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."Razones".
0 comentarios miércoles, 22 de febrero de 2012Tiendo a creer que uno no termina tomando decisiones sino que las decisiones vienen hacia uno, para que no nos equivoquemos. ¿Y si nos equivocamos?. Trabaja la culpa. La culpa tiene el factor tiempo a su favor, siempre tememos a las malas consecuencias. Nos paraliza el pensar habernos equivocado y no poder remediarlo. Pero hay algo que la culpa no sabe de mi, y lo comparto con todos: me equivoco porque soy humano. Y todos los días intento ser un humano sin culpas. Aunque eso me traiga consecuencias. Pero buenas.
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."Lo lograste".
1 comentariosMe ponés nervioso, me modificás las decisiones, me vuelvo inseguro. Más inseguro aun. Me conflictuás, me creo el peor, me creo el mejor, me creo el superior de los superiores. Me bajoneo y también me hacés sentir útil, creo serlo. Se hace de día en mi ánimo a las tres de la mañana si te pienso. De pronto me caigo y creo que nunca pasará. Luego sigo los pétalos de rosa, tus intenciones que me guían como devoto fiel hacia lo que querés. Siento felicidad en mis cosas diarias, mi respiración va detrás de mis latidos apurados. Me cambiás a tu gusto. Me hacés reir resignado. Me hacés hombre completo. O casi: me faltás.
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"Mañana le pregunto" -Cuento corto-
1 comentarios martes, 18 de octubre de 2011No me habla, no me contesta. Baja la mirada y parece que tiene poder pero conozco esos ojos, es puro teatro. Respira hondo para sentirse seguro y en realidad es la exhalación propia del miedo. Cuando nos agitamos, satisfacción o miedo no se distinguen. Me pone nervioso no saber cómo empezar a preguntarle por él. Tengo dudas cuando lo veo, siento que no es el que me muestra, porque se esfuerza en crear una imagen pero yo no me creo esa imagen. Se calla por estrategia, quizás también porque nada tenga para decir, me voy a anotar esa pregunta para hacerle, y cuál es la diferencia.
Todo lo que sé son suposiciones. Es lo que los demás dicen que es él. Y eso es dejar hablar al mundo sobre uno, en mi opinión demasiado. Espero acepte que crea que su estrategia no le va a resultar en el tiempo. Uno tiene que valerse a partir de sus acciones y no en la detención permanente para fijarse qué tal salieron las cosas: en eso se suele transformar la mirada del otro. Es como ir en un auto y bajarse cada dos cuadras para ver si de afuera todo funciona correctamente.
Para hacerlo feliz, diré también lo que veo de él pero sin adularlo porque no se lo va a terminar creyendo. Estudia los silencios, me di cuenta que mira a la boca de quien le habla, cree en que los gestos dicen todo de uno. Incluso lo que no queremos. Voy a terminar pensando que es peligroso preguntarle cosas. Una idea parecida a la de una pared con muchos cajones y en un cierto orden a veces se me representa cuando lo escucho hablar.
Alguien estructurado debe saber qué es el futuro. El de él, el mio y el de todos. Quiero que me diga qué será de mi vida, ya que parece tan en sintonía con lo que viene. Yo no tengo idea de futuro. Siento que voy avanzando y a la vez borrando el rumbo, que uno camina hacia adelante por inercia, que a veces se deja llevar, que cosas o gente hacen que aceleremos hacia ese lugar que no sé cuál es. Creo en un camino con cierta soledad, querría saber qué dice él, quizás esté de acuerdo o no.
Es tarde, tengo sueño, estoy engripado. Mañana me levantaré temprano y le preguntaré a él todo. Absolutamente todo. Cuando me mire al espejo.
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Todo lo que sé son suposiciones. Es lo que los demás dicen que es él. Y eso es dejar hablar al mundo sobre uno, en mi opinión demasiado. Espero acepte que crea que su estrategia no le va a resultar en el tiempo. Uno tiene que valerse a partir de sus acciones y no en la detención permanente para fijarse qué tal salieron las cosas: en eso se suele transformar la mirada del otro. Es como ir en un auto y bajarse cada dos cuadras para ver si de afuera todo funciona correctamente.
