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"Corazón con llave" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 12 de mayo de 2012
Un hombre lloraba sin lágrimas. Solía pesarle esa pena de amor imposible que convertía cualquier hecho cotidiano en una tortura.. Bajaba del ascensor y en la puerta el encargado lo saludaba. Pero el hombre no lo miraba fijo a los ojos. Cualquier cara le recordaba en algo a la que nunca estaría con él. Subía al colectivo y ese trato mínimo era el que no podía tener con ella y eso lo angustiaba mucho. Al mediodía en su trabajo dejó de compartir almuerzo, porque era caer en que no podía hacerlo con ella. Pero un dia, un miércoles, apareció la mujer de sus sueños. En sueños. Y le dijo que lo mejor que podía hacer por ella es dejar de verla en todos lados: “Eso es como llorar sin lágrimas”. La mujer cerró con llave el corazón del hombre y ahora los dos viven dentro. Esto me lo contó él hace tiempo en un bar. Mientras tenía en la mano una pequeña llave. De esas chiquitas que guardan cosas grandes.
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."Tus ojos".

1 comentarios miércoles, 29 de febrero de 2012
Me devolvés lo que te di. Lo que soñé con y para vos. Todos esos deseos parecen cuchillos del lado del filo, no los quiero. No se devuelve lo que se ha dado con amor y lo que no he pensando cuando lo hacía. Sin perder tu poder me mirás derrotado, lo estoy sin haber peleado. Ayer me dijiste que luchara y hoy me sacás las armas con sólo un gesto. Tenés un brillo en tus ojos que no me reflejan. Son ahora vidriosos, de otros que tendrán por dicha mirarse en ellos. Estoy desarmado, no sigas. Me duele el cuerpo y no dejo de mirarte poderosa. Me duele el cuerpo porque ya no somos dos y ahora tampoco seré uno. Me duele dejar de ser yo. Y me duele dejarte.
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."Caja".

1 comentarios miércoles, 22 de febrero de 2012
Es imposible que te proteja del mundo. Si te hacen algo juro que moriría, pero si te dañan también morirías. Quiero tus dos pies del lado de la línea del amor, no que vivas pensando en que alguien como yo te rescatará. De vos. Necesito la solución en tu boca, que me lo digas sin palabras, que me dejes hacer lo que debo. Que deba hacer sólo lo que me dejes. En tu caja de cristal mi mano pasa todo vidrio. Y te acaricia.
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."Se va".

0 comentarios viernes, 17 de febrero de 2012
No me pidas que no quiera a la soledad. Es la perfecta presencia de la ausencia, no se ve y a la vez se lleva con todo lo que uno haga. Quisiera un amor entre los tres pero llegaste como los celos llegan: con rabia de cambio. Y mientras siento que dejarte luchar me hace bien, lloro de saber que no la tendré más. Te pido piedad: no la humilles, no la rebajes a la condición de hacerla pedirme disculpas, ella era yo. De tu corazón salen espadas de amor, la vencés hermosamente. La miro a la soledad yéndose, por primera vez cara a cara. Te beso para sentirte. Me abrazás para que la deje y dejo que me abraces para dejarla.
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."Quiero cambiar".

