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."La razón del dia".
0 comentarios sábado, 16 de junio de 2012Saltando de la cama. Yendo a buscar el domingo el diario. Viajando en subte los lunes, o en el Sarmiento al mismo horario. En la tarjeta SUBE o caminando por Cangallo, bueno ahora se llama Perón, en la casa de importados. En la parada del 23, en esa fila frente al Juzgado que es la oficina de Reincidencias, donde reincido siempre mirando. Cuando cruzo a comprar al chino, cuando de noche hace falta tanto que llego a duras penas antes que cierre el supermercado. En la tele de pocos canales que alguien sin cable mira de a ratos, en la bendita computadora que no cubre afectos lejanos. En la esquina de la avenida donde siempre está el árbol, que tiene forma graciosa y uno se tienta en solitario. Caminar y pensar en nada dejando la mente en blanco, cuando no quiero sea mi angustia el único motor a mano. Como ya lo podés ver en este resúmen del dia, no logro que aparezca cierta imagen definida: tu mirada dando sentido a todo esto que llamo vida.
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"Una revista, para ti" -CC-
1 comentarios jueves, 13 de octubre de 2011
Situación uno: Rubén va en bicicleta hasta el puesto de diarios de su colega a las cinco y cuarto de la mañana. Fria mañana. Allí el repartidor deja todos los diarios y luego se van dividiendo por zonas, ese día además llegaban las revistas, era miércoles. Con cuidado ató su parte detrás de la bici y desandó el camino.
Abrió su puesto, acomodó los diarios por orden alfabético, costumbre de maniático. Las revistas adelante del negocio, justo debajo de las golosinas. Esperaba que María fuera a buscar la revista “Para ti” de todos los miércoles, que le pagara justo y lo mirara agradecida, ese gesto de cariño a los ojos que Rubén una vez a la semana esperaba.
Hace dos años se separó y como suele suceder en las ciudades chicas fue rápido comentario entre todos sus clientes. Estuvo harto del género femenino y a la vez necesitó de ellas, la típica angustia post trauma. No estaba en edad de ilusionarse con miradas pero María era especial. ¿A qué hora iba a llegar?. Siempre va a las once de la mañana y son diez y media.
Situación dos: hay un tango que se llama “nunca tuvo novio”. María recuerda a su tía Noemí, vieja solterona, escuchando en la radio ese tema sentada frente a una ventana. Hoy la radio AM justo pasa ese tango y María se ve a si misma frente a una ventana, coincidencia nomás. A diferencia de Noemí su tia, ella colecciona fracasos e intentos a montones.
El último fue antológico: vivió (ese proyecto de vago) en su casa unos tres años y cuando quiso formalizar se ofendió y se fue. Eso sí, dejó deudas y todo. Costó mucho volver a la rutina en el barrio y pensó en mudarse para cambiar de aire (y hombres) pero se quedó, encariñada con los malvones y el rosal del fondo de su casa.
Le parecía divertida la “Para ti”, sobretodo esos test de 10 preguntas para mujeres al que luego hay que ir sumando puntaje para un resultado y definición. Siempre soñaba entrar en algún ítem pero no lo lograba, ese miércoles adelantó la rutina unos diez minutos y fue al puesto de diarios.
Situación tres: Rubén ve venir a María. Carraspea para tener voz más grave, ensaya en dos segundos algún saludo despreocupado, está nervioso como un chico. Saca un chocolate y lo separa, como para dárselo junto a la revista. Ella tenía una pollera con tablas, floreada y larga. El pelo suelto y cierto andar cansino que le daba ritmo. Rubén deja de mirar, de mirarla, para no hacerse notar. No había nadie y no le importaba nadie más.
Ella tuerce un poco su cabellera y lo saluda. Antes de decirle algo Rubén le alcanza la “Para ti”. Se fija el precio y le dice que aumentó, ¡vaya situación para hablar de eso!. Vale ocho pesos, le da diez. Él le alcanza el vuelto y debajo de la tapa el chocolate que hace equilibrio para no caerse. Ella enrolla la revista y le agradece mirándolo a los ojos, el momento de luz del dia para Rubén. Y se va. ¡Se va!. La miró irse como esperando que se diera cuenta del chocolate pero tenía tan enrollada la revista que ni siquiera se cayó al suelo.
Rubén no sabía donde meterse. No salió a decirle nada por vergüenza, y por vergüenza tenía ganas de hundirse en un pozo y no salir más. Golpeó su frente contra la mesa, se quedó en esa posición maldiciéndose. “¿Y esto?”. Lo interrumpe la pregunta de María, que entró con el chocolate en la mano. Es para vos, espero no te ofenda, dice él, poniéndose derecho de repente. La miró y notó sorpresa más que rechazo.
María lo volvió a mirar a los ojos, por segunda vez en el dia. Y le dijo “me gusta ese cartel que tenés ahí atrás. ¿Le estaremos haciendo caso?”. Él no supo más que decirle que sí, que puede ser.
A la semana, después de tanto tiempo para ambos, Rubén y María lo estaban intentando.
Y él puso el cartel en la entrada para que le suceda a otros: “La suerte es un diario que sale todos los días, siempre. Quien lo sabe, lo ve”.
