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."Si se diera cuenta".
0 comentarios miércoles, 18 de abril de 2012Cuando asuma lo que soy, lo que pude y nunca he sido. Cuando nazca de sus ojos lo que en los mios vencidos llamé alguna vez sueños, revividos con su estilo. Cuando vea que la amo arrancando convencido la carrera de la vida hacia su sol, tan suyo y mio. Cuando sienta que no queda más terrazas ni baldíos, ni gente, ni barrio, ni esperas, ni tanto dolor asumido. Cuando pueda ella ver lo que nunca había visto, cuando yo pueda creer que lo visto tiene escrito lo que nunca le escribí, un corazón teñido. De su espalda, su belleza, de tanto querer ser frio en su otoño, en mi invierno. Y en este amor que le pido. Eso soy. Es mi destino.
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Cuando alguien es lo que necesito
1 comentarios lunes, 25 de enero de 2010
Un dolor en el alma tiene fecha de vencimiento en el exacto momento en que querramos desearlo, como en general pasa con las cosas que nos molestan. La piedra en un zapato tiene dos maneras de ser tomada. O se la saca del zapato, primera opción, o se empieza a caminar rengo hasta que no se siente ni el pie, ni la piedra y ni el zapato. El adiós a una pareja es una piedra en el zapato. Veamos cómo fue en mi caso.
Decidir volver a enamorarme supongo que fue parte de un proceso en el que el duelo por Grillito duró el tiempo necesario. En medio de esos casi cuatro años entre una relación y otra hubo un tema personal (la pérdida de mi mejor amigo) que me reordenó prioridades. Fue como lograr encastrar piezas de un juego de repente, y en un solo movimiento. Eso ayudó indirectamente a que dejara otras cosas y me enfocara un tanto más en el presente y en mi. A la vez tan mal no estaba solo y el ser solitario tiene bastante que ver conmigo.
Terminé quinto año con todos mis compañeros. Pero de rendir, recién un año después. La profesora de Matemática decía que sin nivel no podía entrar a la Facultad de Veterinaria. Quizás ella asi definió que no siguiera esa carrera.
Cuando terminé por fin el larguísimo secundario, también sabía que algo más concluía: mi etapa como concurrente a clases particulares. De allí en más iría o como "ayudante docente" o simplemente de visita.
Y empecé a hacer un poco las dos cosas. Me costaba esa etapa. Cambié Veterinaria por Derecho, quería alejarme de los números. Completé el primer año y luego de reflexionarlo bastante porque había cosas que me gustaban, decidí dejar la carrera. Me anoté y por una semana cursé Periodismo deportivo. Tuve un problema de salud y varios meses sin poder hacer mucho. Pasado eso me anoté en las Academias Pitman (los que tienen más de 30 años la recordarán) y por unos meses hice el curso de dactilografía, que creí que luego podría aplicar a la computadora, objeto hasta ahí mirado con recelo. Jamás pude salir de usar dos o tres dedos de ambas manos, me terminaban doliendo todos los dedos.
Insastisfecho con tanto fracaso, otra explicación no hay, me anoté en el Instituto Superior Mariano Moreno, en donde me enseñaron unos 3 meses esa cosa tan extraña llamada Office. Pero me cansé del profesor que en vez de llamarme por mi apellido o nombre, me decía "máquina seis", y así con cada uno de los alumnos. Explicaba sin enseñar, algo bastante común. Y estar pagando para "recibir" eso, era mejor irse y dejarle la chance a otro, que sienta lo mismo que yo, al menos.
Todo este derrotero es para explicar que lo único que realmente no se había modificado con los años era el ir a dar clases, estar en contacto con chicos, tomar mate y disfrutar de lo que hacía y pasaba. Cuatro años después de Grillito en ese contexto estaba.
La quinta en donde se daban clases era una fuente inagotable de rostros nuevos. Personas desesperadas por "zafar", que es recién cuando la ayuda particular la creen necesaria. También ese lugar definía el ritmo del barrio en donde siempre era común cada una hora el recambio de alumnos en grupo, que esperaban en la esquina el colectivo que los llevara al centro. En la casa en diagonal a la parada vivía una chica a la que veía cada vez que yo esperaba en esa esquina. Le pregunté un día a mi "jefa" si sabía quién era esa chica y me dijo "viene hoy a las ocho de la noche, uh, ya le echaste el ojo"...