1 comentarios martes, 14 de febrero de 2012
Me dejé antes que me dejaras, no puedo soportarme cuando en mi espejo siempre veo que soy vos. No tengo vida pero sos la mia. Tenés la suerte de ser una persona con dos cerebros, y el mio te responde sin reprocharte nada. El corazón lo veo en tus ojos todos los días y el amor es una especie de aura que te sigue, que te hace inmortal. Pero yo sigo, mortal, a tu lado. Quiero cambiar mi vida y todavía no aprendí a dejarte ir de mi. Amor me rindo, y aun asi te digo lo que ya sabés, preciosa. Desde que no tengo otros ojos que los tuyos para mirarte. Y desde que me dejé, antes que me dejaras.
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"Eso por hacer" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 10 de febrero de 2012
Patricia cambiaba de canales aburrida con el control remoto desde hacía unos diez minutos. Suena el teléfono pero deja que el contestador responda, seguramente será otra vez la promoción de la banda ancha, esa insoportable voz femenina. “Te habla Miriam, conseguí tu número. ¿Estás ahí?”. Patricia abrió los ojos y miró el contestador, que con su luz roja titilaba avisando del llamado. Se quedó helada y sin reacción. “Yo el sábado a la tarde estoy en casa, vivo en Bernal, te paso la dirección”. Patricia anotó y cuando Miriam colgó se sentó a pensar. Su hermana no le hablaba desde hacía unos veinte años. Sonaba como mujer grande, fue extraño lo que sintió y nunca fue claro lo que pasó. Discusiones de dos mujeres que no cedieron y que quedaron heridas, pero ahora la invitaba a verla. El sábado Patricia salió de su casa de Palermo, en colectivo hasta Constitución y de ahí el tren. Nunca había viajado en ese tren y miraba todo con asombro y recelo. Se bajó en Wilde y otro colectivo más hasta Bernal. De la parada unas tres cuadras caminando. La vereda es un mejorado de cemento muy angosto, que serpentea una canaleta a cielo abierto, que con suerte el agua por allí corre. Llega a la casa, que tiene reja y timbre de color verde. Toca pero siente que no suena y hace palmas. Un perro que ladra en el costado y desde la puerta una cortina azul que se mueve, sale Miriam. Con la llave en la mano se pone a llorar y le abre, ambas se abrazan. Patricia le cuenta que vive sola en Palermo, que nunca se ha casado, que es empleada de una empresa y que en general está muy aburrida. Miriam le ofrece mate y mientras va a poner más agua Patricia mira la cocina. Dos colores en la pared a medio pintar, una ventana con tres colores de vidrio y una heladera con los bordes un tanto viejos. Su hermana le dice que ha formado familia. Que tiene dos hijos, uno estudia para ser médico y el otro está en el primario. Que su marido la dejó apenas nacido el segundo hijo y en la calle. Que esa casa es de una prima de una conocida que no le cobra alquiler pero que cada tanto viene a pedir mucha plata junta, y se la tiene que dar. Que trabaja de empleada doméstica de lunes a viernes a tiempo completo, que no gana mucho pero es feliz. Tres horas y media después Patricia le ofrece irse a vivir con ella a Palermo, solucionándole el tema de la vivienda. Pero le pidió algo. Que le dijera cómo podía ser feliz en medio de tanta carencia. Miriam le dijo: “No te lo puedo enseñar, hay que pasarlo. Si yo me resigno estas paredes se terminan de caer. Hacé siempre algo para no sentir eso horrible que es no tener un motivo adelante”. A los 15 dias Miriam preparaba la cena en la casa de Palermo para su hermana y sus hijos. Patricia la mira servir. Y siente que ha servido.
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"Lo que fue y lo que es" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012
“Estas son mis memorias, las que jamás serán leídas”, arrancaba el desordenado texto que Joaquín empezó hacía cuatro noches. Desempolvó la máquina de escribir y todas las noches se sentaba de cara a una pared de su habitación, con algo de reflejo de luz viniendo por la ventana. No seguía un orden sino lo primero que le venía a la mente. En esa primera noche recordó a Álvarez, un zapatero de barrio que atendía en su propia casa chorizo de Liniers. Joaquín con la mamá solían ir ahí y mientras ella elegía zapatos, él miraba todas esas puertas de habitaciones que daban al patio, y la enredadera en la pared del fondo. Recordaba el olor a cuero. Difícil explicar eso, contar un momento a partir de un aroma que impregna la memoria. Luego escribió sobre el ruso Lezevich. El ruso fue su primer amigo, un amigo de más edad que él pero que lo había adoptado en sus afectos. Sentía Joaquín que a su lado hacía cosas de grande y el ruso sentiría volver un poco a ser chico. La amistad se cortó cuando un pelotazo fue a dar a la base de hierro de una maceta, que se cayó y se hizo ruido y silencio en esa tarde. ¡Y pedacitos!. La madre se levantó de la siesta y lo echó al ruso de la casa. Se comenzaron a saludar de lejos y dejaron de frecuentarse. Al año los Lezevich se mudaron. Lo tercero que Joaquín había escrito era sobre Norita Antonino. Era la hermana de una amiga de la mamá de él. Cuando la vio por primera vez le pareció altanera, luego esa especie de odio que le generaba entendió que era algo más. Nunca lo saludaba, él debía buscarla para eso. La veía desde la ventana de su casa cómo caminaba por la calle, con un vestido de falda muy larga y el pelo atado con dos colitas. Ponía al caminar el cuello muy derecho y ese gesto le causaba gracia y ternura. Estaba descubriéndose en eso de mirar a una mujer que ni bajo tortura hubiera dicho que le gustaba. “Lo secreto del placer es, justamente, lo secreto”, escribió. No le faltaba razón. A la cuarta noche el intento por hacer sus propias memorias le dio lugar al sueño. Había escrito nueve hojas y avanzado solamente un año de su infancia. Sintió imposible poder contar tanto y se durmió sentado frente a la máquina. Norita Antonino, su esposa, lo despertó a la mañana siguiente con un beso en la boca. Le contó que ubicó a los nietos de Álvarez, también zapateros, y que encontró al hijo de Lezevich por Facebook. Joaquín, aun a medio despertar, sigue con sueño. La vida de él, en algún modo, sigue siendo aquel año de su infancia que lo marcó para no olvidarlo. Para su libro de memorias eso le basta.
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"Pesada culpa" -Cuento corto-