"Lo mio, que fue un regalo" (Cuento Corto -CC-)
1 comentarios martes, 26 de julio de 2011Era de las personas que olvidaba el paraguas en cualquier lugar, desde chico tuvo tantos que ya no lo recuerda. Alejandro los perdía en los colectivos, en los negocios, en los cines. Si algo conservaba de su infancia era eso y hoy de grande los sigue perdiendo con igual precisión.
Quiso aniquilar su mala suerte comprando un buen paraguas, que le diera la sensación de definitivo e imperdible. Con la lluvia de hoy resultaba ideal. Era de color azul y muy grande, con mango de madera, parecía distinguido.
Salió del negocio muy contento. El mango aun tenía el celofán de las cosas nuevas asi que mientras esperaba el colectivo se puso con la mano a sacarlo como si fuera una cáscara.
De pronto siente de atrás a una mujer. Parecía embarazada y recién salida del hospital. El agua de lluvia iba mojando el pelo largo y colorado que tenía, sintió pena por ella. Dándose vuelta arrimó el paraguas y juntos compartieron el espacio.
El colectivo llegó. Él cerró el paraguas y ambos subieron. La mujer se sentó y dialogaron un poco. Diez minutos después ella se bajó.
Se saludaron con la mirada y ella le respondió alzando el paraguas con su mano. ¿El paraguas?.
Sí. Alejandro perdió tantos que nunca tuvo la chance de poder regalar uno.
Y el primero, fue el de él.
Cuento de los atajos (extraído del libro "El combustible espiritual")
1 comentarios lunes, 6 de septiembre de 2010
Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: “Querida, voy a salir de la casa. Voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo esté lejos seas fiel a mi, pues yo te seré fiel a ti”.
Así, siendo joven aun, caminó muchos días a pie, hasta encontrar a un hacendado que estaba necesitando de alguien que lo ayudara. El joven se ofreció para trabajar y fue aceptado. Luego pidió hacer un trato con su patrón, lo cual fue aceptado también. El pacto era el siguiente: “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando encuentre que yo debo irme, el señor me libera de mis obligaciones. Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya, entonces usted me dará el dinero que yo haya ganado”.
Una vez puestos de acuerdo, aquel joven trabajó durante veinte años, sin vacaciones y sin descanso. Pasado ese tiempo se acercó a su patrón y le dijo “Patrón, quiero mi dinero pues quiero regresar a mi casa”. El patrón le respondió “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo antes quiero hacerte una propuesta ¿está bien?. Yo te doy tu dinero y te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta”.
Él pensó durante dos días, finalmente buscó al patrón y le dijo “Quiero los tres consejos”. El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero”. Y el empleado respondió: “Quiero los consejos”.El patrón entonces le dijo:
1. Nunca tomes atajos en tu vida. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
2. Nunca tengas curiosidad por aquello que represente el mal, pues esa curiosidad por el mal puede resultar fatal.
3. Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.
1. Nunca tomes atajos en tu vida. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
2. Nunca tengas curiosidad por aquello que represente el mal, pues esa curiosidad por el mal puede resultar fatal.
3. Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven: “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa”. El hombre emprendió su camino de regreso, luego de 20 años lejos de su casa y de su esposa que tanto amaba.
Después del primer día de viaje, encontró a una persona que lo saludó y le preguntó: “¿Para dónde vas?”. Él le respondió: “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera”. La persona le dijo entonces: “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en poco días”. El joven contento, comenzó a caminar por el sendero señalado cuando se acordó del primer consejo: “Nunca tomes atajos en tu vida, caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida”. Entonces abandonó aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de que otro viajero que había tomado el atajo había sido asaltado, golpeado, y le habían robado toda su ropa. Ese camino llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer sombría le abrió la puerta y lo atendió. Como estaba tan cansado, le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pie de un salto y se dirigió a la puerta decidido a averiguar qué pasaba. Pero en el momento en que abría la puerta se acordó del segundo consejo: “Nunca tengas curiosidad por aquello que represente el mal, pues esa curiosidad puede resultar fatal”. Entonces volvió sobre sus pasos y se acostó a dormir.
Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó si no había escuchado un grito y él contestó que si. El dueño de la posada le preguntó. “¿Y no sintió curiosidad?”. Él le contestó que no. A lo que le dueño le respondió: “Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando lo mata, lo entierra en el quintal y luego se esfuma”.
El hombre siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía sobre sus piernas a un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Al ver aquella escena su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos y de pronto recordó el tercer consejo: “Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor pues puedes arrepentirte demasiado tarde”.
Entonces se detuvo, reflexionó y se dio cuenta que era mejor dormir primero y tomar una decisión al día siguiente. Al amanecer, ya con la cabeza fría, se dijo. “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel”.
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abrió la puerta y lo reconoció, se colgó de su cuello y lo abrazó afectuosamente. Él trató de quitársela de encima pero no lo consiguió. Entonces con lágrimas en los ojos le dijo: “Yo te fui fiel y tú me traicionaste”….Ella espantada le respondió: “¿Cómo?. Yo nunca te traicioné, te esperé durante veinte años”. Él entonces le preguntó. “¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?”. Y ella le contestó: “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad”.
Entonces el marido entró, conoció a su hijo, lo abrazó y les contó toda su historia, mientras su esposa preparaba la comida. Se sentaron a comer y el esposo compartió con ellos el último pan.
Después de la oración de agradecimiento con lágrimas de emoción él partió el pan y, al abrirlo, se encontró con todo su dinero, con el pago de sus veinte años de dedicación.
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