Para mis adentros no podía estar menos que de acuerdo con la afirmación, pero decidí no decir nada. Si bien yo me iba algo más temprano me quedé para ver, sentado en aquel sillón desde donde Grillito me miraba tan risueñamente, ahora yo a alguien.
Llegó vestida de negro, jeans, remera, mochila. Pelo más bien corto y la espalda derecha como soldado de Marina. Saludó a todos pero no creo que me hubiera visto. Se sentó y comenzó a hablar. Se llamaba Vanesa. Y ahí fue cuando salió el sol a las ocho de la noche.
Hablaba muy bien, hasta parecía saber qué dudas irían apareciendo en los textos que debía leer. ¿Para qué necesitaría alguien así a una maestra particular?, Con la excusa de hacer mate me presenté y su mirada se clavó en mi. Por tres semanas hablamos de todo un poco. En la comprobación total acerca de lo chiquito que es el mundo, me vine a enterar que fue compañera de Morena en la primaria. Que estaba leyendo "El principito", ya de grande porque jamás lo había leído, y a mi me pasó algo semejante. No sé por qué me la imaginé a ella en una especie de planeta, sola (la ilustración de este texto explica más y mejor). Así seguimos charlando para conocernos.
Cuando se lo propuse pensé que me diría que no. Me miró y dijo "lo vamos a intentar". Esa frase fue un condicionante que marcó la relación, después lo supe. Lo bueno era poder acompañarla todos los días hasta la casa, me quedaba cerca...así todo pasaba a tener un estilo que hasta ahí desconocía: el de llevar adelante una relación. Con Grillito compartíamos decisiones, se charlaba todo. En este caso, a falta de opinión de Vanesa, yo decidía por los dos.
Estaba tan dolido de la etapa anterior que si ocurrió así, por algo sería. Aunque luego no nos necesitáramos más. Pero eso será en el próximo capítulo.
¡La vida, y los escritos, suelen dividirse en capítulos!
Acotación al margen: Dicen que un clavo saca a otro y yo me niego a denominar así a las personas. Diría que a veces se necesita más de alguien, y que pasa por las formas. Uno cambia la manera de querer porque cambia también su forma de ver las cosas. Y en esos cambios van, algunas veces, las personas amadas.
Lo que hay detrás de la puerta: mirame!! yo lo hago mejor
1 comentarios jueves, 12 de noviembre de 2009
Ante un mismo trabajo y con iguales responsabilidades y tareas, el futuro directamente no lo imaginamos para sentirnos mejor, o a lo sumo veremos que será semejante al de quienes nos rodean. Imaginemos a los que trabajan en los ahora llamados call – center, una nueva “salida laboral” propia de la mano de obra barata que lamentablemente representan los que quieren tener el primer trabajo. El porvenir es tan acotado y asfixiante como los cubículos desde donde atienden llamados de España o Estados Unidos.
Las universidades no tienen la tarea de “entregar” a la sociedad alumnos que no puedan destacarse en lo suyo. Si bien la estabilidad monetaria despertó a ciertos rubros y a profesiones alicaídas, las oportunidades laborales no parecen salir de aquellas con las que alguien puede “bancarse” los estudios hasta llegar al final de su carrera.
Luego de terminarla, el trabajo que se consiguió continúa: esta vez, para mantenernos todos los días. El esfuerzo por ser mejor cuando se estudia, parece no prosperar afuera de las aulas.
Un buen aprendizaje es el saber que la igualdad de oportunidades le cabe a los que se prepararon y a los que no. Y que se esté o no de acuerdo, la sociedad pide y da moviéndose dentro de estos preceptos.
Lo que nos diferencia respecto de otros es nuestra preparación. Que es mucho más que un elevado número en el analítico final como promedio: significa poder resolver situaciones y aplicar lo que sabemos en lo que entendemos.
