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."Lejana desidia".

1 comentarios viernes, 26 de octubre de 2012
La última vez que te vi no tenías frio. Ni estabas nerviosa, ni corrías impaciente a tu destino. Ni caías presurosa en los daños subjetivos que encierran miedos, nuestros miedos tuyos y mios. Ni lucías agitada estando quieta, ni frágil en la carrera, ni dudando de quien has sido. La última vez que te vi se hizo el dia mirando de costado la vida. Cuando caminabas y yo te seguía con cadencia, con esperanza presumida. En medio de todo descubrí el alimento que no satisface. El que deja sin hambre ni sed a quien te seguía. Volví a ser yo. La desidia ya no es mia.
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"Ella es la única (vez)" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 30 de junio de 2012
Por la noche el hombre sale a caminar. Se acuesta a dormir pero en un par de horas ya está en alguna calle oscura, caminando ligero, solo. Los faroles iluminan siempre adonde no ve ni le interesa, parecen puestos para estar donde nadie necesita. Nunca hace más de tres cuadras, enseguida regresa a su casa hasta que pasó lo que le pasó. En la parte de la vereda donde el farol no iluminaba vio una imagen que creyó femenina. No dijo nada porque iba adelante, le pasó de verla bastantes días. La única habitante de esa calle además de él a esa hora le causaba curiosidad. Un dia aceleró la marcha y se acercó. Faltaba una cuadra para cumplir con las tres de rutina, era martes. Se puso a la par. Una mujer bien parecida lo miró de reojo pero no le habló. Al otro dia se la cruzó nuevamente en la noche. Le preguntó si se conocían, algo le decía que si pero no lo sabía. Ella le dijo que no. Quiso saber las causas de tanta seguridad. “Porque esto es un sueño. Me ves sin aun encontrarme”. Volvió corriendo a su casa. En algunas horas se hizo de mañana. Se levantó y recordó la calle transitada. Fue hasta ahí. Los faroles no iluminaban. Desde ese dia la espera. A la que en sueños ya conoce pero de la que aun no sabe nada. Sólo la vio una vez, aquella noche soñada.
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."El afuera de las personas".

0 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012
Sueño confiado en la línea que dibuja el horizonte, que hace que el sol se esconda, que hace del dia la noche. Sospecho debe tener como toda creación del cielo la magia de no saber cómo funciona el misterio. No hablo de geografía, no hablo de eclipse certero, no son fechas ni estrellas, no son planetas enteros. Siempre que todas las tardes veo al sol cayendo en pleno, sobre mares que ilumina pienso aquello tan cierto, de ser hombres en la tierra pero seres tan pequeños, que ni valemos la pena. Miremos lo que tenemos.
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"A la misma hora" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 12 de mayo de 2012
Quedaron en mirar todos los días a las nueve y media de la noche la luna al mismo tiempo. A la izquierda estaban Las tres Marías y mas o menos por el medio había que concentrarse, uno en el otro. Casi como los chicos, repetían cada cual en su lugar esa tarea dia a dia. Era la forma de acortar distancias, de creer alguna utópica solución, soñarse cerca y verdaderos. Se llamaban por teléfono para recordar hacerlo. Pero el tiempo es como el agua a la piedra: no la destruye pero la desgasta. Y con los meses se llamaban dos veces a la semana, y luego una. Y luego cada 30 dias. Cada uno hizo su vida sin mirar al cielo a esa hora. Pasaron años, modas y formas. Una noche ella jugaba con sus hijos y miró hacia arriba. Y vio la luna, llena y clara. Todo lo que pudo hasta que se le llenaron los ojos de lágrimas. Corrió a buscar su agenda amarilla de hojas amarillas. Buscó un número de teléfono, le faltaban el 4 y el 6, suponía. Marcó y llamó. Sonó tres veces y contestaron. Era él. Eran las nueve y media de la noche. Al lado de Las tres Marías la seguía esperando.
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"Señora Paciencia" -Cuento corto-

1 comentarios jueves, 12 de abril de 2012
El Hombre Nervioso estaba idem. Prendió su cuarto cigarrillo en media hora y miraba el reloj impaciente, faltaba menos de un minuto para la hora pactada y ya creía que llegaría tarde la otra parte. Sentía que estaba perdiendo el tiempo pudiendo hacer otras cosas, que sus otros compromisos se iban a atrasar, que debería después andar dando explicaciones cuando en realidad él estuvo en punto y la otra parte no. Volvió a mirar el reloj y todo este pensamiento le consumió el minuto que faltaba. Miró hacia el lado de la puerta pero no vio a nadie. Sobre el filo del primer minuto de impuntualidad, apareció ella. La Mujer Paciente no se disculpó por ninguna tardanza, llegó en punto. Calmándolo le dijo que no se preocupara por los demás, que debía aprender a confiar. Le vio el bolso al Hombre Nervioso y le dijo “Bueno…vamos. Conmigo no fumes más, eh”, y le tiró el cigarrillo que tenía el Hombre en la boca. Enamorado, el Hombre Nervioso se dejó llevar desde ese día por la Mujer Paciente. Ella lo invitó a su casa para convivir. No supe más de ellos. Bueno, sí. Un día lo vi en la calle al Hombre llevando, Pacientemente, a la hija de ambos de la mano. Se lo veía bien. Tranquilo. Paciente.
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."Mi estrella".

