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"En la arena esperando" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 26 de octubre de 2012
Seguía en la playa esperando. Lo llenaron de recomendaciones. Algunos le dijeron que debía buscar con anteojos de gran aumento, una lupa de ser posible. Otros querían hacerlo razonar para que mire desde más lejos y descubrirlas entre tantas. La realidad es que no había receta asi que emprendió la tarea lo mejor que pudo. Se levantaba bien temprano y recorría la costa bordeando el mar. Cierta espuma traída por el viento le impedía fijarse bien, y debía apurar el paso cuando veía que el mar atacaba la costa. Si tocaban días nublados los aprovechaba y los de lluvia lo angustiaban. Cuando ocurría eso salía luego a mirar fijamente, caminaba más lento y se tomaba 24 horas. Nadie lo sabía pero él también buscaba de noche, contra todo pronóstico. Nadie busca algo sin luz y de noche. Hasta que ocurrió que mirando el reflejo de la luna en el agua vio esa especie de hilo blanco en el mar dibujado, que visto con entusiasmo parecía ser un indicio. Vio en la arena dos huellas que salían desde el agua. Las siguió hasta que amaneció, y cansado se sentó. Echó su espalda hacia atrás y se quedó dormido. Lo despertó al rato una mujer que le extendió la mano. Estaba un poco dormido pero le resultó raro que, caminando, veía claramente que cuando ella pisaba la arena no dejaba huellas. Como los ángeles. Como el que estaba esperando.
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."Buscando con ojos cerrados".

0 comentarios viernes, 20 de julio de 2012
Barrio de ojos cerrados. Librería. Carnicería. Lavandería, con mi saco colgando que veo hace días. Panadería, despensa, el kiosco de la esquina. El teatro dentro del galpón, la iglesia y el corralón. Una sospechosa cerrajería. La casa de lotería con la señora que tiene la fija. Una farmacia a dos cuadras, pegada a la peluquería, enfrente adonde el portero mira más de lo que limpia. Esa casa de regalos nada baratos. El kiosco que vende los caramelos ácidos. Un delivery de pizzas, el taller mecánico, la pinturería. La inmobiliaria al lado de la remisería. Pregunté y nadie tiene lo que yo busco: la voz de amor dentro del corazón. Que haga de  tu mundo, mi mundo. O una puerta sin candados para mudarme a ese lugar donde te sigo soñando. En mi barrio de ojos cerrados.
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."Las letras leídas".

1 comentarios sábado, 23 de junio de 2012
Las palabras leídas duermen siesta, heridas. Las cuido desde hace unos días, cuando se enteraron la noticia impactante: la destinataria a quienes iban dirigidas repasa con sus ojos los textos que le dan vida. Las palabras se pusieron tan alegres que entraron en la locura de querer ser leídas. Una quiso ser mejor, la otra quiso ser mejor entendida. Unos cuantos renglones se pusieron en fila, y se acomodaron las palabras para que quede mejor a la vista. Mientras seguí escribiendo, sigo haciendo palabras leídas, sigo deseando el cielo de sus ojos. Que en sus días mejora los peores textos, y afirma que con amor, hay vida. Ella me lee. Mis letras curan sus heridas.
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."Angustias".

0 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012
Estoy dejando de ser yo para sólo ser vos. Cierto humo inspirador de musa y única razón completan a un solitario repleto de imperfección. Que ves todos los días cuando ya no soy yo, e intento parecerme sin éxito con amor. Soñaría ser otra cosa, otra cosa al corazón que no sean las razones de tu aire en su color. Tengo por ciertas dos manos que de mias ya son tuyas, dos ilusiones felices y la utopía de seguras, aquellas hermosas palabras que suelo llorar con angustia. Ojalá que no me pierda cuando dentro de tu alma si ella quiere algún dia, me deje probar habitarla.
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."Los guantes".