Para hacerlo feliz, diré también lo que veo de él pero sin adularlo porque no se lo va a terminar creyendo. Estudia los silencios, me di cuenta que mira a la boca de quien le habla, cree en que los gestos dicen todo de uno. Incluso lo que no queremos. Voy a terminar pensando que es peligroso preguntarle cosas. Una idea parecida a la de una pared con muchos cajones y en un cierto orden a veces se me representa cuando lo escucho hablar.
Alguien estructurado debe saber qué es el futuro. El de él, el mio y el de todos. Quiero que me diga qué será de mi vida, ya que parece tan en sintonía con lo que viene. Yo no tengo idea de futuro. Siento que voy avanzando y a la vez borrando el rumbo, que uno camina hacia adelante por inercia, que a veces se deja llevar, que cosas o gente hacen que aceleremos hacia ese lugar que no sé cuál es. Creo en un camino con cierta soledad, querría saber qué dice él, quizás esté de acuerdo o no.
Es tarde, tengo sueño, estoy engripado. Mañana me levantaré temprano y le preguntaré a él todo. Absolutamente todo. Cuando me mire al espejo.
La casa de las dudas
1 comentarios viernes, 12 de febrero de 2010
Pasado ya un tiempo de lo que contaré, he caído en cuan importante es el amor pero también las dudas si algo de entrada no se aclara. Cuando eso ocurre el tiempo es el juez de una competencia entre dudas y amor. Y en general ganan las dudas. O pierde el amor, si se quiere ver así.
El condicionante fue aquel “lo vamos a intentar” que Vanesa dijo en principio. Yo lo tomé como un sí. Por dos años lo creí. Aunque esa fue mi lectura y no la real. Nunca dejó para ella de ser un intento.
Yo me sentía ilusionado, confié en mí y en la posibilidad de cambio. Vanesa no era Grillito, la ahora ex, lo que hacía tener otra perspectiva frente a lo que pasaba. Intenté no invadirla aunque supongo que no lo habré logrado. Me recuerdo, no sé por qué en este momentsilencio, o, haciendo cola para sacar entradas de cine mientras ella miraba, perdida, un punto fijo sentada en unos bancos frente a la boletería. Tenía en la mano esos vasos de plástico con tapa, que dan en las casas de comidas rápidas. La miraba y pensaba qué la tendría tan ocupada en su mente.
Por más enamorado que esté, nadie piensa en otro las 24 horas seguidas. Quizás ella se dejaba llevar por verme a mi feliz, o quizás estaba aburrida de todo.
Fueron dos años de acompañarme con bastante silencio. Y eso era una invitación a que yo cubriera ese espacio dando lo que creí era lo mejor de mi. Con los roles definidos, ella se dejaba llevar. No recuerdo una sola discusión, ni siquiera un contrapunto. Era como hacer una pregunta y constantemente respondérsela uno.
Seguramente el momento más cínico era el de los regalos. Al no haber oposición, ella aceptaba todo, hasta las reiteraciones de obsequios. Por no haber podido (¿o querido?) darme cuenta, así fue la cuestión. Es como hacer algo sin ganas, o con el inflador en la mano para que no se pinche la rueda, la rueda de la relación.
Sin embargo había más hechos curiosos. En su casa sucedían. Cada vez que iba notaba que pasaban ciertas cosas que eran diferentes a cuando llegaba en compañía de ella. Si llegaba yo solo apenas pasada la puerta se hacía un silencio bastante parecido al de una iglesia en plena ceremonia. Para no alterar eso yo también hacía silencio, hasta que Vanesa aparecía. Era incómodo. Pero cuando llegábamos juntos era diferente. El silencio seguía, pero ella y la familia estaban como dispuestos a seguir el ritmo del recién llegado. Con lo cual si pedía mate todos tomábamos, si quería café todos tomaban, si me quedaba a cenar no había oposición…
No era un rol aceptado sólo por comodidad de parte de ellos, creo realmente que dentro de ese contexto de familia, la incorporación de alguien de alguna manera revitalizaba la casa, de ahí que yo pudiera hacer a mis anchas algunas cosas. Recuerdo proponer ir al otro día a comer afuera y así se hacía. En general si decía que iba no había reparos.
