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"Acto reflejo" -Cuento corto-
1 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012No puedo dejar de hablar solo, estando solo. En voz alta elijo una situación y la planteo, la repaso, digo mis dudas con fluidez, descarnadamente a veces. Soy muy claro conmigo, no me doy tiempos y suelo castigarme. Más de una vez sin embargo logré en voz alta apaciguar una pena hecha problema, o un problema hecho dolor, porque me sirve para darme cuenta dónde estoy y qué hago. Y eso me pasó ayer. Hablé en voz alta, con las paredes que rebotaban mis palabras y mis pesares. Y vuelve el sonido a mi, esperando la respuesta que pido. Ayer ocurrió: pregunté qué tan importante soy para alguien y me respondi en silencio. Fui a la computadora, la prendi y aun no sé la respuesta, aunque supongo está en el final de este texto. Las respuestas están colgadas en los silencios, no en las palabras, y las busco ahí. Tendemos a poner nuestros temas tan en el medio del camino, que nos tapan el horizonte. A veces siento que freno antes de ver al obstáculo, como un cómplice. En silencio. Por eso en silencio busco respuestas. Y al final sí: piensa en mi. Me di cuenta ayer. Cuando no pude dejar de hablar solo, estando solo.
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"Errado precavido" -Cuento corto-
1 comentarios miércoles, 22 de febrero de 20121991. El cielo completamente gris. La calle absolutamente embarrada de lado a lado y yo, no sé si tan mojado como resignado en el fondo, miraba la situación con las manos en la cintura. Tenía que cruzar hacia el otro lado para tomar el colectivo. Las calles de tierra cuando llueve forman al paso de los autos dos zanjas parejas por donde a veces se puede caminar. Esta vez todo era agua y tierra mojada. Durante cuatro cuadras seguí caminando derecho sin encontrar la manera de poder cruzar. Me arremangué el pantalón jean, que para esa altura ya era una piedra mojada, y pensé que al final mis medias necesitaban un cambio, asi que las podría sacrificar. Me daban pena las zapatillas porque tenía sólo un par. Luego de dos eternos minutos me animé. Crucé casi en diagonal. Tenía la extraña sensación de caminar sobre algo parecido a la crema, que hacía ruido cuando levantaba la pierna para volver a pisar. Decidí no mirar hacia abajo para no deprimirme aunque sentía que cada vez me hundía más. Llegué al otro lado. Puse primero un pie sobre el mejorado del frente de una casa y luego con dificultad el otro pie. Miré pero el colectivo no venía. Bajé la vista para verme las piernas y la parte de los pies estaban de otro color. Mis plantillas hacían ruido y las sentía como flotando. Me detuve a ver mis pasos marcados en la calle de tierra. Parecían los del hombre llegado a la luna, casi redondos y con alguna forma de la zapatilla. Lamenté mi único par de zapatillas. Se ve venir el colectivo. Es de los viejos, muy viejos. Me subo y el chofer me ve la facha. Le dije que no se podía cruzar, que me embarré. “Te hubieras quedado de ese lado y yo te abría la puerta de acá”, en referencia a la puerta del lado del conductor, el colectivo aun tenía de esas. Yo lo miré y pensé que por precavido a veces no se ven mejores soluciones. Llegué a mi casa y mi vieja me recibe con horror. Aun el barro seco en mi ropa y me dice “Mañana es tu cumpleaños, andá a comprarte unas zapatillas, esas no dan más. Es mi regalo”. Yo la miré y pensé que por precavido tampoco acá había visto mejores soluciones. Desde ese dia, para la lluvia tuve un exclusivo par de zapatillas. Y además, un amigo que me abría la puerta del lado del conductor.
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