró y de firma decía DIOS.
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