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"El listado" -Cuento corto-

1 comentarios sábado, 30 de junio de 2012
Flores rojas y azules. Un llavero de esos con el corazón hecho mitad para que dos se lleven su parte. Una postal de primer aniversario, con celofán puesto y esa musiquita que aun suena cuando se abre. La bufanda violeta y los guantes haciendo juego que un hombre vendía por Palermo. Esa taza de café del negocio nuevo, para sumar a tu colección de tazones de invierno. Una musculosa con la imagen de Sara Kay, en nombre de la infancia que tuya, ya es mia. El mate. Luego de discutir fue la adquisición de dos. Una muñeca vieja comprada en la calle Defensa, donde San Telmo muestra los recuerdos de otros. Un encendedor de benzina para fumar el único cigarrillo, juntos, en el dia. Un póster de un paisaje. Tiene el sol, algo de agua y una pareja a lo lejos, de espaldas. El horrible mono, que sacaste en ese juego de poner una moneda y agarrar con una tenaza, elegiste al más feo. Una agenda y una lapicera, de la que nunca conseguís repuesto. La foto, un video, el chocolate. Como verás es grande la lista de cosas que el destino se empeña en concedernos. Algún dia te las daré. Y todo esto será verdadero.
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"La cuchara" -cuento corto-

1 comentarios viernes, 3 de febrero de 2012
¿Hola?. Ah, Silvana ¿cómo andás?. Bien, si, yo ahí viste…lo que pasa es que todavía no me terminé de mudar. Estoy sentada en la silla nueva sin sacarle el celofán, mirando los canastos. No tengo ganas de desarmar nada, me siento linyera. Sí, sí, dejé mucha ropa en lo de mi hermana, sí. Pero uno guarda puras pavadas. Las cosas del colegio te juro las tiraría, porque ya no veo a nadie, y los que frecuento ya son gente grande, no la de los cuadernos. Ayer revisando la agenda me encontré el teléfono de Leti. ¿Estará aun por Devoto?. ¿Te acordás?. Sí, sí, ¡esa del pelo de alambre!. Uh, mi vieja me dijo que pusiera un ordenador de llaves. Me regaló uno que es un loro de madera que va al lado de la puerta, es horrible, ¡prefiero perder la llave antes de poner eso en la pared!. Ah, hoy conocí a la primera vecina. Le digo “Hola me llamo Renata, soy la nueva vecina del 5 C”…y la tipa me miró de arriba abajo y me dijo “Bueno gracias” y cerró la puerta del ascensor. ¡Arpía, la vieja!. Quiero dejarle mi teléfono a algún vecino y yo saberme un par, por las dudas, viste. Tengo un chino a la vuelta asi que eso me salva. Tintorería no vi, hay dos farmacias, un gimnasio recontra trucho y una verdulería con todos los cajones afuera y casi ninguno adentro. No te invito a casa porque todavía es un desastre. Ni sé dónde envolví las tazas de café, negra. Al final hablé todo yo, perdoname. Beso, chau. Chau. Renata manoteó el primer envoltorio de papel de diario y ahí estaban las tazas de café. No sin emoción fue a probar la cocina y puso la pava. Se hizo el primer café en su nueva casa. Se sentó a saborearlo. Miró los canastos, los bolsos, las paredes blancas. Se acordó que no tenía las cucharitas. Las buscó hasta que sacó una. Revolvió el café y oyó el golpe de la cuchara contra el pocillo. Hizo un gran ruido en la sala aun vacía. Miró a su alrededor. Sintió un escalofrío en el cuello y juntó los hombros, el miedo le daba frio. Y tenía frio y miedo. Las paredes rebotaron el ruido. Bienvenida Renata, a eso de vivir sola. Tranquila.
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"El sol de su oficina" -CC-

1 comentarios jueves, 1 de septiembre de 2011


Cinthia odiaba dos cosas de la oficina y sus compañeros, cuestiones que expresaba con la cara pero jamás diría en voz alta. Una era que le dijeran “Cin”, el diminutivo al que ahora parece reducirse cualquier nombre y palabra en general. Y lo otra eran días como el de hoy, el del amigo invisible. Si bien nunca podría ella misma definirse como una mujer madura, lo que sentía había a su alrededor era tanto o peor. Todos parecían revolucionados cuando una vez al mes se instalaba la cuestión del juego.






Tres compañeros de ella eran los encargados de copiar los nombres en diferentes papelitos, y no conformes con eso decidían cambiar las reglas del juego mes a mes, suponiendo que le darían emoción a lo que Cinthia directamente le molestaba, se juegue como se juegue. Pero cuando es una ocasión asi no hay que quedarse afuera y luego ser reprochado por eso, asi que no tenía opción. Lo que este mes habían planeado hacer era que cada uno sacara un papelito y quien saliera escrito a su vez elija de otra bolsita de nombres y se quedara con ese papel sin decir el nombre. Así hasta que se complete.






Cinthia tardó unos diez minutos para entender el sistema e igual le parecía una pavada. Cuando fue su turno sacó el papel y no hubo peor noticia: Ramiro Gentile. Sí, el odioso hablador y contador de chistes viejos más insoportable. Ella dijo el nombre en voz alta y Ramiro fue a la bolsita y eligió el papel. Cinthia rezaba para que la diosa fortuna para que encima le tocara a él mismo le diera el regalo. Pero sus rezos no surtieron efecto y lo sabría después. Ramiro sacó justo el papel con el nombre de Cinthia y le tocaba a él regalarle algo.






Fueron tres días esperando y como se solían hacer bromas, es taba preparada para recibir cualquier cosa en público. Al tercer dia una caja la esperaba en su oficina cuando llegó. Era bien temprano y en la parte superior el “tu amigo invisible” presagiaba lo peor. Levantó la tapa de cartón y había dentro una foto y un mensaje.






La foto era de ella, en un muy mal montaje, supuestamente en una playa del Caribe, aunque lo único de ella ahí era la cara. El mensaje decía “es mi sueño, y ahí falto yo”. ¿Quién tenía el tiempo de hacerse el enamorado ahí?, pensó Cinthia. Por el estilo tan poco romántico seguro que era un hombre y no una broma femenina. Puso la foto en su agenda y la caja al lado de la cpu. A la vuelta del almuerzo encontró otro cartel en su mesa: “falto yo”.






Detrás del cartel la misma foto en la playa del Caribe pero esta vez con el cuerpo de un hombre al lado, sin cabeza. Cinthia ya estaba interesada de verdad en saber quién era, pero su ego le impedía expresar que la situación le gustaba. Pasó la tarde esperando algo, una señal, pero nada.






Por la noche en su casa abrió el correo. Un mail de Ramiro Gentile, pensó en esas cadenas de chistes y videos que solía mandar. Tenía un adjunto, era una foto. Estaban los dos, montaje mediante, en la playa del Caribe. Arriba de la foto decía “tomando sol, con el sol al lado”. Cinthia aflojó y se rió.






Al otro dia debían decir quién creían era su amigo invisible. Cuando le tocó a ella dijo otro nombre, quiso equivocarse a propósito, guardarse la situación para ella. Lo tuvo que decir él y eso a Cinthia le causaba gracia. Nunca se rió de los chistes de Ramiro, salvo cuando lo vio titubear su nombre y ponerse nervioso.






Salieron del trabajo y se fueron al bar que ella eligió: “Caribe”, enfrente a la oficina. Lo dejó hablar, lo vio como nunca lo había visto. Lo sintió. Y concluido el café Ramiro le regaló su foto-montaje. El del mar, la playa y ese sol que al lado de él estaba.



Como todos los días en la oficina.

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