1 comentarios sábado, 12 de mayo de 2012
Gorrito pasamontaña, nunca supe de quién era, me picaba esa lana verde y lo arremangaba para afuera. Mi vieja para vestirme no se planteaba combinación. Calzoncillo largo naranja, pantalón gris de ocasión: descubrí ya con los años que no había otra elección. Me encajaba una camiseta, parecía musculosa, luego arriba la camisa, celeste y congeladora. Encima venía un pullover, de esos chalecos sin mangas y por último el blazer, con dos botones que no cerraban. Esa especie de Robocop salía por la mañana, en días como el de hoy con frio desde su casa. De aquel, me quedaron los guantes, el resto cambió bastante. Recuerdos de mi colegio, recuerdo de caminantes. Mi vieja y yo por las veredas. Todo eso, son estos guantes.
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"Musa inspiradora" -Cuento corto-

2 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
Junté todos los textos que eran dedicados. Los uní a mi destino, que fue la idea cuando pasaron de la mente a la tinta. Ahí hay sueños, posibilidades, realidades frustrantes, deseos, mucho amor. Muchas preguntas, que caen de maduras y sin respuestas. Dejé los textos arriba de una mesa, ordenados por fecha. Quería sorprenderla y entonces los puse envueltos en una seda transparente, que casi no tuve que atar, de tan suave. Dejé abierta mi ventana en pleno otoño y la puerta cerrada para que el viento no lo haga después. Apagué la luz y me acosté mirando hacia la mesa. Pasaron tres horas y me dormí, pensándola como todos los días. Lo sé de buena fuente: en medio de la noche las cortinas se movieron y no era el viento. Ella entró y me miró, como un herido de amor cansado, entregado. Fue a la mesa y con dos dedos desató la seda, que dejó ver todos mis textos dedicados. Ella los tomó y los apretó fuerte en su pecho, como quien recibe un regalo del alma y para el alma. Se acercó para verme, respiró conmigo y me dio un beso de sueño. En sueños. Y me despertó. Vi alguien que se iba, vi mi mesa vacía. Sentí pero no la vi. Mi musa inspiradora se fue diciéndome que vuelve. Que desde mi corazón siempre vuelve a buscar más textos dedicados.
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."Olas de amor".

1 comentarios
Sé que reacciono como un chico cuando deseo con vos un futuro a lo grande. A veces me esfuerzo en demostrarte cosas que no sentís porque no las transmito, empujado por mi desaliento y temor a equivocarme una y otra vez. Suelo pedirte lo que no genero, en este ida y vuelta entre la razón imposible y dos corazones que lo quisieran posible. Apenas conozco mis miedos, que me gobiernan, y deseo ser parte de los tuyos. Pero cuando hay amor no se puede separar nada, no se puede pensar, hay una especie de Mar calmo en superficie y marea revuelta debajo, que me acerca y me aleja de todos tus días. Hace rato que ya no puedo pedirte nada. Me mirás pelear contra las olas, a veces te siento soplando con piedad para que sean Mar de calma. Y llegar con mi deseo a ese futuro grande. Como un chico.
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"Arena" -Cuento corto-

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
Todos los días Andrés cuando se levantaba iba hasta el cuartito, buscaba el escobillón y la pala de plástico y barría su habitación frenéticamente. Debajo de la cama, en aquel rincón cerca de la lámpara, bajo la ventana, detrás del televisor. Juntaba mucha arena y terminaba poniendo todo en una bolsa que cuando salía, dejaba colgada en su canasto de residuos. Lo hacía tan mecánicamente que ya era como desayunar: infaltable. Una vez, un día, recuerda que no lo hizo. Miró por la ventana abierta de su cuarto y vio al sol tan rojo que se asustó. De noche el sol se hizo luna. Miró el piso y estaba limpio, sin arena. Comprendió que era un eclipse. Pero salvo esa vez, Andrés no se recuerda no limpiando de arena su cuarto. Se viste mientras por la ventana el viento en forma de brisa comienza a llenar de arena fina otra vez todo. Cierra y termina de arreglarse. Se pone el saco, se mira al espejo, se acomoda la camisa, se ve de perfil. Llega a la puerta y se da vuelta para comprobar que la llave de gas está cerrada en la cocina. Siempre lo está. Apaga la luz, sale. Tiene que bajar la vista ante tanta claridad, con dificultad cierra la puerta. De frente a la vereda se pone sus anteojos negros para no insolarse. Y sale a trabajar, como todos los días, desde el desierto en el que vive. Su desierto.
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."Mi lugar es ahí".

0 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012
Escucho a los enamorados decir “Nos fuimos a vivir juntos”. En mi caso hace unos días ya convivo con mi amor: decidí irme a vivir dentro de su corazón. Así ahorramos lugar en este mundo tan lleno de gente. Estoy en un sitio de lujo, apoyado en sus latidos como en una hermosa almohada, donde el piso es de flores rosas, espejos que reflejan risas, un cielo azul en donde no hay tiempos. Y una habitación blanca donde descansan a la noche nuestras almas felices. Convivimos y ya somos uno. Ojalá, Dios, nunca me vaya de esta casa.
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