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."Mi guerra sos vos".

0 comentarios miércoles, 22 de febrero de 2012
Te descubrí golpeando mi corazón con tu mano cerrada. No sé si querés entrar en él o destruírlo, decime vos. A veces quiero seguirte, a veces no querés ser seguida, otras preguntás por qué ya no te sigo. ¿Hay dentro de nosotros un espacio en donde descansemos?. ¿Nos podremos escapar de nosotros?. Te propongo irnos lejos, abandonarnos en alguna lejana tierra, dejar confinados ahí a quienes nos hacen mal: nosotros cuando nos amamos. Quiero la paz cuando sos la indefensa guerra de mi bandera blanca. Y tuya.
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"Su razón" -Cuento corto-

1 comentarios viernes, 20 de enero de 2012
Situación uno: Ramiro escribía para alguien que no conocía. Todos los días desde hacía cuatro años. Cientos de renglones, de teclado y tinta porque cuando le surgía la inspiración se dejaba llevar también en los viejos cuadernos de apuntes. Lo único que lo detenía era una palpitación. Su corazón todos los días a las nueve de la noche se agitaba hasta asustarlo. Fue a médicos y no tenía nada, estaba normal. De a poco se fue preocupando y por temor a sentir algo malo cada vez escribía menos cerca de esa hora. Le dijeron que podía ser una señal de ella. La que no tiene nombre, porque los escritos arrancan dia a dia con un “para ella”. El homenaje desconocido. Encerrado en su dilema, a la noche Ramiro prefería salir a tomar aire. En taxi hasta costanera y ponerse a mirar un poco el rio. Hoy juntó sus escritos en una mochila con ganas de tirarlos al agua. Situación dos: es imposible que Cinthia se quede quieta. En su casa las sillas no se usan, vive de acá para allá todo el tiempo moviéndose. Está de novia hace cuatro años, las amigas le dicen que debería ir apurando el trámite. Y esa noche lo hará con el viejo truco de la cena y al final la pregunta. Que hará esta vez ella. La pasa su novio a buscar por el trabajo y van al restaurante. De camino se prende el celular de él, que estaba al lado de la radio. Ella le gana y lo toma primero. Atiende y el “¿mi amor?” le hizo pegar un grito. Tiró el teléfono contra el piso. Él le dijo que en la cena iba a explicarle. Que ya no tenía sentido seguir pero que era un cobarde. “En eso estamos de acuerdo” dijo Cinthia, que le pidió que la dejara ahí. Se quería bajar. No había espacio en ese auto para ambos. Situación tres: son las nueve de la noche. Ramiro siente la palpitación, puntual, y se asusta. Decide tirar las cartas al rio dentro de la mochila. Se la saca y la va a revolear. Una mujer lo ve, cree que se va a suicidar y le grita “¡no lo hagas!”. Ramiro espera que ella se acerque, le explica que son cartas para nadie. Vio a la mujer elegante pero triste. Cinthia le dijo que ella también tiraría cuatro años al rio. Cuatro años esperándose. Ramiro la miró y aprendió a dejar palpitar su corazón todos los días por alguien. Y ella, ahora, se volvió su mejor lectora diaria. Su razón. La que tras cuatro años, se reflejó en los renglones de él.
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Cuento de los atajos (extraído del libro "El combustible espiritual")

1 comentarios lunes, 6 de septiembre de 2010

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: “Querida, voy a salir de la casa. Voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo esté lejos seas fiel a mi, pues yo te seré fiel a ti”.


Así, siendo joven aun, caminó muchos días a pie, hasta encontrar a un hacendado que estaba necesitando de alguien que lo ayudara. El joven se ofreció para trabajar y fue aceptado. Luego pidió hacer un trato con su patrón, lo cual fue aceptado también. El pacto era el siguiente: “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando encuentre que yo debo irme, el señor me libera de mis obligaciones. Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya, entonces usted me dará el dinero que yo haya ganado”.


Una vez puestos de acuerdo, aquel joven trabajó durante veinte años, sin vacaciones y sin descanso. Pasado ese tiempo se acercó a su patrón y le dijo “Patrón, quiero mi dinero pues quiero regresar a mi casa”. El patrón le respondió “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo antes quiero hacerte una propuesta ¿está bien?. Yo te doy tu dinero y te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta”.


Él pensó durante dos días, finalmente buscó al patrón y le dijo “Quiero los tres consejos”. El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero”. Y el empleado respondió: “Quiero los consejos”.El patrón entonces le dijo:
1. Nunca tomes atajos en tu vida. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
2. Nunca tengas curiosidad por aquello que represente el mal, pues esa curiosidad por el mal puede resultar fatal.
3. Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.


Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven: “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa”. El hombre emprendió su camino de regreso, luego de 20 años lejos de su casa y de su esposa que tanto amaba.


Después del primer día de viaje, encontró a una persona que lo saludó y le preguntó: “¿Para dónde vas?”. Él le respondió: “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera”. La persona le dijo entonces: “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en poco días”. El joven contento, comenzó a caminar por el sendero señalado cuando se acordó del primer consejo: “Nunca tomes atajos en tu vida, caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida”. Entonces abandonó aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de que otro viajero que había tomado el atajo había sido asaltado, golpeado, y le habían robado toda su ropa. Ese camino llevaba a una emboscada.


Después de algunos días de viaje y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer sombría le abrió la puerta y lo atendió. Como estaba tan cansado, le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pie de un salto y se dirigió a la puerta decidido a averiguar qué pasaba. Pero en el momento en que abría la puerta se acordó del segundo consejo: “Nunca tengas curiosidad por aquello que represente el mal, pues esa curiosidad puede resultar fatal”. Entonces volvió sobre sus pasos y se acostó a dormir.


Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó si no había escuchado un grito y él contestó que si. El dueño de la posada le preguntó. “¿Y no sintió curiosidad?”. Él le contestó que no. A lo que le dueño le respondió: “Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando lo mata, lo entierra en el quintal y luego se esfuma”.


El hombre siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía sobre sus piernas a un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Al ver aquella escena su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos y de pronto recordó el tercer consejo: “Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor pues puedes arrepentirte demasiado tarde”.


Entonces se detuvo, reflexionó y se dio cuenta que era mejor dormir primero y tomar una decisión al día siguiente. Al amanecer, ya con la cabeza fría, se dijo. “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel”.


Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abrió la puerta y lo reconoció, se colgó de su cuello y lo abrazó afectuosamente. Él trató de quitársela de encima pero no lo consiguió. Entonces con lágrimas en los ojos le dijo: “Yo te fui fiel y tú me traicionaste”….Ella espantada le respondió: “¿Cómo?. Yo nunca te traicioné, te esperé durante veinte años”. Él entonces le preguntó. “¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?”. Y ella le contestó: “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad”.


Entonces el marido entró, conoció a su hijo, lo abrazó y les contó toda su historia, mientras su esposa preparaba la comida. Se sentaron a comer y el esposo compartió con ellos el último pan.


Después de la oración de agradecimiento con lágrimas de emoción él partió el pan y, al abrirlo, se encontró con todo su dinero, con el pago de sus veinte años de dedicación.
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