Por supuesto que los que egresan siempre estarán de un mismo lado del mostrador, y esperando que alguien se apiade de un currículum con más ganas que antecedentes. La especialización es una solución moderna o al menos, que está de moda. Poder enfocarse en una actividad dentro de lo que estudiamos y desde allí hacer carrera. Apostar a las propias fuerzas y encontrar quien reconozca eso. Nada menos.
Párrafo final para la búsqueda de ejemplos. Llamado a la solidaridad: si usted conoce un ejemplo a seguir en su profesión, alguien a quien usted admire y crea que su constancia y dedicación explican su buen presente, se ruega aferrarse a él. Lo que en Política podría denominarse apatía o crisis de representatividad, también lo sufren quienes recién salen de la universidad y buscan su futuro. En general pensamos que “si uno es vivo” (en tanto llegar con malas artes, pero rápido), hace las cosas bien.
Pero, si las carreras que elegimos se parecieran a un campo listo para cosechar, cada paso que damos significa sembrar algo que al que viene detrás le servirá. Lo que quiere decir que en tiempos de sequía, uno debe tratar de formar un buen ejemplo a partir de sus propias acciones. Y mientras, esperar que el jefe sepa que como nosotros no va a encontrar a otro empleado en ningún lado. Todo llega.
Las universidades no tienen la tarea de “entregar” a la sociedad alumnos que no puedan destacarse en lo suyo. Si bien la estabilidad monetaria despertó a ciertos rubros y a profesiones alicaídas, las oportunidades laborales no parecen salir de aquellas con las que alguien puede “bancarse” los estudios hasta llegar al final de su carrera.
Luego de terminarla, el trabajo que se consiguió continúa: esta vez, para mantenernos todos los días. El esfuerzo por ser mejor cuando se estudia, parece no prosperar afuera de las aulas.
Un buen aprendizaje es el saber que la igualdad de oportunidades le cabe a los que se prepararon y a los que no. Y que se esté o no de acuerdo, la sociedad pide y da moviéndose dentro de estos preceptos.
Lo que nos diferencia respecto de otros es nuestra preparación. Que es mucho más que un elevado número en el analítico final como promedio: significa poder resolver situaciones y aplicar lo que sabemos en lo que entendemos.
Por supuesto que los que egresan siempre estarán de un mismo lado del mostrador, y esperando que alguien se apiade de un currículum con más ganas que antecedentes. La especialización es una solución moderna o al menos, que está de moda. Poder enfocarse en una actividad dentro de lo que estudiamos y desde allí hacer carrera. Apostar a las propias fuerzas y encontrar quien reconozca eso. Nada menos.
Párrafo final para la búsqueda de ejemplos. Llamado a la solidaridad: si usted conoce un ejemplo a seguir en su profesión, alguien a quien usted admire y crea que su constancia y dedicación explican su buen presente, se ruega aferrarse a él. Lo que en Política podría denominarse apatía o crisis de representatividad, también lo sufren quienes recién salen de la universidad y buscan su futuro. En general pensamos que “si uno es vivo” (en tanto llegar con malas artes, pero rápido), hace las cosas bien.
Pero, si las carreras que elegimos se parecieran a un campo listo para cosechar, cada paso que damos significa sembrar algo que al que viene detrás le servirá. Lo que quiere decir que en tiempos de sequía, uno debe tratar de formar un buen ejemplo a partir de sus propias acciones. Y mientras, esperar que el jefe sepa que como nosotros no va a encontrar a otro empleado en ningún lado. Todo llega.
(imagen gentileza http://www.ehib.es/)
Lo que hay detrás de la puerta: la vocación y la formación
1 comentarios
Nuestra vocación tiene que ver con aquello que nosotros elegimos ser (y hacer) en un momento de la vida, y de allí hacia adelante. Separamos aquí la educación básica y general que todos recibimos y que nos prepara antes de nuestra elección, aunque hoy las escuelas medias cuenten con una orientación que de alguna manera puede ayudar al estudiante a decidir.
