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."Pagando enfados".
1 comentarios sábado, 13 de octubre de 2012Me quedé esperando una caricia en la puerta de tu enfado. Te vi orgullosa, el viento como aliado que mueve tu pelo que roza hombros, piel. Pasado. En silencio deseando ansiosamente la condena de dos ojos juzgando. Que pagaré sin que lo sepamos, sin que me dé cuenta. Y sin sentir nada a cambio. Recorreré con amor tu vocabulario, a falta de más diccionarios. Confiaré en saber lo que has aprendido, lo que conmigo aprendas, lo que nadie te ha enseñado. Lo que miro y me callo. En la puerta de tu enfado.
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."Decálogo de enamorado".
1 comentarios sábado, 11 de agosto de 2012Quienes andan suplicando, asumiendo o disimulando. Los que han hecho por su amor lo que nunca le han contado. Aquellos muy predispuestos cambiando rutinas a diario para poder cruzarse en la calle en un encuentro casual. O armado. Esos que escuchan la música que le gusta al ser amado y aprenden dos o tres temas para ser diálogo obligado. Los sufridos que juegan serio a hacerse los superados, esperando alguien los llame y atender con la voz temblando. Los pacientes, los apurados, los positivos y los derrotados. Los que suman experiencia, los que reconocen fracasos. Aquellos que se quedan dormidos, pensando. O mucho llorando. Imposible descifrarlo. Nadie sabe qué es el amor. Pero todos lo practicamos.
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"No sé quién es" -Cuento corto-
1 comentarios sábado, 14 de enero de 2012Juan se lo preguntó por primera vez a su mamá cuando tenía 10 años: “¿Por qué nos acordamos de los sueños apenas nos levantamos y después nos olvidamos?”. La madre lo miró y le acarició la cara, señal de que no tenía ni idea. Se fue en silencio y dejó al chico con sus dudas intactas. Una mañana notó que ese sueño que acababa de tener ya lo había soñado. Fue hasta el mueble y sacó lápiz y papel. Dibujó rápido por miedo a olvidarse, arriba de la cama con la hoja puesta de costado. Hizo una línea en la parte superior, como un horizonte. Luego árboles altos y bajos que él veía moverse y oía también. Un cielo con algunas nubes, pero había sol. Finalmente quería recordar dónde estaba él en el sueño, desde donde miraba todo. Pero se olvidó y se quedó sentado en la cama con su dibujo hecho a las apuradas y desilusionado. La madre interpretó que quizás a Juan le interesaría aprender a dibujar. Lo anotó en una escuela para niños. Aprendió técnicas, mejoró los trazos a las ideas que le surgían, empezó a querer dibujar todas las mañanas algo. Juntó unos 20 dibujos y se los llevó al docente. Mientras esperaba a que terminara de mirarlos, se puso a observar el trabajo de otros chicos ese dia. Hasta que se quedó fijo frente a un caballete. Lo que veía era tal cual su dibujo. Cielo, sol, árboles, mar. Exactamente reproducido. Y un perfil en un costado observando todo. El cuadro era de una chica llamada Micaela. Le preguntó cuándo se le ocurrió y le dijo que era algo que siempre soñaba, pero que en realidad ella quería hacer otro cuadro. Juan le acercó el último que había hecho hacía dos días. Micaela se quedó asombrada: era la figura del hombre con un sombrero y un paraguas, mirando una calle, tal como lo había soñado. Quedaron ambos en un imposible: soñar los dos esa noche lo mismo. Se fueron a dormir temprano. Se llamaron por teléfono antes, se desearon buenas noches, se durmieron contentos. Lo creyeron posible. Al siguiente miércoles cada uno llevó su dibujo: eran dos mitades exactas de un mismo corazón.
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"Lección maestra" -CC-
1 comentarios viernes, 9 de septiembre de 2011
Oscar estaba mirando televisión y un poco intentando el descanso mental de un día complicado, la cuestión era relajarse. Su esposa se acerca, le dice al oído y por detrás que debía leer algo del cuaderno de tercer grado de Santiago. “Después lo veo”, le dijo. No, ahora, lo apuró Carla. Oscar se dio vuelta y tomó el cuaderno.
Lo miró bien porque en lo que iba del año no había visto ninguno y sólo recordaba haber firmado dos veces el de comunicados. Varios espacios en blanco, letras mayúsculas inmensamente mayúsculas, desproporcionadas. “Más adelante”, le aclara Carla.
Llega a una descripción en cinco renglones sobre su familia. Santiago escribió: “Mi familia es de apellido Castro, somos tres y el perro. Mamá trabaja de secretaria de una señora y papá en un Banco. Mamá siempre llega temprano y me viene a buscar, papá llega tarde y mira tele comiendo. Trae papeles y los lee. Juego con él cuando se duerme en el sofá y no se da cuenta. Tengo un mueble con juguetes y juego a que juega conmigo. Me dijo que me iba a comprar algo pero es un secreto. Cuando hablan tengo sueño, me duermo y me apagan la luz”.
Oscar terminó de leer y se rascó la cabeza, buscó una buena explicación antes de mirar a su esposa a los ojos. Entendió qué hacer. Fue a la habitación, Santiago ya dormía. Miró el mueble con juguetes, el estante tenía arriba de todo la pelota de fútbol y dos o tres robots de no sabía qué serie de televisión. Lo vio respirar dormido, se vio a él mismo a los 8 años. Apagó la luz, se sintió en derrota. Hablaron con Carla de hacer un espacio en la semana para que los dos jueguen.
Al sábado siguiente le preguntó si quería ir a la plaza y Santiago le dijo que si pero si era porque pasaba algo. Oscar respondió que no. Que llevara la pelota. Se pusieron a jugar contra un árbol, pateando sin sentido pero compartiendo el momento.
El chico le dice “¿vinimos por lo que escribí en el cuaderno?”. Y su papá lo miró fijo. Le preguntó de donde sacó eso y Santiago le dijo que cuando iba a empezar a escribir en clase le preguntó a la maestra que podía poner, y que le dijo “lo que sientas, tranquilo”. Que le dijo que quería inventar lo que escribiría pero la maestra se acercó y le habló bajito: “siempre es mejor poner la verdad. Vas a ver que si escribís lo que no te gusta pero es verdad, después se va a arreglar”. Y la Señorita Marcela tenía razón, le dijo Santiago al padre.
Oscar se sintió lo que era: un nacido en el siglo pasado. El hijo solucionó algo sin que se diera cuenta, o quizás sí. El lunes fue a saludar a la maestra. Y decirle que su consejo casi fue una solución terapéutica.
La Señorita no entendió mucho. Ella sólo hizo lo que corresponde cuando en general siempre hacemos lo que queremos. Nunca es tarde para aprender.
Para aprender a Ser. Maestra.
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