0 comentarios viernes, 6 de abril de 2012
Allá está. ¿La ves?. No es cualquier estrella, brilla diferente. Tiene más amor que las otras, que titilan de bronca al saberse solas. Tiene espacio, siempre estuvo vacía sin esperar a nadie, salvo al tiempo. Tiene color blanco incluso durante el dia, cuando el sol la ilumina de costado y ambos compiten por quién derrocha más energía. Tiene un sendero en medio, para dividirnos perfectamente el Reino. Tiene flores de tu lado, y de mi lado árboles y nuestros sueños, en un jardín que sigue hasta donde miremos. Tiene la chance del retorno, las puertas abiertas, la no obligación del acto de amar. Del respeto a tu ser. Tiene eso que te gusta y nos gusta. Tiene todo. Tiene mi amor. Y con un sí, te tendrá feliz. Allá está. ¿La ves?. Sos vos.
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."Allá estás, nena".

1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012
El horizonte es una línea infinita cuando me pongo a mirar y pensarte en ella. Lugar donde el cielo y cierto mar incierto dicen que se juntan. Pero quisiera alguna vez dejar de mirarlo para sólo tenerte cerca y te lo voy a confesar, total no nos escucha nadie: una vez intenté llegar al final de la línea del horizonte. No lo hice nadando, ni con un barco, ni con un avión. Hará tres semanas intenté llegar empujado por mi alma hacia la tuya. Y grande fue la sorpresa: en el agua estabas reflejada, imitando a la luna en su belleza. Me fui con mi alma sin hacer ruido. Cerca de la línea infinita que sé, ahora es tuya en mi horizonte.
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."Qué pasaría".

1 comentarios
Hagamos un juego: no nos digamos que nos vamos a soltar de nuestros deseos, a ver quién suelta a quien, pero sólo como un juego. Lo harás vos porque sos la poderosa, la que late en mi alma teniendo mi corazón de testigo, que mira asombrado su latido como en un espejo. No sé qué pasaría si me soltaras. No lo intentes, separaste mis latidos de lo que en la mano tuya ahora es un corazón entregado, nunca tientes a la fortuna sin retorno, a la esperanza de sólo tener tu mano y tu cuidado. Envidio a mi corazón, que todo el dia está con vos admirándote, y me pone celoso. Envidio a mi alma, dispersa, mirándote a los ojos. Hagamos de esto un juego. Donde me dejo, enamorado y feliz, ganar.
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."Tu cartel".

1 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012
Un dia alguien me dijo que le prestara atención a la gente en la calle. Que me podría dar cuenta de cómo cada uno arrastra lo que le pesa. Sus miedos, sus temas no resueltos. Ayer esperaba en el semáforo y del lado de enfrente un chico ponía en el piso un gran bolso. Cuando todos avanzamos, él fue pateando el bolso con mucha dificultad, no lo podía tomar con los brazos. Me quedé mirándolo y el bolso tenía un cartel que decía RESPONSABILIDADES. Luego, a las tres cuadras, vi a una mujer que se ponía sobre su espalda una mochila verde, y ella se iba para atrás del peso que llevaba. En uno de los bolsillos de la mochila decía SOBERBIA. Cuando terminaba de caminar por Florida, me detuve en un local de ropa. En el reflejo del vidrio me vi encorvado. Y arriba de mi cabeza un cartel que decía AMOR. Pero era un cartel de la vidriera, nomás. ¿No?. No.
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"La razón para querer" -CC-

1 comentarios jueves, 18 de agosto de 2011


Hoy puedo, dijo Nora. Se levantó y arregló para salir rumbo a la oficina, miró la heladera, se tentó con abrirla y no desayunó las galletas de arroz del régimen que como le definió una amiga es masticar aire, pero que se ve.






Hoy puedo, dijo Nora. Se propuso saludar al chofer del colectivo cuando ella subiera, ya que la miraba esperando el gesto y Nora nunca lo hacía. Llegó el 23 y se subió. Miró al colectivero y le dijo “1,25”. Cuando ponía las monedas en la máquina recordó que tenía que decirle buen dia pero ya era tarde. Se fue para el fondo algo arrepentida.