Superado el momento de la elección, llega el turno de la formación. En este rubro, y es materia opinable, el paso hacia los estudios terciarios universitarios resulta cada vez más una cuestión de buena suerte en la carrera y Facultad elegida. Porque el que quiere saber puede averiguar, pero tanto vale eso como el poder asesorarse debidamente. Y la impresión es que aun no se encuentra cómo hacer no frustrar en el intento a aquellos que no tienen la suerte de elegir bien. O que lo dado en las materias en realidad no cubre con sus expectativas.
Entonces con la vocación y la elección definidas, quizás en la formación radique el problema. Qué cosa y de qué manera se llega al que estudia. Algún lector de estas palabras puede ser un ejemplo del tema: hay muchas personas que se recibieron de cosas que, o nunca ejercerán, o que el mandato familiar los llevó a realizar. También todo es cuestión de confiar en la propia meta de uno, y de saber que cuando elegimos lo hacemos pensando en nosotros y en nuestras posibilidades.
La formación, cuando es directamente relacionada con una rápida salida laboral.
Obstáculo insalvable y determinante en nuestra realidad. Cantidad y calidad en general no van de la mano, y más para trabajos en donde se destaca la puntual tarea, la específica. Si bien se buscan matriceros, fabricantes de insumos o torneros, donde escasean personas son en las carreras más técnicas, centradas en un rol y dependientes de un buen conocimiento.
Para esto hay que invertir, pero en uno: nada se soluciona sin tiempo, hay que estudiar y ser pacientes. El tema es que no se cuenta con esa paciencia.
Llegamos por fin a la disyuntiva. Si se estudia para comer a futuro, o se estudia para comer ya mismo. El análisis social de porqué se llega esto corresponde a especialistas, pero de algo estoy seguro: algunas veces la felicidad no entra en ninguna de estas dos opciones. La disposición, el ánimo, para encarar un proyecto aun es propiedad de nosotros y no de las circunstancias.
Ojalá en todos los futuros estudiantes vocación, formación y ánimo sean las armas para destacarse y poder estar orgullosos de saber… que saben.
Superado el momento de la elección, llega el turno de la formación. En este rubro, y es materia opinable, el paso hacia los estudios terciarios universitarios resulta cada vez más una cuestión de buena suerte en la carrera y Facultad elegida. Porque el que quiere saber puede averiguar, pero tanto vale eso como el poder asesorarse debidamente. Y la impresión es que aun no se encuentra cómo hacer no frustrar en el intento a aquellos que no tienen la suerte de elegir bien. O que lo dado en las materias en realidad no cubre con sus expectativas.
Entonces con la vocación y la elección definidas, quizás en la formación radique el problema. Qué cosa y de qué manera se llega al que estudia. Algún lector de estas palabras puede ser un ejemplo del tema: hay muchas personas que se recibieron de cosas que, o nunca ejercerán, o que el mandato familiar los llevó a realizar. También todo es cuestión de confiar en la propia meta de uno, y de saber que cuando elegimos lo hacemos pensando en nosotros y en nuestras posibilidades.
La formación, cuando es directamente relacionada con una rápida salida laboral.
Obstáculo insalvable y determinante en nuestra realidad. Cantidad y calidad en general no van de la mano, y más para trabajos en donde se destaca la puntual tarea, la específica. Si bien se buscan matriceros, fabricantes de insumos o torneros, donde escasean personas son en las carreras más técnicas, centradas en un rol y dependientes de un buen conocimiento.
Para esto hay que invertir, pero en uno: nada se soluciona sin tiempo, hay que estudiar y ser pacientes. El tema es que no se cuenta con esa paciencia.
Llegamos por fin a la disyuntiva. Si se estudia para comer a futuro, o se estudia para comer ya mismo. El análisis social de porqué se llega esto corresponde a especialistas, pero de algo estoy seguro: algunas veces la felicidad no entra en ninguna de estas dos opciones. La disposición, el ánimo, para encarar un proyecto aun es propiedad de nosotros y no de las circunstancias.
Ojalá en todos los futuros estudiantes vocación, formación y ánimo sean las armas para destacarse y poder estar orgullosos de saber… que saben.
(imagen gentileza http://www.ciudadanoenlared.com/)
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