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"Musa inspiradora" -Cuento corto-
2 comentarios viernes, 30 de marzo de 2012Junté todos los textos que eran dedicados. Los uní a mi destino, que fue la idea cuando pasaron de la mente a la tinta. Ahí hay sueños, posibilidades, realidades frustrantes, deseos, mucho amor. Muchas preguntas, que caen de maduras y sin respuestas. Dejé los textos arriba de una mesa, ordenados por fecha. Quería sorprenderla y entonces los puse envueltos en una seda transparente, que casi no tuve que atar, de tan suave. Dejé abierta mi ventana en pleno otoño y la puerta cerrada para que el viento no lo haga después. Apagué la luz y me acosté mirando hacia la mesa. Pasaron tres horas y me dormí, pensándola como todos los días. Lo sé de buena fuente: en medio de la noche las cortinas se movieron y no era el viento. Ella entró y me miró, como un herido de amor cansado, entregado. Fue a la mesa y con dos dedos desató la seda, que dejó ver todos mis textos dedicados. Ella los tomó y los apretó fuerte en su pecho, como quien recibe un regalo del alma y para el alma. Se acercó para verme, respiró conmigo y me dio un beso de sueño. En sueños. Y me despertó. Vi alguien que se iba, vi mi mesa vacía. Sentí pero no la vi. Mi musa inspiradora se fue diciéndome que vuelve. Que desde mi corazón siempre vuelve a buscar más textos dedicados.
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."El habitante".
0 comentarios lunes, 19 de marzo de 2012Me ayudarían tus besos. Me ayudarían tus palabras, tu paz que das y que a veces no tenés para con vos. Me ayudaría pensarte superior, me ayudaría tener la fórmula del sueño feliz. De la nostalgia de vivir algo que nunca ocurrió. Me ayudaría mucho todo ese espacio que tu corazón tiene para dar. Me ayudaría ocuparlo no para ser el dueño sino para ser sólo un habitante. Me ayudaría tener tu mano debajo de la mia, y que no me dé cuenta porque siempre estamos así. Definitivamente me ayudaría que me mires. Tengo miedo a no mirar sin tus ojos. Los días y las noches, los tiempos nuestros, el amor dicho en palabras que luego se deshacen. Me ayudaría a no pensarte en mis horas la ilusión incierta de todos los días. Te pido lo último: quiero que me ayudes a no olvidarte. Donde me dejes, quedaré. Me ves. Soy habitante de tu corazón.
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