Si Grillito era temperamental, Vanesa era exactamente lo contrario. Y para los que dicen que dos personas con algunas cuestiones parecidas se llevan siempre bien, debo decir que a veces el complemento no es buscar lo igual sino el contrapeso de aquello que no somos. Tenía cosas parecidas a mi. Hablaba mucho con la mirada, era amiga de los gestos y ademanes, muy reservada, algo distante. La conocí como para saber por actitud si estaba incómoda o feliz. Recuerdo la manía algo extraña que teníamos, que era la de juntarnos en la Iglesia de Moreno los sábados a la noche y ver si había casamientos, y nos quedábamos viendo la ceremonia, cosa que con Morena alguna vez también hice. Hasta que no hizo falta que le pregunte nada cuando noté que eso ya no era lo supuestamente divertido, no lo hicimos más, fue con un gesto. Listo.
Poco a poco el único lugar en donde la pasábamos bien era en su casa. Al revés que con Grillito que salíamos a cualquier lado, con Vanesa el ámbito de su casa la hacía más distendida. Y como todo se daba ahí, también allí fue el fin de la relación. Como siempre ocurre, se ve venir y se lo niega, o es tan evidente que ni se ve. A las ocho y media de la noche de un martes la acompañé hasta la casa, me hizo pasar aunque la idea no era la de quedarme, y nos sentamos en las sillas del comedor. Eran de respaldo alto, se necesitaban las dos manos para maniobrarla. Ella acercó la suya a la mía hasta que quedara a la par. Me tomó de las dos manos y me miró con cierta lástima.
Me dijo “¿sabés de lo que te voy a hablar?”, yo dije que sí. Dio una razón bastante lógica: mal podía seguir algo que empezó un poco atado con alfileres, y no quclases, dias, decision, ería herirme más porque no se sentía honesta con ella. Cuando a uno le dicen algo así corre por las venas desamparo, más allá de los buenos términos de este final. Uno deja de ser imprescindible para pasar a ser prescindible. Aunque nadie es eterno y no existen los amores perpetuos, o yo no creo en ellos. Me parece que hay un andar diario que hace que todo siga o no, seguramente yo tampoco sería el mismo de dos años atrás para ella. Como sea, para mi fue un dolor y para ella un alivio. Cuando me fui de su casa pensé en que ya no volvería.
Sin embargo a los dos o tres días, dando clases, aparece Vanesa y me pide que hable con los padres. Le dije que no encontraba motivo, ya estaba todo dicho y me dijo que no le creían, que pensaban que yo la había dejado a ella y que si yo no iba ellos no le creerían. Era una cuestión ya de ellos, pero decidí ir de todas formas.
Llegué sin ganas de entrar, pero abrió la puerta y me hizo pasar a mi primero. Como si fuera una película argentina, sentados junto a la mesa, los padres, él con los brazos cruzados, y ella con gesto adusto. Yo pensé bueno…esto será difícil…pero no lo fue. Les dije que había sido decisión de ella, que me dolía mucho, pero que intentaba ser lo mejor para los dos. Que estaba aun dolido y que no entendía qué estaba haciendo ahí dando explicaciones. Vanesa habló y pidió que le creyeran y que no la juzgaran más. Si su cometido era quedar mejor frente a sus padres, supongo que ayudé a la causa, me fui haciendo un bien. Creo que el problema era que los padres y ella eran tan parecidos, que chocaban por eso. Cambio de aire o de actitud eran necesarias.
La seguí viendo unos dos años, yo estuve ese tiempo en mis tareas: seguir con las clases y estudiar en la Facultad. Ella empezó el curso de maestra jardinera. Una vez a la semana iba a donde daba las clases y hablábamos un rato. No la extrañaba tanto ni tampoco me resultaba indiferente, era una mezcla de ambas cosas. Algunas veces se encontraban ahí con Grillito, y las dos tomaban mate juntas y se reían bastante. O el sentido del humor puede todo, o se reían de mí, vaya duda.
Las mismas dudas que terminaron con nosotros, las que me dijo en su casa.
Acotación al margen: no hay que dar nunca por sentado nada, empezando por el amor. En el intento de protegerlo se suele olvidarlo. Como los concursos, que tienen bases y condiciones, habrá que revisar de un amor la manera en que fue pasando y eso nos permite ver hasta lo que nos sucederá. Si ganar es perder, a veces hay que salir perdiendo, no se aprende de otra manera.
Señora violencia (e hijos)
2 comentarios sábado, 26 de septiembre de 2009Estoy viendo demasiada violencia. Y no es que me haya sentado largas horas frente al televisor con todas las señales bloqueadas, salvo la de los noticieros. La violencia se siente. O algunos la hacen sentir, con mayor o menor sutileza.