1 comentarios miércoles, 4 de enero de 2012
San Juan y Defensa. Donde San Telmo es de asfalto y también empedrado mezclado. Tobías hace equilibrio en la calle angosta con el viejo bolso en la mano mientras los autos como espiándolo, le pasan cerca pero lento. Llegando a Plaza Dorrego se toma un respiro y mira hacia arriba. Los árboles, el sol de media mañana, los puestos ambulantes de cosas viejas. Su bolso no desentona con el ambiente. Acelera el paso porque la carga ya le pesa un poco. Entra al Mercado subiendo un gastado escalón. La dirección es la correcta, está llegando sin conocer el lugar. Deja el bolso en el piso y relee el papel: cuarto negocio, lado izquierdo. Todos parecen iguales pero va resuelto al cuarto local. Un señor mayor está sentado en una banqueta diez números más chica que su anatomía, con una especie de trofeo en la mano. “Buenos días, ¿usted es el señor López?”. Levanta su vista sin mucho agrado y le dice que sí. “Me llamo Tobías, su dirección figuraba dentro de este bolso que un tio mio tenía entre sus cosas. Él falleció y le traje lo que había. Quizás le interese”. El hombre giró para quedar de frente al bolso, lo miró a Tobías diciendo lo obvio: “Sos joven, vos”. Esos comentarios sin respuesta que casi todos hacemos. Miró el hombre el bolso por fuera, le sintió la textura unos segundos con las manos. Cuando levantó la cabeza Tobías ya no estaba. Lo buscó casi sin interesarle y volvió su vista al bolso. Estaba vacío pero pesaba como si estuviera lleno. El hombre lo cerró y lo dejó en un costado. Quizás Tobías volvería, pensó. Pero pasaron días y noches, el hombre no conciliaba el sueño, le volvía a la mente ese bolso vacío. Una madrugada salió de su casa rumbo al negocio. Vio el bolso abierto, lo cerró. Al intentar levantarlo estaba imposible de alzar con una sola mano. Desde ese día, por las mañanas, se ve a un hombre en su local de antiguedades esperando que un joven vuelva. Y se lleve ese bolso lleno de culpas, de años, que todos los días se va poniendo cada vez más pesado.
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"Hacia afuera"-Prosa

1 comentarios jueves, 22 de diciembre de 2011
Latidos crónicos.
Tenue luz de ojos cerrados,
de esperanza sobre niebla.
Mar de lejos, solitario camino
parecido a mi y a la vez
nuevo, dificultoso.
Un intento más le pido
a esos latidos tibios de Fe.
No me detengo a preguntarme.
Decido avanzar, pensarme
en movimiento ascendente.
Piedra gris, el piso que
parece espejo y yo que quiero
desteñir mi razón con mente en blanco.
Sin pedirme permiso, avanzo.
Y a dos pasos, luz, sonido
de afuera del mundo.
Que aturde.
El latido de miedo se acelera,
miro hacia adentro, me siento
a contemplar la búsqueda,
a llenarme de cierto
presente desatado.
Nada me contiene.
Ni tiene.
Hago un gesto, fue un segundo.
Cuando llené el vacío
que explicaba todo un cielo.
Ese que el presente de viento dejó expuesto.
Sin nubes.
Me incliné ante el hallazgo.
Me reí. La razón aun dormía
pero ella hubiera hecho lo mismo.
Bajé sin mirar mis pies.
Bajé sabiendo adonde ir.
Desciendo con luz de ojos cerrados,
de latidos crónicos sin culpas.
De saber que ya no me culpo.
Mi razón quedó hermosamente desteñida.
Al pie del presente.
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