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."La misión".
0 comentarios lunes, 14 de mayo de 2012Ahí fueron a buscarte dos ángeles confiados en que traerán la respuesta a la ilusión de mi estado. Juro no los soborné, sólo expliqué que a diario por amor un poco me rio y convierto bastante en llanto mis minutos y segundos, que en distancia parecen años. Me dijeron ellos dos que amor no es sufrir tanto, si es la pasión de dos y no un juego solitario. Lo bueno de sentir es no andar explicando, ellos vieron mi querer, se fueron los dos a un costado, y los pude oír hablar con pasión un largo rato. Volvieron y me ofrecieron ir a buscarte a diario. Tenerte al lado mio y ser felices de la mano. Preferí que vayan ellos a decirte que te amo, y que seas vos la digna en decidir mi suerte, miralos. Seguro en cualquier momento llegan hasta tu lado y yo aquí con la respuesta que deseo, digas. Confiado.
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"Compartir" -Cuento corto-
1 comentarios jueves, 8 de marzo de 2012Oscar ve como dos palomas pelean por la mitad de una galletita que les acaba de tirar. Aletean para quedarse con la mejor parte, una intenta remontar vuelo con toda la galletita y se le cae. La otra velozmente quiere agarrar lo que había caído al suelo y ambas chocan. Oscar vio, sentado en el banco de la plaza, que ambas palomas se quedaron estáticas casi de frente. Que parecían mirarse las dos. Ocurrió lo asombroso: primero picoteaba la galletita una, y luego la otra, a ritmo. En veinte segundos la galletita había sido comida por las dos al mismo tiempo. A duras penas Oscar se puso de pie y lentamente se fue a su casa. Tres meses después las hijas de Oscar esperaban al abogado en la oficina de él. No se miraban ni se hablaban, desde hacía años la relación estaba rota. El hombre lee el testamento y desde el inicio una hija estaba más contenta que la otra con lo que iba escuchando. El abogado les dice que su padre había hecho un agregado, se los leyó. “Hace dos días estaba en la plaza y vi cómo peleaban dos palomas por un poco de una galletita que les tiré. Y luego también vi lo maravilloso de la especie: se pusieron de acuerdo para comer entre ambas. Decidí también ahora, para mis hijas queridas, eso”. Una de las hijas se agarró la cabeza cuando escuchó que donaba toda su fortuna a los dos hogares para niños que lo habían criado. La otra no dijo nada porque el odio se le notaba en sus ojos. “Quisiera -siguió leyendo el abogado- que ambas repitieran en la plaza la experiencia mia, para aprender a no pelearse cuando sólo piensan todo el tiempo en ustedes mismas. Si van, allí estaré”. Pero nunca fueron. Cuando ambas salieron del estudio de abogados en Congreso, cruzaron la calle y un grupo de palomas estaban todas juntas, comiendo. Las palomas, a veces, parecen más inteligentes que los que les tiran galletitas.
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"Eterna" -Prosa-
1 comentarios martes, 15 de noviembre de 2011Una mano dentro de otra mano
que se deja llevar por un ritmo
ajeno a mi, quien ejerce el poder
tiene la velocidad, las riendas
en esas manos firmes, tan suyas y mias.
No me ve desde abajo con mis intrigas, no desea
saber de mi porque ya decidió qué color tendrá
el sol de la tarde en mis ojos.
Ritmo acelerado, de viento cruzado
que hace de los oídos un solo bloque,
imparable, constante, decidido.
No lucho contra eso, me dejo ganar por
esa derrota de los sentidos, de lo que no sé qué es.
Veo con ojos de tarde algo blanco cortando la pared azul.
El motivo del viento, la razón de mi mano dentro de la mano.
Tengo miedo de acercarme, lo miro con el recelo
de lo que no comprendo,
lo alejo para verlo más cerca.
La mano me suelta. Yo miro el mar.
Miro el motivo desde abajo,
miro a quien ejerce el poder.
Sensato egoísmo de estar
donde a ella le gusta estar.
Y ahora a mi. De la mano.
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que se deja llevar por un ritmo
ajeno a mi, quien ejerce el poder
tiene la velocidad, las riendas
en esas manos firmes, tan suyas y mias.
No me ve desde abajo con mis intrigas, no desea
saber de mi porque ya decidió qué color tendrá
el sol de la tarde en mis ojos.
Ritmo acelerado, de viento cruzado
que hace de los oídos un solo bloque,
imparable, constante, decidido.
No lucho contra eso, me dejo ganar por
esa derrota de los sentidos, de lo que no sé qué es.
Veo con ojos de tarde algo blanco cortando la pared azul.
El motivo del viento, la razón de mi mano dentro de la mano.
Tengo miedo de acercarme, lo miro con el recelo
de lo que no comprendo,
lo alejo para verlo más cerca.
La mano me suelta. Yo miro el mar.
Miro el motivo desde abajo,
miro a quien ejerce el poder.
Sensato egoísmo de estar
donde a ella le gusta estar.
Y ahora a mi. De la mano.
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