Dejar un punto de vista claro implica que mi idea avasalle a otras por el solo hecho de ser mia. Y a cuanto màs ìmpetu, se cree que màs clara queda.
Las ideas no son de nadie. Nacemos y crecemos a la par de formarnos de opiniòn en todos los aspectos. Pero la defensa de lo que creemos no deberìa ser màs importante que la propia idea.
Es todo cuestiòn de formas. De maneras de decir, comportarse. Se defiende lo que no se pone en duda y a la vez, no se respetan las opiniones ajenas.
¿Cuànto hace que no se dice "respeto tu pensamiento pero no lo comparto"?. Se opta por decir "no es como vos pensàs".
Toda idea lleva una carga que tiene que ver con las convicciones. ¿De quièn nos defendemos?. ¿Què tememos si resulta ser que otra idea es finalmente mejor que la nuestra?.
Esa "carga"-creo yo- que surge como arrebato es en realidad miedo. Siempre. Debe ser por eso que los que gritan no gozan de mi simpatìa.
Como Periodista puedo ver como se gritan convicciones, los colegas lo hacen, se enojan, retan, acusan como recurso. Construyen su propio perfil a partir de defender teorìas que nadie les discute. Los invito a mirar eso en mis colegas. Todo habla de uno: no sòlo la voz. La imagen, la postura, el uso repetido de ciertos modos. Veràn que no es tan difìcil saber realmente del otro.
Observar bien es un ejercicio que se puede hacer con cualquier persona. Recomiendo empezar por uno!!. Què veo y siento cuando hablo, què poder real tienen mis decisiones y què tan lejos llegan.
Si son en un punto tanto o màs detestables que aquellas que uno aborrece.
No debe haber algo màs "violento" que un autoanàlisis. Y si la violencia equipara e iguala, estamos en problemas. Es màs sencillo siempre el error visto en otros.
Hoy, todos me parecen violentos, adonde mire. Coincida o no en lo que digan, incluso. El lector, yo que esto escribo, somos parte de esa violencia. Si continuamos siendo espectadores y nada màs, estamos sonados.
El escritor le dice al lector casual: si la violencia le maneja la vida, ruego se consiga una buena academia de conductores!!.
read more “Señora violencia (e hijos)”
Dejar un punto de vista claro implica que mi idea avasalle a otras por el solo hecho de ser mia. Y a cuanto màs ìmpetu, se cree que màs clara queda.
Las ideas no son de nadie. Nacemos y crecemos a la par de formarnos de opiniòn en todos los aspectos. Pero la defensa de lo que creemos no deberìa ser màs importante que la propia idea.
Es todo cuestiòn de formas. De maneras de decir, comportarse. Se defiende lo que no se pone en duda y a la vez, no se respetan las opiniones ajenas.
¿Cuànto hace que no se dice "respeto tu pensamiento pero no lo comparto"?. Se opta por decir "no es como vos pensàs".
Toda idea lleva una carga que tiene que ver con las convicciones. ¿De quièn nos defendemos?. ¿Què tememos si resulta ser que otra idea es finalmente mejor que la nuestra?.
Esa "carga"-creo yo- que surge como arrebato es en realidad miedo. Siempre. Debe ser por eso que los que gritan no gozan de mi simpatìa.
Como Periodista puedo ver como se gritan convicciones, los colegas lo hacen, se enojan, retan, acusan como recurso. Construyen su propio perfil a partir de defender teorìas que nadie les discute. Los invito a mirar eso en mis colegas. Todo habla de uno: no sòlo la voz. La imagen, la postura, el uso repetido de ciertos modos. Veràn que no es tan difìcil saber realmente del otro.
Observar bien es un ejercicio que se puede hacer con cualquier persona. Recomiendo empezar por uno!!. Què veo y siento cuando hablo, què poder real tienen mis decisiones y què tan lejos llegan.
Si son en un punto tanto o màs detestables que aquellas que uno aborrece.
No debe haber algo màs "violento" que un autoanàlisis. Y si la violencia equipara e iguala, estamos en problemas. Es màs sencillo siempre el error visto en otros.
Hoy, todos me parecen violentos, adonde mire. Coincida o no en lo que digan, incluso. El lector, yo que esto escribo, somos parte de esa violencia. Si continuamos siendo espectadores y nada màs, estamos sonados.
El escritor le dice al lector casual: si la violencia le maneja la vida, ruego se consiga una buena academia de conductores!!.
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