Mostrando entradas con la etiqueta barrio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barrio. Mostrar todas las entradas
"Lo que deseo" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 13 de octubre de 2012
La mala suerte de Javier Denet era casi un comentario de culto en su propio barrio. Allí adonde iba era tercamente probable que algún acontecimiento negativo ocurriera. Tanto fue asi que hasta el dia en que se recibió de abogado se cortó la luz justo cuando su diploma iba a ser entregado. Las habladurías no lo abandonaron nunca hasta que se cansó. Javier Denet se cansó. Tomó el diario y haciendo caso a varios consejos de amigos de fierro, llamó a esos números de teléfono de brujas. Concertó una cita por pocos pesos. Quinto piso en Almagro, mal iluminado. Una señora mayor sale desde atrás de un cortinado, túnica o algo parecido a vestido largo, pañuelo en la cabeza, gesto serio. Le pregunta su nombre, le pide le muestre una mano. Lo mira unos segundos eternos, juega con unas cartas, mezclando, pide que corte. Sobre la mesa dos partes de una baraja. La mujer mira hacia el techo (o el cielo) y da vuelta la primera carta. La separa y es una figura extraña. Sentada con las piernas cruzadas y los brazos extendidos, un rostro casi de felicidad, muchos colores. Debajo de la imagen la palabra DESEO. Pide la bruja que piense en uno, él le dice que jamás creyó en eso, que cree en lo que le pasa y ve. La bruja insiste, le dice que pida algo fuertemente, que las cartas no mienten. Ambos se miraron sabiendo qué había deseado él. Javier Denet le da la mano y feliz baja los cinco pisos del edificio de Almagro. De la bruja sólo se supo, años después, que de tanta mala suerte sólo podía decirles la verdad a sus clientes. Y todos duraban una sesión solamente. Peligros de desear lo que otro no tiene.
."Buscando con ojos cerrados".
0 comentarios viernes, 20 de julio de 2012Barrio de ojos cerrados. Librería. Carnicería. Lavandería, con mi saco colgando que veo hace días. Panadería, despensa, el kiosco de la esquina. El teatro dentro del galpón, la iglesia y el corralón. Una sospechosa cerrajería. La casa de lotería con la señora que tiene la fija. Una farmacia a dos cuadras, pegada a la peluquería, enfrente adonde el portero mira más de lo que limpia. Esa casa de regalos nada baratos. El kiosco que vende los caramelos ácidos. Un delivery de pizzas, el taller mecánico, la pinturería. La inmobiliaria al lado de la remisería. Pregunté y nadie tiene lo que yo busco: la voz de amor dentro del corazón. Que haga de tu mundo, mi mundo. O una puerta sin candados para mudarme a ese lugar donde te sigo soñando. En mi barrio de ojos cerrados.
read more “."Buscando con ojos cerrados".”
"Soy yo, cuando eras vos" (Cuento Corto -CC-)
1 comentarios jueves, 4 de agosto de 2011
Eran los ocho de la noche y Miriam fue hasta la persiana del negocio para bajarla enseguida, porque siempre le pasaba lo mismo: un minuto antes de la hora aparecía en el almacén una nena, de no más de diez años. Tantas veces la vio que ya soñaba con ella, una verdadera aparición, y lo que más le llamaba la atención: se parecía mucho a ella cuando era pequeña. Como ver a alguien y recordarse a sí mismo, una rara sensación. Pero otra vez la nena ganó de mano y entró empujando la puerta de vidrio con sus dos manitos.
Tenía siempre una bolsa, que llenaba con cinco cosas, siempre eran cinco productos. Cuando había que hacer fila se iba dar la vuelta por las góndolas y volver cuando le tocaba. Miriam preguntó si alguien la conocía, a las señoras del barrio que saben hasta el adn de los novios ocasionales. Pero nadie la ubicaba. Su vestido era blanco y amarillo como un uniforme que siempre llevaba pero no era de ningún colegio de la zona ese color.
Ponía las cosas de a una, con parsimonia, y luego de a una las ubicaba en la bolsa. Pagaba mirando a los ojos. La gente cuando se desprende de dinero no mira a los ojos. Pero la nena sí, Miriam sentía que buscaba complicidad. ¿Qué tengo que entender, yo? No tengo tiempo de hacerme la detective, pensaba cuando volvía a su casa.
Un día la nena dejó de ir al almacén. Y dos, tres, y cuatro, y una semana entera. Miriam luchaba para que el tema no le importara pero era imposible. A las dos semanas, un martes, la nena aparece. Compra tres cosas. Tenía algo de tristeza en los ojos.
Un cliente se va y la nena entrega las tres cosas para pagar. Miriam aprovecha esa cierta soledad para saber.
¿Estás bien?
-Si, ahora si.
¿Qué te había pasado que no venías?
-¿Desde hace cuánto no creés en mi, te acordás?
Miriam pegó un grito y un salto hacia atrás. A los ocho años recordó haber dicho que no creía en los Angeles de la Guarda, que ella tenía uno de su edad pero que la odiaba.
¿Dónde vivís?
-Con vos, pero nunca me ves.
La nena se fue y todos los días Miriam espera verla en el negocio, sin bajar las rejas, que vuelva. Que vuelva por ella, que la perdone.
"Un orgullo, un hermano" -CC-
1 comentarios martes, 26 de julio de 2011
Daniel iba por la página 16. Subió al colectivo sin perder el párrafo que estaba leyendo. Se afirmó bien en sus piernas y un brazo sosteniéndose en el pasamanos. Le estaba interesando el inicio: contaba el viaje de dos hermanos a ver a un tercero luego de años de no hablarse. Lo asoció a él. Hacía mucho tiempo perdió noticias de su hermano luego de la pelea.
"Nos va a separar una mujer?"...sí, respondió él. Y un amor puede unir a dos pero definitivamente separar a tres, alguna vez le dijeron. Nunca más supo de él, pasaron cinco años.
Volvió al libro, se pudo sentar. El relato decía que fueron a buscarlo a su barrio y les dijeron que ya no vivía ahí. Los hermanos se resignaron y tomaban un café mientras se echaban culpas. Daniel casi razona en voz alta: "¿cómo no se les ocurre ir al registro de las personas, o buscar por internet?. ¡qué pocas ganas de averiguar!".
De pronto alguien saca boleto. Tiene una campera marrón, un celular en la mano, un bolso cruzado en bandolera. Sí, era su hermano.
Carraspea, de nervios junta las manos y el libro se le cae. Lo ve venir y Daniel elige mirar para abajo y buscar el libro en el piso. Cuando se incorporó su hermano ya estaba en la parte de atrás. No lo vio. No se vieron. Maldito el orgullo que por amor se confunde y hace de amigos, enemigos. O de hermanos, desconocidos.
Se bajó del colectivo, fue a tomar un café. Y como en el libro, a echarse culpas a sí mismo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