Hoy puedo, dijo Nora. Detestaba de su oficina a Cintia, siempre tan agrandada, soberbia, no la soportaba. Se juró no caer en ninguna indirecta de las que solía oírle. Cuando la vio venir levantó la mirada para saludarla. Cintia se inclinó y le dijo “Hola…qué lindos zapatos. La tercera vez en la semana que te ponés los mismos, me di cuenta”. Y Nora la odió. Le iba a decir algo pero se fue rápido. Se miró culposa los zapatos.






Hoy puedo, dijo Nora. Tenía los caramelos para dejar de fumar, el envase intacto. Abrió el cajón de su mesa y miró el paquete. Estaba al lado de las banditas elásticas, la calculadora, los pañuelos descartables. Lo iba a abrir. Suena el teléfono, le piden que lleve papeles a otra sección. Camina y pasa por el pulmón del edificio. Ve a alguien y pide un cigarrillo, fuma.






Hoy puedo, dijo Nora. Se pintó para gustarle, pero las horas se notan en la cara y va al baño para arreglarse. Va a pasar por donde él está. Nunca se anima a decirle nada, hoy sí tiene que ser. Lo ve concentrado en una hoja, pasa más lento, se quiere hacer notar.






Deja caer algo adelante, un lápiz labial para que la mire. Nada. Hace una mueca, arranca la marcha desanimada. A los tres metros escucha “Nora”…se frena y gira. Los dos se ríen, se acercan y hablan porque se han visto desde hace un tiempo y saben sus nombres, pero a la vez no se conocen.






Volvió a su sector feliz. Encontró la razón para que todo lo demás salga bien. Hoy pudiste, Nora.

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"Todos somos alguien" -CC-

1 comentarios jueves, 11 de agosto de 2011


Apuró el paso entre la gente, que cuando uno tiene que llegar a algún lado parecieran ir todos en cámara lenta. Cristian se aflojó los botones del chaleco, esperando el semáforo miró la hora. Estaba retrasado unos tres minutos y la reunión seguro ya había comenzado. Imaginó que estarían preguntando por él, que pensarían que se tomó el dia o que algo le ocurrió. Extrañarían sus chistes como los que siempre contaba, ese lunes faltarían al inicio los comentarios futbolísticos.






Lo hacían sentir importante y él estaba contento con su trabajo, respetado e integrado. El sueldo no era muy alto pero tenía posibilidades de hablar con su jefe a ver qué se podía hacer. Le faltaban para llegar dos cuadras. Piensa que quizás la reunión no comience sin él. Se rie de lo importante que se sintió por tres segundos y aceleró esquivando gente por Florida.






¿Por qué cuando se está apurado la marea de gente parece ir en contra de uno?. El edificio tiene entrada sobre la esquina de Tucumán. Justo alguien sale y él entra sin tener que esperar que le abran de adentro. Saluda al de seguridad. “Mire que lo están esperando, eh”, le dice, y Cristian le agradece con una reverencia. Sube en el ascensor, se mira en los extremos, que tienen espejos rectangulares. Acomoda la ropa, se pone derecho. Décimo piso y la puerta se abre.






La secretaria cuando lo ve le hace un gesto con una mano en señal de que se apure. Había silencio en el pasillo asi que estarían todos en la sala de reuniones. Antes de tocar la puerta para entrar se alisó el chaleco.






Entró diciendo buenas noches. “¡Faltaba Cristian, fuerte ese aplauso!” dice alguien, y todos aplauden. Él agradece y comienza su trabajo: “¿Alguien quiere café de este buen mozo?”, dijo.



Y todos, una vez más, rieron con su chiste.

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"El amor de cualquier plaza" (cuento corto-CC-)

1 comentarios martes, 26 de julio de 2011


Sentado, el hombre se puso a mirar una hoja que se iba moviendo con el viento. Chocó contra el banco de la plaza y caprichosamente no se movió más. El frio lo trajo de nuevo a su presente. ¿Le había dicho ella, el amor, algún horario en concreto?. Tenías ciertas esperanzas, cierta en fe en miradas que cruzó en momentos del día que, sentía, ella también necesitaba.



Y ahora estaba ahí, esperándola. Pero no había nadie y el frio es como la soledad: duele mucho más sin testigos. De pronto, enderezó sus anteojos. Era ella. Tapado largo, botas al tono, cartera debajo del brazo, mirada al piso. ¡La imagen parecía la de una marca de ropa!. El viento movía su pelo corto. Pasó y él hizo un ademán. Ella dijo "¿vos qué hacés acá?" y siguió caminando sin esperar respuesta.



El hombre se puso de pie y la miró irse. Comprendió que antes de esperar por alguien, ese alguien debe saberlo. "Mañana le digo algo" pensó con la seguridad de no ser oído en su promesa de amor. Mañana, quizás, no haga tanto frio...
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